¿Por qué Segob no viene a resolver toma del zócalo?

+ Juego perverso, tomar sólo la mitad de los problemas 

Si la toma del zócalo por ambulantes, auspiciados por la Sección 22, es en sí misma una desgracia, lo es mucho más que el gobierno federal —que es el nuevo negociador e interlocutor con el magisterio— no asuma la responsabilidad de enfrentar este problema y todos los demás que siguen congelados en su ruta negociadora. Reiteradamente, la Secretaría de Gobernación se ha ufanado de ser la nueva conductora de la relación con la CNTE; pero parece que sólo lo ha hecho a medias, en lo que le preocupa, y con una enorme indolencia respecto a todos los oaxaqueños.

En efecto, es público y notorio que hoy la relación con el magisterio democrático la lleva el gobierno federal, y que el centro de esa relación se encuentra en los salarios como herramienta de negociación frente a sus movilizaciones. Concretamente, la Secretaría de Gobernación estableció una ruta negociadora con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que lo que busca evitar es que sus movilizaciones vuelvan a llegar a la Ciudad de México, o se enreden —todavía más— con los problemas políticos que existen en Michoacán y Guerrero, y particularmente con el de los normalistas desaparecidos.

Ese “interés” del gobierno federal por conducir la relación con la Sección 22, y por cumplirle todas sus exigencias —incluidos sus caprichos—, es lo que explica que en mesas de negociación haya decidido darle todas las concesiones que ellos exigían: la garantía de sus salarios íntegros, el establecimiento de un mecanismo enredado y burocrático que desalienta la posibilidad de que se les descuenten salarios cuando incumplen sus deberes, y sobre todo la inclusión de alrededor de 14 mil “trabajadores” en la nómina magisterial federal, que hasta hace unos meses no existían pero que aparecieron por decisión política de la CNTE —porque constituye la subsistencia de su primera línea de movilización política y choque.

Una de las cuestiones que hasta hoy no ha quedado del todo clara —no al menos en Oaxaca— es a cambio de qué, el gobierno federal le extendió un cheque en blanco al magisterio democrático de nuestra entidad. Pues parece —y así lo hemos apuntado en este espacio— una claudicación total del Estado mexicano en la implementación de la reforma educativa, el hecho de que contra todas sus promesas de aplicar la ley, le haya decidido dar todo a los democráticos, e incluso prometerles que a ellos los dejará fuera de la reforma educativa.

La lógica, en este sentido, nos lleva a pensar que el gobierno federal decidió negociar con la CNTE y la Sección 22 en base a su propia agenda política y de riesgos, y que en base a ella vio como una salida “aceptable” acordar con el magisterio la contención de sus inconformidades en el ámbito local de Oaxaca, para evitar que éstas se enredaran de más con las de otros conflictos políticos paralelos al magisterial, y provocaran un coctel nocivo para la gobernabilidad y la estabilidad del gobierno federal.

El problema es que esta agenda no sólo no parece tomar en cuenta interés alguno a favor de Oaxaca, sino que de hecho lo que parece estar haciendo es intentar sepultar o arrinconar el movimiento magisterial en nuestra entidad, para que ahí se desfogue y se contenga al mismo tiempo, evitando las mezclas y “contaminaciones” con otros líos en un año electoral como 2015.

Esta parece una decisión pragmática, y quizá hasta eficaz, aunque sólo en el corto —cortísimo— plazo. ¿Por qué? Porque la lógica del magisterio en sus negociaciones siempre es la de ir adelante. Por eso en un año posterior no se permite acordar un pacto a cambio de menos de lo que recibió el año previo. Por eso sus pactos políticos son siempre perecederos en el corto plazo. Y por eso la idea de darles todo siempre resulta un mal negocio, porque el magisterio nunca puede ver sus logros como hazañas sino como actos de justicia que no alcanzan a revindicar sus causas.

Por eso si el gobierno federal pactó con la 22 la inaplicación de la reforma educativa y el sostenimiento de sus privilegios, a cambio de no perturbar más la gobernabilidad y la estabilidad del régimen presidencial a lo largo de 2015, quizá en el corto plazo esté resolviendo un problema, aunque a costa de perjudicar profundamente a Oaxaca, y de abrir un frente mayor (en su propio perjuicio) para los años siguientes.

 

EL ZÓCALO, SÍMBOLO DE INDOLENCIA

Ayer, frente a la nueva ocupación del zócalo citadino, el presidente Municipal, Javier Villacaña Jiménez, anunció que buscaría a los interlocutores necesarios para poder despejar el área. Remarcó —y eso es algo muy importante— que este no es un problema de ambulantaje sino un asunto político que necesita ser resuelto por los tres ámbitos de gobierno en conjunto. Sólo que ese llamado no encontró eco ni en el Gobierno del Estado —que en los hechos está completamente rebasado—, y mucho menos en el gobierno federal, al que le interesa que el magisterio no le provoque líos “nacionales” aunque esto implique la destrucción de Oaxaca.

La cuestión es bastante compleja, porque la Sección 22 ya mostró sus cartas: aceptó todos los beneficios y prebendas que le dio Gobernación, pero anunció que mantendrá su plantón rotativo en el Centro Histórico de Oaxaca, que abonaría al regreso de los ambulantes como elemento de “cobertura” a su plantón; y que incluso hoy lunes llevaría a cabo nuevas acciones masivas de protesta. Esto significa que buscarán sostener el ritmo de sus movilizaciones aquí en Oaxaca, a cambio de no ir a la Ciudad de México.

Lo trágico es que, en estas circunstancias, es inútil lo que los gobiernos municipal y estatal puedan hacer, porque este es un tema federal, en el que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto está sacrificando a Oaxaca a la vista de todos. Ya demostró que no le importó poner la gobernabilidad estatal como moneda de cambio para sus intereses. Y con su silencio y su desinterés por atender la problemática local que trae aparejada su negociación nacional con la Sección 22, lo que demuestra es que —una vez más— lo que menos le importa es qué pase con nuestra ciudad.

 

LOS POZOLEROS

Estamos en las semanas de la “informitis”. A todos les da por informar algo, aunque sean los logros de otros. ¿Habrá hablado el senador tuxtepecano del PRI de la relación de él y su grupo político con los temidos “pozoleros” de la Sección 22? Porque si algo ha hecho por Oaxaca, eso ha sido abonar a sus problemas.