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La trampa moral de la meritocracia

Alberto Benítez Tiburcio

A raíz de mis artículos sobre La revancha de las mayorías y La revancha contra la meritocracia, recibí comentarios que compartían una preocupación común: el riesgo de explicar el malestar social únicamente desde las estructuras económicas y terminar diluyendo la responsabilidad individual. Varias personas me decían, en esencia, que una sociedad tampoco puede sostenerse si desaparecen el deber, el mérito, la disciplina y la exigencia personal; que culpar siempre al sistema termina produciendo ciudadanos sin responsabilidad y democracias incapaces de premiar el esfuerzo legítimo.*

La objeción me pareció valiosa porque revela algo profundamente arraigado en nuestra cultura política contemporánea: la convicción de que el mérito explica naturalmente el lugar que cada quien ocupa en la sociedad. Lo interesante es que esa idea suele asumirse como sentido común, no como ideología. 

Mi crítica nunca ha sido contra el mérito ni contra el esfuerzo. Una sociedad que deja de reconocer la disciplina, el trabajo bien hecho y la excelencia termina inevitablemente premiando la mediocridad. Tampoco defiendo una cultura del subsidio permanente ni una política que sustituya indefinidamente la responsabilidad individual. 

Pero una cosa es defender el mérito y otra muy distinta convertir la meritocracia en doctrina moral para justificar el orden social completo. En una competencia donde las condiciones de arranque son razonablemente semejantes, el mérito  no solo es legítimo: es justo.

El problema es que la vida social casi nunca funciona así. No compite desde el mismo punto quien nace con redes familiares sólidas, buena escuela, seguridad, tiempo libre y capital cultural, frente a quien crece entre violencia, precariedad, mala alimentación, transporte deficiente y sistemas educativos rotos. Decirles a ambos que el resultado depende exclusivamente de “echarle ganas” no es una defensa del esfuerzo. Es una ficción moral conveniente solo para quienes ya partieron con ventaja.

Ahí aparece la crítica más importante a la meritocracia contemporánea. Durante años nos hicieron creer que habíamos dejado atrás las viejas aristocracias hereditarias. Pero en realidad sólo cambiamos la forma de reproducir privilegios. Antes se heredaban tierras y apellidos. Hoy se heredan escuelas, redes, credenciales, idiomas, estabilidad emocional, tiempo y acceso a instituciones de élite.

El privilegio dejó de presentarse como privilegio y empezó a presentarse como mérito. Ésa es la gran trampa que señala Daniel Markovits: la meritocracia moderna ya no corrige desigualdades; las administra y las reproduce. El sistema premia habilidades y trayectorias que, en gran medida, fueron construidas previamente por ventajas familiares, económicas y culturales. Después convierte ese resultado en evidencia de virtud individual.

La consecuencia no es sólo económica. Es moral. El ganador desarrolla la convicción de que merece completamente su posición. El perdedor termina sintiendo que merece su fracaso. La desigualdad deja entonces de verse como problema estructural y se transforma en juicio moral sobre las personas.

Ahí la meritocracia deja de ser un mecanismo de movilidad y se convierte en una pedagogía de humillación. El problema es una cultura que convierte el éxito económico en superioridad humana y el fracaso material en insuficiencia personal.

Esa lógica ha erosionado silenciosamente la empatía social. Si todo depende exclusivamente del esfuerzo individual, la solidaridad empieza a parecer injustificada. El pobre deja de ser víctima de circunstancias complejas y se convierte en sospechoso de su propia pobreza.

El viejo “échaleganismo” latinoamericano terminó funcionando muchas veces como coartada moral del abandono.

Pero tampoco la respuesta puede ser negar el valor del esfuerzo o romantizar la pasividad. Una sociedad sana necesita responsabilidad individual, exigencia y disciplina. El punto está en el equilibrio. Mérito sin igualdad mínima de condiciones se convierte en privilegio maquillado. Igualdad sin mérito termina derivando en mediocridad administrada.

El verdadero desafío democrático consiste en construir un piso común suficientemente digno para que entonces sí el mérito pueda operar con legitimidad. Educación pública sólida, acceso real a salud, seguridad, movilidad social, instituciones funcionales y mercados menos capturados. No para eliminar diferencias naturales entre personas, sino para impedir que el origen determine de manera casi irreversible el destino.

Porque una democracia termina fracturándose cuando millones sienten que el sistema está diseñado para que unos pocos ganen siempre, mientras al resto sólo se le pide paciencia y resiliencia emocional.

Ahí conecta esta discusión con el fenómeno más amplio que he venido planteando en artículos anteriores: la revancha de las mayorías. El resentimiento social no nace únicamente de la pobreza. Nace de la humillación. De la sensación de haber sido excluido, olvidado y, además, culpado por esa exclusión.

Cuando esa sensación se acumula durante demasiado tiempo, la política deja de ser deliberación racional y comienza a convertirse en ajuste de cuentas emocional.

Por eso la salida no puede consistir ni en destruir la idea de mérito ni en seguir adorándola como religión civil. En el fondo, ésa es la pregunta verdaderamente democrática de nuestro tiempo: cómo reconstruir igualdad sin matar la excelencia y cómo defender el mérito sin convertirlo en justificación de la desigualdad.

*Entre las respuestas recibidas destaca una carta particularmente inteligente y provocadora del Dr. Arturo Vásquez Urdiales, cuya reflexión ayudó a enriquecer este debate.  

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Busca Poder Judicial de Oaxaca llevar justicia a las comunidades: magistrada Erika Rodríguez

Por Alejandro Páez | Crónica

  • La presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, , Erika María Rodríguez Rodríguez, sostuvo que la justicia no comienza en los tribunales, sino en los municipios.

Con el objetivo de llevar la justicia a las comunidades, el Poder Judicial de Oaxaca lanzó un modelo de pacificación comunitaria que busca capacitar y brindar formación especializada en resolución de conflicto a alcaldes y autoridades tradicionales como síndicos e integrantes del Consejo de Ancianos, que fungen como los primeros mediadores en problemas en sus localidades antes que un juez.

La presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, , Erika María Rodríguez Rodríguez, sostuvo que la justicia no comienza en los tribunales, sino en los municipios.

En ese sentido, la titular del Poder Judicial en esa entidad, anunció la puesta en marcha del “Diplomado de Formación de Facilitadores/as Comunitarios y Agentes de Paz”, que consiste en dar formación especializada en resolución de conflictos en comunidades indígenas a alcaldes y autoridades tradicionales como síndicos e integrantes del Consejo de Ancianos como primera línea de resolución y pacificación antes de llegar a los tribunales.

La apuesta no es menor. Mientras buena parte del país enfrenta sistemas judiciales saturados y niveles crecientes de violencia social, Oaxaca apuesta a las alianzas con las propias comunidades para impulsar el diálogo como herramienta de convivencia pacífica.

La formación especializada que recibirán las autoridades comunitarias se centrará en resolución de conflictos, justicia restaurativa, perspectiva de género y mediación intercultural, entre otros aspectos orientados a fortalecer las capacidades de los facilitadores para prevenir la violencia y construir acuerdos desde el entendimiento.

En esta primera fase del diplomado se capacita a personas de 39 municipios de la Costa, Sierra, Istmo, Cuenca, Valles Centrales y Mixteca.

Con ello, Oaxaca busca convertirse en punta de lanza de un modelo de pacificación comunitaria que, de funcionar, podría marcar ruta para otras regiones del país donde el sistema formal de justicia sigue siendo lento, distante y, muchas veces, insuficiente.

La magistrada Rodríguez Rodríguez explicó que el proyecto forma parte de la estrategia MASComunidad, un proyecto inédito con el que Oaxaca traslada la construcción de la justicia fuera de los tribunales para llevarla directamente a las comunidades.

La iniciativa contempla la creación de Centros de Paz Comunitarios operados por facilitadoras y facilitadores formados en mecanismos alternativos de solución de conflictos, con la intención de convertir el diálogo y la mediación en la primera línea de atención social.

La meta es que estos espacios permanezcan más allá de los cambios de gobierno y se consoliden como estructuras comunitarias permanentes para prevenir la violencia contra la mujer y fortalecer la convivencia armónica.

Así, la iniciativa se construye desde la diversidad de pueblos, lenguas y formas de organización comunitaria, con la participación de hablantes de zapoteco, mixteco, chinanteco y mazateco; mujeres y hombres de distintas regiones; profesionistas y autoridades comunitarias sin formación universitaria.

Fuente:
https://www.cronica.com.mx/nacional/2026/05/15/busca-poder-judicial-de-oaxaca-llevar-justicia-a-las-comunidades-magistrada-erika-rodriguez/#google_vignette

Asesorará Infonavit a trabajadores sobre opciones de crédito en Oaxaca

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• El 19 de mayo, de 10:00 a 18:00 horas, se llevará a cabo una Feria de Crédito con el fin de informar a los derechohabientes.
• También se brindará asesoría sobre el Programa de Vivienda para el Bienestar y se informará a los acreditados sobre los beneficios que obtuvieron los créditos que eran impagables, con la aplicación de INFONAVIT Solución Integral.

El INFONAVIT llevará a cabo su Feria de Crédito en Oaxaca, Oaxaca el próximo 19 de mayo, de 10:00 a 18:00 horas, con el propósito de asesorar a las y los trabajadores sobre las opciones de crédito.
Las y los asistentes a esta feria, con sede en la Cooperativa Cruz Azul en Oaxaca (avenida Cooperativismo #7, colonia Ciudad Lagunas), podrán:
• Solicitar información sobre créditos para adquirir una vivienda o terreno, así como para pagar una hipoteca del banco.
• Recibir asesoría sobre Mejoravit solo para ti, para mejorar, ampliar o reparar su hogar.
Las personas que cuenten con al menos seis meses de antigüedad laboral, ganen entre uno y dos salarios mínimos y no cuenten con crédito INFONAVIT podrán informarse sobre el Programa de Vivienda para el Bienestar. Durante la feria también podrán actualizar sus datos de contacto, ya que el Instituto notificará directamente a las personas preseleccionadas.

Además, las personas acreditadas que acudan a la feria recibirán atención sobre el programa Solución Integral (SI), que permite sanear y reestructurar créditos que eran impagables, así como revisar las nuevas condiciones de su financiamiento y verificar si son elegibles para liquidación, reducción de saldo o beneficios como tasas de interés y mensualidades más bajas.

El INFONAVIT facilita sus trámites gratuitos, sin intermediarios, bajo la premisa de que la vivienda es un derecho humano y no una mercancía.

Día del profe

Carlos R. Aguilar Jiménez

De los días que se conmemoran o celebran en Oaxaca, el más importante astronómicamente es el ocho de mayo, el día ascio y el 24 de diciembre, el solsticio, o religiosamente, Semana Santa, asociada con el primer plenilunio después del equinoccio boreal y, socialmente, el día del profe, fecha de bloqueos, plantones, barricadas, huelgas y abandono de aulas dejando a los niños de escuelas públicas sin aprendizaje ni conocimientos esenciales, porque lo que más les interesa, es la política antes que la docencia, la instrucción de niños, quienes debieran ser su prioridad y privilegio.

No existe profesión más noble que la docencia, enseñar a una niña a leer, escribir, contar, abstraer, dudar, pensar críticamente y todo lo que involucra el proceso intelectual, en una era en que el conocimiento científico, tecnológico, digital como base del éxito de quienes pretenden obtener movilidad social, procurando mejorar su calidad de vida, salud, agudeza y comprensión de las cosas y circunstancias para construir un mundo mejor para ellos, sus hijos y los demás.

Gracias a los conocimientos científicos que enseñan catedráticos de países desarrollados, tenemos teléfonos celulares, GPS, Google maps, tomografías, vacunas, medicamentos, aviones, satélites, trenes, anestésicos, antibióticos, computadoras, electricidad, microprocesadores y millones de artefactos que a diario utilizamos y que, a sus inventores, bien enseñados por sus maestros, o dueños de patentes proporcionan riqueza, que luego invierten en más investigación y conocimientos.

Son así, los catedráticos, (no los profes), que enseñan bien a extraer raíz cuadrada, algebra, trigonometría, calculo diferencial, estadística y probabilidad, quienes forman profesionistas lógico- matemáticos: ingenieros, físicos, biólogos, químicos, etc., que serán quienes crearan nuevas empresas y negocios o encontrarán buenos empleos, no obstante, en Oaxaca, los profes, quienes debieran enseñar con entusiasmo y profesionalismo estos conocimientos, mejor enseñan: resistencia social, dizque ciencia ancestral, conocimientos indígenas, medicina tradicional y otras cosas raras o animistas que nunca servirán para superar un examen de licenciatura y menos algún doctorado.

Los profes, dejando a un lado la ciencia, quieren que los niños, como ellos, sean combatientes ideológicos, luchadores sociales, lideres políticos, bailarines de guelaguetza, oradores de mítines o asambleas de pueblo y defensores de tradiciones, abusos y malas costumbres, dejándolos al margen de la tecnología digital, astronáutica, ingeniera, y todas las disciplinas del conocimiento que hoy son fundamentales para el progreso y desarrollo, porque como dijo Carl Sagan; “Hemos creado una sociedad basada en ciencia y tecnología, en la que básicamente nadie sabe de ciencia y tecnología”, y en la que en México a la SEP le interesa más el futbol o el comunismo, que los algoritmos, inteligencia artificial o la comprensión de conceptos y abstracciones de la naturaleza y universo.   

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

El nacionalismo es una enfermedad

Carlos R. Aguilar Jiménez

“El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”, escribió y defendió el filósofo francés Voltaire, quien vivió en Paris y otras ciudades de Europa y sabía que, si bien Paris podría considerarse la ciudad mas bella del planeta y la cultura francesa podría ser modelo y ejemplo para el mundo, el hecho que viajara y conociera otros lugares, (los viajes ilustran,…a los ilustrados) le hacía ubicarse y facilitaba entender que ningún nacionalismo o patriotismo tiene importancia, sino que es una “enfermedad” que ataca a quienes, sin haber viajado a otros países creen que su nación es la mejor, como aquellos patrioteros que dicen que: “como México no hay dos”.

Qué bueno que como México no hay dos, porque uno, con monstruosa inseguridad, decenas de miles de desaparecidos (muertos), corrupción política extrema, asesinatos, mucho más que en países en guerra, además de extorsión, cobro de piso, impunidad al 99 %, polarización social, resentimiento individual exacerbado por el gobierno, delincuentes y criminales organizados, narcos protegidos y millones de pobres, con un México… es suficiente para el mundo.

Ser nacionalista y defender una nación es ideología que sirve a gobernantes, caudillos, lideres o partidos políticos para mantenerse en el poder, utilizando publicidad para hacer creer a la gente que debe defender su soberanía y nación incluso con la vida, cuando lo cierto, como demuestra la historiografía, los hechos, no la interpretación, es que, excepto algunas guerras, casi todas han sido para defender ideologías de políticos: nazis, maoístas, zapatistas, maderistas o lo que sea se les ocurra a los gobernantes que envían a morir millones, mientras ellos desde sus oficinas contemplan las batallas y masacres.

Todos somos terrícolas, humanos, descendemos de ancestros africanos y nos consideramos nacionalistas únicamente porque así nos adoctrinan y adiestran con himnos nacionales, banderas, historias inventadas de héroes, que no fueron héroes, como la batalla del 5 de mayo o de los niños héroes, Si se es militar y ese es el trabajo del soldado, que mate o lo maten en la guerra es normal, pero si se es un ciudadano común, pretender matar o morir por un pedazo de tierra al que llamamos nación, es un sinsentido, es absurdo, a menos que ya se este suficientemente alienado para que alguien este dispuesto a matar a otro por ser extranjero, excepto en invasiones o irrupciones, claro está.

En estos días se habla de defender la soberanía, y podría decirse que es correcto si se tratara de una guerra de invasión y conquista, no obstante, si quien argumenta que” un soldado que cada hijo te dio”, se caracteriza por dudosa reputación, ideologías, polarización social y defender lo indefendible, entonces ningún nacionalismo es válido y solo es una enfermedad que se cura viajando.     

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Falacias asesinas

Aurelio Ramos Méndez

¿Cuántas vidas humanas cargarán en su conciencia los periodistas que, a diario y mediante falacias, sesgos, elucubraciones y toda suerte de argucias de manipulación informativa instigan la hostilidad y aún la violencia homicida de Donald Trump en contra de México y los mexicanos? 

Vale el interrogante porque la mentira, mata. Lo prueban 16 mexicanos muertos en lo que va del año bajo “custodia” de un Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) cuyo odio a los migrantes ha sido exacerbado hasta el homicidio por ciertos medios.

Lo prueba el recrudecimiento de los enfrentamientos con regueros de muertos entre bandas delictivas; por ejemplo, los mayos y los chapitos, debido, sí, a hondos rencores y desacuerdos, pero también a que en medios se dice, sin pruebas, que el gobierno apoya a unos en perjuicio de los otros.

Y la violencia masiva con narcobloqueos, balaceras, vehículos y comercios incendiados, y víctimas letales en los culiacanazos o episodios similares en Tamaulipas, Coahuila, Jalisco y otras entidades.

A propósito de pruebas, ¿se tiene certeza de que en la destrucción del narcolaboratorio en la Sierra del Pinal, con apoyo de cuatro gringos de la CIA, no murieron mexicanos que por muy delincuentes que fuesen, conforme a nuestra Constitución merecerían debido y justo proceso?

Podríamos quedarnos en la ingenuidad de que la copiosa mendacidad de algunos de nuestros periodistas más conspicuos es inocua, elevada muestra del mejor y más tenaz e incisivo periodismo de investigación, pero sería autoengañarnos, y colocarlos en un pedestal que no les corresponde.

Aludir a las consecuencias del periodismo que por motivos políticos o crematísticos atiza con patrañas el horno de la violencia, cuyos cultores están a la vista con sólo abrir un periódico, encender la radio, la tv o las redes, en modo alguno significa atacar al mensajero.

Es apenas resaltar que la mentira periodística no resulta inofensiva, sino que tiene reflejo en el baño de sangre que ahoga a nuestro país.

Un portal de noticias que a despecho de su nombre de amanecer a diario relata el “ocaso” nacional, y que según sus creadores nació con el noble fin de combatir la mentira, dio por estos días acabada muestra de hipocresía y mala entraña. 

Torció sin recato el debate sobre la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua y la investigación federal sobre este caso. Agentes, debe decirse, de un ente gringo de la peor ralea, The Company, aquella que en 1973 accionó en Chile.

Dicho portal intentó jugarles el dedo en la boca a sus oyentes y lectores. Buscó hacerles creer que el asunto está siendo investigado, absurdamente, debido a la encomiable destrucción de un enclave narco, cuando en realidad se indaga la presencia irregular –fuera de toda ley, tratado, acuerdo o declaración de colaboración—de agentes extranjeros. 

Se averigua, en buena hora, debido a las graves implicaciones de este caso sobre nuestra soberanía y la seguridad nacional, por más que a los manipuladores de información que se perciben gringos estos principios les parezcan antiguallas.

La mentira de los cruzados contra la mentira tuvo efecto ultrarrápido. Puso a la gobernadora Maru Campos a repetir como mantra que el gobierno federal investiga a su administración no por colaboracionista en la sombra con EU, sino porque –patético tributo a Trump– fue destruido un laboratorio de narcos. 

La mandataria dio a entender que tal destrucción irrita al gobierno porque afecta intereses de éste y del partido en el poder. Y en su afán de malquistar a la 4T con EU, acuñó una audaz consigna: “Vamos viendo quién es quién”.

De acuerdo: vamos viendo. Pero, de entrada, alguien debería decirle a Maru con claridad: “Señora, su entreguismo, así como los malabares periodísticos de quienes usted copió el sesgo que repite con aire de prestidigitadora, se tipifican como traición a la Patria”.

El pasado fin de semana circularon imágenes de la infame Migra en el desierto de Sonora persiguiendo a caballo a migrantes –del lado estadunidense–, trece de los cuáles fueron arrestados, uno acusado de ser –¡lotería!– integrante del Cartel de Sinaloa. 

El video fue tomado por la propia Patrulla Fronteriza. Causó indignación por el hecho en sí de perseguir migrantes como animales, y porque tiene como fondo musical el alegre ritmo country de la canción que en español se titula Jinetes en el Cielo.

¿Pueden decirse inocentes de semejante aberración los periodistas que irresponsable y antipatrióticamente esparcen mentiras acerca del gobierno mexicano, con objeto de espolear a Trump y acicatear sus intereses expansionistas y mercantiles, y su alevosa inquina hacia México?

Renglón aparte merece el ataque a balazos, este sábado, de la que por tres décadas fue casa del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, pero desde hace diez años se haya deshabitada. 

De agradecer la providencial ignorancia de los sicarios, la estulticia que los indujo a tirotear quién sabe a quién, o su pavorosa decisión de –por ahora– sólo enviar una advertencia.

En todo caso, ¿asumirán la parte de responsabilidad que les atañe en este intento de homicidio, los medios que en vez de informar con rigor y objetividad han juzgado y sentenciado al mandatario temporalmente separado del gobierno?  

Hay en el bando de la oposición periodistas para quienes –lo han expresado con todas sus letras—“la verdad es irrelevante” y practican un “periodismo sin límites”, como si existiesen derechos absolutos y la responsabilidad periodística –el deber de cribar la información que esparcen– fuese otro anacronismo. 

Instalados en la capitulación ética, dan la impresión de necesitar capsulitas pal alzheimer.

Afirman que desde “la caída del gobernador real de Sinaloa, es decir Ismael Zambada” –25 de julio de 2024, hace diez meses—ese estado es una hoguera. 

Y que la Presidencia de la República “está a punto de hacer chocar al país contra Estados Unidos por defender a una decena de presuntos delincuentes”. Es falso.

Desde hace por lo menos siete décadas Sinaloa ha sido la meca del narcotráfico. Capos han puesto y removido gobernadores, alcaldes, legisladores, comandantes de zonas militares, delegados de dependencias federales… 

Y los capos han sido operadores electorales, sin que EU se haya dado por enterado.

En los 60, Leopoldo Sánchez Celis tuvo como escolta al narco Miguel Ángel Félix Gallardo. En los 70 usufructuó el tráfico de substancias ilícitas Antonio Toledo Corro. Y en los 80, con Carlos Salinas en la Presidencia, Renato Vega Alvarado.

Tal como, en la actualidad, según trasnochadas acusaciones gringas aún por comprobar, lo usufructúa Rocha Moya.

El narco llegó a penetrar a tal punto –a decir del exgobernador Juan Millán Lizárraga— que la realidad sinaloense lindaba en lo fantasioso.

El PRI –refería Millán en sus años de senador– le encargaba al Mayo Zambada “hacer las elecciones en la costa sur del estado”; esto es, encargarse mediante su estructura criminal de manejar los comicios desde la organización hasta su calificación. Así llegó al poder el salinista Vega Alvarado.

Antes, en tiempos de Toledo Corro el narcotráfico era tan poderoso que reclutó al Toñeque, hijo del mandatario, de quien se decía –narraba Millán– que al llegar éste por las noches a las discotecas culiacanenses la orquesta cesaba su tanda para empezar a tocar El Padrino.

También por las noches, en la colonia Tierra Blanca, de Culiacán, los mafiosos se comunicaban mediante una especie de código morse propio, a base del traqueteo de sus ametralladoras.

Y la Universidad de Sinaloa tenía la mayor matrícula nacional de estudiantes de ciencias químicas; estaban destinados a narcolaboratorios aun antes de iniciar sus estudios. 

Cierto o falso, Millán es un sobresaliente político priista que aún puede ratificar o negar aquellos dichos.

Extraña, por todo ello, que el gobierno gringo, tan permisivo o despistado durante 70 años, se muestre hoy celoso de la seguridad nacional de su país y amoroso protector de la salud de sus drogadictos.

Extraña, sobre todo, que saque partido de plumas mercenarias para avivar la violencia y advertir del inicio de “la fase terrestre” contra el narco y altos funcionarios mexicanos.

BRASAS

Desastroso resultó el viaje a México de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Pretendió asistir a una ultraderecha exangüe y reivindicar a Hernán Cortés, pero sólo consiguió hacer osos descomunales.

La ignorancia acerca de los terribles abusos cometidos por el conquistador sobre la población indígena, y sus excesos verbales al considerar a México un narcoestado, la llevaron de la inanidad al ridículo.

Sólo un puñado de incautos acudió a sus eventos y esto la condujo a cancelar la gira y volver a su terruño, quizá cantando como en La Fiesta, de Serrat: “Cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir”.

Antes de partir, la madrileña acusó de boicot a la jefa del Estado mexicano y hasta dijo que el gobierno le pidió a sus anfitriones –entre estos el Grupo Xcaret– que le retirasen sus invitaciones para acudir a la entrega de los premios Platino a lo mejor de las artes en Iberoamérica.

En un gesto que los honra, los directivos del Grupo referido desmintieron rudamente a la representante de la corriente más radical del Partido Popular y asumieron la total responsabilidad de haberle pedido que ahuecase el ala.

Mal por Díaz Ayuso, pero peor para nuestra ultraderecha zombi, incapaz de convencer a los ciudadanos ni siquiera con grillos de importación.

En Monterrey estudiantes del TEC quizá se quedaron con las ganas de ver a la presidenta madrileña, en su segundo intento de colonización política en México; el primero fue en abril de 2024. Ni modo. A resignarse y a cantar con el ilustre catalán:

“Y con la resaca a cuestas/Vuelve el pobre a su pobreza/Vuelve el rico a su riqueza/Y el señor cura a sus misas…”.

RESCOLDOS

Al inopinado anuncio gringo de revisión a consulados mexicanos, siguió un episodio peculiar, semejante a un montaje loretiano. Un presunto delincuente armado que huía de la policía ingresó hasta el sótano del Instituto Cultural Mexicano, en Washington.  ¿Ánimo de hacer aparecer las legaciones mexicanas en EU como refugios de delincuentes? Veremos.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

La revancha contra la meritocracia

Alberto Benítez Tiburcio

Hay una objeción al argumento de mi artículo anterior sobre la revancha de las mayorías. No basta decir que las mayorías están resentidas ni que la democracia se ha convertido en un mecanismo de castigo. Hay que preguntar antes: ¿quién produjo ese resentimiento?, ¿quién cerró los cauces de representación política?, ¿quién convenció a millones de personas de que su precariedad era culpa suya?

Porque el resentimiento no nació solo. Durante décadas fue madurando una pedagogía del abandono: el Estado se retiró, los partidos se parecieron demasiado entre sí, la economía dejó de generar movilidad real y el discurso público sustituyó la justicia por una consigna brutalmente simple: “échale ganas”.

El neoliberalismo no sólo reorganizó mercados. Reorganizó la imaginación moral de la sociedad. Nos enseñó a mirar la desigualdad como resultado del esfuerzo individual y no como consecuencia de estructuras profundamente desiguales. Si alguien triunfaba, era por mérito. Si alguien fracasaba, era por falta de talento, disciplina o carácter. Así se despolitizó la pobreza. Así se volvió privada una derrota que era social.

Michael J. Sandel lo explica con claridad en La tiranía del mérito: la meritocracia no sólo distribuye premios; distribuye dignidad. Produce soberbia entre los ganadores y humillación entre quienes quedan atrás.

La meritocracia no es simplemente una promesa incumplida. Es una forma de dominación moral. A quienes nacieron lejos de la riqueza, de las redes, de la buena escuela, del apellido correcto o del código cultural dominante, se les dijo que todo dependía de ellos, que bastaba el esfuerzo individual.

Pero no basta. La igualdad real depende mucho más del origen que del mérito. Depende del barrio, de la escuela, del ingreso familiar, de los contactos, del tiempo libre, de la salud, de la seguridad y del capital cultural heredado. El mérito existe, desde luego, pero nunca opera en el vacío. Siempre corre sobre una pista inclinada.

De ahí la rabia. No sólo contra las élites, sino contra una cultura entera que llamó “superación” a la supervivencia y “fracaso” a la exclusión. El viejo “échaleganismo” fue más que una frase motivacional: fue una coartada. Permitió al poder lavarse las manos. Si no llegaste, fue porque no trabajaste lo suficiente.

Así se rompió la solidaridad social. Una sociedad que convierte todos los destinos en responsabilidad individual termina perdiendo la capacidad de compadecer. El pobre deja de ser víctima de una estructura injusta y se vuelve sospechoso de su propia pobreza.

Esa doctrina produjo una sociedad hiperindividualista, desconfiada y seca. La meritocracia, cuando se vuelve religión civil, destruye la empatía social.

Por eso los populismos encontraron terreno fértil. No inventan el agravio: lo traducen. Llegan cuando la política institucional ya no escucha, cuando las élites pactan entre sí aunque compitan en público y cuando las urnas ofrecen opciones distintas sólo en apariencia.

Entonces aparece alguien que dice: “ustedes tenían razón; nos traicionaron”. La frase puede venir de la derecha o de la izquierda. Puede usar bandera nacionalista, retórica popular, lenguaje religioso, discurso antiimperialista o rabia contra los migrantes. El mecanismo es el mismo: tomar una herida real y ofrecer una salida emocional.

Por eso, una crítica democrática seria no puede limitarse a condenar la furia de las mayorías. Tiene que mirar también a quienes la hicieron inevitable: la corrupción normalizada, el nepotismo, las alianzas de cúpula y la criminalización del Estado social.

Desde esa perspectiva, el problema no es que el pueblo se haya vuelto irracional. El problema es que durante demasiado tiempo se le pidió paciencia mientras otros acumulaban privilegios. Se le pidió moderación mientras otros practicaban el exceso.

La democracia llega entonces a un punto de agotamiento. No porque la gente odie votar, sino porque sospecha que votar ya no basta. Chile, Argentina, Estados Unidos, Venezuela, Europa: con diferencias enormes, el patrón aparece una y otra vez. Cuando los cauces ordinarios no corrigen la desigualdad, la elección se vuelve un plebiscito emocional. No se vota sólo por un programa. Se vota contra alguien. Contra una élite. Contra una época. Contra una humillación.

Ese es el riesgo: que el legítimo reclamo de dignidad sea capturado por liderazgos que no quieren democratizar el poder, sino concentrarlo en “nombre del pueblo”. Por eso no hay que temerle al enojo popular. Hay que temerle a su manipulación. El enojo puede ser una energía democrática si se convierte en organización, derechos, comunidad, Estado social e instituciones incluyentes. Se vuelve peligroso cuando deriva en culto al líder, desprecio por las reglas y permiso para abusar “ahora que nos toca”.

El desafío democrático consiste en reconstruir confianza sin mentir. No con sermones desde arriba. No con nostalgia tecnocrática. No con desprecio al pueblo cuando vota con rabia. La única salida seria es volver a hablar de justicia material, dignidad, comunidad, trabajo y futuro compartido.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

La revancha de las mayorías

Alberto Benítez Tiburcio

Hay libros que no sólo se leen, se vuelven herramientas para entender el momento que vivimos. La era de la revancha, de Andrea Rizzi, es uno de ellos. La política contemporánea en el mundo ha dejado de discutirse en términos de presupuestos, impuestos o crecimiento, para vivirse en clave de agravio.

En el fondo de muchas democracias hay una sensación persistente de abandono. No es una metáfora. Es una experiencia social concreta. Durante décadas, la política —o al menos, cierta forma de entenderla— se concentró en variables agregadas: crecimiento, inflación, estabilidad fiscal. El éxito se medía en porcentajes y curvas. Mientras esos indicadores mejoraban —o eso nos decían—, amplios sectores de la población quedaban fuera de la conversación: más pobres, cada vez más lejanos del centro de decisión; más invisibles, más prescindibles.

Ese es el punto delicado: el neoliberalismo, en su versión más ortodoxa, no sólo fue una política económica; fue una forma de ordenar las prioridades públicas. Al privilegiar lo macroeconómico como criterio casi exclusivo de racionalidad, terminó por desatender lo que no cabe en una hoja de cálculo: la pertenencia, la dignidad, el reconocimiento. No es extraño que, con el tiempo, haya producido no sólo desigualdad, sino resentimiento. El resentimiento, cuando se acumula sin cauce institucional, muta en otra cosa: en sentimientos de revancha.

La revancha no es una ideología; es un impulso. Es la respuesta de quienes se sienten ignorados, desplazados o utilizados. Es la decisión de voltear la mesa, no necesariamente para construir un orden nuevo, sino para castigar el anterior. Las clases populares, las grandes mayorías, encontraron en ese impulso una forma de hacerse oír. Lo hicieron con los instrumentos disponibles: el voto, la protesta y el castigo a las élites. No es un fenómeno marginal, sino uno de los motores de la política contemporánea en el mundo.

De esas circunstancias emergen los populismos, ya sea de izquierda o de derecha. No llegan al vacío. Llegan a ocupar un espacio que otros dejaron. Capitalizan la distancia entre élites y mayorías, simplifican conflictos complejos y ofrecen una narrativa emocionalmente satisfactoria: alguien tiene la culpa, alguien nos ha olvidado, alguien debe pagar. En ese proceso, la democracia deja de ser un sistema de reglas y contrapesos para convertirse en un instrumento de reivindicación y castigo. El constitucionalismo —que nació para limitar el poder— empieza a verse como un obstáculo; los derechos humanos universales, como un privilegio individualista e incómodo.

El mecanismo es reconocible en distintos registros ideológicos. En Estados Unidos, Donald Trump convirtió el malestar de sectores desplazados en un relato de reivindicación contra élites, instituciones y acuerdos internacionales. En Venezuela, el chavismo —y su prolongación bajo Nicolás Maduro— tradujo desigualdades reales en una lógica de confrontación permanente que terminó por erosionar los propios límites institucionales que decía defender.

Hay otro ingrediente que intensifica esta dinámica: la arquitectura de las plataformas digitales. No es un detalle técnico, sino un factor estructural. Las redes sociales no están diseñadas para deliberar, sino para provocar reacción. Premian la indignación, la simplificación y la certeza inmediata. El matiz pierde, la duda incomoda, la complejidad no circula. La polarización deja de ser sólo desacuerdo y se convierte en animadversión. El adversario deja de ser alguien con quien se discrepa para convertirse en enemigo.

En ese clima está prosperando el ventajismo. No es simplemente oportunismo ni cálculo político. Es una ética torcida: la idea de que las reglas valen sólo cuando convienen al propio grupo y que cualquier abuso es aceptable si beneficia a los propios. El ventajismo convierte la ley en instrumento de facción, no en límite; la justicia, en argumento, no en principio. Bajo su lógica, no importa cómo se gana, sino que se gane. Todo exceso encuentra justificación en la pertenencia a un grupo.

Pero ese mecanismo no se sostiene sólo por quienes lo ejercen. Requiere, también, de una mayoría silenciosa que observa, tolera y, en ocasiones, incluso celebra los abusos mientras no le afecten directamente o mientras perciba que, de alguna forma, participa de sus beneficios. Esa mayoría no milita, no decide, no confronta. Acompaña por inercia, por conveniencia o por fatiga. Es ahí donde aparece la imagen incómoda: la de los indiferentes.

En distintos países, con distintas lenguas y banderas, se repite el mismo patrón: una ciudadanía que, ante el avance del ventajismo y la erosión de las reglas, opta por mirar a otro lado. No siempre por ignorancia. A veces por cálculo y conveniencia; otras, por desencanto. El efecto es el mismo: la normalización del abuso, la degradación de lo público, la pérdida de sentido de la vida democrática, donde la deliberación es esencial.

El resultado es una forma de relativismo político, acompañada de sus respectivas posverdades: la de quien deja de creer que las reglas importan, que la verdad cuenta, que la deliberación vale la pena. La política deja de ser un espacio de construcción democrática para convertirse en un campo de disputa partisana y convenenciera.

Leer, en ese contexto, es un ejercicio de rebeldía. Obliga a detenerse, a matizar, a pensar contra uno mismo. En tiempos de reacción instantánea, es casi un acto de resistencia. Quizá por eso, más que nunca, resulta necesario.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Llama Infonavit a aplicar seguro de daños ante sismo en Oaxaca

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• Las viviendas adquiridas con un crédito del Instituto están protegidas ante daños provocados por siniestros.

El INFONAVIT llama a las personas que tengan un crédito hipotecario vigente, cuyas casas hayan sido afectadas por el sismo de 5.6 grados Richter, registrado en Pinotepa Nacional, Oaxaca, a hacer válida la cobertura del Seguro de Daños con la que cuenta su financiamiento.

Para hacer válido el seguro es necesario estar al corriente en los pagos a la fecha del siniestro. En caso contrario, se puede firmar un convenio para regularizarse. Además, deberán asistir de lunes a viernes, de 8:30 a 14:30 horas, a alguno de los Centros de Servicio INFONAVIT (CESI), ubicados en:

• Huatulco: calle Guelaguetza, manzana 7, lote 4, sector L, en el interior de la Agencia Municipal de Santa Cruz Huatulco.
• Juchitán: calle 2 de abril, esquina Álvaro Obregón, colonia Segunda Sección.
• Oaxaca: Mártires de Tacubaya #400, colonia Santa María Ixcotel.
• Salina Cruz: km. 6.1 carretera Transístmica Salina Cruz-Tehuantepec, colonia Aviación.
• Tuxtepec: boulevard Benito Juárez #795, interior L-41, colonia Fraccionamiento Los Angeles.

Es importante recordar que las y los acreditados afectados cuentan con dos años a partir de la fecha del incidente para dar aviso del daño.

Además de las afectaciones causadas por sismos, el Seguro de Daños protege el patrimonio de los trabajadores ante inundaciones, ciclones, huracanes, vientos tempestuosos, caída de árboles, granizo o nieve, erupción volcánica, explosión o desplazamiento súbito de terreno.
Para mayor información las y los acreditados pueden llamar a Infonatel (800 008 3900) o ingresar a la página: https://bit.ly/SEGDAÑO


CONTRAFUEGO || Sinaloa, EU y el progresismo

Aurelio Ramos Méndez

Pecan de candor y pierden el tiempo, o de modo intencional y antipatriótico favorecen los intereses de Estados Unidos quienes al cabo de hondas cavilaciones formulan flojos análisis y recomendaciones acerca de qué debe hacer –o qué debió haber hecho hace rato– el gobierno mexicano para amansar a Donald Trump, con la esperanza de escapar a sus atropellos. 

Lo sabe, a estas alturas, hasta el observador menos avezado: nada hay efectivo, ni la diplomacia, el derecho internacional, las buenas maneras o las palabras del Papa, frente a un desquiciado que para mayor espanto tienen en sus manos el poderío militar y económico más grande del mundo.

Lo prueba el artero ataque no sólo al gobierno federal y la 4T sino a nuestra soberanía nacional, con el gobernador Rubén Rocha Moya como víctima propiciatoria, cuyo objetivo, entre otras cosas, se orienta a impedir la participación de México en la consolidación de un bloque global –o al menos iberoamericano– de gobiernos de izquierda, al lado de España, Brasil, Colombia y otros países.

Y apunta, además, a intervenir sin embozo –como en Chile 1973—con miras a demoler la 4T y frenar su continuidad más allá del 2030.

Sin pruebas creíbles, lo que en modo alguno significa inexistencia de éstas, y salvo las falacias de las agencias de desestabilización gringas, el Departamento de Justicia de EU acusó de vinculación con el narcotráfico al mandatario de Sinaloa y otros nueve funcionarios, cuya entrega inmediata a EU exigió con insolencia.

Imposible, con un mínimo de rigor jurídico y honestidad intelectual, discernir en el texto estadunidense enviado a la cancillería mexicana si Rocha Moya es narco. Hay razones para dudar de parte y parte.

Una historia de más de medio siglo de injerencias –territoriales en los casos Álvarez Machain y el Mayo Zambada– a base de mendacidad, agresiones a nuestra soberanía, hostilidad diplomática, acoso político, presiones económicas y agravios de toda índole, aconseja descartar por poco fiables los dichos del Tío Sam.

Menos fiables si, como en el presente caso, evidencian que EU se ha tragado enteros, sin masticar, los cuentos de parte de la prensa mexicana empeñada en buscar el retorno al poder de sus antiguos tripulantes y engordadores, así sea vía el apátrida colaboracionismo con un gobierno extranjero.

Sobresale entre tal prensa aquella cebada en oro por Carlos Salinas –incluidos medios fundados con dinero público desviado del erario, productos de la corrupción, o directamente de la delincuencia–, la cual desde 2018 ha buscado en Miami, Colombia, España, Sinaloa, y hasta debajo de las piedras, cuanto indicio pueda servirle para “demostrar” que la 4T es un narcocártel y el expresidente López Obrador el jefe de jefes.

Desde 1988 para el salinato ha sido necesidad vital enlodar a los líderes de la izquierda, de Cuauhtémoc Cárdenas a López Obrador, Claudia Sheinbaum y algunos más, bajando la vara al nivel del desagüe para hacerse a la idea de que a uno y otros los iguala el rango ético.

En semejante afán, los amanuenses de Salinas han difundido machaconamente la especie de que Rocha Moya llegó al poder en 2021 con apoyo del narco, cuyos miembros habrían secuestrado a funcionarios de casilla, representantes partidistas y dirigentes sociales del PRI y el PAN, con objeto de que Morena cometiera fraude confiado en que sin testigo no hay ladrón.

Deberíamos darles gracias a todos los santos porque estos sagaces periodistas dicen tener documentada la existencia de unos 200 de aquellos secuestrados, cuyos testimonios ahora servirán para probar, con todas las de la ley, sin lugar a dudas, que “el narco” fue decisivo en el triunfo electoral del ahora mandatario estatal con licencia…

Al frente de los periodistas-salinistas marcha quien fue vocero oficial de Salinas y ha seguido siéndolo de modo oficioso por más de tres décadas, José Carreño Carlón, periodista de inductil consistencia ideológica, forjado en la escuela del priista Enrique Maromas y Maromas.

El pasado jueves Carreño tuvo la audacia de dar cátedra sobre un tema que, dada su papel en el salinato, conoce a fondo: “política y delito”.

Se preguntó desde el título de una columna “¿El Estado en manos de un (narco) partido?”. Y opinó que el trasiego de cargos entre Morena y los tres poderes públicos, más las acusaciones en contra de Rocha, muestran no un partido de Estado sino “un narcopartido apoderado del Estado mexicano”.

Y en un alarde de patriotismo, dijo también que “le llegó la hora a la presidenta (Sheinbaum) de decidir entre encabezar, ella, el saneamiento del régimen o dejarle el mérito a la fiscalía y al sistema judicial de Estados Unidos”. 

Luego observó con filo y celebró que el golpe al sinaloense cayó, cierto, en vísperas del Consejo Nacional de Morena. 

También vale señalar, sin embargo, que impactó a sólo días de que la Presidenta Sheinbaum se reunió en España con gobernantes de izquierda en la IV Cubre en Defensa de la Democracia, donde propuso a México como sede del siguiente encuentro dentro de un año.

No tiene el ataque visos de haber sido asestado, como sostiene la oposición, porque el gobierno mexicano se abstuvo de actuar en contra de políticos oficialistas vinculados con el narcotráfico.

Tampoco que la Presidenta debe actuar, ¡ya!, ahora que Trump, atrevido, está chasqueándole los dedos.

Salvo para nuestros nuevos polkos, es claro que con apego al derecho internacional o por sus pistolas, con razón o sin ella y más allá de Trump, históricamente el gobierno de EU ha hecho, y hace y hará lo que le venga en gana, apoyado en su poder militar. Ni siquiera tiene que esforzarse en urdir pretextos. 

De ahí que pierden el tiempo quienes tratan de hallar las causas del lance en Sinaloa, el cual conjuga múltiples factores –uno más la encuerada a la CIA en Chihuahua–, y creen tener el brebaje para desbravar y domar al gringo descocado. 

Es falso –conviene reiterarlo– que el magnate de la pelambrera anaranjada busca combatir la corrupción y el narcotráfico. 

¿Puede alguien creerle, si indultó al meganarco hondureño Juan Orlando Hernández y apuntala al corruptísimo argentino Javier Milei? ¿Puede ser deglutida su cruzada antidrogas, al cabo de medio siglo de fallida guerra antinarco? 

La presidenta Sheinbaum dijo con toda sensatez y claridad –excepto para el gringaje vernáculo– que su gobierno a nadie encubre, pero que se requieren pruebas convincentes para proceder a la extradición de presuntos delincuentes. Tiene razón por donde se mire.

No es mucho pedir que, si Rocha es culpable, acabe sus días en un reclusorio; pero si es inocente, se le deje trabajar en paz en el puesto para el cual fue elegido por sus coterráneos.

Imposible no relacionar el golpe traidor e infidente con el encuentro de políticos progresistas en Barcelona. 

Con mayor razón si se repara en que las acusaciones sin pruebas fueron hechas el mismo día que llegó a la Ciudad de México el canciller español José Manuel Albarez, con el propósito de iniciar los preparativos de la V Cumbre en Defensa de la Democracia.

No parece dispuesto el deschavetado mandamás norteamericano a permitir la intervención de México en un bloque latinoamericano de izquierda.

Trump debe pensar que él no es el “blandito” Ronald Reagan (presidente de 1981 a 1989), aquel ultraderechista que junto con Margaret Thatcher y Juan Pablo II propició el derrumbe del Muro de Berlín y la reconfiguración del mundo.

Debe pensar también que al pobre Regan América Latina le vio la cara, pues bovinamente éste consintió la formación sin EU de los grupos Contadora y De Río, abocados a mediar en los conflictos armados de Centroamérica e impulsar la paz, la democracia y la cooperación regional.

Y que George W. Bush, el angelito que invadió Irak en 2003, andaba en las nebulosas y por eso no se percató del surgimiento, en 1991, de las Cumbres Iberoamericanas, foros de los cuales su país fue olímpicamente marginado…

Si Trump está furioso contra México debido a su incipiente activismo internacional, más debe estarlo ante la perspectiva de un tercer sexenio cuatroteísta.

Esto explica otro flanco de ataque a la 4T: la anunciada visita a México, a partir del 3 de mayo, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la furibunda ultraderechista Isabel Díaz Ayuso, quien para regocijo de la derecha autóctona pretende agitar el cotarro durante diez días. 

La madrileña intenta homenajear a Hernán Cortés y reunirse con sus simpatizantes en templos –la mismísima Catedral de la CDMX–, escuelas, clubes empresariales y hasta balnearios, en Aguascalientes, Monterrey, Xcaret y la capital del país. Desafiante intromisión en política por una extranjera, prohibida por el 33 constitucional.

Habrá que ver si Díaz Ayuso no trae entre sus alforjas los pergaminos para reactivar el título nobiliario de Marqués del Valle de Oaxaca, ¡vivo aún a estas alturas de la historia, en la persona de marqués XV, Alvaro de Llanza y Figueroa! Cuidado.

RESCOLDOS

Rocha Mora podrá ser o no un meganarco, pruebas genuinas dirán la última palabra; pero tuvo arrestos para pedir licencia de su cargo y facilitar las investigaciones en su contra. ¿Y Maru Campos, cuando? ¿Es más grave ser presunto traficante de drogas a EU que traidor a la Patria?

Reapareció el fantasmal Alito Moreno. Lo hizo para embestir a sus compinches del PAN y MC. Les recriminó que en la votación legislativa para sustituir a Rocha Moya los emecistas se ausentaron y los panistas se abstuvieron. Lo enfureció que el mandatario operó bien su salida, cuya tersura exhibe el respaldo que éste tiene entre las fuerzas de su estado. 

aurelio.contrafuego@gmail.com

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