Oaxaca: Aspirantes a todo… garantía de nada

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+ Sólo candidatos sin propuesta ni compromisos

 

Cegados por la inmediatez de los beneficios económicos, de los cargos políticos y de las proyecciones a futuro, todos aquellos que hoy dicen aspirar a representar a Oaxaca en el Congreso de la Unión, a partir de septiembre de 2012, lo hacen sólo guiados por sus propias ambiciones: todos omiten la posibilidad de discutir un verdadero proyecto de trabajo, en el que pudieran centrar el fin de su labor como legisladores, y a través del cual pudieran explicar —además de sus ambiciones políticas— qué esperan conseguir y aportar desde el Poder Legislativo.

El asunto no es menor: en Oaxaca, en cada partido o facción política existe una lucha feroz entre sus principales “activos” por determinar quién tiene el mejor posicionamiento entre la población, y por tanto quién puede conseguir alguna de las postulaciones a diputaciones federales, y al Senado de la República, que estarán en juego a partir del próximo año. Todos basan las mediciones, a partir de sus “amarres” con las fuerzas internas de su partido, de la identificación o “aceptación” que pudiera tener el electorado de ellos; e incluso del grado de perversidad con la que cada uno pretende “bajar” de la carrera a sus compañeros que también aspiran a esas diputaciones.

La finalidad de todos, hoy, es específica: cada uno entiende que la “tradición política” de Oaxaca indica que quien logre llegar al Senado de la República se convierte, inmediatamente, en un candidato natural a la gubernatura del Estado; comprenden también que quienes se conviertan en diputados federales en 2012, llegarán también “posicionados” para luego pelear por nuevos cargos legislativos o administrativos en el ámbito estatal, luego de que inicie la segunda mitad de la gestión del gobernador Gabino Cué. Todos ven, pues, a las cámaras que integran el Congreso de la Unión, como un mero trampolín hacia nuevas ambiciones, pero no como una finalidad en sí misma que debiera ser la de servir al país desde el Poder Legislativo.

En ese sentido, cada partido tiene hoy su propia carga de intereses. El priismo, por ejemplo, vive una etapa inédita en su existencia como fuerza política local, porque hoy carece del líder político fuerte (el Gobernador del Estado), que marcara las prioridades y estableciera el orden interno. Ante ello, la locura se encuentra desatada, y por eso todos los diputados federales aspiran a ser senadores; los legisladores locales aspiran a diputaciones federales; y quienes se quedaron en el camino en los comicios locales del año pasado, ahora sí pretenden llegar al Congreso.

En las fuerzas de coalición que hoy gobiernan la entidad, las cosas no son distintas. Cada uno de los partidos pretende conservar sus respectivas cuotas de poder, pero pretende acrecentarlas con miras a llegar a la Cámara alta con buena ventaja, y desde ahí construir al candidato para los comicios de Gobernador del 2016, y el grupo que lo arropará desde el Congreso.

Es decir, la lógica no cambia: cada partido ve en la satisfacción de sus intereses futuristas, el fin último de los cargos legislativos. Nadie parece tomarle la importancia debida a éstos. Y esa es, en buena medida, la causa de que ni el gobierno nacional, ni el de Oaxaca, tengan un proyecto definido ni acompañantes consistentes que puedan llevar a cabo la materialización de los fines que, se supone, se plasman en las leyes que son construidas desde los poderes legislativos.

 

PROPUESTAS GENÉRICAS

Decir, por ejemplo, que se desea llegar al Congreso de la Unión (a cualquiera de sus dos cámaras) para “seguir contribuyendo al desarrollo de Oaxaca”, es tanto como asegurar que una persona respira para seguir viviendo. Es decir, algo obvio que pretende asegurar todo sin prometer nada.

¿De verdad es una promesa sostenible, esa de “seguir contribuyendo al desarrollo de Oaxaca”? ¿De verdad debíamos tomarla como una propuesta seria? Aunque muchos le dan crédito, en realidad debiéramos desconfiar de quienes dicen eso. La función principal de un legislador federal es la de participar, con su representación popular, en la creación de leyes que rigen a toda la nación; y de defender, justamente, las posiciones que le impone el mandato popular que le fue dado por la ciudadanía.

Debemos entenderlo claramente: La función principal de los diputados no es la de ser gestores, ni la de ser administradores, ni ser “facilitadores” de recursos públicos para la entidad, y mucho menos la de “donadores” o “llevadores” de obras o servicios a las comunidades que representan. Esas son funciones que vienen aparejadas a su investidura, que también deben de llevar a cabo, pero no son ni el fin que ellos persiguen como diputados, ni debía ser su principal oferta —porque todas esas “funciones”, las tiene siempre, cualquier diputado, a la mano.

Debíamos, por tanto, comenzar por cuestionar el proyecto legislativo real y verdadero que tiene cada uno de los aspirantes al Congreso. Y también debiéramos comenzar a exigir resultados a cada uno de los que hoy nos representan. ¿Qué proyecto serio y necesario para el país han defendido nuestros senadores? ¿Cuáles nuestros flamantes diputados federales?

Sus aspiraciones debieran construirlas sobre la base de sus resultados, y no de sus grillas, popularidad o “amarres”. El problema es que nadie se atreve a hablar ni de sus resultados actuales ni de su propuesta seria como legisladores, porque ni la tienen los que hoy aspiran a pasar de una cámara a otra, ni la han construido —y quizá ni se la imaginan— quienes desde trincheras partidistas, pretenden llegar al Congreso de la Unión.

Los partidos, con seriedad, debían cuidar eso. Pero lo dejan de lado, en aras de la inmediatez y de la preservación de sus propios intereses. Y es por eso, por la falta de agendas y de proyectos serios, que nuestro país hoy se encuentra asolado por un cúmulo de intereses que van para todos lados, pero que por su misma inconsistencia debilitan a las instituciones del país. Qué grave si eso no les preocupa.

 

OTROS ASPIRANTES

Con gran lucidez, don Luis Martínez afirmaba, en alguna entrevista concedida a este reportero, que en la política oaxaqueña “es muy fácil pasar de joven promesa, a viejo pendejo”. Él, y quizá algunos otros personajes de amplísima experiencia no sólo en la grilla local, sino también en la verdadera política y en los asuntos de Estado, aspiran a conseguir un cargo legislativo por nuestra entidad. ¿Valdrá la experiencia en estos comicios venideros? Ojalá que sí.

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