Expropiación petrolera: ya la olvidamos

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Hoy se cumplen 75 años de que el presidente Lázaro Cárdenas del Río decretó la expropiación de la industria petrolera mexicana, e hizo efectivo lo que establecía el artículo 27 constitucional relativo a que el suelo, subsuelo, mar territorial y espacio aéreo son propiedad de la nación. Aunque hoy a nosotros se nos hacen temas obvios tanto lo relacionado a la industria petrolera como lo que concierne a la propiedad de la nación de las tierras y aguas que comprenden la república, lo cierto es que de ese momento histórico surgieron diversos asuntos nacionales que hoy deberíamos conocer mejor, para comprender lo que ocurre hoy en día en nuestro país.

En efecto, hoy que se conmemora un aniversario más de la expropiación petrolera, hay un conjunto de datos y antecedentes históricos que todos los mexicanos deberíamos conocer. En principio, esto tiene que ver con la industria petrolera como tal, pero también con los cambios constitucionales que derivaron de la Revolución y que impactaron profundamente en los gobiernos posteriores a la era revolucionaria. Si hay razones para entender por qué muchos consideran a Cárdenas como el mejor presidente que ha tenido este país, varias se encuentran en este momento histórico.

Vayamos por partes. Desde 1917 que fue promulgada, la Constitución federal —que era de un corte demasiado socialista y nacionalista en relación a los intereses extranjeros establecidos en México— disponía en su artículo 27 que la propiedad de las tierras y aguas nacionales corresponde originariamente a la Nación, la cual, ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares. Si esto ya de por sí causaba escozor particularmente a los intereses norteamericanos, el contenido del cuarto párrafo de ese artículo constituía una verdadera afrenta a sus intereses. ¿Qué señalaba?

Decía, como hasta ahora, lo siguiente: “corresponde a la Nación el dominio directo de todos los minerales o substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos (…) Los productos derivados de la descomposición de las rocas, cuando su explotación necesite trabajos subterráneos; los fosfatos susceptibles de ser utilizados como fertilizantes; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos.”

¿Por qué tanta molestia? Porque desde finales del siglo XIX la industria petrolera, junto con la explotación y aprovechamiento de los hidrocarburos había estado por completo en manos de norteamericanos. Incluso hay versiones que sostienen que fue el gobierno vecino el que incitó la caída del presidente Porfirio Díaz cuando éste comenzó a alentar la industria petrolera de capital inglés en nuestro país. Esto nos da una idea de que los norteamericanos conocían perfectamente la riqueza petrolera mexicana, y que la querían sólo para ellos.

Por eso a los norteamericanos no les gustó el contenido del artículo 27 constitucional, y por esa razón se negaron a reconocer a gobiernos como el de Álvaro Obregón. A éste lo obligaron a firmar el Tratado de Bucareli en 1923, en el que bajo la justificación de que el gobierno mexicano se comprometía a pagar quebrantos cometidos a ciudadanos norteamericanos durante la Revolución, en realidad lo que buscaba el gobierno estadounidense era asegurar que el contenido del artículo citado no fuera retroactivo, y que particularmente no se tocara a la industria petrolera, cuyo aprovechamiento se encontraba en manos de capitales y empresas norteamericanas.

 

EXPROPIACIÓN PETROLERA

Para hablar en lenguaje coloquial jurídico, podemos decir que hasta antes de 1938 el artículo 27 constitucional era vigente, pero no positivo. Es decir, que ya se encontraba en la Constitución pero que no era aplicado. Desde que asumió el gobierno el presidente Cárdenas, comprendió que los tiempos cambiaban y que era imposible continuar sufriendo por las carencias económicas y las limitaciones en el aprovechamiento de las riquezas naturales, cuando al mismo tiempo el capital extranjero se estaba sirviendo de la explotación libre de recursos como el petróleo.

El presidente Cárdenas, además, entendía también que los tiempos habían cambiado y que para lograr los cambios trascendentales, la vía de las armas ya no era la única viable. En su gobierno se inauguraron las grandes movilizaciones de los sectores populares (obrero, campesino, etcétera) para presionar al Estado a conseguir esos cambios. Y una de las primeras grandes movilizaciones ocurrió no en contra del gobierno de Cárdenas, sino justamente alentado por éste para presionar a la aplicación del artículo 27 constitucional y para frenar a los poderes fácticos que se oponían a ellos.

El presidente Cárdenas se encontró, además, a una industria petrolera que, en manos de extranjeros, se sentía autónoma, extraterritorial y al margen del imperio constitucional. Los intentos que hacía su gobierno para intentar que éstos tuvieran una relación menos ventajosa para sus intereses y más acorde con el interés nacional, fueron infructuosos. Por eso, cuando vio que el inicio de la Segunda Guerra Mundial era inminente, decidió emprender el proceso de nacionalización de la industria petrolera mexicana.

¿Por qué en ese momento? Porque entendió que, en el contexto histórico, Estados Unidos no tendría capacidad para enviar a su flota naval a amedrentar a México, cuando su prioridad era la gran guerra que estaba a punto de estallar en Europa. Por eso, a partir de la nacionalización del petróleo el artículo 27 constitucional tuvo vida propia. Aunque también por eso los mexicanos, y las fuerzas políticas, tenemos tantas reticencias a hablar de la apertura de la industria petrolera al capital privado, e incluso tenemos hasta atavismos sobre ese tema.

 

¿NO A LA APERTURA?

La del petróleo es la única “guerra” por un interés, que México le ha ganado a Estados Unidos. Ellos nos arrebataron la mitad del territorio, se sirvieron de nuestros recursos y hoy en día siguen usando nuestra fuerza de trabajo barata en los inmigrantes. Por eso muchos prefieren que el petróleo nacional se pudra en el subsuelo antes que abrir la industria al capital privado o a las empresas estadounidenses. Es un asunto emocional que, sin embargo, debemos superar para darle viabilidad a una industria que, nos guste o no, representa el pilar del gasto público y la economía en México.