Mentir para ser popular

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Lo de menos es prometer, ofrecer, proponer o mentir, porque no implica más que la oferta aunque no se sepa ni comprenda lo que representa equis oferta, como se puede cumplir o realizar o si es verdad o mentira, así que entre charlatanes, chiflados, merolicos y políticos, a todos estos lo que caracteriza su personalidad y comportamiento y estrategias de vida, es mentir o engañar para ser populares, comenzando con astrólogos y horoscoperos que engañan a la gente diciendo lo que quieren escuchar respecto de supuestas alineaciones zodiacales y planetarias, de la misma forma que quienes afirman ven ovnis en el patio de su casa o en algún lugar misterioso, para de esa forma captar la atención de crédulos e inocentes, igual que los dizque médicos que prometen sanar con homeopatía, hierbas aztecas, flores de Bach, ozono y todas sus falsas medicinas o medicamentos alternativos que no cumplen con ningún rigor ni procedimiento científico, entre otras muchas chifladuras que nos encantan o emocionan pero que únicamente se sustentan en anécdotas personales o engaños.

Mentir para ser popular es práctica común de quienes careciendo de autoestima, sabiéndose poca cosa, intrascendentes en su vida personal e insignificantes en su contexto social, buscando el reconocimiento de los demás, se inventan lo que sea con tal de llamar la atención, desde los que se compran lujoso automóvil en abonos aunque vivan en un cuchitril o visten a la moda ganando paupérrimos sueldos, hasta los políticos, ahora de moda en los medios debido a sus campañas proselitistas para conseguir todos los votos que puedan para ser elegidos por los incautos que se dejan engañar, siendo ejemplo indiscutible de lo que es mentir para ser popular, porque se dedican a decirle a los ciudadanos lo que quieren oír para dejarlos contentos, destacándose en especial, ya saben quien, en la utilización de lo que mejor define a los políticos, el engaño, los subterfugios, dobles sentidos, entre líneas, falsedades, disimulos, descalificaciones, ilusiones, artificios y hasta alucinaciones, siendo en este caso chifladura peligrosa, porque incluso entre políticos hay diferencias, como entre astrólogos y medicinas alternativas, diferenciándose entre quienes sí se creen lo que dicen: chiflados; y los que saben lo que dicen es mentira: charlatanes, definiéndose ambos por el hecho del manejo ideal de la mentira o el fraude, aunque unos sean mentirosos y otros creyentes, en su mayoría causando daño únicamente a grupos reducidos de crédulos, pero pudiendo causar un perjuicio inmenso a millones de habitantes de México, principalmente a los más pobres, porque los ricos como sea, cambian su dinero por dólares o lo mueven a otros países, sin que sufran daños de consideración, como quienes creen en los homeópatas, que si bien a veces sanan por placebos, lo cierto es que  a veces cuando ya es muy tarde tienen que buscar a un médico científico y profesional, que aunque nos duela, nos dice la verdad, no mentiras para ser popular.