Comienza temporada

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Comenzó oficialmente ayer 15 de mayo la temporada 2018 de huracanes para el océano Pacífico y a fin de mes comenzará la del Atlántico norte regularizando así la estación de lluvias correspondiente al verano y en particular al estado de Oaxaca, región geográfica que, por su latitud debiera ser zona desértica, y que no lo es porque afortunadamente nos encontramos, después de centro América, en la zona más angosta de México y norte América, alcanzándonos por ambas costas los beneficios de los huracanes, empapando, humedeciendo y saturando de agua todo el territorio oaxaqueño del Atlántico al Pacífico.

Se estima habrá entre 20 y 25 huracanes en los cinco meses de la temporada, de ellos tres podrían ser poderosos, grandes e incluso devastadores por deslizamientos, avalanchas, inundaciones y destrucción de obras y casas mal hecha, todos y cada uno capaces de descargar cientos de kilómetros cúbicos de agua en cuestión de horas y, otros de menor potencia que recargan paulatinamente mantos freáticos, presas, arroyos, ríos y todo depósito o cauce de agua, cumpliéndose  el ciclo hidrológico y estacional, que sin que importe o no la existencia de árboles o de cualquier otra situación local forestal, porque ante la dimensión, los miles de kilómetros de diámetro de los huracanes llueve tanto en el mismo mar, donde no hay ni un solo árbol, como en cualquier lugar que se ubique debajo de las nubes de los huracanes donde puede llover incluso por semanas.

Llueve intensa y pertinazmente desde el 8 de mayo como consecuencia meteorológica de circunstancias locales, pero a partir de hoy, en el mar debido al intenso calentamiento derivado de la verticalidad de la radiación solar, la evaporación será inmensa. Miles de kilómetros cúbicos de agua pura serán elevados al mar y, conforme el sol se desplace más al norte hasta alcanzar el trópico de cáncer o solsticio de verano, el calentamiento será extremo y la formación de huracanes, tormentas tropicales y lluvias locales constantes, hasta noviembre cuando terminará la temporada de huracanes, desperdiciando, dejando correr, un elevado porcentaje de los miles de kilómetros de agua que caerán, porque en Oaxaca no tenemos cultura de trabajar para el invierno, o para cuando haga falta, así que toda el agua se regresará al mar, sin que sea aprovechada nunca al atajarla y conservarla en represas que se utilicen después, durante los siete meses que no llueve, pero así somos, vivimos al día esperando que sea la divina providencia o algo sobrenatural, quien nos salve o ayuda, cuando deberíamos ser nosotros quienes nos responsabilizamos de lo que necesitamos, pero no, ni siquiera la súper carretera a la costa se terminará nunca y menos una represa que almacene el agua de lluvia para convertir a Oaxaca en una región donde hubiera abundancia de agua y, con ello industrias, empleo y oportunidades, más o menos como las grandes ciudades que se benefician del río colorado en EU. Desde hoy y hasta noviembre las lluvias serán la constante de todos los días.