Conflicto magisterial: Oaxaca está llena de escenarios irreconciliables

Conflicto

+ Todas, medidas excluyentes frente a urgencia de una solución de fondo


Oaxaca se encuentra en el umbral de escenarios nuevos y trascendentes para la gobernabilidad del país, pero en cualquiera de ellos, la ciudadanía y la educación oaxaqueños parecen —parecemos— ser los inminentes derrotados. Basta con revisar el cúmulo de decisiones trascendentes pero contradictorias que se están tomando ahora mismo, para comprobarlo.

En efecto, del recuento de escenarios posibles el único común denominador es la imposibilidad de un arreglo de fondo, y la previsión —casi inamovible— que de los elementos a enumerar, saldrá cualquier cosa menos una solución benéfica para la gobernabilidad y la educación en Oaxaca. veamos.

  1. El gobierno federal ha abierto completamente, y cerrado de la misma forma, el diálogo con la Sección 22 de Oaxaca, y con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Ese titubeo en su toma de decisiones, provoca hoy una fuerte crisis de credibilidad al gobierno federal, que no ha sido consistente en sus políticas, en sus acuerdos y en sus decisiones; y, además, esa inestabilidad ha sido el espacio perfecto para que grupos bien organizados, como la Coordinadora, le tomen la medida.
  2. La CNTE ha sido vencida, en dos ocasiones, por su propio éxito. Previo a los comicios federales intermedios de 2015, y ahora, la Coordinadora había conseguido negociaciones muy exitosas y redituables en mesas de negociación con Gobernación. Pero en aquel momento, y ahora, perdió todos los avances conseguidos por la voluntad de sus grupos radicales por no permitir batallas parciales. Por eso, a pesar de que en dos ocasiones la CNTE ha doblado al gobierno exitosamente, en esas mismas dos ocasiones ha sido derrotada por la codicia, la voracidad y la rapacidad de sus grupos radicales.
  3. Oaxaca lleva dos grandes movilizaciones policiacas que han servido para nada. En 2015, para garantizar la realización de la jornada electoral, el gobierno federal movilizó a unos 15 mil elementos a la entidad, que sólo vinieron a hacer una demostración de fuerza pero —afortunadamente— nunca actuaron. Lo pernicioso fue que un año después, esa gran movilización estaba prácticamente desmantelada (aún cuando la Policía Federal había anunciado el establecimiento de un cuartel en Oaxaca) y por eso cuando ocurrió el bloqueo de Nochixtlán, Oaxaca quedó aislada y las fuerzas federales tuvieron que movilizarse descoordinadamente para generar el desastre del 19 de junio. El resultado de esa operación demostró no sólo su falta de conocimiento e información sobre los movimientos sociales que venían a contener, sino también su desgaste e improvisación operativos. Hoy, por eso, lejos de generar certidumbre, la movilización policiaca genera recelo y desconfianza hasta en quienes inicialmente creyeron en la presencia federal para desmovilizar a los grupos sociales.

NO HAY DIÁLOGO

  1. Los canales de diálogo siguen cerrados. Esa situación, evidentemente, ya no sorprende de la relación gobierno federal-Coordinadora, sino más bien que todos los actores y fuerzas políticas que están alrededor siguen actuando con mezquindad sorprendente. Por ejemplo, por un lado, Andrés Manuel López Obrador suavizó, hace algunas semanas, su discurso relacionado con el movimiento magisterial, para señalar que debe haber adecuaciones y no la abrogación de la reforma, y para refrendar su idea de que asimismo debe prevalecer el principio de autoridad. El problema es que, ni él ni su partido (Morena), han tenido mayor disposición para fungir como un puente de entendimiento entre los dos polos naturales que —hoy sabemos— no tienen ni la más mínima posibilidad de entenderse y construir acuerdos solos. AMLO es, acaso, el más visible, pero no el único actor político que podría abonar a la solución de este conflicto. Pero ni él, ni nadie en México, quiere tomar esa responsabilidad, porque siguen basando sus movimientos en función de sus intereses, y porque no quieren contaminarse de este conflicto capaz de necrosar cualquier tejido que toque.
  2. El gobierno se respalda en un bloque titubeante. Es sorprendente la forma en cómo —en medio de esta crisis y de cara a los movimientos que se avecinan en esta crisis magisterial— el presidente se refrenda ante fuerzas políticas que no tienen la más mínima posibilidad de incidir en el conflicto magisterial. El Presidente incrementa sus reuniones con el PRI, con el Partido Verde y con algunas otras fuerzas políticas, como si eso le diera certidumbre de que no habrá una contrarreforma. El problema es que ese respaldo es estéril porque ni la incondicionalidad de esos partidos sirve de algo —al contrario— para atenuar o resolver la crisis magisterial y, silenciosamente, minimiza cualquier posibilidad de tender puentes de entendimiento con las fuerzas de oposición a su gobierno, que todos los días crecen por la inminente cercanía de la sucesión presidencial.

OAXACA PIERDE

Tristemente, es la única certeza en todo esto. El gobierno federal está movilizando a cientos —quizá miles— de elementos federales no porque quiera mandarlos de vacaciones, sino porque prevé un escenario en el que tenga que hacer valer el uso de la fuerza. La Coordinadora está más empecinada que nunca en no iniciar el ciclo escolar. Esos dos ingredientes son suficientes para más meses de incertidumbre, como si no contaran los más de diez años que Oaxaca lleva en crisis. ¿Quién pierde? De nuevo, no los protagonistas del conflicto, sino las víctimas colaterales del conflicto. Es decir, los oaxaqueños.