Frontera sur: los claroscuros de la migraci贸n en M茅xico

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Adri谩n Ortiz Romero Cuevas

La noche del pasado 16 de diciembre, en el paraje conocido como La Toma, en el municipio istme帽o de Chahuites, Oaxaca, un grupo armado secuestr贸 a alrededor de cuarenta indocumentados procedentes de naciones centroamericanas, que viajaban a bordo del tren que corre de Arriaga a Ciudad Ixtepec. Ese hecho, que ha sido documentado y denunciado por diversas instancias civiles nacionales e internacionales, dej贸 ver en toda su magnitud un problema transmigratorio que hasta ahora ha sido sistem谩ticamente negado y desatendido por el gobierno mexicano.

El tren conocido como La Bestia, tiene varias escalas, y su andar es a una velocidad no mayor a unos 30 kil贸metros por hora. La primera de ellas, es la que cruza los l铆mites entre los estados de Oaxaca y Chiapas, en un recorrido que, de d铆a o de noche, dura alrededor de 13 horas. Al llegar a Ciudad Ixtepec, el furg贸n principal es removido y los vagones de carga son enganchados a otra m谩quina que los lleva, en un andar de las mismas caracter铆sticas, hasta la comunidad de Medias Aguas, en el estado de Veracruz. Ah铆, La Bestia, toma diferentes rutas: una corre rumbo a Tierra Blanca; otra va directamente a la estaci贸n Lecher铆a, en la capital del pa铆s, y otra se enfila rumbo a territorio tamaulipeco. Todas, de uno u otro modo, llegan a la frontera norte de la Rep煤blica Mexicana.

El recorrido, en cualquiera de las rutas, dura entre tres y siete d铆as m谩s, luego de haber abandonado el territorio oaxaque帽o. En el mejor de los casos, el tr谩nsito entre una frontera y otra podr铆a durar alrededor de 10 d铆as para un transmigrante con suerte. Sin embargo, en ese camino debe sortear no s贸lo el hambre, la deshidrataci贸n, los riesgos propios del viaje a la intemperie, y las inclemencias del tiempo, sino que, sobre todo, debe soportar y esquivar las m煤ltiples amenazas de la actividad criminal de grupos organizados, los abusos que cometen las autoridades, las amenazas de los grupos criminales que los secuestran, roban y extorsionan, y las redadas de los agentes del Instituto Nacional de Migraci贸n. Es un viaje aventurado y riesgoso, que no tiene garant铆a de un final feliz.

 

CHAHUITES,

EL PUNTO CLAVE

Los habitantes de la comunidad de Chahuites 鈥攎unicipio colindante con el vecino estado de Chiapas, y el primero al que se llega por carretera y tren desde el municipio chiapaneco de Arriaga鈥 se notan molestos cuando el reportero increpa al presidente Municipal, Ahuizotl Castillo, sobre el evidente desentendimiento de la autoridad municipal respecto a la seguridad en su demarcaci贸n.

Aunque en un primer momento el Alcalde hab铆a asegurado no tener conocimiento directo de ning煤n hecho delictivo en la zona relacionado con los migrantes, 茅ste asegura que los chahuitenses son gente solidaria y protectora con los migrantes. 脡ste asegura que los il铆citos cometidos contra los migrantes son m谩s bien hechos aislados, que no siempre ocurren en Chahuites; y los pobladores denuncian que los abusos y secuestros son perpetrados por personas vestidas con uniformes de la Polic铆a Federal, a quienes atribuyen la desaparici贸n de los 40 indocumentados.

Incluso, una vecina del lugar se帽ala que 鈥減or ah铆, en El Silbato, una madrugada de julio que llov铆a, los federales ten铆an a los indocumentados en el lodo. Avisamos al Ej茅rcito y se los quit贸. Hubo balazos, pero los militares desarmaron a los polic铆as鈥. Tambi茅n asegura que en varias ocasiones, cuando la Polic铆a Municipal de Chahuites tiene conocimiento de robos o secuestros cometidos contra transmigrantes, los criminales resuelven el problema 鈥渃ruzando al otro municipio鈥 (Tapanatepec), para evitar que contin煤e la persecuci贸n.

LA ESPERA

EN ARRIAGA

Desde las primeras horas de la noche, el Centro de Inmigrantes de la localidad de Arriaga, Chiapas, a cargo del padre Eiman V谩zquez, comienza a vaciarse. Los centroamericanos que pretenden llegar a los Estados Unidos, necesariamente arriban a esa localidad, procedentes de pa铆ses como Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador y, en menor grado, de Nicaragua. Arriaga es el punto de arranque de La Bestia. Y si el tren inicia su recorrido en las primeras horas del d铆a, las cientos de personas que cada d铆a viajan como polizones deben prepararse desde la noche previa.

A simple vista, las v铆as del tren parecen solitarias. Sin embargo, al caminar cerca de la zona de rieles, uno puede comenzar a distinguir, entre la oscuridad de la noche, a docenas de personas que, agazapadas, se encuentran entre los vagones o ya encima de ellos; otras m谩s, muchas, esperan alertas en las bocacalles, las banquetas, o la maleza, a que alumbren los primeros rayos de sol para iniciar el viaje.

Al acercarse y mostrar algunos botes con agua purificada, los centroamericanos comienzan a salir de sus escondites y se acercan para recibir la ayuda. Ya visibles, comienzan a relatar las peripecias de un viaje que, para ellos, lleva ya varias semanas, varios cientos de d贸lares gastados, e innumerables precauciones para continuar burlando los cercos y la vigilancia de la autoridad migratoria.

Llaman la atenci贸n dos cuestiones en particular. La primera, que entre los migrantes que se acercan existen dos que no tienen las mismas caracter铆sticas, lenguaje e incluso vestimenta de los dem谩s; y segundo, que entre ellos no se encuentra una sola mujer.

Ante ello, la c贸nsul de El Salvador con sede en Arriaga, Vilma Mendoza, ofrece una explicaci贸n: que com煤nmente entre los migrantes tambi茅n viajan mujeres y ni帽os, pero que ellos mismos han comenzado a tomar todas las medidas para que 茅stas no sean vistas o detectadas por los delincuentes sino hasta el momento en que suben al tren. Con esto, dicen, disminuyen los riesgos de secuestros y ataques sexuales en su contra. Y respecto a los dos individuos sospechosos, asegura que uno de ellos puede ser un agente encubierto de la fiscal铆a de protecci贸n a migrantes del estado de Chiapas; y el otro puede ser o un 鈥渆nganchador鈥 de alguna banda criminal, o una persona que recientemente habr铆a sido deportada de los Estados Unidos y estuviera intentando reingresar a territorio norteamericano.

 

LA BESTIA

Al d铆a siguiente, despu茅s del mediod铆a, el convoy de reporteros se encuentra con La Bestia, ya en territorio oaxaque帽o, unos diez kil贸metros antes de la zona poblada de Chahuites. Ah铆, la C贸nsul salvadore帽a exige al conductor que detenga la marcha, para poder acercarse al tren y proporcionar agua a los migrantes. Despu茅s de unos diez minutos de espera, la M谩quina se acerca y entonces preparan unos 50 botellines de agua de medio litro cada uno, para arroj谩rselos a los polizones.

Al pasar justo enfrente, los c谩lculos arrojan que s贸lo ese d铆a viajan unas 150 personas en los techos de los vagones. La temperatura, a esa hora, rebasa los 30 grados Celsius. Y al tren, que ya lleva por lo menos cuatro horas de recorrido, por lo menos le hacen falta otras ocho o nueve para llegar hasta Ciudad Ixtepec.

Eso justamente es lo que le preocupa a la c贸nsul Mendoza: que el recorrido de La Bestia es altamente deshidratante para quienes viajan un d铆a completo de sol, recibiendo a plomo todo su calor y sus efectos. De ah铆 su determinaci贸n por detener la marcha, y proporcionar agua a todos aquellos ni帽os, hombres y mujeres 鈥攁hora s铆 visibles鈥 que agradecen el l铆quido proporcionado.

Casi dos horas despu茅s, el tren pasa por la zona poblada de Chahuites. Tal y como aseguraba la autoridad municipal, varias mujeres se acercan a las v铆as del tren para aventarles algo de comida y agua. El ferrocarril, por ser de d铆a, en ning煤n momento detiene la marcha.

 

MIGRANTES: 驴ATENDERLOS O IGNORARLOS?

M茅xico se encuentra en la disyuntiva entre atender los problemas que enfrenta derivados de los procesos internacionales de migraci贸n, o simplemente seguir excluy茅ndose de un asunto que no s贸lo es de seguridad interior, sino que requiere atenci贸n y una eficaz pol铆tica de Estado. La frontera sur del pa铆s, representa no s贸lo una puerta legal de entrada al territorio nacional sino que, por su porosidad y franca ingobernabilidad, es tambi茅n polo de atracci贸n para quienes ilegalmente pretenden cruzar el pa铆s, en su intento por llegar a los Estados Unidos de Norteam茅rica.

El Instituto Nacional de Migraci贸n tiene detectados siete puntos de cruce fronterizo entre M茅xico y Guatemala, en territorio chiapaneco. La poblaci贸n, sin embargo, asegura que en la franja fronteriza, existen casi sesenta cruces carreteros, por los que libremente transitan personas de uno a otro pa铆s, sin necesidad de documentos o autorizaciones migratorias. Eso hace que la frontera sea imposible de cubrir y regular. Y es lo que da la pauta para asegurar que 茅sta es un l铆mite territorial ingobernable.

Ante ese problema, del que no es responsable pero del que s铆 resiente las consecuencias, el gobierno del estado de Chiapas cre贸 ya una serie de instancias para garantizar ciertas condiciones m铆nimas a la integridad de los transmigrantes. Aseguran que del total de los centroamericanos que se internan en su territorio, s贸lo es un n煤mero muy reducido el que decide quedarse en territorio nacional m谩s del tiempo indispensable para alcanzar la siguiente frontera. Pr谩cticamente todos van de paso, rumbo a los Estados Unidos.

El gobierno de Chiapas entendi贸, desde hace tiempo, que existen problemas que no se resuelven culpando al gobierno federal por su incapacidad de regular el flujo migratorio. Temas como la inseguridad, la integridad, la salud y la protecci贸n de algunos derechos de los migrantes, para ellos son una prioridad. Por ello, alejados de los debates sobre la legalidad de sus acciones, asumieron una posici贸n garantista de los derechos humanos para brindar ciertas condiciones m铆nimas a los transmigrantes, independientemente de que 茅stos tengan una legal estancia, o no, en territorio nacional.

No es curioso que, en funci贸n de eso, desde hace alg煤n tiempo la mayor铆a de los abusos contra los transmigrantes inicien a partir de que 茅stos se internan en territorio oaxaque帽o a trav茅s del tren, de veh铆culos de motor e incluso a pie. El problema que hoy es visible, es que el gobierno de Oaxaca no ha tomado con seriedad un asunto que ya deb铆a ameritar su m谩s elevada preocupaci贸n.

Por eso, aunque no se equivocan del todo cuando se帽alan al gobierno federal por no atender el tema migrante de la frontera sur, s铆 son indudablemente responsables por toda la criminalidad, los abusos y el desentendimiento oficial en que 茅stos se encuentran desde el momento en que se internan en territorio oaxaque帽o. 脡ste 煤ltimo, ya no es un asunto de migraci贸n, sino de humanidad y garantismo, que al gobierno de Oaxaca urgentemente le hace falta comprender.

 

 

 

 

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