Teoría de conspiraciones: huracanes, golpismo y terremotos

+ Haití: ¿No habrá sido los Estados Unidos quien los devastó?

Adrián Ortiz Romero Cuevas

Es curioso ver cómo el ser humano siempre encuentra modos distintos de comprender un hecho, que bien podría tener sólo una explicación. Así es conocida la siempre presente teoría del conspiracionismo, que lo mismo ha estado presente en los conflictos sociales y políticos que ocurren en el mundo, que en los diversos desastres humanos que acontecen con cierta recurrencia. ¿Por qué recurrir a esos locuaces intentos, que casi siempre enredan las explicaciones que, en otro sentido, serían muy sencillas de plantear y comprender?

El asunto no es ocioso. Si recordamos, cuando ocurrió el huracán Gilberto, en septiembre de 1988, grandes extensiones del Caribe y Golfo de México fueron devastadas como quizá nunca antes había ocurrido. De acuerdo con Wikipedia, Gilberto provocó en total 318 muertes: 202 en México, 45 en Jamaica, 30 en Haití, 12 en Guatemala, cinco en Venezuela y la República Dominicana, tres en Estados Unidos y dos en Costa Rica y Nicaragua. Incluso señala que aún cuando no se tiene una cifra exacta del daño total causado por Gilberto, se estima que el total para todos los territorios afectados sería de 5 mil millones de dólares, según estimaciones realizadas en 1998.

Aparentemente, Gilberto fue consecuencia de un violento efecto climatológico que, como en otras ocasiones (el huracán Paulina, que azotó las cosas de Oaxaca y Guerrero en octubre de 1997), provocó estragos en amplias regiones de la República mexicana, y que ocasionó pérdida de vidas humanas y quebrantos económicos importantes. Era, como comúnmente lo dicen, un “desastre” de la naturaleza incontrolable.

Sin embargo, en aquellos años, si se recuerda, hubo una teoría conspiracionista, que aseguraba que el Ejército de los Estados Unidos de Norteamérica había desarrollado armas climatológicas, a través de las cuales podía provocar efectos meteorológicos de grandes magnitudes, para que azotaran regiones en las que ellos tuvieran intereses geopolíticos o económicos que preservar o atacar.

Quienes defendían dicha teoría, señalaban que Gilberto no había sido una eventualidad de la naturaleza sólo que en una magnitud mayor a las normales, sino que éste había sido parte de un experimento realizado por las fuerzas armadas norteamericanas, que se había salido de control.

Evidentemente, ese fue el punto para culpar —como siempre— a nuestro vecino del norte de esa y todas las tragedias que han ocurrido en nuestro continente en el último siglo. Y evidentemente, nunca hubo una sola prueba —ni siquiera cercana— de que algún experimento de tipo nuclear o climatológico influido por la mano del hombre, había sido el provocador de la tragedia en que desembocó el furioso paso del huracán Gilberto por diversos países de la región.

Algo parecido es lo que hoy, ante el terremoto que devastó Haití hace unos días, ya se están comenzando a tejer nuevas teorías no sólo sobre el control que pretendía tomar Estados Unidos sobre aquella isla, sino también sobre el origen de ese terremoto que, en estimaciones actuales, ha provocado unas setenta mil muertes y la devastación total de esa lastimada nación caribeña.

¿CONSPIRACIÓN

ESTADOUNIDENSE?

“Un reporte preparado por la Flota Rusa del Norte estaría indicando que el sismo que ha devastado a Haití fue el ‘claro resultado’ de una prueba de la Marina Estadounidense por medio de una de sus ‘armas de terremotos’. La Flota del Norte ha estado monitoreando los movimientos y las actividades navales estadounidenses en el Caribe desde 2008 cuando los Estadounidenses anunciaron su intención de restablecer la Cuarta Flota que había sido disuelta en 1950, a lo que Rusia respondió un año después con una flota rusa encabezada por el crucero nuclear ‘Pedro el Grande’, comenzando sus primeros ejercicios en esta región desde finales de la Guerra Fría.”

Ese es un fragmento de un “reporte” que circula ampliamente por diversos sitios de Internet desde hace una semana. Llama la atención no sólo la fragilidad de las afirmaciones hechas por quienes signan este documento (un sitio web denominado “aporreo.org” de origen venezolano), sino también por la insistencia casi machacona respecto a la reaparición de lo que bien podría ser una nueva Guerra Fría y hostilidades entre Rusia y los Estados Unidos.

“El informe compara además la experimentación de la Marina Estadounidense de dos de estas armas de terremotos la semana pasada, cuando la prueba en el Pacífico causó un terremoto de magnitud 6.5 azotando el área alrededor de la ciudad de Eureka, en California sin causar muertes, pero con su prueba en el Caribe que causó ya, la muerte de al menos 140 mil inocentes”. Este informe, completo, puede ser consultado en nuestro blog.

¿Algo de veracidad? A la luz de los hechos, ninguna. ¿Algo de mito y conspiracionismo ramplón? Prácticamente todo. Lo cierto es que esta tragedia de Haití tiene otro causante y otras circunstancias. El causante se llama “naturaleza” y las circunstancias se llaman “pobreza”, “marginación” y “descuido gubernamental”, pero no de un año ni de una década, sino algo que bien podría ser ancestral.

Carlos Aguilar Jiménez, articulista de este diario, en sus entregas cotidianas subraya dos cuestiones muy particulares: los desastres no son de la naturaleza, sino de los seres humanos, porque la naturaleza siempre se ha desenvuelto del mismo modo y porque ésta siempre se reconstituye para continuar con sus ciclos naturales. La segunda cuestión que señala, es que no sólo son los eventos de la naturaleza los que causan desastres humanos, sino sobre todo la falta de precaución, de prudencia y de regulación en los asentamientos humanos.

DESASTRES HUMANOS

Es decir, que la gente construye, por poner un ejemplo, casas en los lechos de los ríos, en zonas montañosas o de características que, por sí mismas, ponen en riesgo los asentamientos humanos. Y cuando llega la naturaleza y cumple con sus ciclos de viento, agua, movimientos telúricos o sequía, y con ello provoca desgajamientos de cerros, crecidas de ríos o la caída de casas, para nosotros ésta se vuelve la responsable de que haya lesionados, muertos y daños materiales, y el gobierno es quien tiene que venir al rescate de toda esa población que exige ayuda, pero que antes no escuchó a quienes le advirtieron sobre los riesgos que correrían al asentarse en esos sitios. Ese ha sido, recurrentemente el caso mexicano ante los desastres provocados por la naturaleza, y fue lo que provocó esa devastación sin precedentes en la isla haitiana.

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