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El derecho a pensar en privado en tiempos de la IA

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Alberto Benítez Tiburcio

Hasta hace muy poco había una parte de nuestra vida que no dejaba expediente. Pensamientos absurdos, deseos que nos avergonzaban, resentimientos pasajeros, preguntas que jamás habríamos formulado en público. Pensábamos, exagerábamos, cambiábamos de opinión y buena parte de aquello desaparecía sin consecuencias. La vida interior era siempre provisional. La inteligencia artificial comienza a modificar esa condición: convierte dudas, impulsos, hipótesis y conversaciones íntimas en registros persistentes, almacenados y potencialmente recuperables.

No se trata de un fenómeno marginal. Más de 70% de las conversaciones de consumidores con ChatGPT corresponde a actividades no laborales y una parte creciente se relaciona con orientación personal, decisiones privadas, salud, apoyo emocional y organización de la vida cotidiana. Hay cierta lógica en ello: una máquina no se decepciona, no juzga, no se cansa y está disponible a cualquier hora. La usamos para ordenar una decisión antes de tomarla, ensayar una explicación o formular preguntas que preferimos no hacer delante de nadie.

Ahí comienza el verdadero problema constitucional: los chats con inteligencia artificial pueden servir como evidencia, pero cuanto más íntima sea la información que revelan, más estrictos deben ser los límites para acceder a ella. Control judicial, justificación, proporcionalidad y prohibición de búsquedas indiscriminadas deberían ser el punto de partida. 

Algunos tribunales estadounidenses han comenzado a autorizar el acceso a conversaciones concretas con la IA, aunque su jurisprudencia constitucional ha reconocido que entregar datos a una empresa tecnológica no equivale a renunciar a toda expectativa de privacidad frente al Estado. Europa avanza en la misma tensión; a partir del 18 de agosto de 2026 entrará en vigor su nuevo régimen de evidencia electrónica, que permitirá a autoridades judiciales ordenar directamente a proveedores la preservación o entrega de datos digitales, incluso a través de fronteras, pero bajo requisitos de necesidad, proporcionalidad y protección de derechos fundamentales. La tendencia parece clara: facilitar el acceso a evidencia digital, sin convertir la intimidad almacenada en territorio libre para la investigación. 

Suele presentarse esta discusión como un nuevo episodio del conflicto entre seguridad y privacidad. Creo que esa descripción se queda corta. Lo que está en juego es algo más elemental: la diferencia entre lo que una persona piensa y aquello que finalmente decide hacer. La condición humana es menos coherente de lo que aparenta. Podemos odiar por unos minutos a una persona que amamos durante décadas, imaginar una venganza y descartarla, ensayar un argumento para descubrir que es incorrecto o preguntar por una posibilidad precisamente porque queremos evitarla. La conciencia está llena de borradores, tachaduras y contradicciones. Nadie debería ser definido por las versiones preliminares de sí mismo.

Por eso hay una secuencia que el derecho no puede permitirse olvidar: imaginar no es querer, querer no es intentar e intentar no es ejecutar. Entre cada una de esas etapas existe una distancia psicológica, moral y jurídica. Buena parte de lo que llamamos libertad ocurre precisamente dentro de esa distancia.

El derecho penal de un Estado constitucional no castiga almas imperfectas ni pensamientos impuros. Persigue conductas. Puede reconstruir intención para explicar un acto, pero no debería convertir cada pensamiento incómodo en evidencia anticipada de culpabilidad. La presunción de inocencia exige bastante más que encontrar palabras que, observadas en retrospectiva, parezcan inquietantes.

La inteligencia artificial vuelve esa frontera más frágil porque registra aquello que antes era efímero. Guarda la pregunta que descartamos, la hipótesis que exploramos y la decisión que finalmente no tomamos. Además, la conversación no es un monólogo. La IA propone alternativas, completa razonamientos, introduce conceptos y reorganiza argumentos. Por eso un chat no puede leerse como una fotografía transparente del pensamiento humano. Puede contener elementos probatorios relevantes, pero su significado depende del contexto de la interacción.

Nada de esto significa que esas conversaciones deban convertirse en un santuario de impunidad. Si el Ministerio Público cuenta con datos objetivos que relacionan a una persona con un delito y existen razones específicas para considerar que determinadas conversaciones pueden aportar elementos para esclarecerlo, el Estado debe poder preservarlas y solicitar su acceso conforme al procedimiento aplicable y bajo estricto control judicial.

La cuestión está en el orden constitucional de la investigación: primero los indicios, después la persona, finalmente los datos necesarios. Cuando esa secuencia se invierte aparece una forma distinta de poder.

Los llamados reverse prompt warrants muestran con claridad el problema. Ya no se trataría de investigar las conversaciones de una persona previamente individualizada, sino de pedir a una plataforma que identifique quién formuló determinadas preguntas o utilizó determinadas expresiones. “Dígame quiénes preguntaron esto para decidir a quién investigar” empieza a pertenecer al Estado policial.

En el ejemplo, la intimidad de millones de personas se convierte en el lugar donde el Estado sale a pescar sospechosos. Nuestro artículo 16 constitucional fue construido precisamente contra esa lógica. La fundamentación y motivación, el control judicial sobre determinadas intervenciones y la protección de las comunicaciones privadas no son obstáculos burocráticos para dificultar la procuración de justicia. Son límites deliberados a la capacidad invasiva del poder.

Una orden para acceder a conversaciones de inteligencia artificial debería exigir una motivación reforzada, relación directa con el hecho investigado, delimitación material y temporal estricta, minimización de información ajena y control judicial efectivo. Explorar indiscriminadamente años de conversaciones para encontrar algo incriminatorio sería un abuso autoritario.

La privacidad protege algo más que secretos: protege la posibilidad de vivir sin estar permanentemente expuestos a la mirada del poder. La vigilancia modifica el comportamiento de quien sabe que puede ser vigilado. Si asumimos que una pregunta formulada hoy podrá ser reinterpretada dentro de diez años por una fiscalía, un gobierno o un algoritmo, comenzaremos a autoinhibirnos. Evitaremos ciertas palabras, abandonaremos algunas curiosidades y aprenderemos a autocensurar nuestras dudas antes incluso de formularlas.

El constitucionalismo tendrá que aprender a proteger ese nuevo territorio sin convertirlo en refugio de impunidad. La privacidad, en el fondo, protege precisamente eso: el derecho a no convertir cada duda en confesión, cada impulso en intención y cada pensamiento en evidencia. El derecho a pensar en privado.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

El laberinto de la justicia || Lengua materna, primera “casa de los saberes”

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Antonio Gutiérrez

Doña Carmelita Jiménez Mata es una maestra jubilada hablante de la lengua mixteca. Es originaria de Santiago Amoltepec, Sola de Vega, y radicada en el Municipio de Santiago Tlazoyaltepec, Distrito de Etla. Oaxaca. 

Como maestra, como madre y como principal transmisora de la cultura comunitaria, durante una entrevista realizada en el mes de abril de 2022, Carmelita nos compartió sus observaciones sobre la forma como aprenden la lengua materna los integrantes de las comunidades de las regiones donde ella ha vivido, la Sierra Sur y los Valles Centrales de Oaxaca

Sobre este proceso de enseñanza aprendizaje, que en las comunidades indígenas sucede de manera natural, directa y sencilla, ella dice:

“Lo primero que les sucede a los recién nacidos es que sus madres los toman en sus manos, los levantan, los abrazan; los aprietan contra sus senos y luego les dicen en mixteco las palabras que ambos necesitan escuchar”. Aquí las escribimos:

nene, come, leche, toma, mamá”, conalgunas variantes, esas son las primeras palabras que aprenden los recién nacidos para familiarizarse con la familia, con la lengua y con la comunidad. 

“Después de escuchar esas palabras, y solitos sin que nadie los obligue, siguen libremente hablando en mixteco”, no obstante, como ejemplo, aclara; “en otras comunidades nene pequeño en mixteco se dice suchi yɨkɨn”. 

Según el testimonio de Carmelita no es exagerado decir que en las comunidades indígenas las madres entregan a sus hijos toda la cultura a través de la lengua. Veamos si no: 

Primero les dan el alimento para que crezcan sanos y fuertes; a través de la lengua materna les trasmiten los significados de las palabras; el nombre de las cosas y de las personas; les enseñan las prácticas y las ideas; entretejen en ellos los afectos y las relaciones sociales; les enseñan las normas de comportamiento, los valores y los principios, lo permitido y lo prohibido al interior del grupo; en otras palabras, a través del habla de su propia lengua les transmiten la idea de comunidad y de mundo. Son las madres quienes más aportan a la construcción de la cosmovisión indígena. 

Este es tan sólo un ejemplo de cómo en las comunidades indígenas las lenguas maternas, la comunidad y los niños nacen crecen y se desarrollan simultáneamente.

Tal vez por eso las culturas indígenas de México han resistido tanto al silencio, la indiferencia y los intentos de olvido, siempre florecen.

Los niños efectivamente nacen en el seno de una familia, pero la familia no vive desligada de la comunidad.

Los niños van a la escuela, conocen otras personas, hacen nuevos amigos, y en la misma lengua intercambian sus experiencias, juegan y jugando pasan a formar parte del colectivo.  Aquí sí, la cultura se hace jugando. 

Por eso es muy difícil que los recién nacidos cuando llegan a la adultez no recuerden los primeros ruidos, los tonos y los ritmos de sus lenguas. Lo que los estudiosos han dado en llamar las variantes lingüísticas. Yo me imagino que así, más o menos, lo mismo pasa con todas las lenguas que se hablan en México, dice Doña Carmelita Jiménez Mata.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista.

CONTRAFUEGO || Don dinero y los medios

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Aurelio Ramos Méndez

Los concesionarios de radio y televisión intentan seguir recogiendo dinero a paladas, mediante la patraña de disfrazar como información y libre opinión periodística la publicidad, y asimismo –su jugada más ambiciosa, que los confabula con la oposición política– tratar de forzar un cambio de régimen que les permita a los conchabados reinstalarse en el gobierno con el fin de… seguir ganando dinero a carretadas.

Estos dos propósitos –disfrazar la publicidad y contribuir a desplazar la 4T– son los combustibles esenciales de la alharaca configurada por los barones de la radiodifusión, vía sus empleados mediáticos más conspicuos, alrededor del proyecto de Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, presentado por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRE)

En dichos lineamientos no existe resquicio para la censura. Así lo han establecido de manera pública y con claridad no sólo la presidenta Sheinbaum, algunos medios y opinadores, los legisladores más compenetrados en el tema y dirigentes del partido en el gobierno, sino además los popes de la comunicación y hasta los bifrontes concesionarios –una cara que apoya, otra que deturpa–, pero la aspaventosa estridencia nomás no cede.

Visto por encima parecería que el periodismo en medios electrónicos ya no es negocio, pues algunas empresas se aprestan a bajar la cortina. Aristegui Noticias acaba de despedir a 10 trabajadores y MVS ha empezado a dar sus últimas boqueadas. Error de apreciación.

En un ámbito en que no sólo políticos y funcionarios –alcaldes, gobernadores, diputados, senadores, candidatos, aspirantes a candidatos, outsaiders, dirigentes de partidos—y empresarios, industriales, comerciantes, financieros, e incluso “periodistas” compran tiempo en noticiarios y programas de entretenimiento para monetizar su trabajo, estos aún son rentables.

Sin hablar de la llave maestra que la posesión de un medio de comunicación significa para acceder a regios contratos de ejecución de obras o prestación de servicios distintos del periodismo, de manera directa con el gobierno o en áreas reguladas por éste.

Para la preparación de un buen sancocho de publicidad e “información” resulta vital el absoluto control del medio –¡qué códigos de ética, defensores, reguladores, empleados perspicaces ni que ocho cuartos!– por el posesionario.

Ejemplo de la indispensable y total permisividad que se requiere lo dio en 2021 el inefable Ricardo Salinas Pliego, al recordar entre burlas y soberbia –el video está en Internet– sus inicios en el control de la corporación radiotelevisiva que obtuvo del salinato a precio de ganga, y que pagó gracias a un mega préstamo –sin más garantía que su palabra– del narcohermano presidencial Raúl Salinas de Gortari:

“Me acuerdo de Aristegui y (Javier) Solorzano. Esos son los primeros que corrí, ¡caray! –¡Adióoos!– Desde entonces me ama Aristegui ¡Me ama! Si no, no tendría cliente a quien jeringar…

“Los tuve que despedir porque estaban agarrando pal monte y yo no iba a dejar que me comprometieran a mí y mi proyecto con sus opiniones. Yo me comprometo con las mías”.

Así le dijo a Pati Chapoy y, a renglón seguido, ofreció acabado ejemplo de tolerancia y repulsión al autoritarismo y el pensamiento único:

“Y nosotros hemos tenido siempre una línea editorial perfectamente articulada. Somos liberales, creemos en la libertad, en la iniciativa privada, y el que no comulgue con eso ¡pues que se vaya para otro lado, y ya!”. 

Aleccionadora confesión ésta que debe registrar con todo detalle el hoy desempleado Luis Cárdenas, su muy probable próximo recluta.

En la gritería contra las directrices se ha apelotonado, al lado de la cuadrilla de Salinas Pliego –el más notable cruzado contra los lineamientos–, lo más granado de la comentocracia: Loret, Joaquín, Riva Palacio, Sarmiento, Ciro, Jorge Fernández, Marín, Castañeda, Aguilar Camín, Carreño Carlón, entre otros próceres. Más una nutrida fauna de acompañamiento y un coro de voces que no saben ni a qué le gritan.

El artículo 250 de la Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión y el proyecto de lineamientos establecen la obligación de los concesionarios de facilitar elementos para diferenciar entre información noticiosa y opinión, susceptibles de ser valorados en caso de impugnación vía el derecho de réplica.

En plana blanca, eso no significa que los periodistas propensos a editorializar en forma indebida ya no podrán hacer sus intragables cocteles de información y opinión, sino simplemente que de algún modo deberán separar cada género, o atenerse no a la revocación de la concesión, multa, cárcel, destierro o pena infamante, sino apenas a una “recomendación” ética. De esas que, ¡viva la autorregulación!, podrán coleccionar hasta formar con ellas una alta pila sobre su mesa de trabajo.

Sorprende que, así y todo, expertos en el tema de la comunicación se afanan en enmarañar el punto con el argumento de que “es imposible” tal separación, ya que “todo comunicador y todos los medios tienen sesgos, enfoques, contextos e intenciones que trasladan a las noticias”.

Argumento éste esencialmente cierto, pues la objetividad no existe, aunque oculta que sí puede existir un acercamiento intelectualmente honesto a la verdad y la realidad: “El cielo es azul”. Punto. No como Lupercio de Argensola dijo –en efecto sin mentir—hace casi 500 años: “Porque ese cielo azul que todos vemos, no es cielo ni es azul”.

De dientes para afuera los concesionarios respaldan los lineamientos, mas, en realidad, se oponen a la totalidad del proyecto. Pero lo que les causa urticaria es la obligación de separar y especificar el contenido de la publicidad. Ven en peligro su mina de oro.

Alguien debería aconsejarles que desmonten su mitote, no hay nada de qué preocuparse.

BRASAS

“Una filtración llega a la opinión pública, cuando no hay documento de por medio, tras varios controles, como la corroboración de la información de manera independiente o, en casos extremos, el nivel y calidad de la fuente”. Esto escribió, axiomático, el veterano columnista y autor de manuales sobre periodismo, Raymundo Riva Palacio, sólo 24 horas antes de que fuese rotundamente desmentido por la secretaría de Gobernación.

Lo dijo el lunes (3), al ilustrar la utilidad de las filtraciones mediante el reversazo a que el Financial Times obligó en los negocios de la parentela de Trump y la FIFA, algo que –sostuvo– no hubiera sido factible de regir el proyecto de lineamientos sobre derecho de las audiencias.

Como no hubieran podido ser posibles –añadió—otros muchos casos de grandes asuntos periodísticos detonados por filtraciones. El caso Watergate, por ejemplo.

Al día siguiente (4) este comunicador, quien a diario –¡a diario!—les administra a sus audiencias trascendidos de muy, muy alto nivel, publicó que la presidenta Sheinbaum “le pidió recientemente” a su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, “que se sume a la estrategia de apoyo jurídico por parte del gobierno a (Israel) Vallarta”, el presunto secuestrador que pasó veinte años en la cárcel y fue exonerado.

Escribió, además, asociando tácitamente ambos hechos: “Vallarta dijo durante un reciente foro organizado y encabezado por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, que preparaba las demandas por daño moral” contra Loret y Ciro Gómez Leyva. 

“Pero la anomalía que envuelve su iniciativa (de Vallarta) es la disposición presidencial para que lo respalden jurídicamente”, insistió el colaborador de El Financiero.

Mediante un comunicado oficial la Segob afirmó que es “falso que ese foro se haya organizado, contemplado o formado parte de la agenda de la Secretaría de Gobernación”.

Que la titular de esta dependencia “no ha ‘organizado’, ‘encabezado’ ni participado en ningún foro o reunión pública o privada con el señor Israel Vallarta”.

Y, “se desmiente de manera categórica cualquier apoyo institucional, ‘instrucción presidencial’ o participación” de la Segob o su titular “en la organización de foros o respaldo jurídico a demandas particulares o estrategia dirigida contra persona alguna”.

El periodista no aportó en su descargo ni una prueba. Dejó revoloteando las dudas sobre el nivel y calidad de su fuente y con cuantas fuentes corroboró de manera independiente el retazo de información que le lanzaron.

Filtraciones, las de Garganta Profunda a Bob Woodward; los de Riva Palacio son chismes.

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¿En qué momento el periodismo pasó de atestiguar, registrar y reportar la realidad a ser el actor principal en el proceso informativo y de la comunicación en general? ¡Vaya usted a saber! Pero el caso es que ahora vemos toda suerte de sinsentidos en aras del ánimo de figuración.

El más reciente episodio de este género lo ofreció el viernes el periodista Luis Cárdenas, quien concluyó su ciclo –así dijo, con cautivante originalidad—de 16 años en ese medio. 

Se despidió de su audiencia con una alocución ditirámbica y a la vez críptica y tremendista, de agradecimiento y lealtad eternos a los integrantes de la familia Vargas, hoy sus expatrones, de quienes sólo tuvo –dijo—la más absoluta libertad para desempeñar su trabajo. “Aquí, en MVS, ¡nunca, jamás recibí una instrucción para dejar de ser libre!”.

De inicio, sin embargo, expresó que “no estamos viviendo buenos tiempos para la libertad de expresión ni la democracia en México”, pues “aquí, en este país, hay miedo de hablar, de opinar e informar”, y “aquí hay periodistas amenazados, intimidados, perseguidos, demandados, desplazados, secuestrados y hasta asesinados”.

Luego dijo que, justo por esta realidad, “yo quiero ser completamente sincero en esta mañana”. No lo fue.

“Me voy de MVS noticias no por una amenaza. ¡Nadie, nadie pidió mi cabeza! Nadie ofreció mi cabeza en bandeja de plata. Para mi hoy sería muy fácil convertirme en mártir; pero, ¿sabes qué?, también sería muy ruin”.

En ese tono y por ese camino, Cárdenas dejó la impresión de que su circunstancia es absolutamente singular –¡suertudote!–, pues en un país donde los periodistas “a diario se juegan la vida”, él disfrutó de una libertad sin límites.

Está en deuda ahora este comunicador de, en verdad, ser “completamente sincero” y, sin dobleces, revelar las causas reales de su salida de la empresa radiotelevisiva. Porque si bien se dijo fervoroso defensor de la libertad de expresión, también lo es –afirmó– de la libertad de empresa.

Y apuntó que “cuando dos caminos dejan de coincidir no necesariamente tiene que haber un malo de la película”, sino que, simplemente, “toman caminos separados”. Lo cual suena a despido laboral. 

¿Hay gato encerrado? ¡Averígüelo, Vargas! El caso es que el tremendista Cárdenas cerró su inconsistente perorata con una expresión inverosímil: “Neta, los ciclos terminan”.

RESCOLDOS

Más de mentirosos contumaces. El empresario, ex funcionario federal y escurridizo prófugo de la justicia, Simón Levy, fue desmentido de manera tajante por la embajada de Estados Unidos. En redes publicó lo siguiente: “Comparto el proemio de la orden de aprehensión internacional contra Adán Augusto López Hernández emitida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos que ya tiene conocimiento Claudia Sheinbaum y él mismo”. La embajada publicó una captura de pantalla de este mensaje, con el lacónico pero merecido zurriagazo: “Esta información es falsa”.  Allá quien siga creyendo los bulos de este despreciable personaje…

Como búmeran le rebotó a Sergio Sarmiento su sinceramiento de hace un cuarto de siglo: “Los medios muchas veces mentimos… A veces adrede y a veces por otro tipo de razones, por supuesto”. Ya no siente lo duro sino lo tupido. Aunque debe reconocérsele que necio, sí es. Se refugió en la supuesta sacada de contexto y el paso del tiempo, solo que aun como dicho suelto, sin explicaciones sobre la falacia involuntaria o la inducción al error, su frase es clarísima. Resta que expliquen, él y quienes lo han defendido, si es dinero lo que hay detrás de las mentiras de los medios, ya sean éstas deliberadas o “por otras razones…”.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Los guardianes

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Ernesto Ruiz

  • “El manglar no cuenta las heridas del viento, cuenta las raíces que brotan después de la tormenta.” 

En la Costa de Oaxaca existe un rincón mágico, un lugar al que desde que llegas provoca que te desconectes del mundo humano y hagas conexión con la naturaleza, te conviertes en testigo de la relación especial que la comunidad guarda con su territorio.

Hace 28 años, los hombres y mujeres que a finales de los 70 se asentaron en esta comunidad, decidieron que era hora de buscar una nueva forma de subsistir, hasta entonces era una comunidad de pescadores que habían vivido durante muchos años de la pesca, de la matanza de la tortuga marina y de la depredación de sus recursos. La veda de la tortuga les cambió la jugada, ya no podían seguir por ese rumbo porque la presión del gobierno era mucha. La evolución surgió de varias ideas y ejemplos: “si no podemos vender productos, vendamos servicios”. Así nace lo que se convertiría en unos de los proyectos comunitarios más exitosos  de conservación: La Ventanilla.

Hablar de La Ventanilla es presenciar un pequeño milagro de resiliencia, en donde la perturbación hacia su entorno se convierte en apropiación territorial y esa conexión que se establece se convierte en el eje cultural y la concepción de entorno. Un proyecto insigne no solo por su trabajo comunitario de conservación, sino por su trabajo enfocado en el cocodrilo de río (Crocodylus acutus) especie en peligro de extinción que convirtieron en su estandarte.

La Ventanilla se convirtió así en punta de lanza en la conservación de esta especie. Aquí, la comunidad aprendió a monitorear sus poblaciones, a proteger sus sitios de anidación y a entender su comportamiento. Pero también descubrieron que al cuidar al gran reptil, cuidaban también la red vital del manglar: la circulación de nutrientes, el equilibrio de los peces y la salud integral del humedal, así no solo se convirtieron en los guardianes de nuestra última frontera, sino también de las especies vinculadas a los humedales, dunas y playas como las tortugas marinas, iguanas, tortugas dulce acuícolas, una diversidad de aves, tejones, mapaches, venados, etc.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, cuando la naturaleza ha apretado los dientes —con huracanes devastadores que llegaron a dejar el paisaje en ruinas—, la gente de Ventanilla no abandonó a su Laguna. Volvió al agua en sus pangas, limpió las entradas de la laguna, reforestó mangle y reconstruyó el hábitat. Ese es el verdadero valor de la conservación comunitaria: no se hace por un contrato ni por una moda pasajera; se hace porque la vida de la gente y la vida del ecosistema se volvieron una sola.

En un mundo que nos insiste en que el progreso requiere desarrollo voraz y grandes infraestructuras que alteran el paisaje, La Ventanilla responde con una provocación serena y hermosa. Su modelo de economía social y solidaria demuestra que se puede vivir con dignidad protegiendo a la fauna nativa.

Aquí la cooperativa es el motor donde el sustento se distribuye con justicia. El ingreso que genera la llegada de visitantes para observar su pedazo de paraíso  y especialmente al cocodrilo en libertad no nutre a un corporativo lejano: se queda en las cocinas comunitarias, en los guías que conocen cada animal por su nombre, en los viveros de mangle y en el resguardo del territorio. Es una economía con rostro humano y sentido ambiental, donde la tierra no se debe vender porque se entiende sagrada.

En la escala regional, La Ventanilla es la encarnación viva de la comunalidad oaxaqueña: esa capacidad de tomar decisiones colectivas, de organizarse en asamblea y de entender que el bienestar del vecino —y de la fauna que comparte el humedal— es el bienestar de todos.

Para México, de cara al 23 de agosto, Día Nacional del Cocodrilo, este proyecto representa el recordatorio de que la coexistencia entre comunidades humanas y depredadores no solo es posible, sino próspera. Y para un planeta enfrentado a la crisis climática y a la pérdida masiva de biodiversidad, La Ventanilla es la prueba de que la restauración ambiental guiada por las manos locales realmente funciona.

Mirar las aguas tranquilas de La Ventanilla después de tantos años, ver la silueta antigua de un cocodrilo deslizándose en silencio entre las raíces del mangle, llena el pecho de esperanza. En la mirada amable de los guías y en el pulso firme de su gente, se lee una lección que trasciende fronteras: la tierra y sus criaturas solo sanarán cuando aprendamos a cuidarlas. La Ventanilla es tierra de magia y amigos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Crisis democrática: El Salvador y Nicaragua

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Alberto Benítez Tiburcio

La democracia pierde legitimidad cuando no produce empleos, seguridad, movilidad social ni expectativas razonables de futuro. Se deteriora cuando el origen social y el color de piel pesan más que el talento y la promesa meritocrática parece una mala broma. Si a eso se suman corrupción, impunidad y élites incapaces de escuchar, el voto deja de expresar confianza y se convierte en instrumento de castigo.

El populismo no inventa esos agravios: los reconoce, organiza y transforma en energía política. Puede hacerlo desde la izquierda o la derecha, en nombre de la revolución, de los pobres o de la seguridad. Su operación es semejante: divide a la sociedad entre un pueblo virtuoso y unos enemigos culpables y presenta a un dirigente como encarnación de la voluntad popular.

Primero pide votos para derrotar al régimen anterior; después exige obediencia para vencer a los enemigos y finalmente elimina los límites que estorban a su gobierno. Así comienza también la destrucción de la República: los poderes dejan de contenerse entre sí y los tribunales, el Congreso, la prensa y los organismos de control pasan de ser garantías democráticas a ser descritos como obstáculos. Ese es el tránsito del populismo al autoritarismo.

Nicaragua ofrece el ejemplo más acabado desde la izquierda. Daniel Ortega, dirigente de la revolución que derrocó a la dictadura de los Somoza, regresó al poder en 2007 mediante elecciones. Años antes había pactado con el presidente Arnoldo Alemán una reforma que redujo el porcentaje necesario para ganar la Presidencia y repartió entre sus partidos los nombramientos de la Corte Suprema y la autoridad electoral. 

Ortega ganó en 2006 con cerca de 38 por ciento de los votos. Para 2009, una Sala Constitucional dominada por sus aliados declaró inaplicable la prohibición de reelección. Se reeligió en 2011 y, en 2014, una reforma eliminó los límites a la reelección y amplió sus facultades. Primero se burló la norma mediante una sentencia; después se modificó para legalizar lo hecho.

En 2016, una resolución judicial despojó a la principal fuerza opositora de su representación y Ortega volvió a competir acompañado por su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta. La captura institucional adquiría una forma nepotista.

El punto de no retorno llegó en 2018. Unas protestas contra una reforma a la seguridad social se transformaron en un movimiento nacional contra el gobierno. La Policía y grupos armados aliados respondieron con violencia y asesinó centenares de nicaragüenses. Al mismo tiempo, el régimen destruyó los espacios desde los cuales podía ser cuestionado: allanó redacciones, confiscó instalaciones, encarceló periodistas y forzó al exilio a centenares de comunicadores.

El ataque a la prensa no fue accesorio. Una sociedad necesita medios independientes para conocer lo que el gobierno oculta, contrastar versiones y formar una opinión propia. Sin ellos, el poder deja de enfrentar una esfera pública y comienza a administrar la realidad.

Antes de las elecciones de 2021, el gobierno encarceló a siete posibles candidatos presidenciales y a numerosos dirigentes, empresarios, activistas y periodistas. Ortega ganó con sus principales adversarios presos o exiliados. Hubo urnas, pero no eleciones libres.

La reforma constitucional de 2025 culminó el proceso. Ortega y Murillo fueron convertidos en “copresidentes” y la Presidencia recibió la facultad de “coordinar” al Congreso, los tribunales y la autoridad electoral. La Constitución dejó de organizar contrapesos y comenzó a organizar la concentración del poder.

El Salvador representa otra ruta, desde la derecha y con una fuente de legitimidad poderosa: la seguridad. Nayib Bukele ganó la Presidencia en 2019 como adversario de los partidos tradicionales, prometiendo eficiencia, modernidad y ruptura con una clase política desacreditada. El agravio era real. Durante años, las pandillas extorsionaron negocios, reclutaron jóvenes y controlaron territorios. Bajo su gobierno, los homicidios cayeron drásticamente y millones de salvadoreños recuperaron espacios dominados por el crimen. Negarlo sería deshonesto.

Pero la eficacia no cancela los derechos ni vuelve innecesarios los límites. En 2020, Bukele ingresó al Congreso acompañado de militares armados para presionar a los legisladores; al año siguiente, cuando su partido obtuvo la mayoría, destituyó sumariamente a los magistrados de la Sala Constitucional y al fiscal general. Los jueces nombrados en su lugar autorizaron la reelección presidencial inmediata, pese a que la Constitución la prohibía.

En marzo de 2022, tras una ola de homicidios, se decretó un régimen de excepción que suspendió garantías procesales y facilitó detenciones masivas. Lo temporal se convirtió en una forma permanente de gobierno; organizaciones internacionales han documentado arrestos sin pruebas individualizadas, incomunicación, tortura, falta de atención médica y muertes bajo custodia.

Bukele fue reelegido en 2024. En 2025, el Congreso dominado por su partido eliminó los límites a la reelección, amplió el periodo presidencial y suprimió la segunda vuelta. El camino quedó abierto para su permanencia indefinida en el poder.

Ortega y Bukele no son idénticos. Nicaragua es una dictadura familiar que eliminó casi toda competencia política. El Salvador conserva oposición, elecciones y respaldo social asociado a resultados en seguridad. Pero ambos procesos comparten una lógica: convertir la legitimidad electoral en autorización para destruir contrapesos, controlar tribunales y congresos, debilitar a la prensa y modificar las reglas que limitan al gobernante.

Aquí resulta indispensable distinguir democracia y constitución. La democracia responde quién debe gobernar: aquel que obtiene el respaldo ciudadano en elecciones libres, periódicas y competitivas. El constitucionalismo determina hasta dónde puede hacerlo, mediante qué procedimientos, durante cuánto tiempo y qué libertades no puede vulnerar.

La finalidad de la constitución no es impedir que el Estado actúe, sino hacer compatible el poder con la libertad. Una mayoría puede elegir a un presidente, pero no autorizarlo a torturar. Puede exigir seguridad, pero no declarar culpable a todo detenido sin juicio. Puede respaldar un programa político, pero no entregarle al gobernante los tribunales, la prensa y la posibilidad de perpetuarse.

Las constituciones no son obstáculos inventados por abogados. Son diques construidos a partir de una experiencia elemental: todo poder, incluso el que llegó con buenas intenciones y millones de votos, tiende a expandirse si nadie lo limita.

Los ciudadanos tampoco podemos renunciar a nuestra responsabilidad. La deliberación que da contenido a la democracia nos corresponde. El problema comienza cuando justificamos en nuestro gobernante lo que condenaríamos en el adversario; cuando toleramos abusos porque el responsable pertenece a nuestro partido; cuando reconocemos derechos para los nuestros, pero no para quienes llamamos traidores o enemigos; cuando confundimos eficacia con impunidad y popularidad con derecho a destruir la República. La alternativa es un Estado fuerte para hacer cumplir la Constitución pero suficientemente limitado para no colocarse por encima de ella.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Entrega Infonavit viviendas del bienestar a derechohabientes de Oaxaca

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• A nivel nacional ya se tienen contratadas para su construcción casi 516 mil viviendas, lo que representa el 43 por ciento de la meta del sexenio.
• La meta de construcción en la entidad es de 15 mil hogares, la cual podría incrementarse a 30 mil en 13 municipios.

El director general del INFONAVIT, el ingeniero Octavio Romero Oropeza, acompañó a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la entrega de viviendas en el fraccionamiento “Infonavit Pueblos Hermanos”, en Huajuapan de León, Oaxaca, como parte del Programa de Vivienda para el Bienestar. Este desarrollo cuenta con 412 viviendas.

Detalló que, a nivel nacional, ya se tienen aprobados 446 conjuntos habitacionales para su construcción en 31 estados del país, lo que significan casi 516 mil viviendas contratadas, es decir, el 43 por ciento de la meta del sexenio. Agregó que hay 74 desarrollos donde se está colocando vivienda, 38 que están completamente vendidos y 14 más se abrirán en agosto. En total, se han colocado más de 32 mil hogares.

Señaló que para Oaxaca la meta de construcción es de 15 mil viviendas, pero puede incrementarse a 30 mil hogares por parte del Instituto durante el sexenio, en Huajuapan de León, San Jacinto Amilpas, Salina Cruz, San Juan Bautista Tuxtepec, Santa María Atzompa, Santo Domingo Tehuantepec, Ciudad Ixtepec, San Pablo Etla, San Agustín Etla, San Lorenzo Cacaotepec, Santa Cruz Xoxocotlán, Tlacolula de Matamoros y Villa Zaachila.

Informó que al inicio de la administración se detectaron 4 millones 856 mil créditos y por instrucción de la Presidenta, a partir del 31 de diciembre de 2025, todos fueron reestructurados, de los cuales 19 mil 700 corresponden a familias oaxaqueñas. Además, anunció que más de 22 mil 600 personas serán beneficiadas con la liberación gratuita de su hipoteca.

En su intervención, la titular de la SEDATU, Edna Vega Rangel, destacó que este programa es histórico por la calidad de las viviendas que se están construyendo, además de que se entregarán 1 millón 800 mil créditos y apoyos para mejoramiento de vivienda y 1 millón de escrituras para garantizar la certeza jurídica de las familias.

Por su parte, el gobernador Salomón Jara Cruz indicó que la vivienda digna dejó de ser un privilegio neoliberal para convertirse, bajo el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en una realidad y un derecho humano. Además, reiteró el apoyo del gobierno del estado para continuar brindando acceso a un hogar seguro, saldando una deuda histórica de justicia social en esta región del país.

Esta es la segunda entrega de viviendas que se lleva a cabo en la entidad por parte del INFONAVIT y la número 37 a nivel nacional, en el marco del programa que contempla la edificación de 1 millón 200 mil viviendas en el país por parte del Instituto para los derechohabientes que menos ganan.


CONTRAFUEGO || Medios, autorregulación o ley

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Aurelio Ramos Méndez

Los periodistas propensos a incurrir en conductas antiéticas pervertidoras de su oficio, tales como mentir, calumniar, manipular y sesgar datos, enjuiciar de manera sumaria y poner su pluma a disposición del mejor postor, dejarán de hacerlo el día que se topen de frente con la ley, no con cándidas recomendaciones de un defensor de las audiencias o un código de ética tan coercitivo e inhibitorio como un llamado a misa.

Viene a colación este aserto a propósito de la emisión por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias –ya en proceso de consulta pública–, los cuales implican un retroceso de más de tres décadas en la regulación de las relaciones de los medios con sus audiencias.

Estas directrices, en efecto, requieren ser modificadas no en el sentido que reclama el coro de sus impugnadores mediáticos, sino para elevar su drasticidad y obligar al gobierno asumir su rol de garante de una genuina libertad de expresión y del derecho a la información, y hacerlos realmente útiles para la sociedad.

Como era previsible en un ámbito de periodismo alebrestado, las orientaciones han levantado polvo debido entre otras cosas a que establecen la mínima obligación de las empresas de radio y televisión de instituir un defensor de las audiencias y un código de ética, en un esquema de autorregulación equivalente a poner a Julián Quiñones cantar sus propios goles.

Desde el trámite legislativo de la nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, hace un año, un sector considerable de la opinión pública esperaba que esta norma pudiese propiciar un avance hacia la asunción de mayores responsabilidades profesionales, rigor ético y, en general, profesionalización de los periodistas. Sueño guajiro.

El contenido de dicha ley y el inicio de su operación por la CRT han disipado toda esperanza de depuración gremial, saneamiento mediático y despeje de la turbia atmósfera periodística. 

Lo que viene es el reforzamiento de la normatividad y la autorregulación que propugnaban los comunicadores –la UPD entre otras organizaciones– a finales de los 80, algunas de cuyas expresiones fueron la creación, en consonancia con la tendencia internacional, de códigos de ética y defensorías del lector, de conmovedora ingenuidad y total inocuidad, en varios medios, el primero El Economista en 1993. 

¡Premio a quien recuerde un caso, uno solo en las últimas tres décadas, en que las disposiciones del código o las observaciones del ombudsman hayan sido determinantes para la corrección de una cobertura, el resarcimiento de un daño reputacional, algún “usted disculpe” o una denuncia de connivencia entre medio y fuente, en especial el gobierno de turno, o del disfraz como noticia de la publicidad!

Mal podría haber semejante muestra ilustrativa, si como defensores de los lectores en la mayoría de los casos fueron habilitados directivos milusos, que sin pudor hacían un refrito del código del pionero en esta materia en nuestro idioma, el español El País, y conjuntaban todas las funciones regulatorias.

Es decir, que ellos “redactaban” el código, fungían como “defensores”, y como directivos autorizaban los materiales para su publicación, vía por la cual terminaban como “corresponsables” de los yerros y anomalías. Desopilante ficción.

La Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión –1200 afiliados– ya dijo que, si bien hay “temas que preocupan”, la propuesta de lineamientos no entraña censura alguna, mas ni siquiera esta postura de los presuntos afectados ha ayudado a morigerar las exigencias del coro fácil que, vociferante, advierte de coerciones a la libertad de expresión y límites al derecho a la información.

Sobre este último punto, la presidenta Sheinbaum adelantó que en breve el gobierno federal emitirá un “decreto para la transparencia”, en la administración pública, tendiente a evitar que las dependencias reserven información de manera discrecional. Pero los objetores de los lineamientos, como Gabino Barreda andando en la borrachera, nomás no entienden razones.

A los concesionarios les preocupa en especial que las sanciones en caso de incumplimiento pueden alcanzar uno por ciento de los ingresos anuales de cada concesionario o programador; las tildan de “en exceso elevadas”. ¡Caramba! 

Cualquiera que haya visto la fastuosidad –las camionetas de alta gama, los trajes, las viandas, el enjambre de escoltas—en la tradicional comida anual de la radio y televisión convendría en que el monto de la multa es apenas justo… Mal no les va a los barones de esta industria.

También consideran que los lineamientos son ambiguos y propician discrecionalidad, pues permite al gobierno definir qué es información falsa o descontextualizada, lo cual –afirman—desvirtúa los mecanismos de autorregulación y anula al defensor de las audiencias, porque queda subordinado a la autoridad.

Sin verbalizarlo de modo explícito, apenas de manera tácita pero inequívoca, los concesionarios buscan despojar al Estado de su facultad reguladora. 

Impugnan la introducción de un recurso de inconformidad –“¡amenaza a la libertad de expresión!”– que permite al gobierno revisar las decisiones de los defensores, porque aspiran a ser ellos quienes –vía su defensor de bolsillo y su código a modo—definan qué es información falsa o descontextualizada.

O sea, quienes dispersan la información falsa o fuera de contexto, o carente de éste, buscan mantener bajo su férula la capacidad de determinar la calidad de la información. ¡Que viva la autorregulación!

Del lado del gobierno, la presidenta Sheinbaum demandó pluralidad. “Es importante que se den los distintos puntos de vista”, dijo. Pero ya vimos lo que pasó en tiempos en que, por su iniciativa, los medios abrieron sus puertas a las distintas visiones de la vida política.

Valga para ponderar la patraña de ser juez y parte en el proceso de la comunicación, recordar esos tiempos en que los periódicos –al margen de la actual polémica sobre las audiencias, competente sólo a medios electrónicos– acogieron la pluralidad con una noción harto pobre del concepto. 

Incorporaron a sus páginas editoriales a representes de los partidos políticos, de quienes incluso exhibían sus cargos partidistas, asterisco de por medio, al pie de sus escritos. “Fulano de tal, secretario de Acción Deportiva, o diputado o senador del PRI, el PAN, o del PFCRN, del partido del ferrocarril”, por ejemplo. 

Se trataba de personajes que nada aportaban al debate público en el campo del periodismo, pues en sus trabajos obviamente sostenían las mismas posiciones que en los espacios naturales de su actividad política, la plaza pública o las tribunas legislativas.

Y medio hubo –El Periódico de México—que inauguró la moda de tomar por bobos a los lectores, anotando incluso los géneros periodísticos en cada publicación, como signo de calidad: Noticia, Crónica, Reportaje, etcétera… Algo de lo cual todavía quedan resabios en el mercado de diarios y revistas. 

Para no ahondar en la necedad que ha hecho carrera, la supuesta imposibilidad de separar información y opinión.

“Hay que reconocer que el periodismo moderno rara vez presenta una frontera absoluta entre hechos y opiniones. Un conductor puede contextualizar una noticia, un analista puede interpretar un dato y un entrevistador puede cuestionar una declaración pública”, escribió el presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, Jorge Bravo.

¡Pues seamos menos modernos, pero más respetuosos con las audiencias, porque de que se puede hacer tal separación, se puede!

RESCOLDOS

La existencia en México de cárteles que controlan territorios y que tienen la capacidad de matar, extorsionar y secuestrar a cualquier persona, es la razón por la que ni el sistema judicial ni el sistema político de nuestro país funcionan. Esto dijo Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump. Alguien debería decirle a este deslenguado que, asimismo, los cárteles existen debido al descomunal volumen de gringos adictos a drogas que son caras porque su gobierno las ha declarado ilícitas. Y que el dinero de esos viciosos les confieren a los cárteles inmenso, incomparable poder económico, capaz de sobornar a quien se les ponga enfrente, en uno y otro lado de la frontera común.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

EL LABERINTO DE LA JUSTICIA || Mardonio Carballo y la justicia vista desde la cosmovisión indígena

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Antonio Gutiérrez

Durante mucho tiempo la cosmovisión indígena fue concebida como un vestigio del pasado; no obstante, en las instituciones del Estado mexicano ya empieza a reconocerse como una expresión del pensamiento universal. 

De ahí que, si en verdad buscamos comprender los significados de la cosmovisión indígena, quizá lo más conveniente sea abandonar las ideas preconcebidas y escuchar de viva voz a quienes cotidianamente la practican: los propios pueblos indígenas.

Un ejemplo de cómo los pueblos indígenas expresan sus dudas, nombran las cosas del mundo, cuestionan la modernidad, reclaman sus derechos y expresan sus pensamientos, lo encontramos en la voz del poeta Mardonio Carballo. 

En una entrevista con el diario El País, el también director de Plural TV, advirtió: 

“No es normal que yo esté dirigiendo este canal. No es normal que Hugo Aguilar Ortiz esté al frente de la Suprema Corte. Hay muchas cosas que no son normales, porque la estructuración del racismo nos lo ha impedido, y esto parece una disrupción que no entiendo: ¿por qué, en un país lleno de indígenas, está ocurriendo apenas?” (Raziel, 2026).

El poeta náhuatl conserva una forma propia de nombrar y comprender la realidad.  Basta leer La canción de las flores, uno de sus poemas.

De modo que la llegada de Mardonio Carballo y de Hugo Aguilar Ortiz al máximo tribunal del país nos lleva a la pregunta obligada: ¿su arribo a la máxima institución de justicia de México representa también la llegada de la cosmovisión indígena a las instituciones del Estado mexicano?

El importante recordar que el cambio que estamos presenciando es el resultado de décadas de diálogo entre el pensamiento indígena, la antropología, la filosofía y el derecho; así como del trabajo intelectual de hombres y mujeres indígenas que han defendido la legitimidad de otras formas de comprender el mundo.

Especiales aportes a este proceso han realizado las sensibilidades de la “gente antigua”, para decirlo en el zapoteco de los Binnigula’sa’, voz que se compone de binni (gente) y gula’sa’ (antigua), según la traducción de Juan Carlos Sánchez Antonio, otra voz indígena, autor de La filosofía de los zapotecas (2026).

En “La canción de las flores”, de Mardonio Carballo, el tiempo, la milpa, la tierra, el agua, la palabra y la vida, constituyen relaciones vivas entre el ser humano y la naturaleza, las palabras no aparecen ahí como simples metáforas poéticas.

Esa manera de comprender el mundo es precisamente una expresión de la cosmovisión indígena.

Desde luego que las noticias sobre la cosmovisión indígena no llegaron a la Corte sólo por quienes ocupan actualmente los cargos de mayor peso simbólico.

Ya son ampliamente reconocidas las obras y las voces de intelectuales como: Víctor Leonel Juan Martínez, Jaime Martínez Luna, Floriberto Díaz Gómez, Luis Enrique Cordero Aguilar, entre tantos otros hombres y mujeres, que no sólo han aportado testimonios e ideas desde su propia tradición oral y escrita, sino que también han aportado conceptos como comunalidad, pluralismo jurídico, filosofía, sistemas normativos, justicia indígena, entre otros.  

Ellos y ellas saben que no basta el reconocimiento formal de las lenguas indígenas, para implementar la justicia intercultural, sino que, resulta imprescindible conocer los pensamientos que expresan esas lenguas.

De modo que es posible imaginar que a las y los ministros de la Corte les urge saber cómo resuelven y cómo han resulto los pueblos indígenas los controvertidos temas de justicia en sus comunidades, a partir de su cosmovisión; amén de que dicho mérito también debe reconocerse.   

Esa necesidad de inclusión de los sistemas de justicia de los pueblos y comunidades en la jurisdicción del Estado, se explica, entre otras razones, porque los operadores de justicia son los primeros en compartir con la sociedad mexicana las preocupaciones sobre las problemáticas actuales de México. 

Entre la vastedad de asuntos que atienden, los ministros de la Corte conocen las controversias generadas por la disputa de recursos minerales, hidrológicos, naturales, y las violencias entre los propios seres humanos; así como los métodos colectivos de resistencia y las prácticas comunitarias para la resolución de grandes conflictos. 

La cosmovisión indígena constituye pues una forma contemporánea de pensamiento desde el cual los pueblos originarios de México nombran las cosas y los fenómenos de nuestro entorno, entienden los derechos y aportan pensamientos que enriquecen el dialogo y el pensamiento universal. 

Una mirada a las obras escritas por autores indígenas nos ayudaría a comprender, aún más, que los pueblos indígenas de México son productores tanto de pensamientos estéticos como filosóficos, y también aportan ideas y pensamientos para el ejercicio de la crítica social. 

No obstante, tal vez el verdadero desafío de las y los operadores de justicia del México actual, consiste en aprender a pensar con las categorías culturales desde las cuales los pueblos indígenas han entendido, durante siglos, la justicia, la comunidad y la dignidad humana.


  • Raziel, Z. (2026) “Mardonio Carballo, director de Plural TV: ‘Piensan que estamos aquí porque somos indios, no porque sepamos hacer las cosas’”, El País, 9 de abril.
  • Sánchez-Antonio, J. C. (2022). Filosofía zapoteca, ciencias sociales y diálogo mundial de saberesDisparidades. Revista de Antropología, 77(2), e024. https://doi.org/10.3989/dra.2022.024

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Convoca Poder Judicial a Diplomado para la formación de facilitadores comunitarios y agentes de paz

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  • Una iniciativa impulsada en coordinación con la Secretaría de Gobierno, con el objetivo de fortalecer la mediación comunitaria y la cultura de paz en municipios

Oaxaca, Oax., 30 de julio de 2026.- El Poder Judicial del Estado de Oaxaca convoca a personas con vocación de servicio a participar en el Diplomado de Formación de Facilitadores Comunitarios y Agentes de Paz, una iniciativa en conjunto con la Secretaría de Gobierno, que busca fortalecer la mediación comunitaria y la resolución pacífica de conflictos. 

El registro permanecerá abierto hasta el 28 de agosto del presente año y las actividades iniciarán el 3 de septiembre, en modalidad híbrida, con una duración de 120 horas.

El diplomado es impulsado por el Centro de Justicia Alternativa, como parte de la estrategia Centros de MASComunidad: Centros de Paz Comunitarios, promovida por la magistrada presidenta Erika María Rodríguez Rodríguez y que suma esfuerzos con el Programa Estatal Paz con Justicia y Bienestar para el Pueblo de Oaxaca, con el propósito de formar personas capaces de promover el diálogo, la conciliación, la mediación y la justicia restaurativa en beneficio de sus comunidades.

La convocatoria está dirigida a los municipios del estado, los cuales deberán postular al menos a dos personas con conocimiento de su entorno social, cultural y lingüístico, así como vocación de servicio y disposición para impulsar acciones de construcción de paz. Además, deberán contar con un espacio para la instalación de un Centro de MASComunidad, desde donde se desarrollarán actividades de atención y mediación comunitaria.

Las y los participantes recibirán formación teórica y práctica en mecanismos alternativos de solución de controversias, habilidades de comunicación, análisis de casos y herramientas para la facilitación comunitaria, con el acompañamiento de especialistas en la materia. Quienes acrediten satisfactoriamente el diplomado recibirán una certificación institucional expedida por el Centro de Justicia Alternativa.

El prerregistro se debe realizar mediante el código QR incluido en la convocatoria. Para dudas o mayor información se encuentran disponibles los teléfonos 951 644 3753 y 800 821 6789.

El periodismo y la libertad de expresión

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Alberto Benítez Tiburcio

Cada vez que asesinan a un periodista en México ocurre, además del crimen, una liturgia. Esta semana fue Francisco Alejandro Leyva Aguilar, periodista oaxaqueño y autor de la columna política El Zumbido del Moscardón. Antes fueron muchos otros. De acuerdo con Artículo 19, desde el año 2000 alrededor de 180 periodistas han sido asesinados en el país. México aparece, año tras año, entre los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo fuera de un contexto formal de guerra. Sin embargo, quizá lo más inquietante no sea la repetición de los asesinatos, sino la normalidad con la que hemos aprendido a recibirlos. El crimen ocurre; llegan los comunicados oficiales; se promete una investigación exhaustiva; se condenan los hechos; se asegura que no habrá impunidad. Después sobreviene el silencio. Hemos perfeccionado el ritual del pésame mientras la indignación se desvanece con una rapidez cada vez mayor.

La muerte de un periodista nunca representa únicamente la pérdida de una vida. También significa la desaparición de una mirada crítica sobre la realidad. El miedo no sólo mata periodistas; también produce autocensura, desalienta la investigación y empobrece el debate público. El silencio, como casi siempre ocurre, termina favoreciendo al poder.

Solemos decir que la libertad de expresión es un derecho fundamental. Lo es, pero esa definición resulta insuficiente. En realidad, constituye el mecanismo que permite que todos los demás derechos dejen de ser simples promesas constitucionales para convertirse en derechos vivos. Un abuso que nadie se atreve a denunciar, un acto de corrupción que nadie puede revelar o una arbitrariedad que permanece oculta terminan convirtiendo los derechos en declaraciones vacías. La diferencia entre una Constitución viva y una meramente simbólica suele depender de que exista algún periodista dispuesto a contar aquello que el poder preferiría mantener en secreto.

Por eso la libertad de expresión no protege únicamente a quien habla. Protege, sobre todo, el derecho de toda la sociedad a saber. La democracia necesita información no por una razón romántica, sino por una necesidad práctica. Los ciudadanos sólo pueden controlar al poder si conocen cómo ejerce ese poder. Para elegir no basta con depositar una boleta en una urna. Hace falta comprender qué decisiones se tomaron, quién se benefició de ellas, cuánto costaron, quién cumplió con su responsabilidad y quién abusó de ella. Sin información independiente, el voto deja de ser una decisión racional para convertirse en un acto de confianza ciega.

La democracia tampoco se agota el día de la elección. Los ciudadanos necesitan información para elegir a sus gobernantes, pero también para evaluarlos mientras ejercen el cargo y decidir, llegado el momento, si merecen continuar o ser sustituidos. El periodismo permite distinguir entre gobiernos eficaces e ineficaces, entre funcionarios íntegros y servidores públicos corruptos, entre quienes honran la confianza ciudadana y quienes la defraudan. Hace posible premiar a los buenos gobiernos y retirar democráticamente del poder a los malos. La denuncia periodística precede, casi siempre, a la evaluación ciudadana del poder.

Con frecuencia se presenta al periodismo como un adversario de los gobiernos. Es exactamente lo contrario. Los buenos gobiernos necesitan una prensa libre. Ningún gobernante es infalible ni dispone de toda la información. El poder tiende al aislamiento y a la autocomplacencia. El periodismo rompe ese círculo: detecta errores, revela abusos y obliga a corregir decisiones antes de que sus costos sean irreparables. La crítica no debilita al poder democrático, por el contrario, mejora la calidad de sus decisiones. Una prensa libre no sólo protege a la sociedad frente al poder; también protege al propio poder de sus errores y de la ilusión de que nunca se equivoca.

Quien decide asumir un cargo público acepta, al mismo tiempo, someterse a un escrutinio más intenso que el resto de los ciudadanos. No se trata de ataques personales, sino de una exigencia inherente a la función pública. Quien administra recursos, toma decisiones y ejerce autoridad debe rendir cuentas. La crítica, la sátira y el cuestionamiento no son excesos de la democracia; constituyen algunos de sus mecanismos de control más eficaces.

Precisamente por eso resultan preocupantes los intentos por inhibir la crítica desde el propio poder. La utilización de figuras jurídicas ambiguas para sancionar expresiones en medios y redes sociales, o el uso de litigios, fiscalías y tribunales para hostigar a periodistas críticos, revelan una preocupante intolerancia al escrutinio público. Aunque estas medidas suelen presentarse como mecanismos para combatir la desinformación o proteger derechos, su efecto consiste en elevar el costo de cuestionar al poder y empobrecer la deliberación democrática. Cuando el poder pretende decidir qué críticas son legítimas y cuáles deben callarse, deja de comportarse como un poder limitado por la Constitución y comienza a actuar como si la Constitución estuviera subordinada a su voluntad.

Las democracias no suelen morir mediante un solo acto espectacular. Se erosionan lentamente. Primero se desacredita a la prensa crítica. Después se multiplican las demandas judiciales. Más tarde aparecen leyes que prometen proteger a la sociedad, pero terminan protegiendo a los gobernantes del escrutinio ciudadano. Poco a poco, el espacio para disentir se reduce, la conversación pública se empobrece y los ciudadanos dejan de contar con la información necesaria para vigilar a quienes gobiernan. Es entonces cuando la democracia comienza a vaciarse desde dentro, aun cuando las elecciones continúen celebrándose con aparente normalidad.

Por eso el asesinato de un periodista, la censura de una caricatura, la intimidación judicial contra un reportero o el intento de castigar a un ciudadano por criticar a un gobierno en redes sociales no son episodios aislados. Forman parte de un mismo fenómeno: la tentación permanente del poder de reducir el espacio de la crítica. Ése ha sido, históricamente, el primer síntoma del deterioro democrático. Porque la democracia no empieza a perderse cuando se dejan de celebrar elecciones. Empieza a perderse mucho antes: el día en que el poder deja de aceptar que alguien pueda decirle, públicamente, que está equivocado.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista.