Una reseña de “No estudies Derecho. Una revisión a la función social de los abogados”, de Juan Jesús Garza Onofre

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Antonio Gutiérrez Victoria

Este libro editado por la editorial Taurus ha puesto a su autor en boca de todos. En un abrir y cerrar de ojos el nombre de Juan Jesús Garza Onofre, Tito, para sus amigos, ha cobrado una relevancia formidable, tanto como su obra; en especial este libro que es su más reciente publicación, desde que vio la luz no ha dejado de producir reflexiones y críticas.

Ya por su sinceridad apasionada, ya porque que plantea importantes inquietudes intelectuales sobre la abogacía, a muchos lectores les parecerá que faltaba un libro como este para motivar un diálogo a gran escala. 

No creo equivocarme si digo que las temáticas abordadas en este libro estaban en el aire. Esperando ser divisadas y expuestas con tanta astucia como lo ha hecho Juan Jesús, quien con tanta sinceridad ha labrado un estilo propio y hasta conquistar nuevas amistades deseosas de decir lo que él dice. En su prosa puede advertirse un dominio, un camino, un porvenir del autor y sus reflexiones; uno esta a punto de pensar que este libro podría servir de manifiesto, de guía para la acción, o una mirada en el espejo. La lectura de este libro lleva al descubrimiento de lo que fuimos, de lo que somos y hasta una posible proyección de lo que podríamos llegar ser como estudiantes de Derecho. 

Los 14 capítulos de este libro tan provocador y controvertido revelan la expresión detallada de un espíritu crítico y una visión amplia sobre el Derecho que buscamos entender. Algo que llama la atención es la decisión y capacidad de exponer su entraña a la voracidad de un gremio tan complejo. Esa entraña, llena de literatura, de referencias culturales contemporáneas y no solo “jurisprudenciales” es a lo sumo seductora. 

La lectura de este libro provoca la necesidad de recordar que, como ha dicho la escritora veracruzana Fernanda Melchor, vivir es vivir siempre entre historias: “las que se escriben en los libros, las que circulan en periódicos y pantallas, las que se trasmiten de boca en boca”, las que cuentan los clientes a sus abogados, las que cuenta el abogado al juez, las desgracias de una familia que no logro permanecer unida, el asesinato de aquel, el crimen contra el otro, la extorsión, el narcotráfico, las disputas por el poder, las relaciones cómplices de funcionarios bajo el agua… Parte de un universo, como afirma Juan Jesús, que muestra cosas que están más allá de formalidades y formalismos.

En un aspecto personal podríamos preguntarnos: ¿Cuál es la historia de Juan Jesús? ¿Por qué escribe lo que escribe? ¿Por qué admira a Roberto Bolaño? Algunas respuestas a estas preguntas se encuentran en el libro y en algunas entrevistas que se pueden ver en YouTube. La importancia de lo anterior se muestra cuando el autor llama a que las y los estudiantes conozcan a sus profesores más allá de su rol. Nos dice, “recuerda que también son personas y tienen una vida que trasciende el aula”. Ese es, para Tito, el punto de partida para fomentar la curiosidad que nos lleve al trasfondo de muchas cosas que damos por sentadas. 

Y para eso habría que pasar de una visión instrumental del maestro a una más amplia. Como dijo Borges, al indagar en la figura del maestro para rememorar al escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña: “Maestro no es el que enseña cosas o el que se aplica a la tarea de enseñar cosas, porque una enciclopedia, en todo caso, sería mejor maestro que un hombre. Maestro es quien enseña una manera de tratar con las cosas; cada maestro es nada menos que un estado vital, que una manera de enfrentarse con el incesante universo”. 

En un aspecto menos personal y más colectivo, las historias, las que se escriben en los libros, las que se encuentran en la literatura, en las utopías, en las distopías; en los relatos y novelas de Kafka, por ejemplo, nos permiten además de entretenernos, adquirir un punto de vista crítico y reflexivo con respecto a la realidad, de ahí la necesidad de leer algo más que los códigos, como este libro.

En las utopías y las distopias, los clásicos, Platón, Tomás Moro, Orwell o Huxley, utilizaron este recurso para construir mundos posibles que nos permiten indagar críticamente el nuestro. Lugares, tiempos, vidas a las que no tenemos acceso se exponen en las utopías para mostrar, en parte, por qué no podemos tener acceso a esos mundos. Recurrir a la literatura, en general y no solo a las utopías y distopias, como instancia crítica nos permite también revisar las desigualdades, las injusticias, las penurias de historias compartidas del mundo en el que vivimos. No es asilado, que, como afirma Ferrajoli, “la historia del derecho es también una historia de utopías (mejor o peor) convertidas en realidad”. Eso también puede encontrase en el libro de Juan Jesús en un análisis concreto de diferentes referencias literarias, culturales y jurídicas.

En ese sentido, la pregunta obligada es si podemos construir un porvenir distinto para el ejercicio de la abogacía. Y la respuesta, igual que la pregunta, la tenemos entre manos. Las y los estudiantes tenemosla oportunidad de hacerlo y para ello es necesaria la reflexión crítica como la que propone Juan Jesús, en espacios como la Universidad; pues, según Carlos Fuentes, la universidad “une, no separa. Conoce y reconoce, no ignora ni olvida. En ella se dan cita no sólo lo que ha sobrevivido, sino lo que está vivo o por nacer en la cultura. Pero para que la cultura viva, se requiere un espacio crítico donde se trate de entender al otro, no de derrotarlo”. No en vano, uno de los llamados que hace Juan Jesús, reza: “Sé tú mismo y defiende tu identidad y tu libertad para ejercer una profesión que en teoría debería enfocarse en generar una mayor igualdad social y evitar discriminaciones”. 

La profesión y las acciones que emprendemos, imbricadas siempre en el lenguaje, principal herramienta de trabajo de los abogados, están inmersas ahora en un proceso de autocrítica que siempre ha sido necesaria. Podemos decir, recordando a Hölderlin, que, al ser humano, y en este contexto, sobre todo al abogado, se le ha dado “el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él cree y destruya, se hunda y regrese… para que muestre lo que es”. Y lo que es, la realidad, cada abogada y abogado pueden ser diferentes ¿Cómo habremos de mostrarnos de ahora en adelante? La inteligencia y pasión como la que este escritor muestra en su libro,están pendientes de lo que el porvenir reclama. El porvenir de la abogacía necesita tanto de estas guías, que resulta tranquilizador saber que su lectura está en nuestras manos.

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