El sueño de un artista expulsado por la gentrificación del barrio Jalatlaco

Renato Galicia Miguel

La gentrificación del barrio Jalatlaco, ciudad de Oaxaca, en costo de renta: en 2001, el artista Demetrio Barrita pagaba por el local de su estudio mil pesos, y en 2016, tres mil, un precio que fue el último que pudo solventar, pues los diez mil a los que subió en ese año era demasiado, aunque no tanto como los más de 20 mil en que se cotiza ahora el espacio.

Por eso hoy está aquí, en la casa que fuera de su madre, en la colonia América Norte, en Ixcotel,  donde ahora es su estudio y transcurre esta charla de cuatro horas, ambientada con su huerto urbano; aromático ígnea veracruzano, fruta con granola; libros aguerridos como “La inobediencia de los mixtecos de Achiutla en el siglo XVI” (Seculta Oaxaca, 2010) o “La hora del café/ Dos siglos a muchas voces”, de Armando Bartra, Rosario Cobo y Lorena Paz (Conabio, 2011); prensa de madera con alma de metal para serigrafía hecha por él; esculturas, y las obras de una exposición frustrada por la pandemia en la Universidad de Guadalajara que, para darles salida, pondrá en catálogo bajo el título de “Metáforas divinas”.

De Jalatlaco, prácticamente lo expulsó la gentrificación, en un hecho que confirma una postura de este loxicha nacido en el barrio del ex Marquesado: “ser artista en Oaxaca es muy difícil por todos los círculos herméticos y la competencia desleal que existe”.

Demetrio Barrita (Oaxaca, 1957) tiene “80 % de indígena y 20 % de razón”, comenta entre risas y luego explica por qué.

Un día, estuvo en sus manos el acta de matrimonio de su padre y madre y leyó que a ésta, Teresa Barrita, la registraron como “gente de razón” y a aquél, Tereso Ambrosio, como “80 % indígena y 20% de gente de razón” –aunque este indígena era hablante de zapoteco y también de español y, por lo tanto, traductor, acota–, y de ahí nació ese juego de palabras que lo define y que define también su idea sobre el clasismo, “una que precisamente llevaría a mis orígenes indígenas”, indica, y luego reflexiona: “uno viene de abajo, casi del subsuelo, y desde ahí enfrenta la discriminación. Uno entiende desde una perspectiva diferente qué son las clases sociales, además de que se da cuenta que realmente existen en el mundo, el país y hasta en nuestro pueblo: los de ‘razón’ y los ‘indígenas puros’ de los que hablaba, y que a partir de ahí como que se manipula, se clasifica: ‘yo soy zapoteca del Istmo, yo soy zapoteca del centro, yo soy zapoteca de la sierra Juárez’. Tenemos ese ego, pero creo que, a mayor edad, conocimiento y seguridad, se puede superar todo eso”.

Es una idea que complementa con su noción del racismo: “los mixes dicen: ‘somos los jamás conquistados’, pero están llenos de Coca-Cola y Corona y don Bosco. Decimos que somos puros, pero no es cierto, no hay pueblo puro, somos una mezcla de pueblos. No hay pueblos originarios, para mí hay migración, pues no nos podemos estar quietos, somos un mundo que va y viene, no veo una ‘raza’ mayor que otra; pero, bueno, nos clasifican para estudiarnos y desde ahí empieza la discriminación”.

Adolescente, Demetrio Barrita se fue a cursar la secundaria a Puebla. Estuvo tres años estudiando mecánica de precisión y diseño industrial y cuatro  como empleado en la Volkswagen de México, hasta que un día, viéndolo dibujar, un alemán al que apodaban el Oso lo apartó y le dijo: “vete de aquí, estudia, o vas a acabar como estos pendejos, jugando futbol y emborrachándote los sábados”.

Ya en el entonces Distrito Federal, fue postulante en un centro de vocación franciscano, se acercó a la economía política, la crítica de arte y la historia; conoció durante solo 15 días a un simpatizante de la Teología de la Liberación que lo marcó, Jorge Domínguez, un irreverente que, cuando le pedían que rasurara su barba,  contestaba: “cuando caiga Pinochet, me quito la barba”.

Era el inicio de la década de los ochenta. Luego, en 1985, llegó a la diócesis de Tehuantepec y estuvo con el padre Arturo Lona. Pero cinco años después, en 1990, decidió que se dedicaría solo al “arte y no a otra cosa”.

Fueron años de formación, investigación, talleres en el Distrito Federal y Jalisco, pero con base en Oaxaca; de Carteles del Sur adquirió un equipo de serigrafía a diez mil pesos y se dedicó cinco años a la producción comercial.

Traía de San Agustín Loxicha la herencia del café, pues su madre nació entre cafetales. En 1998 presentó una exposición alusiva a temas ambientales en Etla, que fue uno de los primeros municipios del estado en tener una Regiduría de Ecología, y en 1999 exhibió en la Casa Latina de Seattle.

Con mil pesos de renta y mil como depósito, en 2001 abrió su estudio en Jalatlaco, donde estuvo 15 años: inició con talleres populares y cerró en 2016 con una muestra de Smeck, Javier Santos, un grafitero de la agencia Santa Rosa Panzacola que fue su alumno y que entró a estudiar a la Escuela Nacional de Arte, pasando por infinidad de avatares,  como la elaboración de bombas molotov para los profesores de la Sección 22 en el 2006.

Después cambió su destino, se fue a vivir a Berkeley, California, porque siempre le gustó cómo sonaba ese nombre, y desde ahí viajó a Nueva Zelanda, donde elaboró y presentó obra con material reciclado, lo cual le valió una invitación a Laos, Vietnam y Camboya.

Ahora “ya me di cuenta –comenta– que está bien chiquito el mundo, que es redondo y que los pueblos indígenas, que tienen muchas similitudes, son los que lo han mantenido a flote”. 

—Y después de darle la vuelta al mundo, ¿cuál es tu idea de la cultura?

—Tiene que ver con la  vivencia en la comunidad, en una colonia, lo que yo llamo una cultura viva, y no con el anuncio ese que sugiere algo  bonito, folclórico. 

—¿Y del arte?

De tu arte a mi arte, prefiero miarte, decíamos antes. Un pueblo que no tiene arte, no existe.  Cuando llegas a una comunidad, lo primero que encuentras es una pieza de arte, que a veces puede ser lo aparentemente más insignificante, pero que  constituye un concepto de vida, lo que está haciendo la comunidad, que tiene que ver siempre con un contexto social.

—¿Y centro (de Oaxaca)?

—Las modas, los cafés, las tiendas-boutique, están expulsando a quienes  no participan de ello. Está sucediendo en cualquier ciudad: eres expulsado porque no participas en la mentalidad del capital, del consumismo del centro. En lo particular, a mí me gusta más el término periferia, que es lo contrario.

—¿Grupos, mafias?

—En el arte existen los grupos herméticos, cerrados,  una manera de competencia desleal para poder subsistir. Supuestamente, si no eres de un grupo, de un clan, no existes, estás fuera de la jugada. Si no eres gente de Toledo o  de Takeda o de Mayagoitia o de la Seculta, por ejemplo, presuntamente no tienes una referencia, eres casi antisocial.

“Son esquemas ridículos y falsos hasta la chingada”, ante los cuales prefiero, después de dos años recluido por la pandemia, buscar “mi sueño de tener un vehículo usado donde quepan un microestudio y un microhuerto para desplazarme dando talleres por la periferia”.

¿El triunfo del reguetón?

Carlo D. Aguilar Chiñas

Al abrir la plataforma de Spotify hoy 06 de octubre de 2021, aparece en los nuevos lanzamientos: Lo Siento BB:/ (whit Bad Bunny y Julieta Venegas), esto seguramente porque el algoritmo conoce que este género de música no me es intrascendente, y de vez en cuando es necesario un “perreo para llegar al subsuelo”. Lo que llamó mi atención fue que se me hizo extraña esta colaboración, si regresamos en el tiempo los inicios de Julieta Venegas con el disco “Aquí” lanzado el 25 de marzo de 1997 (Recordando que Julieta tiene 50 años), con su canción “De mis pasos” que la empezó a posicionar el mundo musical del pop latino.

Algunas de las colaboraciones musicales de Julieta son con: Los de abajo interpretando SKA, Cartel de Santa con Hip-hop/rap, La Sonora Santanera y la música tropical mexicana, Bronco cantando música regional mexicana grupera, Andrés Calamaro, Mercedes Sosa, El Buki y Miguel Bosé.

Al recordar con quien ha cantado “Chulieta me Niegas” como le decían en un programa de Telehit y de Exa FM donde el hijo del “Caballo Rojas”, Beto, era coconductor, vino a mi mente uno de los momentos cúspides de la época de mi prepa, los premios “MTV LA 2006”, la primera gala de estos reconocimientos que se celebraba  fuera de Estados unidos.

La ceremonia fue presentada por Molotov y Ana de la Reguera, la participación musical principal estuvo a cargo de Shakira interpretando “No”, inmediatamente cambiaron de escenario entrelazando las canciones y continuaron Kinky y Julieta cantando a dueto “A dónde van los muertos” y “Me voy”, se les unió haciendo una entrada sorpresa el Big Boos, Dady Yankee,  fue mi primer recuerdo de Julieta cantando reguetón. De eso ya pasaron 15 años.

El primer sencillo de Dady Yankee que lo catapultó a la fama fue “Gasolina”, escrita en 2001, grabada en 2002 y publicada en 2004, logró ser la primer canción urbana nominada a los Premios Grammy, este año 2021 la revista Rolling Stone ubicó esta canción en el número 50 de su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. 

Hace 10 años en junio de 2011 el canal 22 con su programa “Esquizofrenia” en su capítulo Hipstertitlan y otras comarcas, describe el fenómeno del reguetón como la antítesis del ‘hipster’, mencionando que el reguetón proviene de los barrios marginados o populares, pero que empieza a existir un reguetón fresa, es decir en la colonia Condesa y la Roma ya se podía ir a bailar reguetón en los cirulos sociales mejor posicionados.

El reguetón cumple 20 años y sigue posicionado con sus variantes y sub variantes, pero continúa lanzando nuevos éxitos, lo cual nos lleva a la pregunta inicial, es este el Triunfo del reguetón si en sus filas han caído grandes intérpretes de otros géneros que nunca hubiéramos pensado como:

•          Madonna, Maluma – Medellín.

•          Shakira, Maluma – Clandestino.

•          Alejandro Sanz, Nicky Jam – Back In The City.

•          Luis Fonsi – Despacito ft. Daddy Yankee.        

•          Sebastián Yatra – Runaway ft. Jonas Brothers.         

•          Maná & Nicky Jam – De pies a Cabeza.          

•          BAD BUNNY x DRAKE – MÍA.

•          Ricky Martin – Vente Pa’ Ca ft. Maluma.

•          Banda el Recodo, Las Fresas ft. Wisin.

Abur…

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Hoy, los dueños de marcas de mezcal se pelean por los químicos: Ulises Torrentera

Renato Galicia Miguel 

“Los palenques están en extinción, los procesos para hacer mezcales ya son más bien como recetas, y si antes los dueños de marcas se peleaban a los maestros mezcalilleros, ahora se disputan a los químicos”, sentencia en entrevista el mezcólatra Ulises Torrentera.

Es más profético aún: “por desgracia, los mezcales tradicionales, ancestrales, son apreciados más en otros países, principalmente en Estados Unidos, pero ahora se los quieren apropiar, se creen sus descubridores”.

Esta charla con Ulises Torrentera se da en tiempos en que confluyen tres hechos afortunados para una lucha cuyo objetivo es la pervivencia de  los mezcales tradicionales: la mezcalería In Situ que fundó con su socia Sandra Ortiz Brena estrena nueva sede –Guerrero 413, Centro, Oaxaca de Juárez–, el proyecto se amplió con In Situ Bodega –Reforma 703, Centro—y cumplió 20 años de aparición Mezcalaria/ Cultura del mezcal, un libro que constituye un hito en la reivindicación o reconocimiento de la bebida.

–¿Hay suficientes lectores de Mezcalaria

–En impreso, tuvo cinco reimpresiones, claro, con ediciones muy pequeñas: la última fue de dos mil. Pero eso se acabó, y ahora solamente está en versión digital en Amazon, pues publicar en papel un libro y tenerlo detenido representa un capital con el que no contamos.

Además, aclara, hay que recordar que Mezcalaria no es de lectura fácil, aunque tampoco difícil, pero “sí requiere tener un diccionario a lado para entender el sentido lato de lo que quiero decir. Para un lector mediano, es accesible”.

El libro no solo se refiere “al mundo del mezcal, sino también está relacionado con la literatura y aspectos diversos que aparentemente no encajarían con la historia de una bebida alcohólica, lo cual se debe a que, precisamente, más que ser eso, el mezcal es un producto cultural.

“El mezcal le ha dado identidad al ser mexicano, aunque ahora sean los mexicanos quienes menos lo consuman, lo cual es triste, ya que, si no entiendes esta bebida, no vas a entender lo que tú eres, tu ser interior mexicano”, explica.

–En el año 2000 aparece Mezcalaria. Lo interesante es que, en un momento en que todavía lo tomaba gente ruda, se estaba conformando un pequeño grupo de conocedores—se le comenta.

–Empezaba a conocerse. Éramos pocos los mezcólatras. Aunque, por supuesto, no hay que olvidar que en las comunidades productoras siempre se ha consumido mezcal. 

“De hecho, por los maestros mezcaleros de las diferentes regiones de Oaxaca y del país que han mantenido su producción tal y como se elaborada hace 500 años, tenemos todavía el privilegio de tomar mezcal”.

–En la década de los noventa, a principios del año 2000, en la ciudad de Oaxaca, ni siquiera había dónde tomarlo, salvo ciertos espacios excepcionales y en tendajones—se le plantea a Torrentera.

–Éramos un pequeño grupo de amantes del mezcal. Precisamente, es cuando acuñé el término de  mezcólatra. Pero, finalmente, el relanzamiento del mezcal se volvió colectivo, de una u otra manera alguien contribuyó con algo aquí y otro allá, y poco a poco fuimos convirtiendo al mezcal en un referente. 

Ahora, más que ver quién contribuyó a esa reivindicación, hoy el fin deber ser “luchar porque el mezcal que consumamos sea cien por ciento auténtico. Tenemos que dar esta batalla para que el mezcal no muera, no se convierta en lo que se convirtió el tequila”.

Para Ulises Torrentera, los pequeños productores de mezcal se han visto obligados a degradar la bebida para satisfacer la alta demanda en el mercado.

Además que también existen los que amañan bebidas y las llaman “mezcal”. Esto ocurre, “pero como tantas veces he dicho, cada quien toma el mezcal, o lo que cree que es mezcal, que se merece”.

Regresa al punto: quienes de verdad apreciamos los mezcales tradicionales conformamos un pequeño grupo y “debemos luchar para conservar esta riqueza cultural que todavía pervive a pesar del consumismo y del mercantilismo que rodea a la industria”.

Desde su perspectiva,  “desgraciadamente, es en otros países donde aprecian más a los mezcales ancestrales. Sobre todo en Estados Unidos, pero ahora ya se lo quieren apropiar, creen que son los descubridores de la bebida para el mundo, y creo que no es así”.

Aclara y enfatiza su planteamiento para rebatir esa falsa idea: “los productores de mezcal de los pueblos originarios son los verdaderos héroes de la pervivencia de la bebida. A pesar de todo, impuestos e infinidad de cosas que ocurren para comercializar la bebida, han preservado la tradición de sus ancestros. Gracias a ellos, el mezcal ha sobrevivido”. 

De hecho, visto desde la perspectiva histórica, “resulta insólito que el mezcal haya sobrevivido a toda la persecución, porque desde que se inventó, ha sido perseguido”.

Por eso, como mexicanos que vivimos en esta época, afirma Torrentera, “tenemos que rendir tributo a esos productores originarios”.

–¿Fuiste profético con Mezcalaria o se veía venir lo que está sucediendo hoy con el mezcal?

–Queríamos que la gente supiera que esta bebida es única, sui géneris, realmente muy sofisticada, pero jamás previmos que iba a suceder lo que hoy ocurre, aunque sí había la sospecha de que podía seguir el camino del tequila. Cuando se empezó a hablar del boom, ya se advertía que la presión sobre el mezcal era muy intensa y que eso iba a dividir los dos campos: los que quieren mantener los mezcales tradicionales y los que buscan la industrialización. Y en eso estamos: son dos visiones contrapuestas que están conviviendo en la actualidad.

Por desgracia, aclara, “a los productores originarios no se les apoya para que ellos mismos comercialicen su producto. No se les facilita el registro de marca, la certificación, todos esos pasos burocráticos muy laberínticos. Es imposible que logren realizar ese proceso comunidades indígenas y mestizas que ni siquiera cuentan con acceso a internet. Además, el pago de los impuestos es prohibitivo para esos productores. Desde luego, hay excepciones, pero nada más”.

Y esta situación ha provocado que muchas personas con posibilidades creen marcas y comercialicen el mezcal, acota.

“Estamos en un parteaguas en el que están en juego, por un lado, la preservación de la cultura del mezcal con sus técnicas ancestrales y tradicionales, y por otro, la producción masiva e industrial de la bebida”, señala el mezcólatra Ulises Torrentera.

ZONA LOWRYANA

Ulises Torrentera se encuentra solo frente a la Casa del Mezcal, la de la calle Miguel Cabrera, ubicada desde 1935 a cuadra y media del Zócalo de la ciudad de Oaxaca, es domingo en la mañana y las cortinas del histórico sitio están abajo.

No es que él sea en ese momento un crudo en apuros, sino que posa para la foto que ilustrará su primera entrevista por Mezcalaria/ Cultura del mezcal (Farolito Ediciones) para un periódico nacional, otorgada a este reportero para la sección cultural de El Financiero, que dirigía entonces el periodista Víctor Roura, allá por el año 2000.

Ahora, Ulises Torrentera atiende In Situ Bodega, un espacio elegante ubicado en el número 703 de la calle Reforma, en el centro de la capital oaxaqueña, donde hay de todo para el turismo y los mezcólatras, desde souvenirs hasta mezcales ancestrales, y otra vez posa para que le tome la foto el mismo reportero que lo entrevistó por primera vez para un periódico nacional por la publicación de su libro de marras, pero ahora para este sitio digital. 

Cuando este informador comenzó a convivir en la ciudad de Oaxaca con Ulises Torrentera por motivos etílicos, allá por el año 2004, lo ubicaba como un estudioso empedernido del Malcolm Lowry de Bajo el volcán y por su búsqueda obsesiva del sitio donde estuvo la mítica cantina El Farolito, que a la postre lo ubicó en un inmueble incierto de la calle Las Casas, la que va del mercado Benito Juárez a la llamada Central de Abasto de la ciudad de Oaxaca, pero más aún, a la conclusión de que en realidad ese nombre es un concepto que engloba todas las cantinas que el inglés más oaxaqueño vivió, de Cuernavaca a la pueblerina y bronca ciudad de Oaxaca de los años treinta del siglo XX, pasando desde luego por el Parián aledaño a San Juan Yucuita, ese paraje fantasmal a paso de vías del ferrocarril.

Es el año 2005, camino con Ulises Torrentera por el rumbo del Instituto Tecnológico de Oaxaca, en la zona poniente de la ciudad. Me conduce por vías del tren que pasan por ahí y que son, precisamente, las que vienen del Parián mixteco, donde aún se disuelve el tiempo, donde pareciera que estamos en un Oaxaca viejo, como el de los años treinta del siglo pasado.

A un lado hay unos tendajones armados con esa laminita que aquí llaman “tecate”, entramos a uno, nos acomodamos en una mesa con su mantel de plástico y motivos floreados, y Ulises pide dos mezcales blancos.

Una señora de edad indefinida va y regresa y nos pone sobre la mesa dos vasos de esos de veladora para altar de muertos, apenas suficientes para tomadores consuetudinarios como nosotros: han de caberles como cinco onzas o más de mezcal, no por nada estamos en zona lowryana.

–Vaya que eran otros tiempos, nada que ver con los actuales, cuando pareciera que el mezcal es víctima de su propio éxito y si no recompone su camino, su cultura va directo a la extinción– piensa este reportero al recordar ese pasaje, luego de realizar la presente entrevista a Ulises Torrentera. 

¿Qué me puede malir sal?

Mariano Estrada Martínez

Esa mañana, el rector de la principal universidad de la ciudad se levantó temprano y de buen humor. Se preparaba para sus últimos eventos como decano, precedido de una fama de no aferrarse a controversias ytener rumbos claros. Había hecho de su carrera una suma de no fáciles conquistas, pero ya daba avisos de cansancio,  que si bien no le quitaban méritos, lo dejaban ver más como un tecito  de manzanilla: sin tantas fuerzas ni bondades, pero les caía bien a todos.

  • Hoy será un gran día.
  • Siempre dices lo mismo corazón. 
  • Es la inauguración de la cafetería escolar ¿Qué podría salir mal? 
  • ¿Llevas tu discurso?
  • ¿Un speech? No, para nada, los chavos de la facultad de letras ya no los toleran, algo improvisaré. 

Había conocido a su esposa treinta y siete años atrás en la facultad de filosofía y letras, él era catedrático de literatura latinoamericana y ella era la encargada de etimologías y creación literaria. 

La nueva cafetería lucía reluciente, ceñida con un gran listón rojo y flanqueada por unos perfectos pendones con el nombre de la cafetería universitaria: 

“LOS AMOROSOS, CAFÉ, SABINES Y MAS”

Acompañado de su esposa, algunos directores, maestros y un ciento de estudiantes de facultades como Filosofía, Psicología y Antropología entre otras. Se dio paso al evento protocolario:

  • Buenas tardes a todos, todas y (haciendo una pequeña pausa, levantando un poco los hombros y mirando por arriba de sus anteojos terminó saludando: Y a todes. 

Risas de algunos, caras de admiración de otros. Sin quererlo se empezó a mover en arenas movedizas y agitadas. 

  • Lo cierto es que hoy me congratulo en inaugurar esta bella cafetería universitaria que alberga una gran área de comedores y otra área provista de revisteros, libros, conexiones y área de wifi y ojalá que libre de tabaco. 

Mas risas y aplausos. 

Su esposa entonces le extendió las tijeras para cortar el listón sin embargo el prosiguió con su pequeño discurso:

  • ¿Saben? Me gusta el nombre de la cafetería, que da título a uno de los poemas mas conocidos del poeta chiapaneco Jaime Sabines, los amorosos, o amorosas si gustan, no lo sabemos, finalmente el amor va vagabundeando sin una orientación personalizada, ni pendiente de una moda, pero el amor es un compromiso engrandecido y lleno de…
  • O amoroses, un chico entre el gentío interrumpió y explotaron las risas. 

Levantando la mano de entre los jóvenes alguien se acercó hasta el estrado y con voz enfadada pidió la palabra.

  • Rector, no creo que sea de risa lo que aquí se está estableciendo con comentarios vulgares y soeces de fáciles dividendos para hacer reír, creo que el principio básico de la universidad es la diversidad, así que pido respeto para todes. (Levantando un puño en alto otras personas la secundaron).

Un chavo de lentes redondos y cabello encrespado alzó la voz sin pedir la palabra: 

  • Compañera, o compañere o como sea, yo pienso que… 
  • ¡Por supuesto que como sea no! Aquí hay trans, neithers, neutrois, gays, no binarios y la gran comunidad de lgtbyg y mas, así que tu “como sea” nunca más y ¡a ningunearnos a otra parte!

Un maestro de la facultad de filosofía trató de tranquilizar la situación:

  • Está bien, creo que es motor de la facultad el libre pensamiento y la libertad de expresión, eso es lo que más deseamos y por lo que se nos reconoce, no veo en las palabras del rector ofensa alguna mas que la manifestación del amor en cualquiera de sus maneras. 
  • Eso cree usted – increpó alguien en segunda fila– Para nosotros los no conformes con los géneros convencionales deseamos más, mucho más que palabras irónicas del patriarcado mentiroso y añoso manifestado en las ideas arcaicas del rector y de todos ustedes como autoridades…
  • ¿Patriarcado mentiroso? – Riñó rápidamente la esposa del rector. – Jovencito, déjeme decirle que…
  • ¡Jovenciti por favor! Interrumpió otro joven mas muerto de risa que sin ánimo de argumentar nada. 
  • Ríete imbécil, ríete perro, órale, ríete desde tu racismo disfrazado de chiste. ¡Échenle brillantina compañeras!
  • Atrévete, órale atrévanse, siempre con su lógica de que sólo a ustedes se les debe escuchar y los demás no decir nada porque sino se ofenden. ¿Qué van a hacerme, pintarrajearme?

Y estalló la batalla. 

Detrás de las sutiles palabras inclusivas del rector se escudaron de lo que no quisieron entender y se lincharon con lo que cada quien pretendió escuchar. 

La reyerta se posicionó en todos los frentes: maestros contra alumnos, alumnos contra la esposa del rector, los de atrás contra los de adelante.  Se soltaron algunos golpes, alguien arrojó un irritante gas morado que inundó la contienda. Arriba en el corredor de los salones dos estudiantes fumaban marihuana mientas veían los jaloneos:

  • Sabes Bro, creo que yo pertenezco no a otro genero, mas bien a otra raza, a otra galaxia de dónde que ni con un poco de humo logro evadirme.
  • Somos humanos Bro, cada idea, cada palabra es un eco de alguien mas, un plagio, una mezcla. – (Y seguían fumando ajenos a las batallas en el campus)

De entre el caos alguien jaló uno de los grandes pendones soltando una pequeña viga que lo sostenía cayendo accidentalmente sobre la humanidad del rector quien cayó sin remedio al piso, provocando un repentino silencio que dejó de pronto que cada uno dejase de aferrarse a sus victorias.

El corazón les dio un vuelco a ver al veterano rector desmayado en el piso. La esposa armándose de coraje, sin dejar de avergonzarse y manifestar la intimidad de su corazón adolorido lloraba con ese dolor que aprisionaba en el pecho de cualquiera que la mirase. 

El silencio se prolongó hasta que el rector se empezó a incorporar con la ayuda del director de psicología. El Rector le pidió un pequeño favor al oído.

  • Ruego a todo un momento de silencio, –Dijo el director de Psicología a la concurrencia – el Rector quiere terminar su discurso, sólo pide unos minutos de atención, una disculpa anticipada a cada uno, pero les ruego y les suplico que dejen un segundo las llamadas mas intimas que le vienen de su mundo mas hondo y dejen de responder un instante a esos llamados a fin de que seamos parte de este reino infinitamente rico y fascinante que somos los seres humanos y que conformamos la gran universidad. Le dejo la palabra al rector:

Con un pequeño hilo de sangre de la frente, el moño de su traje fuera de lugar, sin anteojos, tomado del lado derecho de su esposa, y del lado izquierdo apoyado del hombro del director de psicología continuó:

  • Bernard Shaw dijo, hace mucho, que todos somos reyes, con la desgracia de que vivimos fuera de nuestro reino, y sea quizás por eso que nos cuesta entendernos. En estos apasionados  minutos llegué a contar mas de veinte formas de ser,  mas de los que en la vida había escuchado. 
  • ¿Y los veganos Rector? – Interrumpió un maestro ya con el afán de distensionar el ambiente, el rector comprendió el chascarrillo y estalló en prolongada,  adolorida pero contagiosa hilaridad. 
  • Los veganos estimado profesor, y las y los maestros y nosotros los viejos todos somos importantes. Acepto la moción de los veganos, nada que ver y al mismo tiempo todo que ver, porque nosotros somos mucho mas de las etiquetas y lentejuelas que esta sociedad nos reviste. Sin duda hay muchas batallas por pelear y muchas mas voces escondidas que descubrir. 

Terminó su discurso que intentó erróneamente iniciar en terrenos escabrosos: 

  • Decía Sabines: Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.”

Una última pausa, poniendo en orden sus ultimas palabras, escogiéndolas con filigrana. La audiencia callaba. El humo morado se disipaba a la par que contemplaban las lágrimas rimelosas de la esposa del rector cubierta de diamantina. 

  • Sabines lo sabía muy bien, fuimos hechos y existimos, no para aprisionar ni para dictar sobre otros corazones, sino para liberar el nuestro, la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias es  no amar. No importa del color que seas: Tú no puedes exigir a nadie que te quiera eso no depende de ti,  pero en cuanto no seas grosero y ruidoso podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, y comenzarás a tatuar el humo a coger el agua…. Amar aunque estés en la orilla opuesta de lo que dicta la razón, amar, no arrancar. Vencer el miedo, se que no es fácil, se que quizás habrá que hacer violencias necesarias a fin de ser los amorosos que se pongan  a cantar entre labios una canción no aprendida, y se vayan llorando, llorando, la hermosa vida.

Después del discurso, que desmontado palabra a palabra no tenía un ápice de etiquetar  nadie. Su esposa le vuelve a pasar las tijeras, el rector sin anteojos logra cortar el listón, camina muy lentamente un par de pasos y muere. 

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@PROFEMARIANO1

¿Por qué nos duele tanto Oaxaca?

ZócaloOax

+ Majestuosidad, llena de atavismos


Duele Oaxaca. Duele porque es una tierra mágica, pero por momentos parece que también condenada al atraso. Duele Oaxaca porque es un espacio lleno de colorido, de gente decente y maravillosa, pero que al mismo tiempo es una tierra que a veces pareciera condenada indefinidamente a la pobreza, a la marginación y al encono. Nos duele Oaxaca, porque en fechas como éstas, la encontramos como un espacio inigualable, determinado por la algarabía, pero también chapaleando para sobrevivir. Nos duele Oaxaca porque a pesar de todo la gente quiere salir a disfrutar su cultura, sus tradiciones y el orgullo de ver a esta tierra adornada por los colores de nuestras expresiones, y de la profunda pluralidad que somos. Duele Oaxaca porque a pesar de todo eso, parece que la única moneda de cambio posible es el enfrentamiento, el atavismo y la división entre sus diversas y abundantes expresiones políticas. Nos duele Oaxaca porque tiene todo para ser una tierra provechosa: porque es espacio de abundancia cultural, de riqueza natural, de potencial turístico, de bellezas naturales, de mujeres y hombres convencidos de su pertenencia. Pero duele, en realidad, porque a pesar de todo eso la comprobación cotidiana es que ha sido imposible salir adelante; porque no vemos más escenario que el de la confrontación, la zozobra, la incertidumbre y la incapacidad de entendernos. Nos duele Oaxaca porque tiene mucho y sigue siendo un reducto de la pobreza; porque nunca ha habido el espacio de entendimiento que es tan necesario en estos momentos, y siempre. Duele Oaxaca porque grupos facinerosos, de gobiernos y opositores, se han aprovechado de la pobreza, de la ignorancia y del atraso de las personas, para venderles historias imposibles, para manipularlas, y para utilizarlas en pos de sus intereses particulares. Duele Oaxaca porque hasta el momento no parece haber forma posible de arreglo entre nuestras diferencias naturales. Duele Oaxaca porque nuestra propia pasividad nos ha llevado a creer cosas que cualquier sociedad medianamente civilizada rechazaría por populista y por mentirosa. Duele Oaxaca porque (¡vaya paradoja!) resulta que nuestra mejor solución a los problemas sociales radica en seguir profundizándolos. Duele Oaxaca porque esas organizaciones, en su gran mayoría, no han traído sino más pobreza, más encono, más confinamiento y segregación, y menos civilidad. Duele Oaxaca porque de eso han sido cómplices los gobiernos que se han dedicado a resolver sólo sus problemas del corto plazo, sin detenerse a pensar por el espacio en la historia que desperdiciaron, y la posibilidad de hacer algo no por lo que ocurra mañana, sino por las generaciones siguientes. Nos duele mucho Oaxaca porque la educación sigue siendo símbolo del atraso, de la rebeldía inocua, y de la incapacidad de generar un movimiento con miras a llegar a objetivos posibles. Nos duele Oaxaca porque todos juntos hemos permitido que las cosas lleguen hasta la situación en que se encuentran: porque todos hemos sido cómplices –por acción u omisión— de la dictadura de quienes no quieren un arreglo provechoso para nuestra entidad. Duele Oaxaca porque la Sección 22 defiende a Oaxaca destruyéndola, porque reiteradamente la sociedad le ha dado la confianza para ser la voz cantante de los movimientos sociales, y porque reiteradamente el resultado ha sido una traición a la confianza, y una lucha destructiva, en la que ellos han logrado sus conquistas a costa de ver sometida la gobernabilidad, al Estado, y a la ciudadanía, a una agenda que ya ni siquiera responde a las necesidades de la gente, y quién sabe si en estos momentos sirva en algo a los intereses de la mayoría de sus agremiados. Duele mucho Oaxaca porque sigue habiendo mujeres que paren a sus hijos en condiciones infrahumanas; porque hay niños que se mueren —como dijera Marcos, en otros tiempos— de pobreza; porque la gente padece y sufre por enfermedades perfectamente curables, y porque el mayor riesgo para la salud muchas veces resultan serlo los propios servicios de salud. Duele, y duele mucho Oaxaca, cuando uno escucha a la gente tronándose los dedos por vivir al día, y por no tener qué llevarle de comer a sus hijos. Duele todavía más Oaxaca cuando la mayoría de nosotros somos incapaces de ponernos en los zapatos del otro, y entender por qué sufren, por qué padecen y por qué esperan, como única condición, que haya paz. Duele Oaxaca cuando parece que las cosas no tienen arreglo y aún así la ciudad lucha por levantarse; cuando vemos que Oaxaca tiene gran capacidad de ser mucho más que todos sus problemas juntos, pero que nosotros somos —o cuando menos parecemos— sus principales enemigos. Duele Oaxaca cuando corroboramos que el progreso anhelado sigue cancelado quién sabe para cuántas décadas más, porque cada agitación, cada enfrentamiento, cada amenaza de las organizaciones, y cada demostración de incapacidad del gobierno, significa más años de atraso porque la gente cada vez quiere venir menos a esta tierra maravillosa. Nos duele Oaxaca. Nos duele mucho cuando vemos en que años como el actual, hay una fiesta cultural a medias, cuando vemos el Auditorio Guelaguetza a medio llenar; cuando toda la gente que vive todo el año de lo que gana este mes, ve con tristeza que llegó apenas un cuarto de los visitantes que esperaban. Duele cuando vemos fiestas desangeladas. A gente con zozobra por si el siguiente bloqueo, o la siguiente manifestación ocurre en medio de alguna celebración. Duele porque no queremos, porque nadie quiere, una fiesta entre policías, pero tampoco una fiesta entre irracionales testarudos incapaces de entender. En momentos como éste, en los que Oaxaca muestra su mejor cara, duele, y duele mucho ver que al menos en el futuro cercano, para los oaxaqueños mucho significa nada.

La crisis magisterial tiene como fondo la ilegitimidad de la representación

Reforma

+ Ley educativa es legal, pero ilegítima; CNTE padece mismo cuestionamiento


Es increíble cómo la discusión pública alrededor del conflicto magisterial de Oaxaca, y del sureste del país, difícilmente logra pasar de la controversia sobre si la reforma educativa es en realidad una transformación administrativa o laboral, o sobre la representación que puede tener la Sección 22, o la CNTE, del pueblo de Oaxaca, o del sentir de la mayoría de la población en la región donde ocurre el conflicto social. No alcanzamos a ver que en realidad lo que existe es un enorme problema de legitimidad, porque ni los mexicanos nos sentimos legítimamente representados por quienes aprobaron la reforma educativa, como tampoco por quienes dicen luchar por nosotros desde la Coordinadora.

En efecto, hasta ahora uno de los puntos del análisis versa sobre si la reforma educativa es en realidad educativa, o si es en realidad una reforma laboral o de tipo administrativa de los trabajadores de la educación. Otra vertiente del análisis gira alrededor de si el Estado comete o no represión cuando intenta actuar en situaciones como las que se viven en Oaxaca y Chiapas. Y una más, incluso, pretende dilucidar qué tan legítima es la lucha emprendida por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y por qué ésta sí representa al grueso de la población.

Vale decir, en el primero de los casos, que indudablemente esta reforma emprendida por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, es de administrativa y laboral para los trabajadores de la educación en el país. Lamentablemente, en este rubro México vive hoy la misma tragedia que al haber hecho otras reformas imprescindibles para la estabilidad nacional, hasta que la situación era insostenible.

Por ejemplo, en las décadas previas reformó la legislación relacionada con la seguridad social. Primero hizo una reforma a la ley del Seguro Social, y hace pocos años hizo una modificación similar al régimen de quienes cotizan al ISSSTE. ¿Qué les faltó? Reformar la situación de los propios trabajadores de esas instituciones, cuestión que hicieron hasta que las situaciones financieras del IMSS y el ISSSTE estaban colapsadas. ¿Por qué? Por la intención de los gobiernos de evitar lo más posible el pago del costo político que esas reformas traerían aparejado.

Con la reforma educativa parece haber ocurrido al revés. Aquí el gobierno se centró en reformar la situación laboral de los trabajadores de la educación como aparente punto de partida de la reforma educativa. Ésta primera reforma se llevó a cabo bajo la estratagema de ser una reforma educativa.

No lo era, porque en realidad no se ha planteado la refundación del sistema educativo, o al menos de las bases teóricas a partir de las cuales se imparte la educación pública en el país. De hecho, al parecer el gobierno federal tuvo la idea de que reformando el régimen laboral y administrativo de los maestros, el sistema educativo cambiaría. Por eso ofreció esta reforma como educativa cuando en realidad tiene otras intenciones.

¿Por qué nunca reconoció abiertamente que era una reforma laboral —tampoco es algo tan grave, frente al hecho de que en los últimos 20 años el Estado reformó el régimen de casi todos los sectores productivos del país, públicos y privados— para así evitar que la oposición se centrara en si ésta era una reforma educativa, o laboral de los trabajadores de la educación? Parece que tampoco lo tuvieron lo suficientemente claro, y al esconderlo o confundirlo, le regalaron a los opositores uno de sus argumentos centrales en contra de esta reforma.

EL PROBLEMA ES DE LEGITIMIDAD

¿Qué tendría de distinto si esta reforma se hubiera presentado como laboral, y no como educativa? Que, básicamente, todos estaríamos claros de qué se está discutiendo. Pues en realidad, mientras el gobierno federal defiende la reforma educativa, los inconformes repudian una reforma laboral. Lo cierto es que ninguna de las dos debiera ser vista como algo negativo, o ilegítimo, si quienes argumentan sobre ella tuvieran el respaldo social suficiente para ser la voz de sectores sociales amplios.

Ahí hay una base hasta ahora inexplorada: en realidad, en las condiciones actuales habría la misma oposición, independientemente de cómo se hubiese presentado la reforma a los artículos 3 y 73 constitucionales. Esto sólo fuera distinto si en realidad los poderes federales (Legislativo y Ejecutivo) tuvieran el grado de legitimidad del que hoy carecen frente a la sociedad; o si, por el contrario, de verdad la Coordinadora representara el sentir y los intereses de los 4 millones de habitantes que tiene el Estado de Oaxaca, o los casi cinco millones que tiene el estado de Chiapas.

El problema es que tanto el Legislativo —ente soberano que emitió la reforma educativa— como la CNTE —cabeza de playa del grupo que se opone a ella—, tienen graves problemas de legitimidad. Los diputados y senadores, por ejemplo, son de los servidores públicos más rechazados por la sociedad, y son de los que más se desconfía por considerarlos indiferentes a los problemas sociales, o corruptos.

Por su parte, la CNTE se ha encargado de minar la amplia base social que tuvo en otros tiempos, y si bien a sus manifestaciones acuden los sectores que le siguen profesando respaldo, lo cierto es que, juntos la Coordinadora y sus grupos de apoyo, son minoritarios frente a la población que quién sabe si comulga con sus fines, pero sí discrepa profundamente de sus métodos de lucha por ser demasiado abrasivos para la situación y las actividades productivas de miles de personas.

NO NOS CONFUNDAMOS

Por eso, este es un problema de legitimidad, no de si la reforma es educativa o laboral para los trabajadores de la educación.