Movimiento magisterial: hoy, lejos de ideología y cerca de conveniencias

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+ Hoy, lejos de ideología, cerca de conveniencias

 

Cada año que pasa, se va haciendo más visible la distancia existente entre la lucha magisterial que inició en Oaxaca en el año de 1980, y los intereses actuales que tiene la Sección 22 del SNTE. Independientemente de las demandas políticas que entonces y ahora plantean, queda claro que la brecha más amplia entre entonces y ahora se encuentra en la legitimidad y las bases ideológicas de sus acciones como asociación sindical y como organización de lucha social.

Hace 31 años, la Sección 22 del SNTE inició una lucha por la defensa no de cuestiones relativas al interés general, sino más bien por el reconocimiento de su derecho a decidir sus cuestiones internas. En efecto, hasta entonces la dirigencia y el rumbo del sindicato magisterial de Oaxaca era decidida desde el Comité Estatal del PRI y, esencialmente, desde la gubernatura del Estado.

Y quienes decidieron emprender la verdadera lucha por la democracia dentro de la Sección 22, fueron no a buscar mejoras salariales ni prebendas económicas y mucho menos asaltos en despoblado en contra de las arcas estatales; más bien fueron a exigir el derecho a ser ellos quienes pudieran decidir quiénes serían sus dirigentes, su forma de organización y las formas de lucha que debían emprender para defender sus intereses sindicales.

Esa, como puede verse, sí era una verdadera lucha democrática que buscaba oponerse, a través de todos los medios posibles, a la intervención en su vida interna. De ahí que aquella lucha magisterial iniciática no sólo no fue mal vista por la sociedad oaxaqueña —que, para entonces, también comenzaba a despertar en sus ansias democráticas—, sino que fue apoyada y respaldada por todos aquellos que ya veían como excesiva la injerencia del poder estatal en la vida interna de todos los gremios.

Si esto fue así, ¿entonces cuál fue el problema? Esencialmente, éstos parecen haber sido dos: primero, el mal planteamiento de los postulados ideológicos en los que fundamentaron tanto su lucha democratizadora, como la formación de los cuadros políticos que hoy dominan la Asamblea Estatal; y el segundo, que al pasar del tiempo se dieron cuenta que esa maquinaria política que crearon era no sólo capaz de hacer valer sus determinaciones legitimadas por la sociedad, sino que también tenía la posibilidad de conminar al gobierno en turno a cumplir con sus pretensiones, independientemente de que éstas fueran o no útiles o respaldadas socialmente.

Por eso, treinta años después tendríamos que preguntarnos —y tendrían que preguntarse ellos mismos— qué es lo que verdaderamente les ha traído de provechoso —respecto a sus postulados ideológicos—, el hecho de que con toda convicción fundamenten su lucha en principios de marxismo socialista, y otras corrientes del tipo, si en realidad ellos nunca han sentido en carne propia la lucha de clases, ni han tenido que lucha contra los intereses capitalistas que sí pueden, hoy mismo, estar provocando serios daños a ciertos sectores de la economía.

En el fondo la sociedad, el sistema y el gobierno siguen siendo exactamente los mismos. Sólo que ellos han justificado en esos principios ya desvirtuados —por ellos mismos— el sostenimiento y la permanencia, hasta hoy, de una lucha que, ya lejos de la democracia interna inicial, les sigue trayendo beneficios incuantificables, y les da un poder que sus mismos dirigentes iniciales nunca imaginaron tener.

 

DE LA IDEOLOGÍA

A LA CONVENIENCIA

Sin embargo, en estos treinta años son ya varias generaciones de maestros las que han pasado por los cargos de dirigencia, tanto de los poderes fácticos internos de la 22, como del propio Comité Ejecutivo Seccional. Si hoy buena parte de la clase dirigente no fue parte de aquella lucha inicial, e incluso ya ni reconoce como verdaderamente válidos aquellos postulados ideológicos, ¿entonces por qué hoy la lucha de la Sección 22 es mucho más intensa y radical que hace tres décadas?

La respuesta, queda claro, se encuentra en el proceso de formación política e ideológica de las nuevas generaciones de integrantes de la Sección 22, y en las condiciones actuales en que esos nuevos integrantes del sindicato magisterial realizan su trabajo, y defienden sus intereses sindicales. Empero, para comprender lo anterior, es necesario que vayamos por partes.

Queda claro que cualquier tipo de formación ideológica o política que puedan tener los profesores y/o administrativos actuales de la Sección 22, no se parece en nada a las experiencias que pudieron haber tenido los profesores del pasado. Aquellos fueron parte de una generación esencialmente rebelde e ideologizada, que creía a pie juntillas en las utopías revolucionarias y que combinó esas condiciones con un sensibilizador trabajo de campo al interior de las comunidades rurales del interior del estado, en las que vio y vivió en carne propia las carencias e injusticias de que eran objeto las personas.

No obstante, los profesores integrantes de la Sección 22 de hoy, carecen por completo de formación política e ideológica; son parte de una generación que no cree en nada; y que incluso tiene un profundo desencanto respecto a las promesas de cambio que en antaño tuvieron las utopías revolucionarias. A partir de ello, defienden su lucha sindical, únicamente basados en las conveniencias y en los jugosos beneficios económicos que les reporta el organizar todo tipo de manifestaciones cada año, en pos de lograr mejores condiciones salariales, de trabajo o de impunidad respecto a los delitos que cometen.

Todos ya tienen hoy perfectamente claro de la capacidad de ingesta que tiene su organización, y de la capacidad de conseguir los objetivos que se proponen. Ya nadie se pregunta hoy si están bien o si su lucha es comprometida o correcta; más bien, continúan viendo los objetivos y los reportes de ganancias que tienen. Y para eso acuerdan continuar indefinidamente con una lucha que ya no tiene el matiz democrático, y tampoco tiene la fundamentación política que tuvo en el pasado.

 

¿QUÉ SIGUE?

Si esta tendencia no se modifica, cada año veremos más movilización y más presión, con menos sustancia. Hoy la dirigencia de la 22 está en manos de los menos preparados, y de los menos conscientes. Así, no parece alentadora ni la finalidad social real de la lucha magisterial, ni la posibilidad de que en el futuro cercano este patrón de conducta pueda cambiar. Es decir, no cambiará hasta que de verdad la sociedad se canse. Lo veremos.

1 COMMENT

  1. Todos lo sabemos, los de la 22 son una horda de delincuentes, no respetan el derecho de los demas, entonces que respeto merecen? negocian con las carencias del pueblo cuando nadie los ha nombrado sus negociadores, lucran con la educacion porque son unos parasitos que cobran sin trabajar. Pero el fin de esta gente esta mas proximo de lo qaue se imaginan, todo lo que sube baja y esto esta por bajar y no saben hasta donde.

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