¿Por qué a pesar de la calma actual, nadie ayuda a remontar la imagen de Oaxaca?

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+ Turismo y Economía, desaparecidos del radar de la promoción social de la entidad


Hay botones de muestra que, aunque parecen pequeños, revelan lo mucho que se está dejando de hacer en tareas prioritarias. Ejemplo de ello es el reciente anuncio de los organizadores de La Carrera Panamericana, de excluir por segundo año consecutivo —y ahora sin razón aparente— a Oaxaca de su edición conmemorativa por el 30 aniversario del rally en su etapa actual. Aunque toda la responsabilidad se le pudiera cargar a las circunstancias, en realidad lo que parece es que alguien desde el gobierno no está haciendo su trabajo.

En efecto, a través de sus cuentas en redes sociales, el martes la empresa organizadora de La Carrera Panamericana anunció que ésta se correrá, en su trigésima edición, de Querétaro a Durango, pasando por Puebla, la Ciudad de México, Morelia, Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas. Por segunda ocasión consecutiva, excluyeron a todo el sureste del país, ya que en diversas ocasiones la competencia había iniciado o en Tuxtla Gutiérrez, el Puerto de Veracruz, la capital oaxaqueña o en Bahías de Huatulco.

Esta decisión, en un primer momento, provocó extrañeza y desilusión entre los aficionados a este tipo de eventos deportivos, y particularmente a quienes gustan de presenciar, año con año, la llegada y salida de esta glamurosa competencia, en todas las ciudades que fueron excluidas. La Carrera Panamericana es uno de los eventos automovilísticos de mayor tradición y arraigo en México, y es también el rally urbano más importante del mundo, en el que cada año participan lo mismo celebridades que pilotos profesionales, magnates y antiguos corredores de otras competencias internacionales en categorías como Nascar, o la Fórmula 1, entre muchos otros. De ese tamaño es La Carrera Panamericana, que ahora por motivos aparentemente inexplicables, no visitará Oaxaca en su edición 2017.

Frente a esto, como se apuntaba en líneas anteriores, se le puede achacar todo a las circunstancias y a la inestabilidad social en Oaxaca. El año pasado, en el itinerario oficial estaba incluido el paso de la competencia por la ciudad de Oaxaca, siendo la primera ciudad sede de la competencia, como había ocurrido durante casi toda una década consecutivamente. La Carrera Panamericana no vino a Oaxaca en 2006 por el conflicto magisterial; pero después de ese año, todos los siguientes fue recibida en Oaxaca, e incluso hubo dos años (2009 y 2011) que arrancó en Bahías de Huatulco, para beneplácito —y beneficio— de la industria turística de aquel destino turístico, tan largamente castigado por la lejanía y la intrincada comunicación por vía terrestre.

Así, en 2016 se atravesó el enfrentamiento de Nochixtlán, en junio, y la larga resistencia magisterial —que cerró durante semanas el paso de la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan, por donde se desarrolla buena parte de la competencia en la ruta de Oaxaca a la ciudad de Puebla—, por cuya contingencia se tuvo que cancelar su paso por Oaxaca. La situación, frente a las circunstancias, fue ampliamente comprendida; y por esa razón se lamentó la cancelación de la sede en Oaxaca, pero realmente nadie cuestionó la decisión tomada por los organizadores.

Lo que no se termina de comprender es por qué en 2017, La Carrera Panamericana nuevamente decidió no pasar por Oaxaca.

DEPENDENCIAS AUSENTES

El pasado 28 de febrero, desde la cuenta oficial de Facebook de La Carrera Panamericana, se dio a conocer el itinerario oficial en que se confirmó que Oaxaca estaba nuevamente excluido de la competencia. Innumerables fanáticos de la competencia oriundos de Chiapas y nuestra entidad, cuestionaron duramente la decisión de los organizadores. Éstos, cortésmente contestaban a quienes pedían una explicación por la exclusión de Oaxaca y Chiapas en la edición de 30 aniversario de la competencia, que “se deben alinear los factores para tener una gran carrera en todos los aspectos”; que había “factores ajenos al Comité Organizador de la Carrera”; y que “la planeación de la ruta requiere de muchos elementos”, entre otras respuestas que, aunque decían poco, dejaban ver mucho.

¿Qué dejaban ver? Primero, que a nivel nacional se sigue teniendo una percepción por demás negativa de Oaxaca, como un territorio dominado por el conflicto magisterial, y por la inestabilidad social, que inhibe la certidumbre sobre algo tan básico como la posibilidad de que las carreteras estén abiertas y disponibles en un periodo en específico —y siempre. Esta percepción, sigue sin tener un contrapeso real a través de acciones gubernamentales y civiles para revertir dicha imagen. Parece, pues, que a nadie le importa la imagen socialmente violenta y de inestabilidad de Oaxaca.

Pero, en segundo término, esas respuestas lacónicas de los organizadores de la Panamericana, también dejaban ver que o no hubo la suficiente concertación y apoyo de los representantes del gobierno de Oaxaca para lograr la reinserción de la entidad dentro del mapa de la competencia; o que, aún habiéndolos, de todos modos los organizadores de la competencia no le tomaron la suficiente seriedad a sus interlocutores del gobierno estatal, y de ahí la decisión de dejar de todos modos fuera a la entidad.

Todo esto, a pesar de que durante los dos primeros meses del presente año, no se han presentado bloqueos de vías carreteras en la entidad; y de que, a menos que ocurra un nuevo desencuentro entre la Sección 22 y el gobierno, octubre —periodo dentro del cual se desarrolla la competencia, generalmente a partir de la tercer semana de ese mes— no es un mes que se caracterice por movilizaciones o agitaciones dentro del calendario político ya conocido del magisterio oaxaqueño.

En cualquier caso, lo que queda claro con esta nueva exclusión de Oaxaca de la ruta de La Carrera Panamericana, es que hay funcionarios de la Secretaría de Turismo, de la de Economía, e incluso de la Secretaría General de Gobierno, que no están haciendo su trabajo. Y no se trata de pensar que la Panamericana es el único o el mayor evento del año del que dependa la economía o el turismo local; pero tampoco es aceptable la posibilidad de que las dependencias estatales desestimen la importancia significativa y simbólica, de que Oaxaca aparezca al menos en alguno de los eventos deportivos que tienen eco nacional e internacional por su tradición, por sus participantes, o por el entusiasmo que despierta en los aficionados de todo el país.

Hasta ahora, ni el secretario de Turismo del gobierno estatal, Juan Carlos Rivera Castellanos, ni el de Economía, Jesús Rodríguez Socorro, han hecho manifestación alguna sobre el tema en particular. Quizá estén pensando que La Carrera Panamericana es simplemente un evento deportivo, que no reviste ninguna implicación en temas económicos y turísticos; y quizá por eso están pensando —erróneamente— que debe ser la Comisión Estatal de Cultura Física y Deporte quien tendría que manifestarse al respecto.

SILENCIO INDOLENTE

¿No está entonces implicada la imagen de Oaxaca? ¿No importan los cientos de aficionados que como turistas de alto nivel, gastan cantidades millonarias, sólo por el gusto de acompañar la Carrera en todo su itinerario? ¿No representa una derrama económica importante el desplazamiento de las escuderías, ingenieros, mecánicos y personal de apoyo de los competidores? ¿Y, entonces, el Gobierno de Oaxaca puede quedarse tranquilo ante esa exclusión que, en el fondo, refleja que no confían en la entidad?

Este silencio gubernamental es terrible, desde el ángulo que se le vea.