La tenencia en Oaxaca es un fracaso bien disimulado

+ Gobierno no pudo convencer sobre el pago

Uno de los mayores fracasos de la administración estatal se encuentra en la recaudación del Impuesto sobre la Tenencia y Uso de Vehículos, como gravamen estatal. En los tres años que llevan aplicando este impuesto, lo único que han conseguido es una fuga enorme de recursos por dicho concepto, a partir de que se han limitado a tratar de obligar al contribuyente para que cumpla, pero sin hacerle ver por qué es necesario que pague dicho impuesto en Oaxaca, y no en otra entidad federativa.
En efecto, por disposición de una reforma ocurrida en 2007 a la Ley de Coordinación Fiscal federal, se estableció que a partir del 1 de enero de 2012 el gobierno federal dejaría de cobrar el Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos, como gravámen federal, y lo dejaría a la libre determinación de las entidades federativas para que cada una de ellas decidiera si continuaba aplicando su cobro pero ahora como gravamen de tipo local.
Cuando eso ocurrió, en Oaxaca la administración del gobernador Gabino Cué anunció que mantendría este gravamen, fundamentalmente por dos razones: primera, porque la recaudación estatal es de por sí mínima frente a la dependencia que tiene el gobierno estatal de los ingresos que cada año se transfieren a la entidad a través del Presupuesto de Egresos de la Federación. Sobre eso, la Secretaría de Finanzas sostenía que la recaudación estatal no podía darse el lujo de perder un impuesto como ese, debido a que esos recursos eran necesarios para acceder a más dinero del presupuesto federal.
El segundo argumento versaba sobre la imposibilidad de eliminar dicho impuesto, debido a que la administración anterior había llevado a cabo un proceso de bursatilización de recursos comprometiendo los ingresos por concepto de derechos vehiculares a cambio de obtener préstamos para la construcción de Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, y para otras inversiones. Así, decían, eliminar el impuesto a la tenencia de vehículos era imposible.
El problema es que nunca dieron una alternativa a los particulares, ni establecieron incentivo alguno para motivar a que éstos continuaran pagando la tenencia, aún cuando en varias entidades federativas vecinas el cobro de dicho impuesto había sido ya eliminado. ¿Qué hicieron en Oaxaca? Que a partir de 2012 el gobierno inició una agresiva campaña para el cobro de dicho impuesto. Finanzas comenzó a enviar requerimientos a los domicilios advirtiendo a los tenedores de vehículos registrados en sus archivos, que de no pagar se les impodrían todavía más gravámenes, por concepto de multas y recargos.
A la par de ello, la Dirección de Tránsito, y la Policía Estatal, iniciaron operativos de verificación de la documentación de los vehículos. Así, sacando automóviles de circulación, y asustando a los contribuyentes, intentaron mantener la recaudación que tenían cuando la tenencia era un impuesto federal. Pero lo único que consiguieron fue fracasar estruendosamente.
Fue así, primero porque no tuvieron claridad ni ganas de convencer al contribuyente de que pagar ese impuesto en Oaxaca era benéfico para la economía gubernamental pero tambien para gozar de mejores derechos como ciudadano. Pero fracasaron tambien porque la misma regulación federal que rige el tránsito de vehículos, no prohibe –porque es una garantía constitucional, de las más importantes- que un automotor circule libremente por una entidad federativa distinta a la que registró su emplacamiento, y el cobro de los derechos vehiculares.

TRIPLE FRACASO
Así, este fracaso fue triple: primero porque en estos tres años el gobierno estatal ha visto disminuida fuertemente su recaudación por la tenencia vehicular. Segundo, porque el contribuyente prefiere no pagar frente a las condiciones en las que se encuentra todo lo relacionado a los vehículos y las vías de comunicación en la entidad. E incluso fracasó el gobierno porque esa fuga de dinero recaudado tambien se traduce en inseguridad jurídica para transeuntes, conductores y público en general. Vayamos por partes.
El primero de los fracasos radica en que el gobierno apenas si ha podido sostener el número de personas que mantiene registrados y emplacados sus vehículos en la entidad. Finanzas, Sevitra, y todas las instancias involucradas, nunca han hecho algo más que lo mínimo, para alentar a que la población emplaque, o reemplaque, sus vehículos en la entidad. Sólo ponen a disposicion del ciudadano el trámite para el emplacamiento. Pero ni siquiera existen incentivos atractivos, o trámites simplificados, como para provocar que el contribuyente común prefiera emplacar su automóvil en la entidad, antes que esperar a que un gestor le tramite sus placas en otra entidad federativa.
El segundo de los fracasos, radica en que el gobierno nunca estableció ningún tipo de incentivo indirecto. Esto es sencillo: las calles en Oaxaca están destruidas. Las vialidades son insuficientes para el tránsito de los vehículos, y éstos se dañan constantemente o por la temporada de lluvias que genera baches, o por el descuido en los programas de repavimentación, o bien porque la autoridad no tiene dinero o ganas de mejorar las vialidades. ¿Cómo convencer al contribuyente que pagar la tenencia le beneficia más que ir a emplacar su vehículo a otro estado en donde ese impuesto fue eliminado, si en Oaxaca ni siquiera en el estado físico de las vialidades se nota una mejoría, o un compromiso de la autoridad, por devolverle al contribuyente un servicio a cambio del dinero que paga por la tenencia? ¿Cómo demostrar que en algo se contribuye con el pago de la tenencia, si la única obra vial del gobierno estatal, el Distribuidor Vial de Cinco Señores, tiene dos años en construcción y no tiene para cuándo ser concluida?

INSEGURIDAD JURÍDICA
El tercero de los fracasos es todavía mayor. Antes, tradicionalmente, cuando había un incidente de tránsito, había cierta seguridad en apuntar el número de placa del automóvil infractor. Hoy ni eso es garantía de algo en Oaxaca. ¿Cómo buscar a alguien que causó algún daño, o que lesionó a alguna persona, si la diversidad de placas de otras entidades hace imposible la búsqueda debido a que muchos dan domicilios falsos para gozar de los beneficios en otros estados, aún cuando sus vehículos circulan siempre en Oaxaca? Al margen de la avidez recaudatoria, el gobierno estatal debía impulsar un registro de vehículos para tener cierta seguridad jurídica, que hoy tambien está perdida en Oaxaca gracias al torpe cobro de la tenencia.