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Hugo Aguilar y la hora indígena

Por: Antonio Gutiérrez Rodríguez

“Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”.

Marc Bloch nos recuerda el proverbio árabe.

En el horizonte de los pueblos y comunidades indígenas de México asoma, como una constelación de nuevas estrellas, la iniciativa de Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos.

El Protocolo del Proceso de Consulta Previa, Libre e Informada que dará sustento al diálogo para su aprobación, fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 29 de junio de 2026. Con ello inicia una etapa que podría marcar un antes y un después en la relación entre el Estado mexicano y los pueblos que habitan este territorio desde mucho antes de la fundación de la República.

Vamos, pues, rumbo a la consulta previa, libre e informada, en busca de colocar en el lugar que les corresponde derechos históricos que, pese a su legitimidad y vigencia, permanecen insuficientemente comprendidos por amplios sectores de la sociedad. No se trata de derechos nuevos; son derechos largamente postergados por más de dos siglos de construcción estatal edificada, en gran medida, bajo una lógica homogeneizadora.

Durante más de doscientos años prevalecieron las normas y estructuras jurídicas del Estado como único referente legítimo de organización social. Sin embargo, los pueblos indígenas mantuvieron viva la memoria de sus propios sistemas normativos, de sus formas de gobierno, de sus mecanismos de resolución de conflictos y de sus principios comunitarios. 

La continuidad de estas instituciones constituye una de las expresiones más notables de resistencia cultural y de permanencia histórica en México.

La convocatoria delineada por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y respaldada por la Secretaría de Gobernación y la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal no representa únicamente un procedimiento legislativo. También abre una oportunidad excepcional para colocar en el centro del debate nacional conceptos fundamentales sobre los que podría edificarse un diseño institucional más incluyente, plural y acorde con la diversidad cultural del país.

Comunidad, ley, autoridad, autonomía, libertad, derechos humanos, territorio y justicia son apenas algunos de los conceptos que merecen ser revisados con rigor intelectual y sentido crítico. La discusión no es menor. De la manera en que estas nociones sean comprendidas y articuladas dependerá, en buena medida, la construcción de una nueva relación entre el Estado y los pueblos indígenas y afromexicanos.

En este ejercicio de reflexión conviene recordar la observación del sacerdote y erudito francés Richard Simon, retomada por Marc Bloch en su célebre Introducción a la historia. La crítica, escribió, es una “especie de antorcha que nos ilumina y nos conduce por las rutas oscuras de la Antigüedad, haciéndonos distinguir lo verdadero de lo falso”. Esa misma actitud crítica será indispensable para analizar los alcances de la iniciativa, reconocer sus fortalezas, identificar sus limitaciones y contribuir a que el debate público se traduzca en instituciones más justas y democráticas.

Reconocer la legitimidad de las normas consuetudinarias y nombrarlas por lo que son —verdaderos sistemas jurídicos construidos por generaciones enteras— no ha sido una tarea sencilla. Detrás de este proceso se encuentran miles de mujeres y hombres indígenas que durante décadas han defendido sus conocimientos, sus formas de organización, sus principios éticos y sus modos de entender la justicia y la vida comunitaria.

Resulta imposible mencionar en unas cuantas líneas a todas las personas que han contribuido a esta transformación. Sin embargo, no deja de ser significativo que este momento histórico coincida con la presencia de profesionistas indígenas en espacios estratégicos de decisión pública. Como si distintas trayectorias individuales convergieran para abrir una nueva etapa en la vida institucional del país.

Entre quienes se autoadscriben como indígenas y que hoy ocupan cargos de alta relevancia, destacan Adelfo Regino Montes, al frente del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas; Camelia Gaspar Martínez, en la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Norma González Jiménez, en la Fiscalía General de la República; Víctor Leonel Juan Martínez, en la Dirección General de Derechos Humanos y Justicia Pluricultural de la Suprema Corte; y, de manera particularmente significativa, Hugo Aguilar Ortiz, jurista mixteco y actual Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; y como es de conocimiento público, la Corte no legisla, por eso la Convocatoria dice que participa como OBSERVADORA. 

La presencia de un indígena mixteco al frente del máximo tribunal constitucional del país posee una dimensión que trasciende lo biográfico. Representa el reconocimiento de una larga lucha colectiva y simboliza la posibilidad de que las instituciones nacionales comiencen a dialogar, en condiciones más equitativas, con las realidades jurídicas y culturales de los pueblos originarios.

Existen, desde luego, innumerables mujeres y hombres indígenas, dentro y fuera de México, aportando desde la academia y desde los pueblos y comunidades, el servicio público, la investigación, la judicatura y la organización comunitaria, nuevos contenidos para fortalecer el reconocimiento de la diversidad cultural. Gracias a ese trabajo persistente, los sistemas normativos indígenas dejan de ser vistos como una curiosidad antropológica para asumirse como parte sustancial de la vida jurídica y política de la nación.

La consulta que hoy comienza no sólo discutirá una ley. También pondrá a prueba la capacidad del Estado mexicano para reconocerse plenamente como lo que la Constitución afirma desde hace décadas: una nación pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. Tal vez por ello, más que una reforma legislativa, lo que tenemos enfrente es una oportunidad histórica para reconciliar la memoria de los pueblos con el futuro de las instituciones.

División de poderes revisitada

Alberto Benítez Tiburcio

Decía Lord Acton que «el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Hay frases que sobreviven al paso del tiempo porque describen una constante de la condición humana. La de Acton no habla de un gobernante específico ni de una ideología determinada; habla del poder mismo. Durante siglos pensamos que el gran problema de la política consistía en encontrar buenos gobernantes. Con el tiempo descubrimos que esa era la pregunta equivocada. Incluso los mejores gobiernos cambian, las mayorías se transforman y los partidos desaparecen. Lo único que permanece es una realidad incómoda: el poder tiende naturalmente a expandirse. Nunca considera suficientes las facultades que posee y siempre encuentra razones plausibles para justificar otras nuevas. La verdadera pregunta de la política nunca ha sido quién debe gobernar, sino cómo impedir que quien gobierna termine ejerciendo un poder sin límites.

Ésa es la idea fundacional del constitucionalismo y, probablemente, una de las aportaciones más importantes de la civilización occidental. El constitucionalismo y el republicanismo modernos surgieron como respuesta al absolutismo monárquico que dominó buena parte de Europa durante los siglos XVII y XVIII, cuando la concentración del poder en la figura del rey prácticamente no reconocía límites jurídicos. Solemos imaginar que una Constitución sirve para organizar el Estado y distribuir competencias. Todo eso es cierto, pero no constituye su finalidad principal. Las constituciones modernas nacieron, sobre todo, para limitar al poder. En su esencia expresa desconfianza hacia el poder. Parte de una premisa sencilla, pero profundamente realista: ningún ser humano debería disponer de facultades suficientes para imponer su voluntad sin encontrar límites institucionales.

Esta distinción resulta indispensable porque con frecuencia confundimos democracia con constitucionalismo, como si ambas palabras fueran sinónimos. No lo son. La democracia responde a una pregunta decisiva: ¿quién tiene derecho a gobernar? Su respuesta es el voto ciudadano. El constitucionalismo responde otra todavía más importante: ¿qué NO puede hacer ese gobernante una vez que obtuvo legítimamente el poder? La democracia crea poder político; el constitucionalismo lo contiene. La primera otorga legitimidad para gobernar; el segundo garantiza que esa legitimidad no se convierta en arbitrariedad. Una mayoría puede decidir quién gobierna, pero no puede decidir que desaparezcan la libertad de expresión, el debido proceso o la igualdad ante la ley. Precisamente porque existen derechos fundamentales que el poder no puede vulnerar, también deben existir instituciones capaces de protegerlos incluso frente a las mayorías.

Aquí aparece el verdadero significado de la división de poderes, una idea que con demasiada frecuencia reducimos a una explicación escolar sobre las funciones del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Esa descripción es correcta, pero superficial. La división de poderes no existe para distribuir tareas administrativas; existe para distribuir el poder mismo. Su lógica consiste en impedir que una sola autoridad acumule suficientes atribuciones para convertirse en juez de sus propios actos. Los pesos y contrapesos no representan un obstáculo para gobernar; constituyen la condición indispensable para que el gobierno permanezca sujeto al derecho.

No deja de ser paradójico que, justamente cuando las democracias contemporáneas han alcanzado los mayores niveles de desarrollo constitucional de su historia, haya resurgido la tentación demagógica de presentar esos límites como un problema. Con creciente frecuencia se afirma que los tribunales obstaculizan las transformaciones, que los órganos constitucionales autónomos son prescindibles, que la prensa crítica desestabiliza o que la oposición simplemente bloquea el mandato de las mayorías. El argumento parece atractivo porque promete eficacia. Si el gobierno dejara de enfrentar controles, podría actuar con mayor rapidez. Sin embargo, la experiencia histórica enseña exactamente lo contrario. El poder sin límites puede ser más veloz, pero también es mucho más peligroso. La eficiencia nunca puede ser un sustituto de la libertad.

Los estudios contemporáneos sobre la erosión democrática coinciden en una conclusión inquietante. Las democracias ya no suelen desaparecer mediante golpes de Estado ni por la suspensión abierta de las constituciones. Se deterioran gradualmente desde el interior de sus propias instituciones. Poco a poco, el problema deja de ser el abuso del poder y pasa a ser la negación misma de los límites al poder. Ése es el momento en que una democracia comienza a confundirse con la simple concentración del poder.

Conviene recordar entonces para qué fueron creados los derechos humanos. No constituyen una concesión generosa del Estado ni un catálogo de aspiraciones morales. Representan un espacio de autonomía que el poder no puede invadir. Son la frontera jurídica que protege la dignidad de las personas frente a cualquier autoridad, incluso frente a aquella que llegó legítimamente mediante el voto. Por eso los derechos humanos y el constitucionalismo son inseparables. Los derechos carecerían de eficacia sin instituciones independientes que los hicieran valer, y esas instituciones perderían sentido si dejaran de existir derechos que proteger. La división de poderes, en consecuencia, no es un fin en sí mismo; es el mecanismo mediante el cual las libertades dejan de depender de la buena voluntad del gobernante y pasan a descansar en la fuerza del derecho.

Quizá el mayor error de nuestro tiempo consista en pensar que las instituciones fueron diseñadas para facilitar el ejercicio del poder. En realidad fueron creadas para limitarlo. Por eso los pesos y contrapesos no protegen a los poderes públicos; protegen a los ciudadanos frente a los poderes públicos. Ésa es la diferencia entre un Estado constitucional y un régimen autoritario donde el poder termina respondiéndose únicamente a sí mismo.

En el fondo, la división de poderes es una convicción profundamente democrática: ningún gobernante, por popular que sea, puede colocarse por encima de la Constitución porque la Constitución, antes que un pacto entre quienes ejercen el poder, es un pacto para proteger la libertad, la dignidad y los derechos de las personas. Ésa es la razón por la que las democracias constitucionales siguen siendo la mejor herramienta que hemos construido para convivir en libertad: permiten que el pueblo decida quién gobierna, pero impiden que cualquier gobernante, incluso aquel elegido por el propio pueblo, pueda convertirse en dueño del poder. Porque el poder sólo es verdaderamente democrático cuando encuentra límites; cuando deja de tenerlos, tarde o temprano deja también de servir a la libertad.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Ken, el narcoembajador

Aurelio Ramos Méndez

El exembajador Ken Salazar debe estar hoy muerto de miedo, escondido en el paraje más remontado de su rancho en Colorado, rogándole a Malverde que obre el milagro de hacerlo invisible para el Pentágono, la DEA, el FBI y la CIA, de manera que no pueda ser arrestado y quizá confinado en la cercana penitenciaría ADX Florence, la más segura de Estados Unidos, el Alcatraz de las Rocallosas, acusado de narco.

Nada de suposiciones gratuitas. Es deducción derivada de versiones propaladas por sedicentes expertos en la relación México-EU, quienes le han puesto el dedo en la frente señalándolo de complicidad con el expresidente López Obrador, a quien esos mismos especialistas ya imputaron como traficante de drogas en la mira de la prístina justicia gringa, y hasta enjuiciaron y sentenciaron.

Al diplomático le atribuyen “haber sido cómplice de la política criminal del obradorismo” en materia de seguridad pública y seguridad nacional, en especial el combate al tráfico de substancias ilícitas, “en la cual, por omisión, es responsable de sus consecuencias”. 

Más claro: Al igual que Raúl Salinas de Gortari, Genaro García Luna, El ChapoEl Mayo, Caro Quintero o El Señor de los Cielos, es responsable de la intoxicación –y aun la muerte– de millones de drogadictos gringos, muchos a las puertas de la Casa Blanca, quienes –seamos sinceros—deambulan dichosos en su mundo mientras México se ahoga en un baño de sangre.

Salazar fue embajador de junio de 2021 a enero de 2025, tres años y siete meses durante los cuales “cerró los ojos cuando debía haber prendido las alarmas” acerca de lo que sucedía en nuestro país. Fingida ceguera producto –afirman– de que AMLO “facilitó negocios a cercanos” del personero de la administración Biden.

¿Qué fue –según quienes supuestamente tienen el pulso de la realidad binacional—lo que por cegato o conveniencia no vio el hoy empavorecido embajador? Que en ese tiempo floreció la estrategia de abrazos, no balazos, creció el tráfico de fentanilo ilegal de Los Chapitos, se relajó el combate a los cárteles…

Tampoco vio “la cercanía de López Obrador con la familia de Joaquín El Chapo Guzmán, la corrupción de sus hijos (del Peje) y la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación”.

¡Suficiente para prisión perpetua, o inyección letal, electroejecución, cámara de gas, pelotón de fusilamiento o ahorcamiento, las cinco modalidades de pena de muerte todavía vigentes en EU, en pleno siglo XXI!

Entre quienes afirman que el diplomático “comía de su mano” (del de Macuspana) y le achacan haber defendido no los intereses de su país sino los del Presidente de México, y que en su complicidad “tenía resuelta la relación (del capo AMLO) con la Casa Blanca”, se cuentan, hilarante paradoja, conocidos apátridas, y arquetipos de entreguismo, desnacionalización, colaboracionismo y traición a la Patria.

Además de empavorecido Salazar debe estar arrepentido. La jauría mediática que acosa al exmandatario volteó a mirarlo tan pronto se conoció un adelanto de su libro Fronteras: mi lucha por un Estados Unidos incluyente, en el cual refiere el chismarajo que dizque le habría confiado un empresario con cercanía para “susurrarle al oído” al tabasqueño.

Según el cuentazo del real o ficticio machuchón, tras el secuestro de El Mayo Zambada El Peje acusó preocupación por lo que este narcotraficante pudiera declarar en EU respecto a los vínculos de la 4T, específicamente el propio AMLO, con el narcotráfico. 

El diplomático nada diplomático sino más bien proclive al chismorreo, se reservó la identidad del infidente, pero la rumorología le puso a este nombre, apellidos y signos de interrogación: ¿Alfonso Romo? ¿Carlos Slim? ¿Miguel Rincón? ¿Ricardo Salinas Pliego por aquel entonces chupamedias del mandamás? 

El caso es que la habladuría sobre el supuesto desasosiego del expresidente se convirtió en la pepita de oro del libro de Ken Salazar, colmilludo político que logró hacerse amigo del Presidente y hasta llegó a tener derecho de picaporte en el Palacio Nacional.

Escupió para arriba, sin embargo, pues con los dichos plasmados en su obra ciertamente se incriminó y quedó bajo los reflectores, en riesgo de ser atrapado en su rancho como un conejito asustado y acorralado.

Si hemos de creerles a tales sedicentes expertos en la relación bilateral, el exembajador ya tiene un pie en la cárcel. Puede ser el primer pez mediano, y blanco, anglosajón, protestante (WASP) en ir a prisión o a la pena capital desde que Nixon inició la guerra contra las drogas, hace más de medio siglo.

Nada para celebrar. Aunque, sí, implicaría un ligero cambio, pues hasta ahora a EU la presbicia sólo le ha permitido ver narcos entre los pobres y las minorías raciales o migratorias: negros, musulmanes, salvadoreños, haitianos, colombianos, bolivianos, mexicanos. 

Güeros no hay, esos son santos, incorruptibles, constitutivamente inmaculados.

No nos dejemos engañar. Estamos ante una compilación de mentiras diplomáticas, estridencia político-electoral, propaganda de derecha, vasallos desnacionalizados y un gobierno imperial, ya sea republicano o demócrata, al cual el fenómeno de las drogas sólo le ha interesado como pretexto intervencionista.

O, que lo digan Maduro, Evo, Petro, Ernesto Samper, Rafael Correa, y hasta Juan Orlando Hernández, el hondureño condenado a 45 años de prisión a quien Trump indultó con tal de avanzar en la derechización latinoamericana.

Mueve a risa, en este contexto, el descubrimiento -¡ah, oh!– realizado a socaire del libro de Salazar por voceros del salinato, respecto a la dizque configuración en EU de “una suerte de explicitación del consenso bipartidista”, con objeto de “evidenciar la formación en México de un narco-Estado”.

Y para demostrar que tal narco-Estado “constituye una amenaza a la seguridad de la superpotencia vecina”, celebró el jefe y mecenas de dicho grupo político, José Carreño Carlón, quien de paso develó sin sonrojarse su irrisoria noción de la soberanía.

La presidenta Sheinbaum, según el vocero de Carlos Salinas, arropa a los narcopolíticos del régimen en nombre de “un percudido concepto de soberanía nacional”. 

Lacayismos aparte, no existe en EU configuración de consenso alguno sobre un narco-Estado mexicano. Son bobadas. Desde hace 200 años sabemos de la argamasa que une a todo –todo– el gringaje, la doctrina que preconiza América para los americanos

Y sabemos también de las modernas estrategias de comercialización y mercadotecnia política, las cuales han establecido que, más allá de diferencias cosméticas, entre demócratas y republicanos existen las mismas diferencias que entre la Coca y la Pepsi. ¿Cuál consenso?

BRASAS

“La próxima intervención militar estadounidense en México”, ocurrirá dentro de los siguientes veinte días, antes del 19 de junio, o a más tardar en un lapso posterior similar, hasta el 8 de agosto. 

Será “antes o después de que termine el Mundial de Futbol”. La decisión ya esta tomada en Washington, lo que resta es determinar la fecha. 

El aviso fue notificado por un periódico digital de notable nacionalismo, admirador de Trump hasta la rendición y deseoso de que nuestro gobierno se ponga a bailar al son que el magnate le toca chasqueándole los dedos.

El medio aludido acusa nuestra Jefa de Estado de “llevar al país a la colisión con Estados Unidos por su postura inflexible de no entregar a altos mandos políticos vinculados a los cárteles del narcotráfico”.

Recrimina, escandalizado, que en su reclamo la potencia “exige resultados rápidos y contundentes y no los ve”, y concluye insidioso:

Para EU la negativa de Sheinbaum es “un signo claro de que con Morena en Palacio Nacional no hay manera de entenderse con México”. Le faltó agregar “regresemos el reloj hasta 1988”.

La notificación indicó que la intervención militar será “antes o después” de que termine el Mundial, lo que significa que si el final será dentro de veinte días –el 19 de junio—se antoja razonable un lapso similar para la hipótesis de que sea después de este evento futbolero, hasta el 8 de agosto.

Avisados estamos.

RESCOLDOS

¡Dieciocho y medio millones de piezas de medicamentos del Hospital Infantil de México Federico Gómez caducaron entre 2020 y 2024! En el desperdicio estaban incluidos centenares de miles de oncológicos. Sí, justo aquellos por los cuales padres de niños con cáncer y políticos sin escrúpulos protestaron por aquellos días ante el desabasto. De acuerdo con información que ahora se conoce, el director saliente en 2024, Jaime Nieto Zermeño, se abstuvo de notificarle a su sucesor la existencia del lote de insumos médicos. Una infamia…

De nuevo se propalan, sin una sola prueba al canto, mentiras en el sentido de que “desde el gobierno se extorsiona a dueños de medios de comunicación para que corran a periodistas”. Ni un solo nombre de dueño o concesionario. Y se afirma también que “casi la totalidad de los medios tradicionales se han puesto del lado del gobierno”. Por fortuna el desempeño de los medios es público, está ahí, a la vista de todos; valórenlo las audiencias…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || País “sin control”, Mundial airoso

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Aurelio Ramos Méndez

Los primeros diez días del Mundial de Futbol han transcurrido en todo el territorio nacional, pero en especial en las tres sedes –CDMX, Guadalajara y Monterrey–, en un ambiente general de paz y orden, sin incidentes de gravedad, muy cerca de lo que el lugar común denomina una fiesta. 

Sorprende que así sea, si se repara en que el organizador de este lucidor evento ha sido, según el despreciable Donald Trump y sus lacayos autóctonos, un gobierno que ha perdido el control del país.

Si hasta podría decirse “¡qué buen organizador de mundiales es el narco!”, fenómeno éste gestado, promovido, manipulado y usufructuado por EU desde hace más de medio siglo, pues según el mandatario gringo y sus vasallos en México “los cárteles dirigen” nuestro país.

En su discurso ante el G-7, el pasado miércoles (17) y para regocijo de sus compinches de este lado de la frontera, quienes celebran sus sandeces como un gol de final de campeonato mundial, Trump expelió: 

“México ha perdido el control de su país, los cárteles dirigen México y es triste. La presidenta es muy buena, pero es una mujer muy asustada”.

A estas alturas hasta las piedras conocen el estilo hiperbólico, o más bien cínico y disparatado de la retórica de Trump, si bien por estos días su accionar a tontas y locas se explica porque anda con el santo de espaldas.

Deambula derrotado en Irán, desafiado por Robert de Niro, ridiculizado por su aliada italiana Giorgia Meloni y reconvenido con razón y dureza por la “muy asustada” presidenta Sheinbaum.

Esta penosa coyuntura, a la que deben agregarse los intereses electoreros que lo inducen a la soberbia y la pretendida superioridad e infalibilidad en busca de votos, en modo alguno es excusa para el agravio y el insulto, menos aún contra un vecino, socio comercial y aliado geopolítico.

El terror del barrio encontró en la jefa del Estado la horma de su zapato. Ella tomó aquellos dichos como provenientes de uno de esos loquitos inofensivos que vociferan incoherencias a la salida de misa.

“Yo he dicho que el presidente Trump tiene su manera de comunicar… No hay que engancharse en cada declaración. El pueblo de México sabe que estamos trabajando, que es lo que a mí me importa”, expresó la mandataria, y señaló que en materia de seguridad su gobierno está dando resultados, aunque Trump no conoce la realidad de nuestro país.

Dijo más y con más energía. “No está bien informado él, se lo he dicho personalmente. Y esto no es algo que yo lo diga por primera vez: ¡el Estado mexicano existe!”.

Luego dribló al deslenguado ocupante de la Casa Blanca. “Nosotros no vamos a entrar, no queremos ni debemos entrar en un debate personal con el presidente Trump. Defendemos nuestras posiciones y buscamos siempre la mejor relación posible, con nuestros principios, defendiéndolos. Esa ha sido mi posición y creo que es la correcta”.

En la guerra que azuzado por Benjamin Netanyahu libra contra Irán, el presidente norteamericano ha sufrido, por donde se mire, una humillante derrota. 

Y el domingo antepasado (14) Robert de Niro, una de las voces más respetadas en la potencia vecina, en especial entre la comunidad artística, le asestó un golpe demoledor, digno del legendario peso mediano Jake LaMotta, Toro Salvaje.

Sin eufemismos, con tono crudo –único que reconoce el presidente convicto de 34 delitos–, De Niro dijo estar cerca de ser un fundamentalista de la libertad de expresión, “así que cuando oigo algo que no me gusta, recurro a mi propia libertad de expresión para responder”. 

Habló en un evento denominado “Levántense, canten: concierto por la Primera Enmienda”, y respondió:

“Cuando oigo a Trump decir, como hizo hace unos días, ‘no pienso en la situación económica de los estadounidenses, ni siquiera un poco’, yo digo: ¡Cállate la puta boca!”.

El actor principal de El Francotirador, prosiguió:

“Me duele decirlo, pero amar a nuestro país empieza a sonar como una persona maltratada que dice que quiere a quien la maltrata… No puedo querer a un país que inicia guerras estúpidas e inhumanas que matan a miles de inocentes y causan indirectamente la muerte y el sufrimiento de millones más.

“No puedo querer a un país que deja sin asistencia sanitaria a millones de personas y utiliza ese dinero para enriquecer a sus amigos de la clase de Trump y Epstein.

“No puedo querer a un país que envía milicias enmascaradas a disparar contra ciudadanos en las calles, torturar a nuestros vecinos y separar familias. 

“No puedo querer a un país dirigido por un tirano racista, misógino y xenófobo. Y voy a decirlo claramente: no puedo querer al país dirigido por Donald Trump y su Congreso servil”.

Y concluyó el protagonista estelar de Taxi Driver: “Quiero volver a amar a mi país. Quiero recuperar mi país”.

Ni con sus más cercanos puede Trump sostener relaciones respetuosas y civilizadas. En la cumbre del G-7, en Evian, Francia, lo confrontó y ridiculizó la primera ministra de Italia Giorgia Meloni, luego de que en declaraciones a medios él mintió con descaro acerca de una entrevista que ambos sostuvieron.

“Seguro que está contenta de que haya hablado con ella! ¡No tenía por qué hacerlo! ¡No sé qué decir! ¡Me rogó que me tomara una foto con ella! Tenía muchísimas ganas de una foto conmigo. No la habría aceptado, ¡pero me dio pena!”, dijo con esperpéntico relente sietemachero.

La respuesta tardó en llegar en video menos de lo que dura una futbolera pausa de hidratación. “Ni yo ni Italia suplicamos nunca”, le reviró Meloni, quien dijo estar atónita por aquellos dichos, los cuales tildó de “un invento”.

Calificó de “graves y ofensivas” las palabras de Trump, y le ordenó a su canciller que suspendiese la visita que este funcionario tenía prevista por estos días a la Casa Blanca.

Se entiende que en una semana de perros el presidente gringo buscara rivales más cercanos y menos potentes, y volteara a ver México. Lo que no se entiende más que como traición a la Patria es que sólo nuestra pestilente derecha le hiciera el caldo gordo al desquiciado.

Apoyada en los dichos de Trump y sus achichincles JD Vance, Pete Hegseth y Marco Rubio, el combo mediático empeñado en colgarle el sambenito de narco al gobierno federal como estrategia para lavarle la cara a los narco-gobiernos de Carlos y Raúl Salinas y de Calderón y García Luna, reanudó su embestida.

Tras un brevísimo mutis luego de su fracaso en el empeño de emboscar políticamente a la Presidenta en el Azteca, y sabotear el Mundial, este combo –a la vez azuzador y vocero oficioso del vecino hostil– sirvió con algarabía de caja de resonancia a los despropósitos del magnate.

Avaló las amenazas y, feliz, las reprodujo hasta la exasperación.

En esas anda, mientras la fiesta continúa y el balón sigue rodando en paz, orden, control y gobernanza, aunque le resta un mes a la euforia futbolera. Cuidado. Vienen provocaciones.

BRASAS

Está en puerta una nueva andanada opositora contra el gobierno federal, so pretexto de la supuesta imposibilidad técnica de separar la información de la opinión en los medios, en particular en el periodismo electrónico. 

La Corte ya recibió una nueva leguleyada de Ricardo Salinas Pliego, la impugnación al artículo 250, fracción V, de la Ley de Telecomunicaciones, que este potentado considera inconstitucional porque exige a los concesionarios facilitar elementos para distinguir entre información y opinión.

El tema ya fue materia de amplio debate, primero en el Congreso –la ley fue promulgada el 16 de julio de 2025– y luego, con aturdidora estridencia, en los medios. 

Una alharaca descomunal consiguió que cobrara carta de naturalización la “dificultad” para hacer lo que históricamente había hecho el periodismo: dar la noticia con objetividad, icástica, sin artificio alguno, y por separado opinar lo que le viniera en gana.

Esta sana práctica, de la que fue destacado cultor Jacobo Zabludovsky, ahora les parece imposible aun a los pupilos de este respetado periodista.

Se comprende que comunicadores convencidos de que los hechos son “más noticiosos” si se dan a los gritos –sobre todo para defender al patrón–, consideren imprescindible editorializar, Con honestidad intelectual, no existe ni la menor dificultad para dar la nota y opinar luego de manera tan ecuánime o rabiosa como aconseje la ética.

Zabludovsky solía opinar –cuando todavía vibraba el eco de la nota no en un coctel vomitivo a la mitad de ésta– con un gesto apenas perceptible, una ceja alzada, un rictus, una mueca, un monosílabo y hasta un silencio, nada que ver con las peroratas que hoy saturan el ambiente radio-televisivo.

En manos del ministro Irving Espinosa Betanzo esta la responsabilidad de elaborar el dictamen que discutirá el pleno. 

Por el bien de todos, confiemos en que confirmará la constitucionalidad de la ley, que cursó sin contratiempos el trámite legislativo, y sea avalado por el pleno. Restará después la voluntad política para aplicar las disposiciones, pero esa es otra historia.

El paso por la Corte de la artimaña jurídica del rábula del Ajusco puede ser el inicio de una muy necesaria sanitización de la atmósfera mediática.

RESCOLDOS

La SEP optó por cebar al monstruo, en lugar de aniquilarlo cuando éste ya daba muestras de debilitamiento. Destinará 800 millones de pesos a la atención de compromisos institucionales, administrativos y laborales con maestros de la CNTE en Oaxaca, la sección 22 del SNTE. Huele a pago por servicios prestados. Y a soborno. O, a indemnización, pues la dirigencia centista aceptó la realización de una consulta escuela por escuela para recoger demandas y replantear acuerdos laborales y educativos. ¿El principio del fin de la perniciosa y costosa intermediación de la disidencia del SNTE? Veremos.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Llama Infonavit a aplicar seguro de daños ante inundaciones en Tlacolula

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  • Las viviendas adquiridas con un crédito del Instituto están protegidas ante daños provocados por siniestros.

El INFONAVIT llama a las personas que tengan un crédito hipotecario vigente, cuyas viviendas pudieran ser afectadas por las inundaciones generadas por las fuertes lluvias registradas en el municipio de Tlacolula, Oaxaca, a hacer válida la cobertura del Seguro de Daños con la que cuenta su financiamiento.

Para hacer válido el seguro es necesario estar al corriente en los pagos a la fecha del siniestro. En caso contrario, se puede firmar un convenio para regularizarse. Además, deberán asistir de lunes a viernes, de 8:30 a 14:30 horas, a alguno de los Centros de Servicio INFONAVIT (CESI), ubicados en:

  • Huatulco: calle Guelaguetza, manzana 7, lote 4, sector L, en el interior de la Agencia Municipal de Santa Cruz Huatulco.
  • Juchitán: calle 2 de abril, esquina Álvaro Obregón, colonia Segunda Sección.
  • Oaxaca: Mártires de Tacubaya #400, colonia Santa María Ixcotel.
  • Salina Cruz: km. 6.1 carretera Transístmica Salina Cruz-Tehuantepec, colonia Aviación.
  • Tuxtepec: boulevard Benito Juárez #795, interior L-41, colonia Fraccionamiento Los Angeles.

Es importante recordar que las y los acreditados afectados cuentan con dos años a partir de la fecha del incidente para reportar el daño.

Además de las afectaciones causadas por inundaciones, el Seguro de Daños protege el patrimonio de los trabajadores ante tormentas, ciclones, sismos, huracanes, vientos tempestuosos, caída de árboles, granizo o nieve, erupciones volcánicas, explosiones o desplazamientos súbitos de terreno.
Para mayor información, las y los acreditados pueden llamar a Infonatel (800 008 3900) o ingresar a la página: https://bit.ly/SEGDAÑO


El mundo que está olvidando sus límites

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Alberto Benítez Tiburcio

La democracia constitucional nació para resolver una pregunta fundamental: ¿cómo impedir que el poder se convierta en abuso? Su respuesta fue sencilla en apariencia, pero revolucionaria en sus consecuencias: limitar el poder mediante leyes, instituciones y contrapesos, y garantizar al mismo tiempo una esfera de derechos humanos que ningún gobernante, partido o mayoría pueda vulnerar. Por eso la democracia constitucional y los derechos humanos forman parte de una misma arquitectura.

Nada de ello surgió por generación espontánea. Son conquistas construidas durante décadas a partir de algunas de las experiencias más traumáticas de la humanidad. Tras guerras mundiales, genocidios, persecuciones y dictaduras, el mundo llegó a un consenso básico: ningún Estado debe estar por encima de la ley y ninguna razón política justifica la negación de la dignidad humana.

El informe “La situación de los derechos humanos en el mundo 2026”, publicado por Amnistía Internacional, debe leerse precisamente desde esa perspectiva. No es un simple inventario de abusos actuales: es el retrato de una tendencia más profunda, la erosión progresiva de los límites que durante décadas contuvieron los impulsos más peligrosos del poder político.

Lo inquietante no es que existan gobiernos represivos; siempre los ha habido. Lo preocupante es que cada vez son más los líderes que han dejado de sentir la necesidad de disimularlo. Durante décadas, incluso los gobiernos más cuestionables procuraban justificar sus excesos con algún lenguaje de legalidad o democracia. Hoy muchos han descubierto que desafiar abiertamente esos principios produce réditos políticos. La transgresión se ha convertido en espectáculo; la confrontación permanente ha sustituido a la deliberación.

En distintas regiones del mundo se observa una misma lógica con distintos rostros. Desde el nacionalismo agresivo de Donald Trump, pasando por el autoritarismo expansionista de Vladimir Putin, hasta el modelo de concentración de poder y violación abierta de derechos impulsado por Nayib Bukele en aras de la seguridad pública, el mensaje de fondo es parecido: las instituciones son valiosas siempre que no estorben, y los contrapesos son aceptables mientras no limiten.

En ese contexto resulta imposible ignorar el papel de los populismos de distinto signo ideológico. Aunque suelen presentarse como movimientos de regeneración democrática, con frecuencia terminan debilitando aquello que dicen defender. La lógica es conocida: se proclama la existencia de un pueblo homogéneo y virtuoso; se identifica a un enemigo responsable de todos los males; se desacreditan las instituciones capaces de imponer límites; finalmente se afirma que la voluntad popular está por encima de cualquier restricción constitucional.

Ese deterioro suele presentarse como una ampliación de la democracia cuando, en realidad, implica su degradación. La democracia constitucional no consiste únicamente en ganar elecciones; consiste también en aceptar límites y respetar derechos. Cuando esa convicción desaparece, la democracia deja de ser un sistema de libertades y comienza a convertirse en una simple disputa electoral por el control del poder.

El informe documenta cómo esta lógica se manifiesta hoy en la criminalización de la protesta, la persecución de activistas, el uso expansivo de leyes de seguridad nacional, el debilitamiento de organismos internacionales y el deterioro de los derechos fundamentales en países con regímenes muy distintos entre sí. La erosión democrática ya no es una excepción; empieza a convertirse en una tendencia global.

La misma lógica aparece en el terreno económico. Décadas de concentración de la riqueza, estancamiento salarial y pérdida de oportunidades han generado un profundo malestar social. Las democracias han dejado de generar bienestar para las mayorías y eso erosiona su legitimidad. La promesa de movilidad social se ha vuelto cada vez más distante.

Ese resentimiento tiene causas legítimas. El problema comienza cuando deja de traducirse en reformas y se convierte en combustible para proyectos políticos que ofrecen culpables en lugar de soluciones. Cuando la desigualdad se combina con la polarización y la pérdida de confianza institucional, la tentación autoritaria encuentra un terreno fértil para crecer.

A esa crisis democrática y económica se suma la emergencia climática, quizá el fracaso político más evidente de nuestra generación. Nunca habíamos entendido tan bien una amenaza global y, sin embargo, nunca habíamos reaccionado tan poco. Sabemos qué ocurre, conocemos sus causas y disponemos de buena parte de las soluciones; pese a ello, seguimos expandiendo la extracción de combustibles fósiles, financiando actividades contaminantes y posponiendo decisiones que debieron tomarse hace décadas.

Los costos ya son visibles en forma de sequías, incendios, inundaciones, desplazamientos humanos y pérdida de biodiversidad. Como suele ocurrir, los más pobres, quienes menos contribuyeron al problema, son quienes pagan la factura más alta.

Mientras tanto, la inteligencia artificial, la vigilancia digital y la concentración tecnológica crean herramientas de control que cualquier régimen autoritario del siglo pasado habría considerado inimaginables. Nunca antes gobiernos y corporaciones privadas habían tenido tanta capacidad para recopilar información, monitorizar comportamientos e influir en las decisiones individuales, incluso en procesos electorales.

La erosión democrática, el auge del populismo, la desigualdad económica, la crisis climática y la concentración tecnológica no son fenómenos independientes. Forman parte de un mismo proceso: la pérdida gradual de los límites al poder que sostienen una sociedad libre.

Cuando una sociedad deja de creer en los límites al poder, el problema no es quién gobierna; el problema es que, tarde o temprano, alguien gobernará sin ellos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

¿Estadio Azteca?

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Carlos R. Aguilar Jiménez

Hace unos días se inauguró el mundial de futbol en el estadio que, en su fundación, tuvo el nombre de Azteca y desde entonces se ha intentado cambiar, quedándose siempre en la opinión pública el nombre original, no obstante, las distintas denominaciones que se han intentado, imponer, el nombre de: “Estadio Azteca” se sigue utilizando, aunque hoy su nombre oficial sea de un banco, y durante el mundial sea “Estadio Ciudad de México”, lo cierto es que Azteca es un nombre de triste, cruel, despiadada y brutal historia.

Antes de que llegaran al valle del actual México, en la zona vivían pobladores que cruzaron el estrecho de Bering hace doce mil años y al avanzar al sur en busca de tierras prósperas o prometidas, los primeros en llegar se instalaron en la región, concentrando pobladores provenientes de diversas regiones, construyendo una civilización neolítica que únicamente utilizaba madera, hueso y pieles, sin metalurgia, vidrio y toda la tecnología que en la misma época ya se tenía en Eurasia.

Tiempo después, otros pueblos salvajes de cazadores recolectores que no tenían nada que perder, llegaron del norte al hoy valle de México y, luego de establecerse en algunos de los islotes, rodeados de pobladores que habían llegado antes, con el transcurso del tiempo lograron imponerse, conquistar y someter a sus vecinos, fundando la civilización mexica o azteca, que se caracterizó por su crueldad y brutalidad al capturar y matar a miles de pobladores vecinos para desollarlos, extraerles el corazón y en sacrificio ofrendárselo a Tonatiuh aun sanguinolento y palpitante. Hace unos años se descubrió el Huey Tzompantli con miles de cabezas decapitadas

Al margen de la historia oficial con la que nos han adoctrinado desde la escuela primaria y después, lo que historiográficamente es un hecho, fueron los cientos de miles de muertos a quienes extraían el corazón o desollaban, además de exigir abusivos tributos a todos los pueblos que conquistaban y sometían, siendo los Aztecas, por lo que hoy sabemos, incluso perores que los nazis con los judíos o Stalin con su pueblo, por lo que debiera ser política, ética e incluso religiosa y nacionalmente incorrecto, que el estadio y todo lo que lleve el nombre de azteca se utilice, como se elimina y condena todo lo nazi o soviético.

Hernán Cortes encontró apoyo y alianzas con todos los pueblos sometidos por los aztecas, de tal forma que apenas unos 500 europeos y con la colaboración de cientos de miles de habitantes inconformes con el imperio azteca, al ver la oportunidad, apoyados por Cortes con su avanzada tecnología, estrategias de guerra, alfabeto, pólvora, caballos, armaduras e incontables cosas desconocidas para ellos, para liberarse del sometimiento, en alianza lograron la caída del cruel y bestial imperio Azteca, consiguiendo la caída de Tenochtitlan y en consecuencia, quitar el infame nombre de Estadio Azteca es correcto, porque sería como si el Estadio de Berlín tuviera por nombre: Estadio Nazi o Hitler. 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Explosivos y pañuelos blancos

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Aurelio Ramos Méndez

Los radicales de la derecha y la izquierda deben estar tristes y desconsolados ante el arranque, en un ambiente de relativa paz y con saldo blanco, del Mundial de Futbol, que envió al orbe el mensaje ciertamente desmesurado y sin matices de que México es una fiesta. 

Deben estar abatidos, de modo más específico, por el fracaso de su larga, intensa y violenta acometida –artefactos explosivos incluidos—contra el gobierno federal, empecinados como han estado ambos polos en mostrarle al mundo la imagen de un país destartalado, en el caos, la violencia y el desorden, y con un gobierno mafioso, tiránico y corrupto.

Abatidos y, peor, desesperanzados, porque la presidenta Sheinbaum gambeteó con talento y habilidad la celada de dirigentes del conservadurismo, que exhibieron una torpeza lindante con la estupidez al presionarla durante meses y por todos los medios, para que acudiese a la inauguración en el Estadio Azteca; es decir, que se metiese en la boca del lobo y el lobo nomás cerrase la boca. 

Menospreciaron ya no la inteligencia sino el sentido común de la mandataria, a quien buscaron hacerle creer que ricachones con capacidad para erogar decenas y hasta centenares de miles de pesos por un boleto –¡828, 858 pesos!, costo máximo en la reventa registrado por la inteligencia artificial—la recibirían si no con simpatía al menos con elemental respeto y cortesía.

No se requiere el don de la profecía para calcular la dimensión del eventual abucheo y la estridencia de la rechifla, en un episodio que para nada habría sido indicativo de la aceptación popular de la presidenta –arriba de 70 por ciento, dicen las encuestas—pero sí altamente útil para perifonear urbi et orbi y sostener en el debate digital que su gobierno está cayéndose a pedazos. 

Los periodistas más prominentes y los medios más poderosos se desgañitaron gritando que resultaría inédita la inasistencia del gobernante del país anfitrión, que Sheinbaum le tuvo temor al abucheo, que sería descortesía no acompañar a dignatarios extranjeros, que el país estaba en total descontrol e incumplían compromisos de la FIFA, y que hasta se corría el riesgo de cancelar el Campeonato, entre otras babosadas.

En las columnas periodísticas del día después salió el peine. “A la entrada del estadio se estuvieron repartiendo pañuelos blancos que pedían que al cantarse el Himno Nacional, el “Cielito Lindo” y en cada ola, se acompañara por el grito de “¡saca el pañuelo!, ¡saca a Morena!”. No se vieron muchos pañuelos blancos ondeando en las gradas, pero desde el primer tiempo sí hubo muchos “¡fuera Morena!, ¡fuera Morena!”, en las gradas arriba de los palcos”.

Esta versión imprecisa, minusválida, salió de la pluma de un líder de opinión famoso por su confesión de que “la verdad es irrelevante”. Será por esto que, en un alarde de rigor profesional, escribió “se estuvieron repartiendo pañuelos blancos”, sin sentirse en la obligación profesional de precisar quién o quiénes los repartieron u ordenaron que fuesen repartidos.

Menos explicó cómo esta eso de que eran pañuelos “que pedían que al cantarse el Himno Nacional, el “Cielito Lindo” y en cada ola”, la gente gritara “¡saca el pañuelo!, ¡saca a Morena!”. 

¿Quién o quiénes estuvieron detrás de esta fallida embestida política? El sagaz periodista no les ofreció a sus audiencias ni el más leve indicio de ello. Al contrario, hizo de la anfibología envoltura del encubrimiento.

Cualquiera que haya sido la realidad, si los pañuelos se repartieron solos y si eran lienzos parlantes o que mostraban alguna inscripción indicativa de su uso político en el estadio, la chapucera crónica puso en evidencia que radicales de la derecha más opulenta pretendieron emboscar a la jefa del Ejecutivo. 

Desde la orilla izquierda y no se sabe por encargo de quién, si en tándem con el oficialismo o con la derecha más ultra, la CNTE se propuso conseguir la aprobación por las autoridades de un pliego petitorio incumplible –dinero, prestaciones, derogaciones, influencia pedagógica–, o impedir que el balón rodara. Fracasó.

Su accionar mediante choques con la policía, petardazos, pintas en comercios, destrozos de la ornamentación y el mobiliario urbano, y bloqueos de calles y avenidas, entre otras expresiones de barbarie, se topó con el hartazgo de los ciudadanos y los afectados directos de tales acciones. 

Comerciantes del primer cuadro tomaron la decisión de enfrentar al monstruo en varios puntos de la CDMX. Impidieron la extensión hasta el Zócalo de un plantón con carpas y tenderetes, y el día D los docentes debieron despejar el camino hacia esa plaza corazón del país a una multitud dispuesta a educarlos y enseñarles, a la mala, un comportamiento civilizado. 

¿Fue la CNTE aliada del gobierno federal y operó con toda anticipación para impedir que activistas de la derecha dura y pura se posesionaran de espacios públicos y, ellos sí, empañasen la fiesta mundialista? Enigma.

Lo cierto por ahora es que la violencia desplegada por los profesores trastornó la vida de la capital y, para todos los efectos prácticos, tuvo las mismas consecuencias que el activismo de la derecha y la izquierda aún más trogloditas, las cuales desde los medios se adjudicaron sordas sospechas y acusaciones.

Vaya uno a saber si para borrar huellas y zambucar sus propios artefactos explosivos, tras el hallazgo de 59 cartuchos caseros en un autobús procedente de Ayotzinapa, medios identificados con el salinato hablaron de terrorismo y prototerrorismo, de guerrillas y narcoguerrillas, y afirmaron que normalistas disponían de mil sofisticados canutos explosivos más potentes que petardos.

Ni cómo ayudar a los señalados por la repulsiva derecha. En busca de visibilidad en la inauguración del Mundial estudiantes y padres de normalistas desaparecidos se congregaron la víspera en el llamado antimonumento +43; estrangularon el céntrico cruce de Paseo de la Reforma y Bucareli, en la capital del país.

Enterados de que fuerzas de seguridad incautaron los referidos 59 artefactos, y que por consiguiente en la caseta de cobro de Tlalpan fue frenado el paso hacia la CDMX de un convoy de 16 camiones, hacia allá enrumbaron los manifestantes para bloquear la autopista y destruir por completo la caseta.

El episodio pareció burla: mientras impedían el paso invocaban la libertad de tránsito. “Tenemos derecho al libre tránsito”, dijo Mario González, padre del joven Cesar Manuel. Ni una palabra acerca de la libertad de tránsito por ellos denegada a decenas o centenares de miles de automovilistas durante doce años de movilizaciones…

Al final, la jornada futbolera se desarrolló sin contratiempos. Quedó probado que México no es el paraíso, pero tampoco el infierno que a diario y a punta de violencia bosquejan los adversarios del régimen.

BRASAS

La presidenta Sheinbaum acusó de manera directa y con toda razón al empresario Ricardo Salinas Pliego de promover mediante TV Azteca –canales Uno, 7, ADN 40, A Más y unas 300 estaciones locales-la violencia en contra de su gobierno. Le faltó parafrasear el dicho según el cual “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre”. 

Desde mediados del sexenio del presidente López Obrador el gobierno federal ha estado en grave falta, instalado en la prevaricación, actuando en contra de la ley al omitir el cumplimiento de sus responsabilidades con respecto a la supervisión y control del título de concesión de TV Azteca, el cual hace tiempo debió haber sido revocado.

Envalentonado ante la tolerancia gubernamental frente a la descarada utilización de esa televisora no sólo como medio de manipulación informativa y arma de combate contra el gobierno, sino como instrumento mercantil al servicio de particulares, grupos y personas, en primer lugar, el concesionario, Salinas Pliego ha recrudecido peligrosamente su pugnacidad. 

La semana pasada llegó a extremos inadmisibles, cruzó una línea roja que debe llevar al gobierno a marcarle el alto sin consideración de ninguna índole. Dijo que en la lucha contra la 4T lo que sigue “va a tener que ser otra cosa más ruda… A lo mejor es necesario hace una huelga…” 

Más aún, “a lo mejor es necesario hacer presencia física y bloquear los accesos, nada de que manifestación de blanco y pacífica, vale madre, Ya la hicieron, no sirve para nada. Tiene que ser más rudo”.

También dijo que no se debe pagar impuestos a gobiernos reprobables, e insistió: “Necesitamos una actitud de desafío, de rebeldía, y de no conceder nada frente a estos ineptos, corruptos y mentirosos”

Como para que nadie tenga dudas acerca de lo que viene, dijo que por su experiencia y lo que ha visto en otros países –no necesitó mencionar la cleptocracia argentina de Javier Milei— “estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena. Entonces, se van a tener que ir por la mala”.

En descargo del patético emulo de Milei, debe decirse que sobre advertencia no hay engaño. 

Del gobierno depende que este usufructuario de un servicio de telecomunicaciones propiedad de todos los mexicanos continue desde la pantalla chica instigando la violencia; manejando a sus anchas, como patrimonio personal, una concesión del Estado mexicano. 

RESCOLDOS

Por cierto, a su llegada al Estadio Azteca Salinas Pliego recibió una muestra de la honda simpatía popular que inspira sus anhelos presidencialistas. Aficionados que no pudieron entrar dado el precio prohibitivo de los boletos, le gritaron de todo: corrupto, ladrón, vividor… Le enviaron saludos a toda su genealogía y hasta formularon hipótesis sobre el oficio de su progenitora. Protegido por media docena de escoltas, el concesionario de TV Azteca avanzaba a paso veloz rumbo a los más confortables espacios del estadio, el aire acondicionado y las viandas apetitosas. ¡Y pensar que este personaje, que ha hecho de la tarea empresarial una actividad que roza lo delictivo, está apenas en el arranque se su campaña!

aurelio.contrafuego@gmail.com

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La pigmentocracia mexicana

Alberto Benítez Tiburcio

Durante mucho tiempo, México se mostró cómodo con una idea de sí mismo que hoy resulta difícil de sostener. Nos repetíamos que éramos una sociedad mestiza, una nación que había resuelto sus fracturas raciales mediante la mezcla, una república donde las diferencias de origen tendían a diluirse con el paso de las generaciones. Esa narrativa tenía una virtud política evidente: permitía imaginar una comunidad nacional homogénea y relativamente igualitaria. También tenía un inconveniente: era falsa.

No hacía falta mirar con demasiada atención para advertir que los puestos directivos de las empresas y el gobierno, las figuras más visibles de los medios y gran parte de los grupos que ocupaban posiciones privilegiadas compartían rasgos similares: el tono de piel y el origen social.

Las últimas décadas han aportado abundante evidencia sobre una realidad que durante mucho tiempo se prefirió ignorar. El color de piel sigue siendo un factor relevante para explicar oportunidades educativas, ingresos e incluso percepciones de confianza y autoridad. Dicho de otro modo: la pigmentación continúa operando como un criterio informal de jerarquización social.

No estamos hablando solo de racismo, ni exclusivamente de clasismo. La discusión pública suele presentar ambos fenómenos por separado, como si fueran problemas distintos. En realidad, en México funcionan como piezas de un mismo mecanismo. El origen socioeconómico, el color de piel y el nivel educativo suelen reforzarse mutuamente.

El resultado es una estructura social notablemente rígida para un país que durante décadas se pensó a sí mismo como una sociedad abierta.

Las élites mexicanas, por supuesto, nunca se percibieron a sí mismas como élites cerradas. Ninguna élite lo hace. Suele atribuir su posición al esfuerzo, al talento, a la disciplina o a la preparación. Desde esa perspectiva, el éxito aparece como consecuencia natural del mérito individual. La explicación tiene una ventaja considerable: permite justificar privilegios sin reconocerlos como tales.

Por otro lado, la meritocracia neoliberal terminó por convertirse en una especie de religión secular. La idea parecía sencilla y razonable: quien trabaja más progresa; quien posee talento asciende; quien fracasa probablemente no hizo lo suficiente. Durante años ese relato resultó extraordinariamente eficaz porque transformaba problemas estructurales en asuntos de responsabilidad individual.

Al final, lo que observamos fue una experiencia prolongada de exclusión de la gran mayoría de la población con tonos de piel morenos y de origen indígena. No necesariamente pobreza extrema ni carencias materiales absolutas. Más bien la sensación persistente de que ciertas posiciones permanecen reservadas para otros. La impresión de que el reconocimiento, el prestigio y las oportunidades circulan dentro de circuitos relativamente cerrados y están relacionados con el tono de piel y con el origen socioeconómico previo.

Ese sentimiento resulta políticamente explosivo porque erosiona la legitimidad de las instituciones. Una democracia puede tolerar ciertos niveles de desigualdad económica. Lo que le resulta mucho más difícil soportar es la convicción generalizada de que la movilidad social se ha detenido.

Cuando amplios sectores de la población llegan a la conclusión de que el esfuerzo no basta, la promesa meritocrática pierde credibilidad. Cuando esa pérdida coincide con estructuras sociales que reproducen privilegios heredados, surge el resentimiento.

Buena parte de las turbulencias políticas de los últimos años, en México y en otras democracias, están relacionadas con este proceso. No son solo una reacción contra gobiernos, élites o partidos concretos. Expresan algo más profundo: el agotamiento de un orden democrático que prometió movilidad social y, en cambio, produjo estancamiento para millones de personas.

Las élites suelen sorprenderse al descubrir la magnitud del descontento. Desde su perspectiva, el país avanzó: la economía se modernizó, aumentó la cobertura educativa y se ampliaron numerosos derechos. Todo eso es relativamente cierto. Lo que con frecuencia no alcanzan a ver es que la experiencia cotidiana de amplios grupos sociales siguió marcada por barreras que nunca desaparecieron del todo.

La pigmentocracia mexicana no es únicamente un problema de discriminación. Es un mecanismo de reproducción de privilegios. Su efecto más corrosivo no consiste solo en limitar oportunidades individuales; consiste en restringir la pluralidad efectiva de la vida pública y debilitar la confianza en las promesas igualitarias de la democracia. La meritocracia, en tanto discurso legitimador, está entremezclada con esa pigmentocracia: celebra el mérito mientras naturaliza ventajas que, en la práctica, favorecen a quienes ya poseen privilegios asociados a la blanquitud y al origen socioeconómico.

Quizá por eso algunas de las heridas más importantes de nuestra vida colectiva siguen siendo tan difíciles de nombrar. Durante décadas preferimos pensar que vivíamos en una sociedad abierta porque la alternativa resultaba incómoda. Reconocer que el color de piel, el origen social y étnico siguen condicionando el destino de millones obliga a revisar creencias muy arraigadas.

Las desigualdades mexicanas no son únicamente económicas. También son históricas, culturales y simbólicas. Han moldeado la distribución del prestigio, del poder y de las oportunidades durante generaciones. Constituyen la consecuencia acumulada de una sociedad que habló constantemente de igualdad mientras aprendía, en silencio, a convivir con jerarquías que nunca desaparecieron.

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Poder Judicial lleva diálogo, orientación y atención a Santa María del Tule

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• La estrategia “Justicia Más Cerca de Ti”, acercó a magistradas, magistrados, juezas y jueces a la población de municipios de los Valles Centrales

Para gran parte de la población, la justicia ha sido sinónimo de trámites complejos detrás de escritorios, expedientes y edificios públicos. Este sábado, en una dinámica distinta orientada a acercar a quienes administran justicia a las personas que la necesitan, magistradas, magistrados, juezas y jueces del Poder Judicial de Oaxaca se reunieron con habitantes de Santa María del Tule y municipios vecinos para escuchar sus inquietudes y dar seguimiento a diferentes casos.

Encabezada por la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura, Erika María Rodríguez Rodríguez, la jornada formó parte de los recorridos del programa “Justicia Más Cerca de Ti”, que se ha realizado en las regiones de la Costa, la Sierra Juárez, el Istmo de Tehuantepec y la Mixteca, y que busca romper las barreras históricas entre las instituciones y la ciudadanía, fortaleciendo una justicia más cercana, accesible y participativa.

Acompañada por el presidente municipal de Santa María del Tule, Fabián Santiago Bautista, integrantes del Cabildo y servidores públicos judiciales, la magistrada presidenta destacó que el objetivo es transformar la forma en que la ciudadanía se relaciona con el sistema de justicia, mediante un diálogo directo y horizontal que permita conocer de primera mano las necesidades y preocupaciones de la población.

Explicó que el Poder Judicial no puede limitarse a esperar que las personas acudan a juzgados y tribunales, sino que debe acercarse a las comunidades para conocer los obstáculos que enfrentan quienes buscan resolver conflictos o ejercer sus derechos. “Escuchar a la sociedad también es una forma de democratizar la justicia”, afirmó.

En su mensaje, el presidente municipal destacó que la presencia del Poder Judicial en la comunidad representa una muestra de que las instituciones están saliendo de las oficinas para caminar junto a la gente. Señaló que “Justicia Más Cerca de Ti” representa una visión moderna, humana y empática del derecho que genera confianza.

Además de las exposiciones sobre las funciones de juezas, jueces, magistradas y magistrados, durante la jornada se instalaron mesas de atención para brindar información sobre asuntos civiles, familiares, penales, agrarios, entre otros, así como mecanismos alternativos de solución de controversias y medidas de protección para mujeres víctimas de violencia.

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