El sonido de seis balas y la Ley de Amnistía

Carlos Morales Sánchez

El sonido intermitente de seis detonaciones irrumpió la paz del medio día. En aquel cerro perdido del Valle de Miahuatlán hubo miedo y desconcierto. El MPF, dos Afis, un perito, 12 policías estatales y yo nos colocamos pecho a tierra. Luego llegó el silencio. Esperamos diez minutos eternos. “Sigamos”, dijo el comandante de la Estatal.  Reanudamos el ascenso, sudorosos y asustados. Apenas íbamos a la mitad y las nubes podían tocarse con las manos. Media hora después en lo alto de la Sierra Madre del Sur, estaban los restos de un plantío de marihuana. El MP hizo la inspección y tomó fotografías. 

A 150 metros estaba el jacal del sembrador. Accioné mi cámara Sony. Le pedí al MPF que certificara las condiciones de la cabaña. Tomó nota de los aperos de labranza y del costal de maíz que quedó abandonado. Y certificó la miseria. Piso de tierra. El fogón formado con tres piedras. Un petate raído. Las cobijas formadas de retazos. Un muñeco de luchador de plástico sin brazos.  Ropa de mujer y de niño. La letrina a ras del suelo. Un perro negro con manchas blancas que transparentaba los huesos.

El día anterior, en las oficinas de la PGR ubicadas en el palacio del Arzobispado, en el centro de la Verde Antequera, el Ejército había presentado a una persona detenida. El delito atribuido era siembra y cultivo de marihuana. Sobre los escritorios estaba la marihuana en greña. El Ejército, en un recorrido de rutina había encontrado el plantío y arrancado las plantas.

En aquellos años, el de la voz, trabajaba de defensor público federal. Vicente Fox era presidente de la República. Faltaban algunos más para que Calderón iniciara la lucha contra el narcotráfico. La carga de trabajo era tolerable. Vivíamos la rigidez del viejo sistema. Las sentencias condenatorias como un vaso de agua no se le negaban a nadie. Tenían como sustento la fe pública y las actuaciones de buena fe del Ministerio Público. 

Me tocó defenderlo. Hablaba con dificultad el castellano. El zapoteco era su lengua materna. Cuando terminó de declarar lo interrogué sobre sus condiciones de vida: “Estudié hasta tercero de primaria. Tengo diez años viviendo en el cerro. Me dedico a sembrar maíz y frijol. Vivo con mi esposa y mi hijito. Allá arriba no hay nada para comer. Tenemos pobreza. Con lo de la mota apenas sobrevivimos.” Las lágrimas no quedaron registradas en las actas.

En su escritorio, el MPF estaba redactando un texto. Me acerqué y le pregunté qué hacía: 

—Estoy haciendo la fe ministerial del sembradío. De una vez para ir avanzando, mi lic. Mi término de 48 horas está transcurriendo y el tiempo apremia. Lo voy a consignar por siembra y cultivo y requiero la inspección del plantío.

—No puedes hacer la inspección sin ir al plantío. Tienes que subir el cerro. Y certificar las medidas del terreno y dar fe de las características del lugar. Y los rastros de las plantas.

—No es necesario ir. Tengo fe pública y mi palabra es la ley.

—De cualquier manera no te van a cuadrar tus tiempos porque son tres horas de viaje a Miahuatlán, dos horas para subir el cerro y una hora en el lugar. Requieres por lo menos diez horas. Has seguido actuando en esos horarios en la averiguación previa. En el juzgado voy a tumbar tu ficticia inspección ministerial, porque se te van a encimar los tiempos.

—Para que todo cuadre, le pondré en mi inspección que fui en helicóptero. 

—Pediré un informe a Aeronáutica Civil. Le dije. 

—Tú me quieres chingar —dijo sonriente— está bien, haré la inspección por la derecha. Mañana tempranito el MPF auxiliar se pelará para Miahuayork con policías y peritos y van a hacer la inspección en el lugar. Pero también tendrá que ir tú. Porque al rato me vas a salir con que la inspección no tiene valor probatorio porque no participó la defensa.

Por eso aquella mañana de junio de 2002 me encontraba en medio de la espesura. Subiendo por las veredas de un cerro. El vehículo se había quedado junto al río y de ahí para arriba. 1500 metros de ascenso. Sudoroso, renegaba de mi suerte cuando escuché las detonaciones. Pero yo tenía un propósito claro: incluir en la fe ministerial la pobreza en la que vivía aquel hombre. 

Pretendía demostrarle al juez que conocería del proceso, la miseria y el extremo atraso cultural (sic) del imputado. Por eso subí aquel cerro. Era necesario incluir en el acta de inspección la descripción de la pobreza y las fotografías del jacal donde malvivía aquel hombre.

El Código Penal Federal establece que al campesino que siembre marihuana se le impondrá de uno a seis años de prisión si en él concurren escasa instrucción y extrema necesidad económica. Si no se acreditan estas circunstancias la pena se agrava a seis años y ocho meses. Con seis años y ocho meses de prisión la pena no puede ser sustituida y tendría que permanecer por lo menos la mitad de la pena en la cárcel.

Mi defendido había confesado: sembraba marihuana. Lo único que quedaba era demostrar desde ahora la necesidad económica y su escasa ilustración para que cuando el juez de proceso resolviera le impusiera en su sentencia solamente un año de prisión. 

Para demostrar la necesidad económica le formulé el interrogatorio sobre sus condiciones de vida. Aunado a la inspección de su jacal generaría la certeza de que concurría en él la escasa instrucción y la extrema necesidad económica. Si el juez le imponía la pena de un año de prisión saldría rápidamente de prisión porque se le aplicaría un beneficio sustitutivo.

Cuando el asunto llegó al juzgado, el juez federal tomó en cuenta los datos aportados en la fe ministerial. Le dictó el auto de formal prisión por la hipótesis más benigna de la siembra y cultivo. En tres meses obtuvo su libertad. Cuando salió de la cárcel su jacal estaba deshecho y su esposa e hijo se habían ido a Estados Unidos.

La Ley de Amnistía de AMLO, reconociendo la injusticia que subyace en casos como el aquí narrado, favorece a los campesinos que siembran estupefacientes y los amnistía por su delito.

Pero la sola libertad no basta. Es necesario que el Estado implemente acciones de gobierno y políticas públicas para mejorar la situación de los campesinos mexicanos que hoy ven en la siembra y cultivo de estupefacientes la única opción de supervivencia.

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La guerra contra un enemigo invisible, que seguimos perdiendo

Carlos Villalobos

Desde la antigüedad, todas y cada una de las guerras que se han librado, han sido en un campo de batalla, en una plaza pública o inclusive desde alguna tribuna, todo esto de forma presencial, sin embargo, la irrupción por la COVID-19 ha provocado que un enemigo invisible haga que la mejor estrategia para lidiar con esta batalla sea retroceder totalmente y tener paciencia, al menos hasta que alcancemos el desarrollo de un mecanismo de defensa absoluto.

Con el regreso a las actividades luego del receso invernal, el mundo, pero especialmente países de América Latina y México han logrado superar, casi de forma sistemática y diaria los récords de contagios diarios, así como el incremento de hospitalizaciones.

Cuando se decidió subestimar la entrada y el impacto que generaría la variante ómicron en el país, se cometió un error extremadamente grave, el cual pareciera que nos ha arrastrado al lugar que comenzamos, aquel marzo de 2020 en donde aún no dimensionábamos el daño que provocaría la crisis sanitaria en la que todavía nos vemos envueltos.

Los contagios y las hospitalizaciones han incrementado de forma exponencial, en donde los records de personas contagiadas se han roto día tras día, lo que muy pronto terminará de dinamitar el endeble sistema de salud con el que cuenta el país. Y no me malentiendan, la labor titánica con la que heroínas y héroes del sector salud llevan a cabo su labor, es de reconocerse cada segundo, sin embargo, luego del relajamiento de las medidas de mitigación, así como de reconversión de centros hospitalarios dedicados al tratamiento de la COVID-19 en los 32 estados de la república, provocan que el panorama sea incierto y escalofriante.

Aunque el porcentaje de contagiados que se están tratando desde casa ronda el 85% de acuerdo con cifras oficiales a nivel federal, hoy nos encontramos inmersos en una cuarta ola que no pinta para acabar pronto. Para muestra un botón; el 16 de enero se confirmaron al menos 19 mil nuevos contagios en el país y alcanzamos la cifra de 301 mil 410 decesos.

Afortunadamente más del 50% de la población mexicana cuenta con el esquema mínimo de vacunación completo, sin embargo, esto no es suficiente recordemos que las vacunas solo sirven actualmente para mitigar los efectos del SARS-COV2, provocando que en ciertos casos la enfermedad no sea tan severa y no se necesite de hospitalización.

Como al principio de la pandemia dictaba el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “pruebas, pruebas, pruebas” se tendría que combinar con “vacunas, vacunas, vacunas”, esto sin importar la marca, sin importar la raza, estrato económico o ubicación geográfica. 

Esta batalla, se va a ganar con paciencia, pero sobre todo con trabajo en equipo. Por un lado, las autoridades de salud en el caso mexicano, tendrían que apuntar a usar el sentido común y ciudadanos tenemos que promover la continuación de la utilización de métodos de mitigación y esparcimiento del virus (como el uso de cubrebocas o gel antibacterial), así como evitar lugares concurridos si no se necesita.

Hoy somos el quinto país con más decesos por COVID-19 ¿En verdad vamos a seguir esperando a que nos apalee esta pandemia para poner manos a la obra? ¿Cuántas vidas más cobrará la emergencia sanitaria? ¿Tan poquita sensibilidad y empatía como ciudadanos tenemos como para no poner de nuestra parte?

Desde este espacio los invito a vacunarse y a no bajar la guardia, yo se que es demasiado tiempo el que nos hemos tenido que cuidar, pero sin vida y salud, continuar con la vida no es opción.

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Los perros son un amor, sus heces un gran riesgo

Mariano Estrada Martínez

Camino de la casa a la parada del autobús hice un conteo apestoso de 73 heces fecales  en unicamente cuatro cuadras. 

Heces fecales que pasan los coches y las van embarrando, viene el viento y se va a nuestros ojos, estómagos y pulmones.

Para ilustrar la magnitud del problema, según la Revista Latinoamericana de Infectología Pediátrica, consideremos que un gramo de heces de perro tiene cerca de 23 millones de bacterias que pueden provocar diversos problemas de salud de corta o larga duración. La mayoría de los perros difícilmente habrán sido desparasitados, consumen agua de sitios en los que pueden adquirir parásitos como la giardia y  también tienen una conducta de coprofagia (les encanta oler y probar heces ajenas) ahí se infectan por mas sanos que estén.

Cuando las heces se secan y se pulverizan, se meten a nuestras casas, a nuestros organismos y nos pueden hacer mucho daño, (estómago, pulmones y ojos). Lo mas triste de todo es que la mayoría de los perros tienen dueño. Casi no he visto perros callejeros. 

Antes de seguir contesta con tus hijos pequeños, seguros ellos tendrán una respuesta corecta: 

  1. ¿Porqué hacemos en la calle lo que no dejaríamos que pasara en la sala de nuestra casa?
  2. ¿Dejarías que tu perrito haga popó en tu recamara? 
  3. ¿Crees que este problema es sólo de los que tienen perros?

¡También la calle es nuestra, es de todos, nuestros bebés pasean en su carreola por ellas, los comerciantes venden ahí sus productos, los ciclistas la necesitan  y los abuelitos caminan lentamente por sus banquetas!

CHECA ESTE DATO: Según datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un perro de tamaño promedio, es decir, unos 15 kilos, evacúa diariamente cerca de 600 gramos de excremento. Esto significa un total de 18 kilos al mes.

 ¡VIENEN LOS VIENTOS DE ENERO, FEBRERO Y MARZO! Y si seguimos así respiraremos pura caca de perro.

El perro no tiene la culpa. 

Los perritos son lindos. 

Por lindo, limpio, manso y portado que sea su perro, lo que hace se llama caca, y como toda caca tiene un aspecto desagradable, un olor peculiar, y también puede ser transmisora de enfermedades que llegan a ser letales.

¿Qué no hemos aprendido nada de los virus y las pandemias?

Hay muchas cosas que siempre estamos esperando que los demás lo hagan, me temo que en esa ocasión nos toca a los vecinos de Oaxaca hacer algo al respecto, recogiendo sus heces y siendo dueños responsables.

Es hora de que como sociedad busquemos el bienestar de todos.

No necesitamos una campaña política que prometa venir a limpiar NUESTRA calle de la popó de nuestros perros. 

Sí necesitamos mucho amor al prójimo y darnos cuenta que, la popó de nuestros perritos nos está enfermando a todos. 

No todos los virus vienen de China.

No todos los perritos son callejeros.

Salgamos este domingo en la mañanita a limpiar nuestras calles, ya sea que tengas perritos o no los tengas, intentemos limpiar un poco este gravísimo riesgo de salud pública.

No es echarle la culpa a nadie

No es falso

No es para después

Sí es para ti

Sí es para todos

Sí es por el bien de todos

Felicidades a los dueños responsables. De que los hay los hay. 

¿Cómo está tu colonia, tu cuadra al respecto? ¿Sacas a tus perros a defecar a la calle de todos sus 18 kilos de popó al mes? 

Y la pregunta del millón: ¿Qué debemos hacer? Pon en los comentarios tus respuestas. 

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Mi maestro Castillito

Carlos Morales 

Aquella mañana de octubre llegué corriendo a las siete y diez al viejo edificio de muros verdes. Iba a mi primera clase del segundo año de la Facultad de Derecho. La UABJO vivía los últimos días de sus años dorados. Salinas de Gortari llevaba un año en el gobierno y el internet era algo que sólo existía en la Nasa. Atravesé el primer patio, pasé detrás del búho y me dirigí al tercer patio. En el tercer patio estaba Radio Universidad, la cafetería y dos salones de clases. La clase era de Teoría del Estado. Sudando y retrasado. La puerta estaba cerrada pero afuera se escuchaban las carcajadas. Pensé que si reían no me podía ir mal. Mi generación fue traumatizada por la innecesaria severidad de algunos maestros.

Empujé la puerta metálica y me introduje. El maestro de rostro apacible y de edad avanzada exponía con voz profunda. Tenía una mirada papal, casi paternal con un aire de ternura como de Chico Malo de Disney. Usaba un saco de lana grueso y sombrero de fieltro, de aquellos que estuvieron de moda en los años 50, como los que usaba el maestro Adrián Méndez. Encorvado pero firme movía sus enormes manazas de un lado a otro. Sobre el escritorio colocaba la bufanda. Escribía en el pizarrón algunos garabatos de origen desconocido. Con mucha seriedad explicaba las reglas del juego: “Quienes lleguen a la clase después de que yo haya entrado al aula tienen falta y con tres faltas se van al extraordinario”. Su manera de calificar era maravillosa: “cómo son muchos alumnos aviento los exámenes sobre mi escritorio, los que caen sobre el escritorio aprueban y los que se van al piso no.” Todo mundo reía a carcajadas.

La clase era fenomenal. Tenía un excelente sentido del humor. Sabía de política tanto como Muñoz Ledo. Leímos a Arnaldo Córdova y a Pablo González Casanova. Sobre “El príncipe” de Maquiavelo elaboramos un ensayo. Su amplia cultura política dejaba boquiabiertos a los chavos rebeldes que pensábamos que Cuauhtémoc debería ser el presidente de México. Estaba muy reciente el fraude electoral de Salinas. Y no perdía oportunidad de contar alguna anécdota, había sido testigo presencial de muchos sucesos históricos:

—Mi amigo Luis Echeverría fue ungido candidato a la presidencia de la república por el trompudo Díaz Ordaz. Y me llamó por teléfono. Daniel, mi campaña no levanta. Crea un lema de campaña. No pude decirle que no. Estuve con esa preocupación durante varios días. Y no se me ocurría nada. Fui a la peluquería y el fígaro preguntó ¿Cómo le corto licenciado? Y yo le dije “arriba y adelante”. Entonces llegó la inspiración. Así nació el lema de la campaña presidencial de Luis Echeverría “Arriba y Adelante”. Y ganó con el 86 por ciento de los votos.

El maestro Castillito vivía en la calle de Fiallo en el edificio dónde estuvo inicialmente el Instituto de Ciencias y Artes frente al Jardín San Pablo. Sobrevive la casa pues no fue incorporada al Convento de Harp Helú. Aún existe una placa en el exterior que dice “Daniel Castillo Martínez, abogado” como referencia de que ahí estuvo su despacho jurídico.

Todos los días caminaba dos cuadras sobre la avenida Independencia para llegar puntualmente a su clase de las siete. Tenía de vecina a la entonces única librería de la ciudad, la Proveedora Escolar. Llegaba con una cinta métrica frente a los anaqueles de libros y le decía al vendedor “deme de aquí hasta aquí” y compraba 90 centímetros de libros. Contaba que ya había leído todos los libros de la colección “Sepan Cuántos”. Gracias a él aprendí a leer los maravillosos prólogos de la colección bautizada por Alfonso Reyes.

La anécdota que más se le recuerda es aquella sobre la expropiación petrolera:

El general Lázaro Cárdenas estaba harto de que las compañías gringas se llevaran el petróleo de México y no dejaran ninguna ganancia. Pero tenía miedo de expropiar la industria petrolera por las reacciones del gobierno de Estados Unidos contra México. El presidente Cárdenas desde la soledad del palacio dudaba y dudaba. Tomó el teléfono rojo y marcó a su amigo el abogado Castillo y preguntó: ¿Expropiamos Daniel? Y la respuesta fue contundente ¡Expropiamos señor presidente! Fue así como se consumó la expropiación petrolera.

Hace algunos años el maestro Daniel Castillo murió dejando una gran cantidad de alumnos que lo recordamos con afecto. Ojala que nuestra universidad, algún día le haga un gran homenaje en el tercer patio del edificio central donde dio clase por más de 50 años y forjó bondadosamente a cientos de alumnos. Ojalá que la Universidad, reconozca que Oaxaca no sólo es cuna de la codificación iberoamericana sino también cuna de la expropiación petrolera y el próximo 18 de marzo, coloque y devele una placa en el edificio central con la frase:

“—¿Expropiamos Daniel?

—¡Expropiamos señor, presidente!”.

Herencia maldita

Carlos R. Aguilar Jiménez

De todas las descalificaciones, reclamos y quejas que se pueden hacer a alguien o algo, las perores son las retrospectivas, al condenar o criticar lo que las personas, familias, sociedades, gobiernos o grupos hicieron en el pasado cercano o remoto, siempre es con la ventaja de la perspectiva presente, cuando el proceder, inventos, conocimientos, ética o costumbres se han adecuado conforme a nuestros tiempos, circunstancia que de la misma forma nos pasará respecto de nuestros descendientes, quienes también, retrospectivamente nos condenarán por comportamientos o prácticas que realizamos y hoy nos parecen normales, estereotipadas y hasta buenas, pero que a nuestros hijos o nietos les parecerán quizá obscenas, grotescas, injustas o malignas.

Fumar en cualquier lugar incluso en hospitales, aviones o el cine, antes era normal; que las mujeres no votaran era correcto, discriminar por color de piel o preferencia sexual era aceptable. Costumbres arcaicas que para nosotros hoy son indeseables, inmorales o políticamente incorrectas y, seguramente, muchas de las cosas que actualmente hacemos y consideramos aptas y optimas, pronto serán siniestras para las próximas generaciones, de tal forma que, no tenemos ningún derecho ni justificación alguna para criticar o condenar a nuestros padres, abuelos o antepasados con nuestra óptica contemporánea; ellos hicieron lo que en su tempo era correcto y nada más, de tal forma que, si bien podemos tomar este contexto como aprendizaje o lección, lo que debemos hacer es no anclarnos en el pasado y nunca jamás considerar que lo que hayan hecho quien sea antes de nosotros es una herencia maldita, sino enfocarnos en el presente o en lo que viene, porque de nada sirve ver para atrás, mirar siempre el espejo retrovisor es peligroso para avanzar, es una rémora al porvenir o freno al futuro, porque como dice una canción: “Ya lo pasado, pasado, no me interesa” y así debiera ser el gobierno, dejar de condenar al pasado y evitar decir que es una herencia maldita, porque lo mismo que le ocurre a la sociedad y sus costumbres le pasa también a los gobernantes, quienes mientras están en el poder, al creerse omnímodos, todopoderosos, populares y afirmar estar arriba en encuestas, deben entender que todo es transitorio, y así, cuando este gobierno acabe también dejará una herencia que será cuestionada por el gobierno siguiente, que igual que todos descalificará como ya lo hizo el actual al aeropuerto que se construía, las instituciones educativas, incluída la UNAM, la clase media, energía alternativa o ecológica, además de los cubre bocas, defendiendo a incondicionales, narcotraficantes con quienes establece política de abrazos y no balazos, que si para mal ahora muchos aplauden, la herencia se descubrirá y será el legado de este sexenio, como lo fue en Oaxaca la 4T municipal, porque todos dejamos herencias, malditas o benditas, dependiendo del punto de vista de la siguiente generación o del gobierno en turno, que se dedique a condenar al pasado y no a mirar al futuro, futuro que rápidamente se convierte en pasado, dejando su herencia.  

No necesitamos héroes, necesitamos ciudadanos

Carlos Villalobos

El presente nos enfrenta a un sinfín de encrucijadas. Hoy, justo en el momento que escribo y que lees esta columna de opinión, se están gestando distintos cambios en la arena política, social y económica, en México y en el mundo.

Todo parte de un punto: la libertad, sin embargo, aunque muchos especialistas han planteado que la libertad y todo lo que ello conlleva, es sencillo de aplicar, los análisis en muchas ocasiones se ha realizado desde naciones que no son tan caóticas como México o cualquier país de América Latina.

Los partidos políticos, y quienes ejercen el poder a través de dichas organizaciones, han quedado a deber, y con creces. Las victorias aplastantes en los dos últimos periodos electorales y el resto de la historia política del país, para el caso a mexicano, han demostrado que las libertades económica y política, no se han reflejado en el día a día, pero sí en el ejercicio electoral de depositar votos en las urnas. Algo extremadamente contradictorio.

La reconfiguración del poder en la arena política y social poco a poco ha empujado a todas y todos los ciudadanos a modificar su papel en la sociedad, gestando figuras históricamente “nuevas”, como la sociedad civil, que son colectivos que buscan reposicionar el valor de la ciudadanía frente a los organismos oficiales.

Técnicamente la sociedad civil busca coadyuvar en las labores en las que el Estado no ha podido incidir de la manera en que se esperaría. Desde problemáticas internacionales como lo es el calentamiento global, teniendo como organización más conocida a Greenpeace, hasta la mayordomía de algún pueblo del Istmo que se encarga de procurar la plaza pública, los esfuerzos pugnan por un ejercicio tan democrático como lo es el bienestar en colectivo.

Hoy, es urgente que se construya ciudadanía, pero ciudadanía a largo plazo, que los futuros ciudadanos, desde los primeros pasos cuenten con programas de educación cívica que promuevan la participación.

México, como la mayoría de países, tiene que buscar que su ciudadanía esté bien y la ciudadanía se tiene que encargar que el gobierno y sus representantes, cumplan con su labor, a toda costa. Por ello, la participación ciudadana, así como la construcción de ciudadanía es prioritaria, ya que con la historia hemos podido observar que el gobierno no ha sido suficiente para impulsar el bienestar popular. Mientras no exista un nuevo pacto social, el gobierno no se puede sustituir, sin embargo, es necesario que la ciudadanía se involucre para que este cumpla con su labor principal, preservar la vida digna de todas y todos.

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