Humillar al ejército


Carlos R. Aguilar Jiménez.

De las pocas instituciones oficiales o gremios sociales que aún se respetan, tenemos a los bomberos y al ejército únicamente, porque todas las demás corporaciones y hasta ONG, de un modo u otro están desprestigiadas o desautorizadas, como sucede con los profes oaxaqueños, quienes de dignos y respetables mentores hasta mediados del siglo pasado, se convirtieron en póngidos al frente de alumnos, de la misma forma que agentes de vialidad, antes oficiales apreciados, son hoy crueles asaltantes de caminos y así, la lista podría ser interminable incluyendo a los que a usted se le ocurra y a mí se me olviden.

“Son inadmisibles humillaciones contra el ejército”, advierte Aureoles, y no únicamente porque lo diga un político o cualquier otra persona, sino porque el Ejército Mexicano, no obstante algunos excesos, lo cierto es que es aun una institución respetable y digna, que aunque no tenga ninguna posibilidad para defender la soberanía nacional ante una posible guerra internacional contra países desarrollados, al menos sirve para defender o proteger al gobierno, porque si bien el ejército no está facultado para contrarrestar a narcotraficantes y crimen organizado, con el elevado poder de sus armas, equipo militar, artillería pesada, tanques, aviones, helicópteros, buques y todo su arsenal incluidos militares especializados; si el gobierno quisiera, en cuestión de un año acabarían con todos los narcos y delincuencia organizada, pero  no lo hace por extraños intereses y, cuando montan operativos y pretenden arrestar delincuentes, van intimidados por las amenazas de Derechos Inhumanos, llevan armas iguales o de menor potencia que las de los delincuentes y ni un pelotón completo, así que todo es teatro, escenografía y decorado para que la gente crea que si se combate a la delincuencia, dejando indefensos a los militares para que no únicamente los delincuentes les humillen o maten, sino también los resentidos sociales, quienes acaban de someter y humillar de nuevo al Ejército Mexicano, porque no pueden hacer nada más que ponerse de rodillas, dado que si fueran soldados estadounidenses, franceses, españoles o árabes, todo el poder e influencia del estado estaría para protegerles y conservarlos dignos y con la frente en alto, no como en México donde cualquier rufián, líder sindical o mafioso, puede impunemente humillar a los soldados, porque es un hecho que en México no existe el estado de derecho, no hay autoridad que se respete, ni posibilidad de contraatacar a los criminales, asaltantes o patibularios, dado que inmediatamente serán defendidos por Derechos Inhumanos, donde se cuida más a agresores que a víctimas, en un circulo de perversión en el que no tenemos los ciudadanos desarmados, ni el ejército, a pesar de sus armas, posibilidad alguna de defendernos, como le sucede ahora al humillado Ejército Mexicano.