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PJEO y Universidad Intercultural del Pueblo fortalecen apoyo a hablantes de lenguas indígenas

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* Firman Convenio de Colaboración para ampliar la atención mediante intérpretes y traductores de lenguas originarias.

Oaxaca, Oax., 9 de julio de 2026.- Con el propósito de fortalecer el acceso a la justicia para los pueblos y comunidades indígenas, el Poder Judicial del Estado de Oaxaca firmó un Convenio General de Colaboración con la Universidad Intercultural del Pueblo, mediante el cual se ampliará el apoyo de intérpretes y traductores en lenguas y variantes indígenas para atender las necesidades de los órganos jurisdiccionales.

En el acto protocolario, la magistrada presidenta, Erika María Rodríguez Rodríguez, destacó que garantizar una justicia accesible implica escuchar, comprender y respetar la identidad cultural de cada persona. Señaló que este acuerdo reafirma el compromiso institucional de construir una justicia más humana, cercana e intercultural, en la que ninguna lengua, identidad u origen sea motivo de exclusión.

Gracias a la presencia de la Universidad Intercultural del Pueblo en cinco regiones del estado, esta alianza permitirá brindar una atención más ágil y eficiente a las solicitudes de interpretación y traducción. Además, docentes y estudiantes podrán participar como intérpretes y traductores, al tiempo que fortalecerán su formación profesional mediante el servicio social y estadías en áreas administrativas y jurisdiccionales del Poder Judicial.

El convenio fue signado por la magistrada presidenta Erika María Rodríguez Rodríguez y la rectora de la Universidad Intercultural del Pueblo, Sofonías Milca González Antonio. Como testigos participaron la directora de Periciales del Consejo de la Judicatura, Arisbe Rosario Bolaños, y la jefa del departamento de Vinculación de la Universidad. Elia Jirón Pablo.

Supervisa Infonavit trabajos de limpieza y reposición enfrente de obra del fraccionamiento Bosques de Rio Medio

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El INFONAVIT informa que, derivado de las fuertes lluvias registradas la noche de ayer, se presentó un arrastre de material en un frente de obra del fraccionamiento Bosques de Río Medio, ubicado en Veracruz.
La zona involucrada corresponde a un área que se encuentra en proceso de construcción y en la que permanecía pendiente el colado de un tramo de banquetas y guarniciones, por lo que la empresa constructora ya realiza los trabajos de limpieza y reposición correspondientes, mismos que quedarán concluidos este mismo día.
Es importante precisar que el incidente ocurrió exclusivamente en un área que aún se encuentra en proceso de construcción y que no forma parte de viviendas entregadas y por la misma razón no están habitadas, por lo que en ningún momento representó riesgo para las y los derechohabientes.
De acuerdo con la empresa constructora, las precipitaciones extraordinarias provocaron el arrastre superficial de material en una sección de la obra que permanecía pendiente de colado, condición propia de un frente de construcción aún no concluido. Esta situación no corresponde a una afectación de las viviendas ni a una falla en la construcción del desarrollo, sino a un efecto derivado de las lluvias sobre un elemento que aún se encontraba en ejecución.
Asimismo, el INFONAVIT mantendrá una supervisión permanente de este conjunto habitacional para verificar que los trabajos de reposición concluyan conforme a la normatividad aplicable y que el proyecto cumpla con los estándares de calidad y seguridad establecidos, en beneficio de las y los futuros acreditados y sus familias.


Poder Judicial del Estado y el colectivo “Manos Mágicas” suman esfuerzos para promover la cultura de inclusión

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* Como un espacio de sensibilización, diálogo e intercambio de experiencias, se realiza el “Encuentro Jurídico Incluyente”.

Oaxaca, Oax., 7 de julio de 2026.- El Poder Judicial del Estado de Oaxaca, en coordinación con el colectivo Manos Mágicas, integrado por personas con discapacidad, dio inicio al “Encuentro Jurídico Incluyente”, una iniciativa orientada a acercar la justicia a la sociedad mediante espacios de convivencia, reflexión e intercambio de experiencias.

A la jornada inaugural asistió la magistrada presidenta Erika María Rodríguez Rodríguez, acompañada de las representantes del Colectivo, Cristina Díaz Morales y Marina Montserrat Montero Olmedo, quienes dieron la bienvenida a las y los asistentes y refrendaron el compromiso institucional de promover acciones que fortalezcan la cultura de inclusión, igualdad y el acceso efectivo a la justicia.

En el primer día de las actividades que tienen como sede las instalaciones de los Juzgados Civiles y Familiares del Centro, en el barrio del Ex Marquesado, se contó también con la presencia del director general de la Defensoría Pública del Estado de Oaxaca, Marcelo Merino García.

Como parte del programa, se desarrolló una plática y diversas dinámicas de sensibilización enfocadas en fomentar el respeto, la empatía y la inclusión, generando un espacio para el diálogo y la participación activa de las personas asistentes.

Asimismo, se instaló una muestra artesanal con productos elaborados por integrantes del colectivo Manos Mágicas, con el propósito de dar a conocer el talento de personas emprendedoras con discapacidad, quienes elaboran piezas únicas con creatividad, dedicación y esfuerzo.

Las actividades finalizarán este miércoles 8 de julio con conferencias impartidas por Santa Obdulia Hernández Nicolás, conocida artísticamente como Yuyé, artista plástica y defensora de los derechos de las mujeres afromexicanas, así como por el director del Centro de Atención Integral para Ciegos y Débiles Visuales, Edgar Nazario Cruz Luján.

Gobierno de Oaxaca y UABJO anuncian acciones históricas para fortalecer la Universidad rumbo a su Bicentenario

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El Gobernador Salomón Jara Cruz y el Rector de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), Farid Acevedo López, anunciaron una agenda histórica de fortalecimiento para la máxima casa de estudios de la entidad, resultado del trabajo coordinado entre ambas instituciones. Entre las principales acciones destacan el incremento sin precedentes en la aportación estatal, la rehabilitación integral del Edificio Central, la creación del primer Hospital Universitario, la entrega de nuevas unidades de servicio y atención, así como el programa conmemorativo por el Bicentenario de la Universidad.

Como parte del fortalecimiento financiero de la institución, se informó que la aportación del Gobierno del Estado al convenio de financiamiento pasará del 12.89 al 26 por ciento, al incrementarse en 256 millones de pesos respecto al último ejercicio, pasando de 185 millones a 442 millones de pesos. Farid Acevedo López destacó que este respaldo permitirá brindar estabilidad financiera a la Universidad, atender su déficit presupuestal y avanzar en la consolidación de la gratuidad de la educación superior, en cumplimiento con la reforma educativa de 2019.

En materia de infraestructura y servicios universitarios, Salomón Jara Cruz anunció una inversión de 65 millones de pesos para la rehabilitación integral del Edificio Central, donde se habilitará un Centro Cultural Universitario. Asimismo, dio a conocer la creación del primer Hospital Universitario, que se establecerá en las instalaciones del antiguo Hospital Civil de Oaxaca, fortaleciendo la formación académica y la prestación de servicios de salud. A estas acciones se suma la entrega de nuevas unidades de servicio para la Universidad, entre ellas un camión cisterna, una unidad móvil veterinaria y una ambulancia para urgencias veterinarias, destinadas a fortalecer la atención que la institución brinda a la sociedad.

El Rector de la máxima casa de estudios de Oaxaca también anunció que preparan un amplio programa de actividades para conmemorar el Bicentenario de la Universidad, fundada en 1826 e inaugurada en 1827. La celebración se desarrollará del 26 de agosto de 2026 al 8 de enero de 2027 con actividades académicas, científicas, culturales y artísticas que rendirán homenaje a los 200 años de historia de la institución y proyectarán una nueva etapa de desarrollo para la educación superior en Oaxaca.

Decálogo para preservar la Democracia

Alberto Benítez Tiburcio

Las democracias contemporáneas atraviesan una paradoja inquietante. Conservan elecciones, partidos, congresos y tribunales, sin embargo, por debajo de esa normalidad institucional se ha ido desgastando algo menos visible y más decisivo: la confianza democrática. La gente vota, pero desconfía de las instituciones; escucha hablar de derechos, pero sabe que la justicia no llega igual para todos; cree en el esfuerzo, pero advierte que el origen social, el apellido, el color de piel, la escuela y las relaciones siguen decidiendo el futuro.

Ese malestar no apareció de pronto. Durante décadas, las doctrinas económicas dominantes ordenaron las prioridades públicas alrededor de variables macroeconómicas y dejaron en segundo plano lo que no cabía en una gráfica, como la dignidad, el reconocimiento y la movilidad social. A millones de personas se les educó en una promesa sencilla: vota, estudia, trabaja, esfuérzate, respeta las reglas y, tarde o temprano, saldrás adelante. La realidad fue menos generosa. La pobreza persistió, la desigualdad siguió marcando destinos, la corrupción continuó operando como un lenguaje informal del poder, la inseguridad condicionó la vida cotidiana y la justicia fue lenta, costosa e inaccesible. Para las mayorías, la democracia terminó pareciéndose menos a una promesa de libertad y esperanza de movilidad, y más a una maquinaria de reproducción de privilegios de las élites.

Por eso el enojo social contemporáneo no puede despacharse como irracionalidad. Muchas veces es memoria de abandono. Es la respuesta de una sociedad que pidió moderación a quienes no tenían oportunidades, paciencia a quienes vivían en la urgencia y confianza a quienes nunca fueron tratados con igualdad. Ese enojo tiene causas legítimas. El problema comienza cuando es capturado por liderazgos que prometen justicia, pero entregan concentración de poder; que ofrecen castigo a las élites, pero debilitan los derechos y libertades de todos y que invocan la eficacia, pero desmantelan los contrapesos que hacen posible una República. Ejemplos en el mundo sobran. Trump en Estados Undios, Bukele en El Salvador y Ortega en Nicaragua, solo por mencionar a algunos.

Ésa es la ruta conocida del populismo contemporáneo. No siempre inventa la herida, sin embargo, a menudo la traduce en clave emocional. Toma el resentimiento de las mayorías, identifica culpables, simplifica problemas complejos y ofrece una salida emocionalmente satisfactoria: menos límites, menos prensa crítica, menos instituciones que estorben. La promesa seduce porque parece eficaz, pero el riesgo está en que el poder sin límites puede ser más rápido, pero también más peligroso.

Frente a ese deterioro conviene recuperar la intuición central del libro de Richard Haass, La carta de obligaciones: los diez hábitos de los buenos ciudadanos: una democracia no se sostiene únicamente sobre los derechos de los ciudadanos, sino también sobre sus obligaciones. No basta exigir libertad; hay que practicar ciudadanía. No basta votar; hay que informarse, participar, deliberar, cuidar la verdad pública y defender las reglas comunes incluso cuando no favorecen a los nuestros. 

Desde esa convicción propongo este sencillo decálogo para preservar nuestra democracia.

1. Informarnos antes de juzgar y cuidar la verdad pública.

Cuando una sociedad pierde hechos compartidos, la democracia se queda sin suelo común. La propaganda viaja rápido, la mentira se disfraza de certeza y la posverdad gana terreno con una facilidad preocupante. Antes de compartir, hay que verificar; antes de condenar, hay que entender. En una democracia intoxicada por redes sociales, algoritmos e indignación permanente, pensar con calma se ha vuelto una forma de resistencia.

2. Construir y defender el Estado de derecho por encima de cualquier proyecto político.

Cuando la ley sólo se aplica contra los adversarios, la República empieza a convertirse en facción. Las reglas deben valer para todos, no únicamente para quienes incomodan al poder o para quienes pertenecen al grupo contrario. Cuando la legalidad depende de quién gobierna, deja de ser regla común y se vuelve instrumento de dominación partisana.

3. Conocer y defender nuestros derechos fundamentales y la democracia constitucional: 

Cuando una sociedad ignora sus libertades básicas, resulta más fácil que la concentración del poder las erosione poco a poco, casi siempre en nombre de la eficacia, la seguridad, la transformación o la voluntad popular. La democracia constitucional no consiste solamente en votar. También consiste en limitar a quien gana. Los pesos y contrapesos protegen al ciudadano frente al abuso del poder. Por eso deben defenderse la división de poderes, los tribunales independientes, los congresos que deliberan, la transparencia, la libertad de prensa y los derechos humanos. Todo ello forma parte de una misma arquitectura: impedir que una persona, un partido o una mayoría puedan decidir sin controles.

4. Exigir la generación condiciones de inversión, empleo y bienestar.

Una democracia que no genera bienestar deja vacío el terreno para quienes prometen orden y castigo, pero quieren ejercer un poder sin límites. La democracia no se sostiene sólo con discursos de libertad: necesita producir bienestar concreto. Cuando una economía no genera empleos formales, ingresos suficientes, inversión productiva y oportunidades reales de desarrollo y movilidad social, la confianza democrática se erosiona. La gente no vive de abstracciones institucionales; vive del salario, del transporte, de la seguridad, de la escuela y de la posibilidad de imaginar un futuro. En ese escenario, la redistribución de la riqueza se vuelve tan importante como su generación.

5. Pagar impuestos y exigir una reforma fiscal progresiva y verdaderamente justa.

Una democracia no puede pedir sacrificios iguales a quienes viven realidades desiguales. No hay democracia sólida sin un Estado capaz de financiar derechos, seguridad, justicia, salud, educación e infraestructura. Pero tampoco hay legitimidad democrática cuando la carga fiscal se percibe injusta: cuando pagan proporcionalmente más quienes menos margen tienen, mientras quienes más concentran riqueza reducen su contribución efectiva mediante litigios, excepciones, deducciones o planeaciones fiscales agresivas.

Una república necesita una reforma fiscal progresiva. Todas y todos deben contribuir, pero deben hacerlo más quienes más tienen. Hay que cerrar privilegios fiscales, combatir la evasión y la elusión. La justicia fiscal no es castigo a la riqueza, es coresponsabilidad democrática.

6. Construir una sociedad más igualitaria, sin racismo ni clasismo, donde el mérito y la movilidad social puedan ser reales.

Una democracia no puede consolidarse si millones de personas sienten que su destino está condicionado desde el nacimiento por el color de su piel, su apellido, su género, su acento, su colonia, su escuela o la comunidad de la que vienen. No podemos seguir hablando de mérito mientras toleramos estructuras silenciosas de exclusión que hacen que algunos empiecen la carrera varios metros adelante y otros nazcan prácticamente derrotados.

Combatir el racismo, el clasismo y la pigmentocracia no es un gesto de corrección política: es una condición democrática. La verdadera meritocracia no consiste en repetir “échale ganas”, sino en construir un piso común suficientemente digno para que el esfuerzo, la disciplina y la excelencia puedan abrirse camino hacia una movilidad social efectiva. Una sociedad sin movilidad social se llena de frustración, y una sociedad frustrada empieza a desconfiar de la democracia.

7. Participar activamente, deliberar y discrepar sin deshumanizar.

Sin ciudadanos que participen y adversarios que puedan seguir hablando, la democracia se vuelve solo un ritual electoral. La ciudadanía no termina en la urna e implica organizarse, exigir cuentas, hacer comunidad, vigilar al poder y cuidar lo público. Los ciudadanos debemos participar más activamente en la reconstrucción democrática del estado derecho. Una democracia donde la gente sólo participa cada tres o seis años deja demasiado espacio a quienes sí participan todos los días: los grupos de interés, los partidos, las burocracias y los poderes económicos.

8. Mantener la civilidad y rechazar toda forma de violencia, especialmente la política.

Cuando el miedo sustituye a la palabra, la democracia deja de deliberar y empieza a obedecer. La democracia necesita pasión, desacuerdo y conflicto, pero no puede sobrevivir cuando la política se convierte en amenaza, intimidación o agresión. La violencia destruye el espacio común porque reemplaza la palabra por el miedo. 

9. Pensar en las próximas generaciones.

Una democracia responsable protege agua, bosques, biodiversidad, clima y futuro. La crisis ambiental no es un tema accesorio, porque gobernar democráticamente implica no hipotecar el porvenir para resolver comodidades presentes. Cuidar el agua, los bosques y la biodiversidad no es romanticismo verde, sino responsabilidad democrática con el futuro.

10. Poner la República por encima de cualquier partido, líder o proyecto personal.

La República no se hereda completa: se defiende todos los días o se pierde poco a poco. Los partidos pasan, los gobiernos cambian, los liderazgos terminan, pero las instituciones republicanas deben permanecer porque pertenecen a todos. La democracia se degrada cuando confundimos lealtad política con obediencia ciega, o cuando creemos que defender a un líder importa más que defender las reglas comunes. Cuando el poder deja de tener límites, tarde o temprano deja también de servir a la libertad.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Concluye jornada regional sobre el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares

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* La Comisión para la Implementación del CNPCyF, que preside el magistrado Juan Carlos Díaz Carranza, llevó a cabo foros de análisis y capacitación en la Sierra Sur, Costa y el Istmo

Oaxaca, Oax., 6 de julio de 2026.- Con la participación de especialistas, integrantes de la comunidad jurídica, estudiantes, representantes de diversos sectores de la sociedad, personal jurisdiccional y autoridades municipales, concluyó el Segundo Foro Regional para la Implementación del Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares, organizado por la Comisión en esta materia del Poder Judicial del Estado de Oaxaca.

Durante tres días, en las sedes de Miahuatlán de Porfirio Díaz, en la Sierra Sur; Santa Cruz Huatulco, en la Costa, y Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec, se analizaron los principales retos que plantea el nuevo ordenamiento jurídico, como son: la armonización de criterios entre las entidades federativas, las experiencias de implementación en otros estado del país, y el acceso efectivo a la justicia para niñas, niños y adolescentes.

También, la actuación notarial dentro del nuevo modelo procesal, la inclusión de personas con discapacidad, el fortalecimiento de las técnicas probatorias, la transformación digital de los tribunales, el expediente electrónico, la inteligencia artificial, la perspectiva de género y los desafíos en materia de infraestructura, capacitación y recursos humanos.

En la clausura de los trabajos, la titular del Poder Judicial, magistrada Erika María Rodríguez Rodríguez destacó el compromiso de la comunidad jurídica con este proceso de transformación y reconoció el trabajo de la Comisión para la Implementación del Código, encabezada por el magistrado Juan Carlos Díaz Carranza, que permite impulsar un modelo de justicia acorde a la realidad de Oaxaca.

Por su parte, el presidente de la Comisión agradeció la participación y el interés de la comunidad jurídica, al destacar que las aportaciones reunidas durante el recorrido por Miahuatlán de Porfirio Díaz, Santa Cruz Huatulco y Salina Cruz constituyen un insumo fundamental para fortalecer la implementación del CNPCyF.

Indicó que el trabajo conjunto que hizo posible la realización de estos foros, el intercambio de experiencias y el diálogo entre especialistas, operadores jurídicos, litigantes y estudiantes permitirá construir mejores condiciones para enfrentar los retos que implica esta transformación.

Y ¿si sí?

Ernesto Ruiz

¿Y si los desastres ambientales no son el costo inevitable del desarrollo, sino negligencias punibles?

¿Y si la Auditoría Superior de la Federación (ASF) indagará qué ha pasado con el recurso para mantenimiento de la refinería Antonio Dovalí Jaime y los ductos?

¿Y si está violando nuestros Derechos Humanos?

La narrativa oficial y corporativa se ha vuelto experta en el arte de la ingeniería del deslinde. Cada vez que una mancha negra devora una playa, un río o un campo de cultivo en nuestro estado, el guion institucional es casi idéntico: fue una toma clandestina, un acto de vandalismo o una desafortunada anomalía fortuita. Pero quienes conocemos las tripas de la administración ambiental y hemos caminado el territorio oaxaqueño, sabemos que aquí el olor a amoníaco y chapopote no es un accidente; es síntoma de una sistemática simulación.

De Salina Cruz a Palomares, los desastres no son anomalías de la naturaleza, sino las cicatrices abiertas de una infraestructura obsoleta que colapsó hace años. En el puerto de Salina Cruz se acumulan más de 60 derrames en el último lustro, con crisis urbanas y costeras recurrentes que asfixian bahías como La Ventosa. La herida en la zona norte del Istmo cala de forma distinta: En octubre de 2022, el tramo del oleoducto de 30 pulgadas Nuevo Teapa-Salina Cruz reventó en San Juan Güichicovi, el petróleo crudo convirtió al río El Corte y al Arroyo Tonto en cementerios flotantes de tortugas, ganado y aves, dejando los pozos artesanales de comunidades indígenas como El Triunfo, Tolosita y Sarabia inservibles y oliendo a muerte. 

Apenas dos meses después, en diciembre de ese mismo año, el ducto en la agencia de Donají, Matías Romero, exhaló una nube tóxica de amoniaco que provocó el desplazamiento forzado de más de 1,200 almas y quemó los maizales. En febrero de 2023, fue el rugido invisible del gas isobutano el que obligó a evacuar familias en plena noche ante el pánico de una explosión.

El mapa de México se está tiñendo de negro a una velocidad alarmante. Datos oficiales revelan que, entre octubre de 2024 y marzo de 2026, la petrolera estatal registró un total de 1,490 derrames y fugas a nivel nacional. En el 2025 se consolidó esta tendencia crítica con 1,015 desastres operativos, la inmensa mayoría de ellos catalogados bajo la causa de “falla industrial”. No es el huachicol; es el envejecimiento de la infraestructura y la criminal falta de mantenimiento.

Frente a la terca realidad de los datos y el testimonio de ingenieros y exfuncionarios de la refinería Antonio Dovalí Jaime que han denunciado cómo el presupuesto de integridad de ductos se esfuma en el laberinto de la corrupción interna, la pregunta que da título a esta columna deja de ser una hipótesis técnica para convertirse en un reclamo político urgente: ¿Y si sí?

¿Y si resulta que los técnicos tienen razón? ¿Y si los desastres ambientales no son el costo inevitable del desarrollo, sino negligencias punibles?

Imaginemos por un momento un México donde las instituciones encargadas de la gobernanza y la justicia ambiental no fueran meros espectadores de adorno. ¿Cuál sería nuestra realidad si la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) ejerciera sus facultades de inspección y vigilancia con rigor? Entre 2015 y 2022, Pemex reportó casi 6,000 incidentes en sus informes de sustentabilidad, pero la ASEA solo emitió 14 sanciones. Una impunidad del 99.7%. ¿Qué pasaría si en lugar de actuar como una condescendiente oficina de trámites de escritorio, la ASEA clausurara las instalaciones que son una bomba de tiempo en el Istmo?

¿Cuál sería la realidad si la Auditoría Superior de la Federación (ASF) rascara a fondo en las partidas presupuestales de mantenimiento preventivo, encontrara los desvíos y pusiera nombres y apellidos al dinero desaparecido que debió usarse para sustituir las líneas de distribución en Oaxaca y dar mantenimiento a la Refinería Antonio Dovalí Jaime?.

¿Y qué pasaría si la Fiscalía General de la República (FGR) hiciera su trabajo y dejara de usar la coartada perfecta? Cuando se presenta una denuncia —como las cinco que la Procuraduría Ambiental Estatal (PROPAEO) interpuso formalmente ante la federación en febrero de 2023—, la FGR se apresura a catalogar a Pemex como la “víctima” del robo de combustible. El caso se archiva bajo el argumento de que el daño no fue intencional por parte de la empresa, sino una consecuencia del “Huachicoleo” dejando intacta la responsabilidad de los altos mandos por omisión. ¿Qué pasaría si la FGR judicializara con seriedad las carpetas por los daños ambientales contra los funcionarios responsables?.

La respuesta es clara para quienes hemos estado en la trinchera del servicio público: si esas tres instituciones —ASEA, ASF y FGR— hicieran su trabajo, la impunidad petrolera se terminaría mañana. Los ríos de Oaxaca correrían limpios, los pescadores podrían tener un sustento seguro y el desarrollo regional en el marco del Corredor Interoceánico sería sustentable y digno para los pueblos originarios.

Si la ley ambiental se aplicara sin dobleces ni tintes políticos, Pemex tendría que dejar de gastar en retórica nacionalista y empezar a invertir en tuercas, soldaduras, estudios de daño ambiental, programas de remediación y tecnología. Hoy nos quieren convencer de que el desastre es el precio del progreso. Pero la sospecha está sembrada: ¿Y si sí es corrupción? ¿Y si sí es abandono? ¿Y si sí es omisión? ¿Y si sí es violación a los Derechos Humanos? Si las instituciones cumplieran con su deber, la verdad nos daría un país muy diferente. Uno en el que el futuro de Oaxaca, por fin, no huela a petróleo.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Español, defensa a las patadas

Aurelio Ramos Méndez

Menos de cien horas bastaron para que los aficionados al futbol y el sector comercial y de servicios nos demostraran a todos los mexicanos, en particular al gobierno federal, que sí es posible sacudirnos el humillante colonialismo lingüístico, reflejado en el uso y abuso del idioma inglés, que ha copado todos los ámbitos de la vida nacional.

Al despejarse el miércoles la incógnita de que Inglaterra sería el rival de México en el partido de ayer domingo, octavos de final del Mundial 2026, en las redes cundió una iniciativa identificada como #noinglés, orientada a dejar de emplear al menos por unos días el idioma de Shakespeare como señal de apoyo al seleccionado mexicano. 

Parece obvio que la idea fue iniciada con intención jocosa, sin más propósito que ganar vistas y “me gusta”, o tratar de hacer de la rivalidad deportiva una oportunidad de negocio. En horas prendió como chispa en prado seco y adquirió visos de seriedad.

Decenas, o quizá centenares de empresas grandes y pequeñas, nacionales y extranjeras, se sumaron a la campaña y anunciaron la modificación de la denominación de sus productos y hasta de su nombre o razón social, y el asunto se viralizó y pasó del humor digital al genuino reclamo social.

“En América Eagle informamos que de aquí al lunes nos unimos al operativo “noinglés”. Por ello hemos decidido actualizar temporalmente nuestro vocabulario. Los outfits, serán atuendos. El denim, mezclilla. Y los jeans, pantalones vaqueros. Vamos México”, publicó la famosa tienda de ropa.

La cafetería de origen canadiense, hoy estadunidense, Tim Hortons, avisó a sus clientes: “Nos unimos al movimiento noinglés por apoyar a Team Mexico. A partir de este momento nos pueden llamar Timoteo Hortiz, evitando el uso de palabras en inglés. Atentamente, Timoteo Hortiz (la H es muda)

Lo propio hizo la transnacional 7-Eleven, que invitó a acudir por “una Grande Dona, una Gran Mordida, un seis de cerveza, un Café Selección”, y otros productos hasta horas antes denominados en inglés. E invitó a ser referida como 7 Once.

El restaurante Buffalo Wild Wings pidió ser llamado Búfalo Alitas Salvajes y Pastes Kiko’s notificó: “Sabemos que nuestro amado producto tiene herencia británica, pero ante el próximo encuentro futbolístico Pastes Kiko’s ha tomado una decisión contundente para apoyar a los nuestros y sumarnos al “noinglés”.

“A partir de este comunicado y hasta finalizar el partido, suspendemos el uso del apóstrofe y la “s” final, ya que responden a una estructura gramatical del idioma inglés; oficialmente los esperamos en nuestras sucursales de “Los pastes de Francisco” para disfrutar de cada jugada.

“¡Porque el verdadero sazón se grita en español!”, exclamaron, con escasa fortuna, los publicitas de la firma comercializadora de pastes. Se entiende el desatino, a la luz del lejano origen británico de las sabrosas empanadas; pero si “sazón” es sustantivo femenino, le corresponde el artículo del mismo género: La sazón.

El caso es que contra el avasallamiento del inglés se manifestó hasta el changarro Simipet Care, el cual informó que “mientras juegue México”, en esos establecimientos “sólo les hablaremos en español a todas las razas inglesas. Aquí no es “woof” ni “sit”, aquí es guau y sentado.

No se requiere de una percepción aguda para percatarse de que, en no pocos casos, se trata de mensajes festivos cuya única finalidad consiste en sumarse a las tendencias de las redes para tratar de aumentar ventas. 

En el lance chusco, sin embargo, quedó claro que es perfectamente posible y de manera ultra rápida la traducción al español del lenguaje comercial infestado de inglés, que muchas veces resulta incomprensible aun para empleados y hasta propietarios de establecimientos mercantiles.

Del gobierno federal –las secretarías de Gobernación, Educación, Economía, el IMPI y otros entes oficiales—, así como de los organismos empresariales, las instituciones de educación superior, las asociaciones de profesionales –publicistas, locutores, periodistas– la Academia de la Lengua, y otras instancias depende que esta campaña sea permanente. ¡Sí se puede!

El abuso en el empleo del inglés está la vista de todos, propiciado por empresarios, publicitas y locutores que absurdamente suponen que venderán más si nombran en inglés los productos y servicios que anuncian, aun cuando existen palabras en español que pueden describir con mayor precisión tales productos.

Autoridades de Gobernación y otras dependencias han consentido el uso abusivo de extranjerismos con la peregrina justificación de que las grandes y poderosas firmas transnacionales abanarían el país, con graves perjuicios en el empleo y la economía en general,  si se las obligara a emplear el castellano no sólo en sus catálogos de productos sino en sus nombres comerciales, tal como se ha hecho en otras latitudes. Quebec y Montreal, en Canadá; en Barcelona, España, y en Italia, Francia, Chile, y otras naciones, por ejemplo.

En el Este de Canadá se vende Pollo Frito Kentucky, no Kentucky  Fried Chicken, y se puede comprar café no en Starbucks Coffe, sino en la Cafetería Starbuck, y ningún corporativo global ha abandonado esas ciudades o países, a pesar de que se trata de mercados infinitamente menores en valor y dimensión que el mexicano.

Cuesta trabajo creer que una empresa global puede desdeñar y salirse de un mercado de 130 millones de mexicanos, si en el francófono Quebec, de sólo ocho millones de habitantes, acató la exigencia de poner nombres en francés, y en catalán en Barcelona.

En todo caso, el mundo futbolístico mexicano ya puso la muestra de que el cambio es factible. Lo que falta es voluntad de la 4T para defender el idioma nacional, así sea por conveniencia política frente a Estados Unidos, potencia ésta que el Mundial en curso ha podido ver de qué color pinta el verde.

En el inicio del Campeonato, como se recuerda, directivos de la FIFA que suelen asearle el calzado a Donald Trump acataron la orden de prohibir el uso del español en el torneo, a pesar de que se trata de la lengua nacional de uno de los países anfitriones, México. La realidad acabó por imponerse.

Aficionados al fut y comerciantes ansiosos de ganancias han demostrado que, cuando de vender se trata, sí es posible sacudirse el avasallante inglés que –sin hipérbole– ha dejado incomunicados a vastos núcleos de mexicanos.

BRASAS

¿Quiénes son los cinco futbolistas de la selección de Ecuador que habrían sido amenazados por un cartel del narcotráfico mexicano, con el fin de que se dejaran ganar en el partido contra “la verde”, el martes pasado en el Azteca?”.

La “revelación” de tales amenazas fue propalada el jueves (2) con absoluta irresponsabilidad, nulo rigor profesional y por encargo quien sabe de quién, por el periodista argentino de Radio Mitre, Eduardo Feinmann, uno de los más abyectos lacayos del presidente Javier Milei.

La maloliente especie inundó las redes, sin que Feinmann se sintiera con la obligación ética de precisar los datos del chisme que había esparcido, con base en el cual lanzó, a modo de conclusión, un parecer asaz infame:

“Me parece que los narcos quieren a toda costa que México salga campeón del Mundial”.

La versión de las amenazas, según los patiños del comunicador, habría trascendido –vaya uno a saber de dónde– la víspera, el miércoles 1, al día siguiente de la derrota del seleccionado ecuatoriano.

Y fue difundida un día después por Feinmann, justo en el aniversario 32 del asesinato en Medellin, Colombia, del muy querido futbolista Andrés Escobar, dos días después de que éste regresara del Mundial de Estados Unidos, en el cual Colombia se había quedado afuera en la primera ronda.

En el partido contra el anfitrión EU, Escobar había anotado un autogol, el cual marco el fin de la participación colombiana en el campeonato; pero lo que resultó más peligroso, malogró apuestas de narcos que se cobraron con la vida del deportista.

El periodista dio la “noticia” de las amenazas en estos términos:

“El tema del mundial es bastante complicado… porque parece que está confirmado que hubo amenazas por parte de un cartel de México para los jugadores ecuatorianos.

“Se comunicaron con cinco jugadores, con datos específicos sobre su familia en Ecuador y en México. Impresionante…”.

Otro de sus colaboradores hizo la observación de que en México juegan varios ecuatorianos, de quienes puede ser fácil conocer datos tales como “donde viven, donde juegan, donde paran, su familia, sus hijos…”.

Así, a partir de pareceres y vaguedades –“parece que está confirmado”, “me parece que los narcos quieren a toda costa”, “se comunicaron con cinco (quien sabe cuáles)”— soltó el chisme que luego inundó las redes.

Pero de los cinco, nada

Feinmann es, junto con Jonatan Viale, Luis Majul, Antonio Laje, y yutuberos e influenciadores como el Gordo Dan, Nicolás Márquez, y algunos más, uno de los comunicadores más cercanos y favorecidos por Milei, lo cual impone el interrogante de si el ultraderechista y muy corrupto gobierno argentino tiene algo que ver en esta patraña.

Duda que se acrecienta ahora que otro gobierno de la derecha trumpista, el de Ecuador, ya elevó el caso a la FIFA “solicitando una investigación pormenorizada de los hechos ocurridos antes y durante el partido -incluidos todos aquellos que pueden haber comprometido temas de seguridad de nuestra hinchada y jugadores.

RESCOLDOS

No tiene límites la ruindad de la dirigencia del PAN y sus compinches en los medios. Pretenden lucrar políticamente con la muerte de cuatro personas en festejos por el triunfo del equipo mexicano. Un mínimo de decencia debería obligarlos a no montarse en la tragedia; pero ya se sabe que los olmos no dan peras. Y luego se quejan porque no votan por ellos…

Ahora fue el periodista Ciro Gómez Leyva quien mandó al diablo a las instituciones, y sus contlapaches le aplauden. Entrevistó a Israel Vallarta, que pasó veinte años de su vida en la cárcel acusado de secuestrador, pero fue exonerado en el caso Casez. Ciro insiste en llamarlo secuestrador “porque la verdad histórica no siempre coincide con la verdad jurídica”. Algo así como “estas son mis verdades, si no les gustan, tengo otras”.

 aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Hugo Aguilar y la hora indígena

Por: Antonio Gutiérrez Rodríguez

“Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”.

Marc Bloch nos recuerda el proverbio árabe.

En el horizonte de los pueblos y comunidades indígenas de México asoma, como una constelación de nuevas estrellas, la iniciativa de Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos.

El Protocolo del Proceso de Consulta Previa, Libre e Informada que dará sustento al diálogo para su aprobación, fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 29 de junio de 2026. Con ello inicia una etapa que podría marcar un antes y un después en la relación entre el Estado mexicano y los pueblos que habitan este territorio desde mucho antes de la fundación de la República.

Vamos, pues, rumbo a la consulta previa, libre e informada, en busca de colocar en el lugar que les corresponde derechos históricos que, pese a su legitimidad y vigencia, permanecen insuficientemente comprendidos por amplios sectores de la sociedad. No se trata de derechos nuevos; son derechos largamente postergados por más de dos siglos de construcción estatal edificada, en gran medida, bajo una lógica homogeneizadora.

Durante más de doscientos años prevalecieron las normas y estructuras jurídicas del Estado como único referente legítimo de organización social. Sin embargo, los pueblos indígenas mantuvieron viva la memoria de sus propios sistemas normativos, de sus formas de gobierno, de sus mecanismos de resolución de conflictos y de sus principios comunitarios. 

La continuidad de estas instituciones constituye una de las expresiones más notables de resistencia cultural y de permanencia histórica en México.

La convocatoria delineada por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y respaldada por la Secretaría de Gobernación y la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal no representa únicamente un procedimiento legislativo. También abre una oportunidad excepcional para colocar en el centro del debate nacional conceptos fundamentales sobre los que podría edificarse un diseño institucional más incluyente, plural y acorde con la diversidad cultural del país.

Comunidad, ley, autoridad, autonomía, libertad, derechos humanos, territorio y justicia son apenas algunos de los conceptos que merecen ser revisados con rigor intelectual y sentido crítico. La discusión no es menor. De la manera en que estas nociones sean comprendidas y articuladas dependerá, en buena medida, la construcción de una nueva relación entre el Estado y los pueblos indígenas y afromexicanos.

En este ejercicio de reflexión conviene recordar la observación del sacerdote y erudito francés Richard Simon, retomada por Marc Bloch en su célebre Introducción a la historia. La crítica, escribió, es una “especie de antorcha que nos ilumina y nos conduce por las rutas oscuras de la Antigüedad, haciéndonos distinguir lo verdadero de lo falso”. Esa misma actitud crítica será indispensable para analizar los alcances de la iniciativa, reconocer sus fortalezas, identificar sus limitaciones y contribuir a que el debate público se traduzca en instituciones más justas y democráticas.

Reconocer la legitimidad de las normas consuetudinarias y nombrarlas por lo que son —verdaderos sistemas jurídicos construidos por generaciones enteras— no ha sido una tarea sencilla. Detrás de este proceso se encuentran miles de mujeres y hombres indígenas que durante décadas han defendido sus conocimientos, sus formas de organización, sus principios éticos y sus modos de entender la justicia y la vida comunitaria.

Resulta imposible mencionar en unas cuantas líneas a todas las personas que han contribuido a esta transformación. Sin embargo, no deja de ser significativo que este momento histórico coincida con la presencia de profesionistas indígenas en espacios estratégicos de decisión pública. Como si distintas trayectorias individuales convergieran para abrir una nueva etapa en la vida institucional del país.

Entre quienes se autoadscriben como indígenas y que hoy ocupan cargos de alta relevancia, destacan Adelfo Regino Montes, al frente del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas; Camelia Gaspar Martínez, en la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Norma González Jiménez, en la Fiscalía General de la República; Víctor Leonel Juan Martínez, en la Dirección General de Derechos Humanos y Justicia Pluricultural de la Suprema Corte; y, de manera particularmente significativa, Hugo Aguilar Ortiz, jurista mixteco y actual Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; y como es de conocimiento público, la Corte no legisla, por eso la Convocatoria dice que participa como OBSERVADORA. 

La presencia de un indígena mixteco al frente del máximo tribunal constitucional del país posee una dimensión que trasciende lo biográfico. Representa el reconocimiento de una larga lucha colectiva y simboliza la posibilidad de que las instituciones nacionales comiencen a dialogar, en condiciones más equitativas, con las realidades jurídicas y culturales de los pueblos originarios.

Existen, desde luego, innumerables mujeres y hombres indígenas, dentro y fuera de México, aportando desde la academia y desde los pueblos y comunidades, el servicio público, la investigación, la judicatura y la organización comunitaria, nuevos contenidos para fortalecer el reconocimiento de la diversidad cultural. Gracias a ese trabajo persistente, los sistemas normativos indígenas dejan de ser vistos como una curiosidad antropológica para asumirse como parte sustancial de la vida jurídica y política de la nación.

La consulta que hoy comienza no sólo discutirá una ley. También pondrá a prueba la capacidad del Estado mexicano para reconocerse plenamente como lo que la Constitución afirma desde hace décadas: una nación pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. Tal vez por ello, más que una reforma legislativa, lo que tenemos enfrente es una oportunidad histórica para reconciliar la memoria de los pueblos con el futuro de las instituciones.

División de poderes revisitada

Alberto Benítez Tiburcio

Decía Lord Acton que «el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Hay frases que sobreviven al paso del tiempo porque describen una constante de la condición humana. La de Acton no habla de un gobernante específico ni de una ideología determinada; habla del poder mismo. Durante siglos pensamos que el gran problema de la política consistía en encontrar buenos gobernantes. Con el tiempo descubrimos que esa era la pregunta equivocada. Incluso los mejores gobiernos cambian, las mayorías se transforman y los partidos desaparecen. Lo único que permanece es una realidad incómoda: el poder tiende naturalmente a expandirse. Nunca considera suficientes las facultades que posee y siempre encuentra razones plausibles para justificar otras nuevas. La verdadera pregunta de la política nunca ha sido quién debe gobernar, sino cómo impedir que quien gobierna termine ejerciendo un poder sin límites.

Ésa es la idea fundacional del constitucionalismo y, probablemente, una de las aportaciones más importantes de la civilización occidental. El constitucionalismo y el republicanismo modernos surgieron como respuesta al absolutismo monárquico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII y XVIII, cuando la concentración del poder en la figura del rey prácticamente no reconocía límites jurídicos. Solemos imaginar que una Constitución sirve para organizar el Estado y distribuir competencias. Todo eso es cierto, pero no constituye su finalidad principal. Las constituciones modernas nacieron, sobre todo, para limitar al poder. En su esencia expresa desconfianza hacia el poder. Parte de una premisa sencilla, pero profundamente realista: ningún ser humano debería disponer de facultades suficientes para imponer su voluntad sin encontrar límites institucionales.

Esta distinción resulta indispensable porque con frecuencia confundimos democracia con constitucionalismo, como si ambas palabras fueran sinónimos. No lo son. La democracia responde a una pregunta decisiva: ¿quién tiene derecho a gobernar? Su respuesta es el voto ciudadano. El constitucionalismo responde otra todavía más importante: ¿qué NO puede hacer ese gobernante una vez que obtuvo legítimamente el poder? La democracia crea poder político; el constitucionalismo lo contiene. La primera otorga legitimidad para gobernar; el segundo garantiza que esa legitimidad no se convierta en arbitrariedad. Una mayoría puede decidir quién gobierna, pero no puede decidir que desaparezcan la libertad de expresión, el debido proceso o la igualdad ante la ley. Precisamente porque existen derechos fundamentales que el poder no puede vulnerar, también deben existir instituciones capaces de protegerlos incluso frente a las mayorías.

Aquí aparece el verdadero significado de la división de poderes, una idea que con demasiada frecuencia reducimos a una explicación escolar sobre las funciones del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Esa descripción es correcta, pero superficial. La división de poderes no existe para distribuir tareas administrativas; existe para distribuir el poder mismo. Su lógica consiste en impedir que una sola autoridad acumule suficientes atribuciones para convertirse en juez de sus propios actos. Los pesos y contrapesos no representan un obstáculo para gobernar; constituyen la condición indispensable para que el gobierno permanezca sujeto al derecho.

No deja de ser paradójico que, justamente cuando las democracias contemporáneas han alcanzado los mayores niveles de desarrollo constitucional de su historia, haya resurgido la tentación demagógica de presentar esos límites como un problema. Con creciente frecuencia se afirma que los tribunales obstaculizan las transformaciones, que los órganos constitucionales autónomos son prescindibles, que la prensa crítica desestabiliza o que la oposición simplemente bloquea el mandato de las mayorías. El argumento parece atractivo porque promete eficacia. Si el gobierno dejara de enfrentar controles, podría actuar con mayor rapidez. Sin embargo, la experiencia histórica enseña exactamente lo contrario. El poder sin límites puede ser más veloz, pero también es mucho más peligroso. La eficiencia nunca puede ser un sustituto de la libertad.

Los estudios contemporáneos sobre la erosión democrática coinciden en una conclusión inquietante. Las democracias ya no suelen desaparecer mediante golpes de Estado ni por la suspensión abierta de las constituciones. Se deterioran gradualmente desde el interior de sus propias instituciones. Poco a poco, el problema deja de ser el abuso del poder y pasa a ser la negación misma de los límites al poder. Ése es el momento en que una democracia comienza a confundirse con la simple concentración del poder.

Conviene recordar entonces para qué fueron creados los derechos humanos. No constituyen una concesión generosa del Estado ni un catálogo de aspiraciones morales. Representan un espacio de autonomía que el poder no puede invadir. Son la frontera jurídica que protege la dignidad de las personas frente a cualquier autoridad, incluso frente a aquella que llegó legítimamente mediante el voto. Por eso los derechos humanos y el constitucionalismo son inseparables. Los derechos carecerían de eficacia sin instituciones independientes que los hicieran valer, y esas instituciones perderían sentido si dejaran de existir derechos que proteger. La división de poderes, en consecuencia, no es un fin en sí mismo; es el mecanismo mediante el cual las libertades dejan de depender de la buena voluntad del gobernante y pasan a descansar en la fuerza del derecho.

Quizá el mayor error de nuestro tiempo consista en pensar que las instituciones fueron diseñadas para facilitar el ejercicio del poder. En realidad fueron creadas para limitarlo. Por eso los pesos y contrapesos no protegen a los poderes públicos; protegen a los ciudadanos frente a los poderes públicos. Ésa es la diferencia entre un Estado constitucional y un régimen autoritario donde el poder termina respondiéndose únicamente a sí mismo.

En el fondo, la división de poderes es una convicción profundamente democrática: ningún gobernante, por popular que sea, puede colocarse por encima de la Constitución porque la Constitución, antes que un pacto entre quienes ejercen el poder, es un pacto para proteger la libertad, la dignidad y los derechos de las personas. Ésa es la razón por la que las democracias constitucionales siguen siendo la mejor herramienta que hemos construido para convivir en libertad: permiten que el pueblo decida quién gobierna, pero impiden que cualquier gobernante, incluso aquel elegido por el propio pueblo, pueda convertirse en dueño del poder. Porque el poder sólo es verdaderamente democrático cuando encuentra límites; cuando deja de tenerlos, tarde o temprano deja también de servir a la libertad.

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