Folclore al extremo


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Estamos de Guelaguetza, en la que se considera la mayor fiesta de los oaxaqueños, y quizá de México, o así se debería decir en plan de marketing, porque efectivamente eso es, la máxima presentación de la idiosincrasia, tradiciones y usanzas de Oaxaca a través de la música, danza, rituales y sistemas de gobierno basados en “abusos y malas costumbres”, incluyendo hábitos que actualmente son política y humana incorrectos, como la presentación de un ritual y danza de la virginidad por parte de una delegación del istmo, en una dinámica que sirve para regodearnos del pasado y remoto pretérito de pueblos, aldeas y caseríos desde que se inventó la Guelaguetza, fiesta que pretenden relacionar con celebraciones prehispánicas de las que poco se sabe y que no tienen correlación con la actual Guelaguetza, pero como sea, con antecedentes prehispánicos no, lo cierto es que la Guelaguetza nos define como un pueblo costumbrista, conservador, regionalistas, tradicionalista y reaccionario a todo lo que sea innovación, cambio, progreso, mejora y desarrollo, regodeándonos con lo que hicieron nuestros antepasados en sus orígenes y no por lo que podríamos hacer nosotros con perspectiva de futuro, los oaxaqueños actuales, excepción quizá de los que nacieron este siglo, del año 2 mil en adelante, quienes probablemente no piensen que todo tiempo pasado fue mejor y discurran que lo mejor está por venir.

Es un hecho de que toda tradición es una traición al progreso, lo saben los pueblos europeos, asiáticos y especialmente los estadounidenses, quienes con tradiciones y rituales mucho más antiguos que los mesoamericanos, equilibran y balancean sus costumbres ancestrales y rutinas atávicas con innovación, ciencia y tecnología para el progreso, coexistiendo idealmente costumbres ancestrales con una visión futurista, interesándose siempre tanto por lo que hicieron sus antepasados, como por lo que hacen los contemporáneos y por lo lo que harán sus descendientes, conservando su arquitectura y defendiendo zonas arqueológicas y arte medieval o más antiguo, como Roma, Londres, Florencia, Paris o Toledo, ciudades más antiguas que Oaxaca pero con perspectiva de futuro y renovación, que es lo que no tenemos ni nos interesa en Oaxaca, donde única y exclusivamente nos importa lo antiguo, el pasado remoto,  arquitectura, artesanías, la historia, leyendas y tradiciones, sin que los gobernantes, arquitectos, líderes sociales, intelectuales, políticos e incluso estudiantes, piensen en la innovación y cambio, procurando que Oaxaca sea o siga como en el siglo XIX o antes, festejando al máximo y al extremo la Guelaguetza, celebración que nos identifica en el país y atrae miles de turistas beneficiando la economía de todos, pero no la visión progresista e innovadora que también deberíamos tener y equilibrar sin caer en el folklore extremos, aunque también usamos tecnología como pantallas de led o los drones en Guelaguetza…