Oaxaca necesita sosiego de sus aspirantes a gobernarla

Gobernador

+ El ejercicio del gobierno debe pasar por análisis realista


El proceso electoral 2016 está a la vuelta de la esquina, y las pasiones en todos los partidos están apresuradamente desbordadas. Como si gobernar la entidad fuera una fiesta, y como si el éxito del gobierno consistiera en el solo hecho de ganar la candidatura, o aún de salir avante en la elección de Gobernador, todos los aspirantes parecen subido a un tren que no es el de la realidad de Oaxaca. Por eso, si de verdad tienen respeto y compromiso con la ciudadanía, los aspirantes a la gubernatura deberían dejar el oropel y bajarse a la implacable realidad oaxaqueña.

En efecto, prácticamente desde el día siguiente de los comicios federales de junio pasado arrancó la carrera sucesoria en Oaxaca. En todas las fuerzas políticas hay personajes que abierta o disimuladamente han dejado ver sus aspiraciones de conseguir la candidatura a Gobernador, o se están moviendo para abrir márgenes de negociación que les permita seguir navegando en la política local. En todas esas personas, pareciera que lo que buscan es un premio o la gracia de la ciudadanía, pero omitiendo las circunstancias reales de la entidad y perdiéndose en las engañosas muestras prefabricadas de “apoyos electorales”. ¿De qué hablamos?

De que, desde el inicio, todos los aspirantes a la gubernatura han intentado generar percepciones de fortaleza electoral y capacidad política, pero sin demostrarlas. Uno, en el PRD, ha venido insistiendo en la veracidad de encuestas que lo colocan como el posible ganador de la contienda de Gobernador. El problema es que si ni siquiera sus encuestas pueden ser verificables, mucho menos el supuesto respaldo abrumador que dice tener. Y el solo hecho de recurrir al albazo y la percepción desacredita las aseveraciones de que sus aspiraciones son legítimas, y sus posibilidades de triunfo corroborables.

En otros partidos, como el PRI, hay una abierta medición de fuerzas entre aspirantes. El problema es que hasta el momento, el elector común no entiende lo que intentan hacer, o a quién intentan demostrarle fuerza o capacidad de aglutinar a las masas. Algunos en cargos públicos federales, y otros desde diputaciones o desde supuestas organizaciones sociales, están aferrados a construir una idea de que tienen respaldo popular.

El motivo y la finalidad de las reuniones es lo de menos. Incluso, muchas de ellas ni siquiera tienen un destinatario claro porque están inducidas por los temas institucionales que generan las reuniones. Por eso, para un elector común no es fácil comprender que un evento organizado para dar a conocer o difundir un programa oficial, sirva al mismo tiempo como una demostración de fuerza electoral. Esa supuesta demostración se anula sola ante dos circunstancias invariables: primera, que la “masividad” de la reunión es provocada por el programa o beneficio que se anuncia, y no porque la gente quiera ir a ver al funcionario que aspira a ser candidato; y segundo, que si su partido —que es quien se supone que ellos quieren que los vea— también cree en ese espejismo, entonces estará tomando una decisión no únicamente equivocada sino alarmante por el nivel de autoengaño que se estaría infligiendo en su futuro electoral inmediato.

Así las cosas, las aspiraciones electorales son un espejismo para los propios partidos, aunque realmente palidecen frente a la nula capacidad de análisis, y de propuestas —aún disfrazadas— a la ciudadanía de lo que harían para conseguir un gobierno exitoso en este escenario tan árido y descompuesto que tiene Oaxaca.

EL QUÉ Y EL CÓMO

El gobierno de Gabino Cué parece estar comenzando a resolver de fondo uno de los muchos problemas graves que enfrenta la entidad: el magisterial. Para ello tuvieron que pasar cinco años de gobierno, golpes durísimos a la imagen y estabilidad del gobierno por su incapacidad de enfrentar solo el problema magisterial; y tuvo que ocurrir una crisis institucional federal para que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto encontrara en Oaxaca una vía para recomponer su escenario a partir del abordaje del problema magisterial.

¿Por qué no se había podido resolver, aquí en Oaxaca, el secuestro del IEEPO? Porque no Gabino Cué, sino el gobierno estatal no tiene la fuerza institucional suficiente. No la tiene, y no la ha tenido en décadas. Además, el Congreso no tiene mayorías definidas, y hay un fuerte proceso de polarización social que hace necesaria la presencia de miles de gendarmes y policías federales para garantizar el orden. Esa es apenas una pequeñísima muestra de que Oaxaca es todo menos una fiesta, y que las tareas de gobierno son mucho más complejas que ganar una elección.

De hecho, Gabino Cué ganó la gubernatura con una holgura que no tendrá quien lo suceda el año próximo. Eso, sin embargo, no determinó nada respecto a su futuro no como político, sino como gobernante. ¿Esos que hoy andan en la fiesta creyendo que con eso tienen su futuro asegurado, se han puesto a pensar que independientemente de la forma y condiciones en que ganen, no tendrán un Congreso de mayorías a su favor, ni encontrarán alguno más de los muchos problemas que tiene Oaxaca, resueltos?

Por eso es urgente que haya sosiego de quienes aspiran a la gubernatura. Tienen que demostrar mucho más que un poder de convocatoria inducida por los programas sociales o por las prebendas que “gestionan” y que regalan a su nombre, aunque las adquieren con recursos del Estado. En todos los partidos, sus aspirantes debieran ser más solidarios con la gente que sufre, que no tiene para comer, o que vive angustiada por las precarias condiciones sociales que prevalecen en la entidad.

Nada menos que a eso se habrían de enfrentar si llegaran a ganar la gubernatura. Y por eso Oaxaca necesitaría cuando menos aspirantes sensibles y ocupados en esos asuntos, y no gente que está preocupada con llegar al cargo, aunque de cara a la ciudadanía no sepa claramente por qué ni para qué.

LOS PARTIDOS LOCALES

Por cierto, ¿cuál será el futuro de los partidos locales, que en Oaxaca también van a competir por la gubernatura en 2016? Algunos de ellos podrían ser una vía de despresurización idónea frente a los grandes acuerdos cupulares que se avecinan. Su disyuntiva será si le apuestan a ganar respaldo de sectores de la ciudadanía hasta ahora relegados, o si privilegian la construcción de una alianza que les garantice la conservación de su registro.