Grito de Independencia: su trascendencia histórica

 Gabino-Gobernador-Grito-de-la-Independencia-04

+ ¿Por qué hoy en la noche? ¿Por qué no otra fecha?

 


La historia de México es casi tan compleja como lo es hoy nuestro país. A lo largo del tiempo, a todos los mexicanos nos han inculcado la veneración incuestionable por ciertas figuras patrióticas, aunque en pocas ocasiones han tenido la delicadeza de explicarnos por qué debemos honrar la memoria y el legado de esas personas.

Y es que en un día como hoy, surge cada año la polémica acerca de por qué conmemorar nuestra Guerra de Independencia por su inicio y no por su culminación; por qué venerar al Cura don Miguel Hidalgo y Costilla y no a Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero; por qué esta celebración debe hacerse hoy por la noche y no mañana al alba. En fin, los mexicanos daremos El Grito aunque la gran mayoría de nosotros no sepa ni por qué.

En este sentido, es claro que la historia de México representa un signo claro de la democratización de nuestro país. De hecho, si volteamos al pasado reciente, podremos darnos cuenta que hace apenas veinte o treinta años las opciones para conocer la historia de nuestro país eran reducidas y, la mayoría de ellas, incompletas, insuficientes o francamente deficientes.

Por eso, más allá de quienes se adentraban de manera profesional y científica (el término no es exagerado) en el estudio de la historia nacional, prácticamente no existían otras fuentes de información más que los libros de texto gratuitos de la SEP, las monografías que vendían en las papelerías (las famosas “láminas” que todos utilizamos como fuente de información en nuestra educación básica) y las pequeñas biografías (también vendidas en las papelerías) que tenían impresa, en una de sus caras, el rostro dibujado de los próceres nacionales; y en la otra, algunos de los datos más importantes de su obra y trascendencia.

Fuera de eso, no existían divulgadores de la historia, libros de reciente creación, literatura amena y estudios publicados en medios al alcance de la población. Si eso no existía, mucho menos había posibilidad de que existieran visiones distintas de la historia. Explicaciones, pues, dadas por historiadores de izquierda, de derecha o de centro; o versiones discordantes de lo que siempre habíamos aprendido en las aulas escolares. Esto, pues, significaba que la historia era casi monosílaba, que era casi absoluta, y que era fuertemente limitada por el desinterés y por la falta de tolerancia y apertura a todas las visiones.

Todo eso cambió en pocos años. De hecho, desde mediados de la década antepasada (los años noventas del siglo veinte) la divulgación de la historia nacional comenzó a tener otra perspectiva, y las investigaciones históricas se intensificaron y se masificaron. De haber pocas expresiones masivas, algunas de ellas importantes pero ciertamente aisladas, comenzaron a haber series televisivas históricas, telenovelas, series de investigación e, incluso, en los centros educativos comenzó también a haber historiadores serios, con rigor y con tremendo impulso por explicar la realidad nacional a partir de la divulgación de conocimientos históricos, y de aclarar ciertos pasajes de la historia que hasta entonces estaban mitificados, escondidos, distorsionados o simplemente relegados de la historia nacional.

Hasta aquellos tiempos la historia era mínima, era limitada y, para el grueso de la población, era solamente una. Hasta antes de eso, no había posibilidad de disentir, de polemizar o de aportar datos o despejar episodios, porque eso podría también significar de algún modo cuestionar al régimen, al partido dominante o al grupo gobernante. Y eso era algo así como un sacrilegio. Por lo que se prefería la no polemización y la abstinencia histórica que poco a poco hemos ido eliminando.

 

HECHOS RELEVANTES

Quizá por eso los mexicanos hemos evitado la fatiga de preguntarnos el por qué de algunos episodios. Uno de ellos, fundamental, es el relativo a por qué conmemoramos nuestra independencia el 16 de septiembre, por el inicio, y no el 27 del mismo mes, por la consumación. De hecho, no es raro encontrar a personas que, en su ignorancia, suponen que la guerra de independencia duró 11 días, y no los once sangrientos y turbios años (paradójicamente la guerra duró, del 16 de septiembre de 1810 al 27 de septiembre de 1821, 11 años con 11 días) que pasaron desde el inicio hasta el fin.

Para eso hay una explicación en dos sentidos. El primero de esos sentidos, tiene que ver con la disposición contenida en los Sentimientos de la Nación, documento a través del cual el generalísimo don José María Morelos y Pavón presentó el proyecto de Constitución de Apatzingán el 14 de septiembre de 1813. En el punto 23 de dicho documento se establece que: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su  compañero Dn. Ignacio Allende.”

El segundo tiene que ver con una circunstancia posterior, relacionada con don Porfirio Díaz. Se discute aún largamente por qué el Grito de Independencia se da el día 15 de septiembre por la noche, y no en las primeras horas del día siguiente, tal y como lo dispuso el generalísimo Morelos. La respuesta se encuentra en la fecha de cumpleaños del general Díaz y la decisión de empatar, como Presidente de México, las fechas patrias con su propio festejo. Y es que el general Díaz nació el 15 de septiembre de 1830. Por eso, en aquellos tiempos, el Grito era el preámbulo del festejo y baile en honor de su cumpleaños. Y después se nos quedó como parte de una tradición que, a pesar del repudio al Soldado de la Patria, se nos quedó y sigue siendo tal hasta nuestros días.

 

EL GRITO Y EL SILENCIO

Dice el gran Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad que “nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del General Zaragoza. Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.” Lo seguiremos haciendo, a pesar de asegurar que estamos cambiando.