La zona metropolitana sigue siendo un asunto relegado

+ Municipios problemáticos: no tienen un remedio cercano


Es preocupante la forma en que la discusión pública sobre la capital oaxaqueña y sus municipios aledaños, fue tan anodina y evasiva a lo largo de la campaña electoral que terminó hace dos días. Aunque hubo mucho ruido, lugares comunes y promesas demagógicas, los habitantes de este sector —que debía ser considerado desde hace mucho como una auténtica zona metropolitana— nuevamente nos quedamos esperando por lo menos algún esbozo de la indispensable integración de los problemas y las soluciones que, al menos parcialmente, debieron plantear todos aquellos que aspiran a gobernar los más de 20 municipios que constituyen esa zona.

En efecto, es lamentable la forma en cómo las campañas electorales en el ámbito municipal fueron ruidosas y llenas de apariencias, pero con una total carencia de propuestas integradoras, y capacidad de planteamiento de los problemas reales que enfrenta este conjunto de municipios, cuyas dolencias no terminan donde los límites territoriales de cada demarcación. Oaxaca y sus municipios conurbados enfrentan profundos problemas comunes. Pero nadie se atrevió, o quiso, hablar de ellos. Y es entendible: hoy es claro que ninguno de los políticos que aspiran a ser gobernantes, tiene ánimos de hacer compromisos más allá de las conveniencias electorales.

En ese sentido, resulta que Oaxaca de Juárez enfrenta importantes problemas que esperan una solución integral, y que van desde el ambulantaje hasta el manejo de la basura, o la contaminación ambiental, que nadie sabe en qué estado se encuentra. La capital está —literalmente— pegada a por lo menos veinte municipios con los que comparte otros problemas como la inseguridad, la gobernabilidad, la salud y la proliferación de flagelos sociales que van desde el narcomenudeo hasta los abundantes giros negros.

En ese escenario, quienes aspiran a ser gobernantes del municipio de Oaxaca de Juárez, se limitaron a hablar de las “grandezas” de la ciudad, ignorando —deliberadamente— que la capital es mucho más que el Centro Histórico o el Patrimonio Cultural de la Humanidad, y que un verdadero ánimo de generar un gobierno de avanzada, tendría que pasar por la toma del liderazgo para articular acciones con las autoridades de todos los municipios conurbados, con el objeto de abatir problemas concretos con la colaboración y las acciones de todos. Lejos de eso, el ánimo fue el de seguir viendo a la capital de Oaxaca como una ínsula, en la que los problemas son manejables y en los que nadie más que una solitaria autoridad municipal tiene injerencia.

LOS CONURBADOS, PEOR

Oaxaca de Juárez tiene vecinos incómodos como Santa Lucía del Camino, Santa Cruz Xoxocotlán, y varios otros que no son sino focos de problemas, que tampoco tienen para cuándo solucionarse.

En Xoxo, por ejemplo, hay un verdadero flagelo en las autoridades municipales salientes, que no sólo pervirtieron el sentido de comunidad que había en ese municipio —eso lo transformaron en bailes populacheros— sino que además le han venido trasladando a Oaxaca de Juárez muchos de los asuntos que ellos no pueden resolver.

Xoxocotlán es el municipio dormitorio más importante de la capital. Pero lejos de vislumbrar soluciones concretas a sus propios problemas, se ha dedicado a trasladarle esos costos —ambulantaje, inseguridad, giros negros, autotransporte anárquico, etcétera— a una capital que ya de por sí está abrumada por tantos asuntos —propios y ajenos— que no tiene capacidad de enfrentar.

El caso de Santa Lucía del Camino es peor. Galdino Huerta Escudero resultó ser peor gobernante que Omar Blas, Alejandro Díaz o Pedro Cabañas, porque cada uno de ellos al menos encubrió su corrupción en la aparente ingobernabilidad que había en sus gestiones. Huerta, lejos de ellos, asumió el poder repartiendo prebendas, pero todas las hizo con cargo a la ciudadanía, y a las pocas fuentes de empleo y economía que existen en esa demarcación. Por eso, a plena luz del día y a la vista de todos, Huerta dedicó su gestión a exprimir, esquilmar y agraviar a la ciudadanía con un gobierno que, además, se dedicó a seguir promoviendo la existencia de giros negros. Al final, parece que todas las maniobras con las que Huerta se enfrentó con la ciudadanía, no fueron sino la fachada para entregar el municipio a quienes promueven todo tipo de vicios.

¿Qué solución posible hay? Raúl Cruz González divagó durante toda su campaña para terminar evadiendo los temas torales de ese municipio. Tanto silencio apuntó siempre a la convalidación —y la continuación— de las grotescas prácticas inauguradas por Huerta. Y los demás candidatos no hicieron sino una triste exposición de su falta de compromiso con la ciudadanía a la que pretenden representar, y de los problemas que tendrán que enfrentar de ganar los comicios de este domingo.

Al final, de nuevo la idea de que la capital debe verse como una auténtica zona metropolitana seguirá esperando quién sabe hasta cuándo. No hay visos de que algo de eso pueda ocurrir. Y más bien tenemos que prepararnos para dos años más —o cinco— de que las autoridades administren los problemas que no pueden ni quieren resolver.

HOSTIGAMIENTO

¿No lo recordamos? El año pasado, en vísperas de la jornada electoral federal el gobierno federal decidió el envío de 15 mil elementos federales para dispersar a los maestros, que tenían tomada la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex, en El Tule. Ahí comenzó el proceso que culminó en la confiscación del IEEPO a la Sección 22. En esa perspectiva, las actuales son sólo patadas de ahogado magisteriales. Bien vale la pena no olvidar.