Seguridad Pública: no refuerza percepción ciudadana

+ Policía Estatal: los abusos que no tienen justificación

 

En los últimos 15 meses, los funcionarios encargados de las corporaciones policiacas y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, han buscado no sólo de hacer su trabajo, sino de que parezca que se hace. Sin embargo, hace apenas unos días el secretario Javier Rueda Velázquez reconoció, ante el pleno del Congreso del Estado, que la percepción ciudadana sobre la inseguridad y la desconfianza del trabajo policiaco, no ha dejado de ser negativa. ¿Por qué esto es así?

La respuesta no se encuentra en una sola causa o en un solo ámbito. En realidad, el modelo de seguridad pública que actualmente se aplica en Oaxaca vino a ser una auténtica revolución, respecto a las formas anticuadas que, en su mayoría, eran las que se aplicaban a las instituciones de seguridad y los cuerpos policiacos en la entidad.

Sin embargo, ha sido también largo el recuento que, al menos en este espacio, hemos realizado de las inconsistencias y fallos de aplicación del esquema que encabeza en la entidad el vicealmirante Wilfrido Robledo Madrid, y el secretario Rueda Velázquez. Es decir, que el esquema fue novedoso respecto a lo que se hacía en el pasado en materia de seguridad, pero que éste se encuentra aún lejos de generar certeza —es decir, argumentos y datos sólidos y sostenibles— de que es el remedio más eficaz para la inseguridad que existe en Oaxaca.

Así, ¿de dónde surge la sensación de inseguridad y la desconfianza que el ciudadano común continúa teniendo de la acción policiaca? Parte, precisamente, de que en Oaxaca existe todo un entramado de instituciones que combinan y comparten atribuciones para perseguir a los delincuentes y combatir la inseguridad… pero que no han sido capaces de darle a la historia constante de la impunidad, al menos un giro parcial que permita un mayor índice de esclarecimiento de hechos delictivos, detención de maleantes y desarticulación de grupos criminales.

De todo esto son responsables lo mismo la Secretaría de Seguridad Pública que la Procuraduría General de Justicia del Estado. Ambas instancias, no han tenido la capacidad suficiente de coordinación y entendimiento como para ejecutar una verdadera labor conjunta. A ante esa circunstancia, la delincuencia puede desplegar todos sus potenciales sin ninguna cortapisa.

En los últimos dos años se han cometido diversos crímenes que no han tenido castigo ni una investigación clara, y ni hablar de detenidos. Además, es fundamental la presencia y acción policiaca en las calles y en la interacción continua con los ciudadanos. Pero si esto último no puede llegar a ser “bien visto” por la población, es claro que todo lo demás tampoco.

 

ELEMENTOS ABUSIVOS

Ayer, en estas mismas páginas, en la columna Con Mayúsculas, se daba cuenta de una queja ciudadana por la acción de elementos de la Policía Estatal. Particularmente se hacía mención de una situación que transcribimos textualmente de lo asentado por Juan Diego: “Seguido hay revisiones por ese rumbo [de San Jacinto Amilpas], lo raro es que los policías [estatales] piden documentos de los vehículos pero en lugar de canalizarlos a Tránsito, los mandan a su cuartel, lo cual es violatorio de las garantías.”

En al menos un par de ocasiones, el autor de este espacio ha sido testigo de la veracidad de estos señalamientos, que deberían ser indagados a fondo por el secretario Rueda Velázquez y por el comisionado de la Policía Estatal, Jorge Quezadas Jiménez. Ese actual de los elementos estatales, en nada ayuda a la confianza ciudadana que los mandos policiacos buscan que la ciudadanía tenga en las instituciones y agentes encargados de la seguridad pública.

Los dos hechos que a continuación se relatarán, ocurrieron la tarde del pasado 16 de diciembre, y la madrugada de ayer 17. En el primero de ellos, en Avenida Universidad, una patrulla de la Policía Estatal —que no portaba placas de circulación ni número económico— detuvo a dos individuos que viajaban a bordo de un vehículo. A pesar de haberse identificado y de haber dejado constancia de la legalidad del vehículo al mostrar todos los documentos requeridos, sin ningún miramiento, los obligaron a bajar del vehículo, los revisaron, les exigieron desprenderse de zapatos y varias prendas de vestir, para finalmente detenerlos y llevarlos al Cuartel de Santa María Coyotepec.

Los dos jóvenes, trabajadores de un expendio de alimentos al que se dirigían cuando fueron detenidos, permanecieron dos horas en el Cuartel. Nunca los presentaron ante el agente del Ministerio Público ni les indicaron exactamente cuál era la falta administrativa o delito por el que habían sido remitidos. Finalmente, les cobraron una multa de 400 pesos a cada uno —sin expedir recibo oficial alguno—, y al filo de las 21 horas del miércoles los dejaron en libertad.

Luego, pasadas las 2 am de ayer jueves, una patrulla con las mismas características —es decir, sin placas o número económico— detuvo a un grupo de jóvenes que viajaban en un auto compacto ¡por haberse pasado una luz roja del semáforo! Unos seis agentes alcanzaron a los jóvenes en la calle Prolongación de La Noria, en Cinco Señores, para hacer exactamente lo mismo: exigirles documentación e identificaciones, catearlos, revisar el vehículo y pedir todo tipo de explicaciones que no venían al caso.

El hecho ocurrió a escasos metros —una cuadra, no más— de donde se encuentra la Dirección de Tránsito del Estado. Pero, ni por eso, solicitaron la presencia de los agentes de vialidad para que tomaran conocimiento del hecho y aplicaran la sanción correspondiente. Luego de unos 15 minutos de mantenerlos retenidos y rodeados en plena avenida, les permitieron continuar su camino.

En ambos casos, existen injustificables violaciones de garantías fundamentales, que deben ser investigadas y sancionadas. Es cierto que la seguridad exige ciertos sacrificios; pero los agentes tampoco pueden creer que la ciudadanía está a lo que ellos legal e ilegalmente dispongan. Esto ayuda en nada a la credibilidad que busca fomentar la SSPE entre los ciudadanos.

 

ARCAS MUNICIPALES

Dicen los que saben, que la razón fundamental por la que el Ayuntamiento citadino no subirá impuestos en 2010, es porque realmente está ensanchando su base tributaria, y eficientando el cobro de impuestos, que muy poco puede lograrse no sólo en Oaxaca, sino en el país. Con hechos como ese, Martín Mathus Alonso tratará de consolidarse como el más aventajado aspirante a la alcaldía citadina por el PRI. Ver para creer.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

Publicado por

Adrián Ortiz Romero

Licenciado en Derecho. Maestro en Derecho Constitucional. Periodista. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas de Oaxaca y de la Ciudad de México.

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