Aurelio Ramos Méndez
El exembajador Ken Salazar debe estar hoy muerto de miedo, escondido en el paraje más remontado de su rancho en Colorado, rogándole a Malverde que obre el milagro de hacerlo invisible para el Pentágono, la DEA, el FBI y la CIA, de manera que no pueda ser arrestado y quizá confinado en la cercana penitenciaría ADX Florence, la más segura de Estados Unidos, el Alcatraz de las Rocallosas, acusado de narco.
Nada de suposiciones gratuitas. Es deducción derivada de versiones propaladas por sedicentes expertos en la relación México-EU, quienes le han puesto el dedo en la frente señalándolo de complicidad con el expresidente López Obrador, a quien esos mismos especialistas ya imputaron como traficante de drogas en la mira de la prístina justicia gringa, y hasta enjuiciaron y sentenciaron.
Al diplomático le atribuyen “haber sido cómplice de la política criminal del obradorismo” en materia de seguridad pública y seguridad nacional, en especial el combate al tráfico de substancias ilícitas, “en la cual, por omisión, es responsable de sus consecuencias”.
Más claro: Al igual que Raúl Salinas de Gortari, Genaro García Luna, El Chapo, El Mayo, Caro Quintero o El Señor de los Cielos, es responsable de la intoxicación –y aun la muerte– de millones de drogadictos gringos, muchos a las puertas de la Casa Blanca, quienes –seamos sinceros—deambulan dichosos en su mundo mientras México se ahoga en un baño de sangre.
Salazar fue embajador de junio de 2021 a enero de 2025, tres años y siete meses durante los cuales “cerró los ojos cuando debía haber prendido las alarmas” acerca de lo que sucedía en nuestro país. Fingida ceguera producto –afirman– de que AMLO “facilitó negocios a cercanos” del personero de la administración Biden.
¿Qué fue –según quienes supuestamente tienen el pulso de la realidad binacional—lo que por cegato o conveniencia no vio el hoy empavorecido embajador? Que en ese tiempo floreció la estrategia de abrazos, no balazos, creció el tráfico de fentanilo ilegal de Los Chapitos, se relajó el combate a los cárteles…
Tampoco vio “la cercanía de López Obrador con la familia de Joaquín El Chapo Guzmán, la corrupción de sus hijos (del Peje) y la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación”.
¡Suficiente para prisión perpetua, o inyección letal, electroejecución, cámara de gas, pelotón de fusilamiento o ahorcamiento, las cinco modalidades de pena de muerte todavía vigentes en EU, en pleno siglo XXI!
Entre quienes afirman que el diplomático “comía de su mano” (del de Macuspana) y le achacan haber defendido no los intereses de su país sino los del Presidente de México, y que en su complicidad “tenía resuelta la relación (del capo AMLO) con la Casa Blanca”, se cuentan, hilarante paradoja, conocidos apátridas, y arquetipos de entreguismo, desnacionalización, colaboracionismo y traición a la Patria.
Además de empavorecido Salazar debe estar arrepentido. La jauría mediática que acosa al exmandatario volteó a mirarlo tan pronto se conoció un adelanto de su libro Fronteras: mi lucha por un Estados Unidos incluyente, en el cual refiere el chismarajo que dizque le habría confiado un empresario con cercanía para “susurrarle al oído” al tabasqueño.
Según el cuentazo del real o ficticio machuchón, tras el secuestro de El Mayo Zambada El Peje acusó preocupación por lo que este narcotraficante pudiera declarar en EU respecto a los vínculos de la 4T, específicamente el propio AMLO, con el narcotráfico.
El diplomático nada diplomático sino más bien proclive al chismorreo, se reservó la identidad del infidente, pero la rumorología le puso a este nombre, apellidos y signos de interrogación: ¿Alfonso Romo? ¿Carlos Slim? ¿Miguel Rincón? ¿Ricardo Salinas Pliego por aquel entonces chupamedias del mandamás?
El caso es que la habladuría sobre el supuesto desasosiego del expresidente se convirtió en la pepita de oro del libro de Ken Salazar, colmilludo político que logró hacerse amigo del Presidente y hasta llegó a tener derecho de picaporte en el Palacio Nacional.
Escupió para arriba, sin embargo, pues con los dichos plasmados en su obra ciertamente se incriminó y quedó bajo los reflectores, en riesgo de ser atrapado en su rancho como un conejito asustado y acorralado.
Si hemos de creerles a tales sedicentes expertos en la relación bilateral, el exembajador ya tiene un pie en la cárcel. Puede ser el primer pez mediano, y blanco, anglosajón, protestante (WASP) en ir a prisión o a la pena capital desde que Nixon inició la guerra contra las drogas, hace más de medio siglo.
Nada para celebrar. Aunque, sí, implicaría un ligero cambio, pues hasta ahora a EU la presbicia sólo le ha permitido ver narcos entre los pobres y las minorías raciales o migratorias: negros, musulmanes, salvadoreños, haitianos, colombianos, bolivianos, mexicanos.
Güeros no hay, esos son santos, incorruptibles, constitutivamente inmaculados.
No nos dejemos engañar. Estamos ante una compilación de mentiras diplomáticas, estridencia político-electoral, propaganda de derecha, vasallos desnacionalizados y un gobierno imperial, ya sea republicano o demócrata, al cual el fenómeno de las drogas sólo le ha interesado como pretexto intervencionista.
O, que lo digan Maduro, Evo, Petro, Ernesto Samper, Rafael Correa, y hasta Juan Orlando Hernández, el hondureño condenado a 45 años de prisión a quien Trump indultó con tal de avanzar en la derechización latinoamericana.
Mueve a risa, en este contexto, el descubrimiento -¡ah, oh!– realizado a socaire del libro de Salazar por voceros del salinato, respecto a la dizque configuración en EU de “una suerte de explicitación del consenso bipartidista”, con objeto de “evidenciar la formación en México de un narco-Estado”.
Y para demostrar que tal narco-Estado “constituye una amenaza a la seguridad de la superpotencia vecina”, celebró el jefe y mecenas de dicho grupo político, José Carreño Carlón, quien de paso develó sin sonrojarse su irrisoria noción de la soberanía.
La presidenta Sheinbaum, según el vocero de Carlos Salinas, arropa a los narcopolíticos del régimen en nombre de “un percudido concepto de soberanía nacional”.
Lacayismos aparte, no existe en EU configuración de consenso alguno sobre un narco-Estado mexicano. Son bobadas. Desde hace 200 años sabemos de la argamasa que une a todo –todo– el gringaje, la doctrina que preconiza América para los americanos.
Y sabemos también de las modernas estrategias de comercialización y mercadotecnia política, las cuales han establecido que, más allá de diferencias cosméticas, entre demócratas y republicanos existen las mismas diferencias que entre la Coca y la Pepsi. ¿Cuál consenso?
BRASAS
“La próxima intervención militar estadounidense en México”, ocurrirá dentro de los siguientes veinte días, antes del 19 de junio, o a más tardar en un lapso posterior similar, hasta el 8 de agosto.
Será “antes o después de que termine el Mundial de Futbol”. La decisión ya esta tomada en Washington, lo que resta es determinar la fecha.
El aviso fue notificado por un periódico digital de notable nacionalismo, admirador de Trump hasta la rendición y deseoso de que nuestro gobierno se ponga a bailar al son que el magnate le toca chasqueándole los dedos.
El medio aludido acusa nuestra Jefa de Estado de “llevar al país a la colisión con Estados Unidos por su postura inflexible de no entregar a altos mandos políticos vinculados a los cárteles del narcotráfico”.
Recrimina, escandalizado, que en su reclamo la potencia “exige resultados rápidos y contundentes y no los ve”, y concluye insidioso:
Para EU la negativa de Sheinbaum es “un signo claro de que con Morena en Palacio Nacional no hay manera de entenderse con México”. Le faltó agregar “regresemos el reloj hasta 1988”.
La notificación indicó que la intervención militar será “antes o después” de que termine el Mundial, lo que significa que si el final será dentro de veinte días –el 19 de junio—se antoja razonable un lapso similar para la hipótesis de que sea después de este evento futbolero, hasta el 8 de agosto.
Avisados estamos.
RESCOLDOS
¡Dieciocho y medio millones de piezas de medicamentos del Hospital Infantil de México Federico Gómez caducaron entre 2020 y 2024! En el desperdicio estaban incluidos centenares de miles de oncológicos. Sí, justo aquellos por los cuales padres de niños con cáncer y políticos sin escrúpulos protestaron por aquellos días ante el desabasto. De acuerdo con información que ahora se conoce, el director saliente en 2024, Jaime Nieto Zermeño, se abstuvo de notificarle a su sucesor la existencia del lote de insumos médicos. Una infamia…
De nuevo se propalan, sin una sola prueba al canto, mentiras en el sentido de que “desde el gobierno se extorsiona a dueños de medios de comunicación para que corran a periodistas”. Ni un solo nombre de dueño o concesionario. Y se afirma también que “casi la totalidad de los medios tradicionales se han puesto del lado del gobierno”. Por fortuna el desempeño de los medios es público, está ahí, a la vista de todos; valórenlo las audiencias…
aurelio.contrafuego@gmail.com
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