Independientes: aquí deben entender por qué sí pueden funcionar

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+ El Bronco y Kumamoto, analizaron y entendieron bien su contexto


Fue una ocurrencia que algún candidato independiente en Oaxaca invitara al diputado jalisciense, Pedro Kumamoto, a hacer campaña proselitista, como si esa fuera una garantía de incrementar el número de simpatizantes, o de votos. Es claro que los candidatos independientes en Oaxaca no sólo no entendieron la dinámica propia de sus aspiraciones sin partido, sino que tampoco entienden por qué Kumamoto, o El Bronco, sí fueron “fenómenos” electorales en sus entidades, y ellos no. Mientras sigan así, las candidaturas independientes en Oaxaca seguirán fracasando.

En efecto, es necesario buscar la explicación del fracaso de este primer ejercicio de candidaturas independientes en Oaxaca, porque lo que necesita ocurrir es la corrección de los errores, y no el desencanto. Apuntábamos en nuestra entrega anterior lo dramático que fue el fracaso de casi todas las candidaturas independientes que compitieron en el actual proceso electoral que ocurre en Oaxaca, y el hecho aislado de que uno solo de todos los candidatos ganara, y —en el caso de Santa Lucía del Camino— otro se acercara al triunfo, con la contradicción de que su candidatura finalmente terminó beneficiando al PRI. Esa explicación debe partir del entendimiento sobre las similitudes y diferencias entre los independientes de Oaxaca, y las “figuras” nacionales como Kumamoto o Jaime Rodríguez Calderón.

Pues resulta que, cada uno en su contexto, tanto Pedro Kumamoto como El Bronco supieron leer y entender cuál era exactamente el escenario al que se enfrentaban, y se allegaron de los medios para conseguir el éxito de sus candidaturas. En el caso del jalisciense, Kumamoto aprovechó muy bien que Zapopan —el distrito electoral que representa en el Congreso de Jalisco— es una demarcación que tiene a un sector de población permanentemente conectado e interactuando en redes sociales; que, además, es un distrito poblado por gente de clase media que tiene cierto grado de preparación académica, y con base en eso supo conectar muy bien con ese tipo de público porque sabía a quiénes se estaba dirigiendo. Eso explica que para toda su campaña haya gastado menos de 300 mil pesos, y que su proselitismo haya sido eminentemente a través de las redes sociales y los medios digitales.

Por su parte, Jaime Rodríguez Calderón también estudió perfectamente al público al que se dirigía, y la base de su éxito como candidato independiente descansó en que encontró el discurso exacto, el respaldo económico, y la forma de interactuar con el electorado de Nuevo León para explotar sus aspiraciones políticas. Es claro que el Bronco no ha sido un ejemplo como servidor público —ahora está demostrando sus insuficiencias y debilidades—, pero que sí lo fue como candidato que, como si fuera un proveedor de servicios con muchos recursos a su alcance, supo ofrecerle a sus clientes (el electorado) exactamente lo que querían escuchar, y así se hizo de una gubernatura —que, valga decirlo, se le está haciendo agua entre las manos.

INDEPENDIENTES, SORDOS

¿Cuál es la diferencia entre esos candidatos independientes, y los nuestros? Una, fundamental, es que aquéllos supieron exactamente qué venderle al electorado, mientras que los nuestros no supieron ni siquiera en dónde se encontraban parados. Para ejemplos, basta acudir a cualquiera de ellos.

De entrada, no comprendieron que ser candidato independiente no significa no hacer campaña, o jugar a que se hace. Una cuestión que fue por demás recurrente en estas campañas, es que los candidatos sin partido se dedicaron a creer que un solo sello los haría viables como candidatos, o que el solo hecho de “conocer a mucha gente” los haría competitivos. No alcanzaron a aterrizar la idea de que el candidato independiente se encuentra al margen de las estructuras de un partido, pero que eso en ningún sentido significa que no debían hacer trabajo territorial y establecer ejes concretos para ganar la confianza ciudadana a través justamente de la legitimidad que brinda el no estar anclado a la estructura de un partido.

En ese mismo sentido, pareciera que en Oaxaca la mayoría de los independientes asumió que por tener esa calidad estaban exentos o “disculpados” respecto a tener un presupuesto para sus actividades. Veámoslo en esta perspectiva: los partidos políticos tienen carretadas de dinero para su proselitismo. Y si bien no se trataba de competir con ellos en fuentes de financiamiento, ello tampoco significa que se podía pensar en una campaña sin recursos. Es reprobable el recurso que se utiliza para la compra del voto o para las estructuras electorales. Sin embargo, es claro que hay costos que se deben cubrir en rubros como la publicidad, la propaganda o ciertas actividades que no pueden ser pedidas a título gratuito cuando representan una fuente de ingresos o una actividad económica para ciertas empresas.

DINERO O ESTRATEGIA

Respecto a todo esto se podría apelar a la campaña de Kumamoto en la que dice que no gastó ni 300 mil pesos. Sí, pero él aprovechó un manejo eficiente de las redes sociales, en una sociedad que está muy identificada con esos medios. Por ello, más bien optimizó sus recursos pero eso no significa que no haya invertido dinero. Si al jalisciense un despacho de expertos en marketing digital le hubiera cobrado por el servicio que él mismo emprendió, seguro hubiera tenido costos mucho más elevados. Eso había que entender, y es lo que habrá que ir corrigiendo en Oaxaca.