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Llama Infonavit a aplicar seguro de daños ante inundaciones en Tlacolula

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  • Las viviendas adquiridas con un crédito del Instituto están protegidas ante daños provocados por siniestros.

El INFONAVIT llama a las personas que tengan un crédito hipotecario vigente, cuyas viviendas pudieran ser afectadas por las inundaciones generadas por las fuertes lluvias registradas en el municipio de Tlacolula, Oaxaca, a hacer válida la cobertura del Seguro de Daños con la que cuenta su financiamiento.

Para hacer válido el seguro es necesario estar al corriente en los pagos a la fecha del siniestro. En caso contrario, se puede firmar un convenio para regularizarse. Además, deberán asistir de lunes a viernes, de 8:30 a 14:30 horas, a alguno de los Centros de Servicio INFONAVIT (CESI), ubicados en:

  • Huatulco: calle Guelaguetza, manzana 7, lote 4, sector L, en el interior de la Agencia Municipal de Santa Cruz Huatulco.
  • Juchitán: calle 2 de abril, esquina Álvaro Obregón, colonia Segunda Sección.
  • Oaxaca: Mártires de Tacubaya #400, colonia Santa María Ixcotel.
  • Salina Cruz: km. 6.1 carretera Transístmica Salina Cruz-Tehuantepec, colonia Aviación.
  • Tuxtepec: boulevard Benito Juárez #795, interior L-41, colonia Fraccionamiento Los Angeles.

Es importante recordar que las y los acreditados afectados cuentan con dos años a partir de la fecha del incidente para reportar el daño.

Además de las afectaciones causadas por inundaciones, el Seguro de Daños protege el patrimonio de los trabajadores ante tormentas, ciclones, sismos, huracanes, vientos tempestuosos, caída de árboles, granizo o nieve, erupciones volcánicas, explosiones o desplazamientos súbitos de terreno.
Para mayor información, las y los acreditados pueden llamar a Infonatel (800 008 3900) o ingresar a la página: https://bit.ly/SEGDAÑO


El mundo que está olvidando sus límites

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Alberto Benítez Tiburcio

La democracia constitucional nació para resolver una pregunta fundamental: ¿cómo impedir que el poder se convierta en abuso? Su respuesta fue sencilla en apariencia, pero revolucionaria en sus consecuencias: limitar el poder mediante leyes, instituciones y contrapesos, y garantizar al mismo tiempo una esfera de derechos humanos que ningún gobernante, partido o mayoría pueda vulnerar. Por eso la democracia constitucional y los derechos humanos forman parte de una misma arquitectura.

Nada de ello surgió por generación espontánea. Son conquistas construidas durante décadas a partir de algunas de las experiencias más traumáticas de la humanidad. Tras guerras mundiales, genocidios, persecuciones y dictaduras, el mundo llegó a un consenso básico: ningún Estado debe estar por encima de la ley y ninguna razón política justifica la negación de la dignidad humana.

El informe “La situación de los derechos humanos en el mundo 2026”, publicado por Amnistía Internacional, debe leerse precisamente desde esa perspectiva. No es un simple inventario de abusos actuales: es el retrato de una tendencia más profunda, la erosión progresiva de los límites que durante décadas contuvieron los impulsos más peligrosos del poder político.

Lo inquietante no es que existan gobiernos represivos; siempre los ha habido. Lo preocupante es que cada vez son más los líderes que han dejado de sentir la necesidad de disimularlo. Durante décadas, incluso los gobiernos más cuestionables procuraban justificar sus excesos con algún lenguaje de legalidad o democracia. Hoy muchos han descubierto que desafiar abiertamente esos principios produce réditos políticos. La transgresión se ha convertido en espectáculo; la confrontación permanente ha sustituido a la deliberación.

En distintas regiones del mundo se observa una misma lógica con distintos rostros. Desde el nacionalismo agresivo de Donald Trump, pasando por el autoritarismo expansionista de Vladimir Putin, hasta el modelo de concentración de poder y violación abierta de derechos impulsado por Nayib Bukele en aras de la seguridad pública, el mensaje de fondo es parecido: las instituciones son valiosas siempre que no estorben, y los contrapesos son aceptables mientras no limiten.

En ese contexto resulta imposible ignorar el papel de los populismos de distinto signo ideológico. Aunque suelen presentarse como movimientos de regeneración democrática, con frecuencia terminan debilitando aquello que dicen defender. La lógica es conocida: se proclama la existencia de un pueblo homogéneo y virtuoso; se identifica a un enemigo responsable de todos los males; se desacreditan las instituciones capaces de imponer límites; finalmente se afirma que la voluntad popular está por encima de cualquier restricción constitucional.

Ese deterioro suele presentarse como una ampliación de la democracia cuando, en realidad, implica su degradación. La democracia constitucional no consiste únicamente en ganar elecciones; consiste también en aceptar límites y respetar derechos. Cuando esa convicción desaparece, la democracia deja de ser un sistema de libertades y comienza a convertirse en una simple disputa electoral por el control del poder.

El informe documenta cómo esta lógica se manifiesta hoy en la criminalización de la protesta, la persecución de activistas, el uso expansivo de leyes de seguridad nacional, el debilitamiento de organismos internacionales y el deterioro de los derechos fundamentales en países con regímenes muy distintos entre sí. La erosión democrática ya no es una excepción; empieza a convertirse en una tendencia global.

La misma lógica aparece en el terreno económico. Décadas de concentración de la riqueza, estancamiento salarial y pérdida de oportunidades han generado un profundo malestar social. Las democracias han dejado de generar bienestar para las mayorías y eso erosiona su legitimidad. La promesa de movilidad social se ha vuelto cada vez más distante.

Ese resentimiento tiene causas legítimas. El problema comienza cuando deja de traducirse en reformas y se convierte en combustible para proyectos políticos que ofrecen culpables en lugar de soluciones. Cuando la desigualdad se combina con la polarización y la pérdida de confianza institucional, la tentación autoritaria encuentra un terreno fértil para crecer.

A esa crisis democrática y económica se suma la emergencia climática, quizá el fracaso político más evidente de nuestra generación. Nunca habíamos entendido tan bien una amenaza global y, sin embargo, nunca habíamos reaccionado tan poco. Sabemos qué ocurre, conocemos sus causas y disponemos de buena parte de las soluciones; pese a ello, seguimos expandiendo la extracción de combustibles fósiles, financiando actividades contaminantes y posponiendo decisiones que debieron tomarse hace décadas.

Los costos ya son visibles en forma de sequías, incendios, inundaciones, desplazamientos humanos y pérdida de biodiversidad. Como suele ocurrir, los más pobres, quienes menos contribuyeron al problema, son quienes pagan la factura más alta.

Mientras tanto, la inteligencia artificial, la vigilancia digital y la concentración tecnológica crean herramientas de control que cualquier régimen autoritario del siglo pasado habría considerado inimaginables. Nunca antes gobiernos y corporaciones privadas habían tenido tanta capacidad para recopilar información, monitorizar comportamientos e influir en las decisiones individuales, incluso en procesos electorales.

La erosión democrática, el auge del populismo, la desigualdad económica, la crisis climática y la concentración tecnológica no son fenómenos independientes. Forman parte de un mismo proceso: la pérdida gradual de los límites al poder que sostienen una sociedad libre.

Cuando una sociedad deja de creer en los límites al poder, el problema no es quién gobierna; el problema es que, tarde o temprano, alguien gobernará sin ellos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

¿Estadio Azteca?

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Carlos R. Aguilar Jiménez

Hace unos días se inauguró el mundial de futbol en el estadio que, en su fundación, tuvo el nombre de Azteca y desde entonces se ha intentado cambiar, quedándose siempre en la opinión pública el nombre original, no obstante, las distintas denominaciones que se han intentado, imponer, el nombre de: “Estadio Azteca” se sigue utilizando, aunque hoy su nombre oficial sea de un banco, y durante el mundial sea “Estadio Ciudad de México”, lo cierto es que Azteca es un nombre de triste, cruel, despiadada y brutal historia.

Antes de que llegaran al valle del actual México, en la zona vivían pobladores que cruzaron el estrecho de Bering hace doce mil años y al avanzar al sur en busca de tierras prósperas o prometidas, los primeros en llegar se instalaron en la región, concentrando pobladores provenientes de diversas regiones, construyendo una civilización neolítica que únicamente utilizaba madera, hueso y pieles, sin metalurgia, vidrio y toda la tecnología que en la misma época ya se tenía en Eurasia.

Tiempo después, otros pueblos salvajes de cazadores recolectores que no tenían nada que perder, llegaron del norte al hoy valle de México y, luego de establecerse en algunos de los islotes, rodeados de pobladores que habían llegado antes, con el transcurso del tiempo lograron imponerse, conquistar y someter a sus vecinos, fundando la civilización mexica o azteca, que se caracterizó por su crueldad y brutalidad al capturar y matar a miles de pobladores vecinos para desollarlos, extraerles el corazón y en sacrificio ofrendárselo a Tonatiuh aun sanguinolento y palpitante. Hace unos años se descubrió el Huey Tzompantli con miles de cabezas decapitadas

Al margen de la historia oficial con la que nos han adoctrinado desde la escuela primaria y después, lo que historiográficamente es un hecho, fueron los cientos de miles de muertos a quienes extraían el corazón o desollaban, además de exigir abusivos tributos a todos los pueblos que conquistaban y sometían, siendo los Aztecas, por lo que hoy sabemos, incluso perores que los nazis con los judíos o Stalin con su pueblo, por lo que debiera ser política, ética e incluso religiosa y nacionalmente incorrecto, que el estadio y todo lo que lleve el nombre de azteca se utilice, como se elimina y condena todo lo nazi o soviético.

Hernán Cortes encontró apoyo y alianzas con todos los pueblos sometidos por los aztecas, de tal forma que apenas unos 500 europeos y con la colaboración de cientos de miles de habitantes inconformes con el imperio azteca, al ver la oportunidad, apoyados por Cortes con su avanzada tecnología, estrategias de guerra, alfabeto, pólvora, caballos, armaduras e incontables cosas desconocidas para ellos, para liberarse del sometimiento, en alianza lograron la caída del cruel y bestial imperio Azteca, consiguiendo la caída de Tenochtitlan y en consecuencia, quitar el infame nombre de Estadio Azteca es correcto, porque sería como si el Estadio de Berlín tuviera por nombre: Estadio Nazi o Hitler. 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Explosivos y pañuelos blancos

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Aurelio Ramos Méndez

Los radicales de la derecha y la izquierda deben estar tristes y desconsolados ante el arranque, en un ambiente de relativa paz y con saldo blanco, del Mundial de Futbol, que envió al orbe el mensaje ciertamente desmesurado y sin matices de que México es una fiesta. 

Deben estar abatidos, de modo más específico, por el fracaso de su larga, intensa y violenta acometida –artefactos explosivos incluidos—contra el gobierno federal, empecinados como han estado ambos polos en mostrarle al mundo la imagen de un país destartalado, en el caos, la violencia y el desorden, y con un gobierno mafioso, tiránico y corrupto.

Abatidos y, peor, desesperanzados, porque la presidenta Sheinbaum gambeteó con talento y habilidad la celada de dirigentes del conservadurismo, que exhibieron una torpeza lindante con la estupidez al presionarla durante meses y por todos los medios, para que acudiese a la inauguración en el Estadio Azteca; es decir, que se metiese en la boca del lobo y el lobo nomás cerrase la boca. 

Menospreciaron ya no la inteligencia sino el sentido común de la mandataria, a quien buscaron hacerle creer que ricachones con capacidad para erogar decenas y hasta centenares de miles de pesos por un boleto –¡828, 858 pesos!, costo máximo en la reventa registrado por la inteligencia artificial—la recibirían si no con simpatía al menos con elemental respeto y cortesía.

No se requiere el don de la profecía para calcular la dimensión del eventual abucheo y la estridencia de la rechifla, en un episodio que para nada habría sido indicativo de la aceptación popular de la presidenta –arriba de 70 por ciento, dicen las encuestas—pero sí altamente útil para perifonear urbi et orbi y sostener en el debate digital que su gobierno está cayéndose a pedazos. 

Los periodistas más prominentes y los medios más poderosos se desgañitaron gritando que resultaría inédita la inasistencia del gobernante del país anfitrión, que Sheinbaum le tuvo temor al abucheo, que sería descortesía no acompañar a dignatarios extranjeros, que el país estaba en total descontrol e incumplían compromisos de la FIFA, y que hasta se corría el riesgo de cancelar el Campeonato, entre otras babosadas.

En las columnas periodísticas del día después salió el peine. “A la entrada del estadio se estuvieron repartiendo pañuelos blancos que pedían que al cantarse el Himno Nacional, el “Cielito Lindo” y en cada ola, se acompañara por el grito de “¡saca el pañuelo!, ¡saca a Morena!”. No se vieron muchos pañuelos blancos ondeando en las gradas, pero desde el primer tiempo sí hubo muchos “¡fuera Morena!, ¡fuera Morena!”, en las gradas arriba de los palcos”.

Esta versión imprecisa, minusválida, salió de la pluma de un líder de opinión famoso por su confesión de que “la verdad es irrelevante”. Será por esto que, en un alarde de rigor profesional, escribió “se estuvieron repartiendo pañuelos blancos”, sin sentirse en la obligación profesional de precisar quién o quiénes los repartieron u ordenaron que fuesen repartidos.

Menos explicó cómo esta eso de que eran pañuelos “que pedían que al cantarse el Himno Nacional, el “Cielito Lindo” y en cada ola”, la gente gritara “¡saca el pañuelo!, ¡saca a Morena!”. 

¿Quién o quiénes estuvieron detrás de esta fallida embestida política? El sagaz periodista no les ofreció a sus audiencias ni el más leve indicio de ello. Al contrario, hizo de la anfibología envoltura del encubrimiento.

Cualquiera que haya sido la realidad, si los pañuelos se repartieron solos y si eran lienzos parlantes o que mostraban alguna inscripción indicativa de su uso político en el estadio, la chapucera crónica puso en evidencia que radicales de la derecha más opulenta pretendieron emboscar a la jefa del Ejecutivo. 

Desde la orilla izquierda y no se sabe por encargo de quién, si en tándem con el oficialismo o con la derecha más ultra, la CNTE se propuso conseguir la aprobación por las autoridades de un pliego petitorio incumplible –dinero, prestaciones, derogaciones, influencia pedagógica–, o impedir que el balón rodara. Fracasó.

Su accionar mediante choques con la policía, petardazos, pintas en comercios, destrozos de la ornamentación y el mobiliario urbano, y bloqueos de calles y avenidas, entre otras expresiones de barbarie, se topó con el hartazgo de los ciudadanos y los afectados directos de tales acciones. 

Comerciantes del primer cuadro tomaron la decisión de enfrentar al monstruo en varios puntos de la CDMX. Impidieron la extensión hasta el Zócalo de un plantón con carpas y tenderetes, y el día D los docentes debieron despejar el camino hacia esa plaza corazón del país a una multitud dispuesta a educarlos y enseñarles, a la mala, un comportamiento civilizado. 

¿Fue la CNTE aliada del gobierno federal y operó con toda anticipación para impedir que activistas de la derecha dura y pura se posesionaran de espacios públicos y, ellos sí, empañasen la fiesta mundialista? Enigma.

Lo cierto por ahora es que la violencia desplegada por los profesores trastornó la vida de la capital y, para todos los efectos prácticos, tuvo las mismas consecuencias que el activismo de la derecha y la izquierda aún más trogloditas, las cuales desde los medios se adjudicaron sordas sospechas y acusaciones.

Vaya uno a saber si para borrar huellas y zambucar sus propios artefactos explosivos, tras el hallazgo de 59 cartuchos caseros en un autobús procedente de Ayotzinapa, medios identificados con el salinato hablaron de terrorismo y prototerrorismo, de guerrillas y narcoguerrillas, y afirmaron que normalistas disponían de mil sofisticados canutos explosivos más potentes que petardos.

Ni cómo ayudar a los señalados por la repulsiva derecha. En busca de visibilidad en la inauguración del Mundial estudiantes y padres de normalistas desaparecidos se congregaron la víspera en el llamado antimonumento +43; estrangularon el céntrico cruce de Paseo de la Reforma y Bucareli, en la capital del país.

Enterados de que fuerzas de seguridad incautaron los referidos 59 artefactos, y que por consiguiente en la caseta de cobro de Tlalpan fue frenado el paso hacia la CDMX de un convoy de 16 camiones, hacia allá enrumbaron los manifestantes para bloquear la autopista y destruir por completo la caseta.

El episodio pareció burla: mientras impedían el paso invocaban la libertad de tránsito. “Tenemos derecho al libre tránsito”, dijo Mario González, padre del joven Cesar Manuel. Ni una palabra acerca de la libertad de tránsito por ellos denegada a decenas o centenares de miles de automovilistas durante doce años de movilizaciones…

Al final, la jornada futbolera se desarrolló sin contratiempos. Quedó probado que México no es el paraíso, pero tampoco el infierno que a diario y a punta de violencia bosquejan los adversarios del régimen.

BRASAS

La presidenta Sheinbaum acusó de manera directa y con toda razón al empresario Ricardo Salinas Pliego de promover mediante TV Azteca –canales Uno, 7, ADN 40, A Más y unas 300 estaciones locales-la violencia en contra de su gobierno. Le faltó parafrasear el dicho según el cual “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre”. 

Desde mediados del sexenio del presidente López Obrador el gobierno federal ha estado en grave falta, instalado en la prevaricación, actuando en contra de la ley al omitir el cumplimiento de sus responsabilidades con respecto a la supervisión y control del título de concesión de TV Azteca, el cual hace tiempo debió haber sido revocado.

Envalentonado ante la tolerancia gubernamental frente a la descarada utilización de esa televisora no sólo como medio de manipulación informativa y arma de combate contra el gobierno, sino como instrumento mercantil al servicio de particulares, grupos y personas, en primer lugar, el concesionario, Salinas Pliego ha recrudecido peligrosamente su pugnacidad. 

La semana pasada llegó a extremos inadmisibles, cruzó una línea roja que debe llevar al gobierno a marcarle el alto sin consideración de ninguna índole. Dijo que en la lucha contra la 4T lo que sigue “va a tener que ser otra cosa más ruda… A lo mejor es necesario hace una huelga…” 

Más aún, “a lo mejor es necesario hacer presencia física y bloquear los accesos, nada de que manifestación de blanco y pacífica, vale madre, Ya la hicieron, no sirve para nada. Tiene que ser más rudo”.

También dijo que no se debe pagar impuestos a gobiernos reprobables, e insistió: “Necesitamos una actitud de desafío, de rebeldía, y de no conceder nada frente a estos ineptos, corruptos y mentirosos”

Como para que nadie tenga dudas acerca de lo que viene, dijo que por su experiencia y lo que ha visto en otros países –no necesitó mencionar la cleptocracia argentina de Javier Milei— “estos desgraciados zurdos de mierda no se van por la buena. Entonces, se van a tener que ir por la mala”.

En descargo del patético emulo de Milei, debe decirse que sobre advertencia no hay engaño. 

Del gobierno depende que este usufructuario de un servicio de telecomunicaciones propiedad de todos los mexicanos continue desde la pantalla chica instigando la violencia; manejando a sus anchas, como patrimonio personal, una concesión del Estado mexicano. 

RESCOLDOS

Por cierto, a su llegada al Estadio Azteca Salinas Pliego recibió una muestra de la honda simpatía popular que inspira sus anhelos presidencialistas. Aficionados que no pudieron entrar dado el precio prohibitivo de los boletos, le gritaron de todo: corrupto, ladrón, vividor… Le enviaron saludos a toda su genealogía y hasta formularon hipótesis sobre el oficio de su progenitora. Protegido por media docena de escoltas, el concesionario de TV Azteca avanzaba a paso veloz rumbo a los más confortables espacios del estadio, el aire acondicionado y las viandas apetitosas. ¡Y pensar que este personaje, que ha hecho de la tarea empresarial una actividad que roza lo delictivo, está apenas en el arranque se su campaña!

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

La pigmentocracia mexicana

Alberto Benítez Tiburcio

Durante mucho tiempo, México se mostró cómodo con una idea de sí mismo que hoy resulta difícil de sostener. Nos repetíamos que éramos una sociedad mestiza, una nación que había resuelto sus fracturas raciales mediante la mezcla, una república donde las diferencias de origen tendían a diluirse con el paso de las generaciones. Esa narrativa tenía una virtud política evidente: permitía imaginar una comunidad nacional homogénea y relativamente igualitaria. También tenía un inconveniente: era falsa.

No hacía falta mirar con demasiada atención para advertir que los puestos directivos de las empresas y el gobierno, las figuras más visibles de los medios y gran parte de los grupos que ocupaban posiciones privilegiadas compartían rasgos similares: el tono de piel y el origen social.

Las últimas décadas han aportado abundante evidencia sobre una realidad que durante mucho tiempo se prefirió ignorar. El color de piel sigue siendo un factor relevante para explicar oportunidades educativas, ingresos e incluso percepciones de confianza y autoridad. Dicho de otro modo: la pigmentación continúa operando como un criterio informal de jerarquización social.

No estamos hablando solo de racismo, ni exclusivamente de clasismo. La discusión pública suele presentar ambos fenómenos por separado, como si fueran problemas distintos. En realidad, en México funcionan como piezas de un mismo mecanismo. El origen socioeconómico, el color de piel y el nivel educativo suelen reforzarse mutuamente.

El resultado es una estructura social notablemente rígida para un país que durante décadas se pensó a sí mismo como una sociedad abierta.

Las élites mexicanas, por supuesto, nunca se percibieron a sí mismas como élites cerradas. Ninguna élite lo hace. Suele atribuir su posición al esfuerzo, al talento, a la disciplina o a la preparación. Desde esa perspectiva, el éxito aparece como consecuencia natural del mérito individual. La explicación tiene una ventaja considerable: permite justificar privilegios sin reconocerlos como tales.

Por otro lado, la meritocracia neoliberal terminó por convertirse en una especie de religión secular. La idea parecía sencilla y razonable: quien trabaja más progresa; quien posee talento asciende; quien fracasa probablemente no hizo lo suficiente. Durante años ese relato resultó extraordinariamente eficaz porque transformaba problemas estructurales en asuntos de responsabilidad individual.

Al final, lo que observamos fue una experiencia prolongada de exclusión de la gran mayoría de la población con tonos de piel morenos y de origen indígena. No necesariamente pobreza extrema ni carencias materiales absolutas. Más bien la sensación persistente de que ciertas posiciones permanecen reservadas para otros. La impresión de que el reconocimiento, el prestigio y las oportunidades circulan dentro de circuitos relativamente cerrados y están relacionados con el tono de piel y con el origen socioeconómico previo.

Ese sentimiento resulta políticamente explosivo porque erosiona la legitimidad de las instituciones. Una democracia puede tolerar ciertos niveles de desigualdad económica. Lo que le resulta mucho más difícil soportar es la convicción generalizada de que la movilidad social se ha detenido.

Cuando amplios sectores de la población llegan a la conclusión de que el esfuerzo no basta, la promesa meritocrática pierde credibilidad. Cuando esa pérdida coincide con estructuras sociales que reproducen privilegios heredados, surge el resentimiento.

Buena parte de las turbulencias políticas de los últimos años, en México y en otras democracias, están relacionadas con este proceso. No son solo una reacción contra gobiernos, élites o partidos concretos. Expresan algo más profundo: el agotamiento de un orden democrático que prometió movilidad social y, en cambio, produjo estancamiento para millones de personas.

Las élites suelen sorprenderse al descubrir la magnitud del descontento. Desde su perspectiva, el país avanzó: la economía se modernizó, aumentó la cobertura educativa y se ampliaron numerosos derechos. Todo eso es relativamente cierto. Lo que con frecuencia no alcanzan a ver es que la experiencia cotidiana de amplios grupos sociales siguió marcada por barreras que nunca desaparecieron del todo.

La pigmentocracia mexicana no es únicamente un problema de discriminación. Es un mecanismo de reproducción de privilegios. Su efecto más corrosivo no consiste solo en limitar oportunidades individuales; consiste en restringir la pluralidad efectiva de la vida pública y debilitar la confianza en las promesas igualitarias de la democracia. La meritocracia, en tanto discurso legitimador, está entremezclada con esa pigmentocracia: celebra el mérito mientras naturaliza ventajas que, en la práctica, favorecen a quienes ya poseen privilegios asociados a la blanquitud y al origen socioeconómico.

Quizá por eso algunas de las heridas más importantes de nuestra vida colectiva siguen siendo tan difíciles de nombrar. Durante décadas preferimos pensar que vivíamos en una sociedad abierta porque la alternativa resultaba incómoda. Reconocer que el color de piel, el origen social y étnico siguen condicionando el destino de millones obliga a revisar creencias muy arraigadas.

Las desigualdades mexicanas no son únicamente económicas. También son históricas, culturales y simbólicas. Han moldeado la distribución del prestigio, del poder y de las oportunidades durante generaciones. Constituyen la consecuencia acumulada de una sociedad que habló constantemente de igualdad mientras aprendía, en silencio, a convivir con jerarquías que nunca desaparecieron.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista.

Poder Judicial lleva diálogo, orientación y atención a Santa María del Tule

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• La estrategia “Justicia Más Cerca de Ti”, acercó a magistradas, magistrados, juezas y jueces a la población de municipios de los Valles Centrales

Para gran parte de la población, la justicia ha sido sinónimo de trámites complejos detrás de escritorios, expedientes y edificios públicos. Este sábado, en una dinámica distinta orientada a acercar a quienes administran justicia a las personas que la necesitan, magistradas, magistrados, juezas y jueces del Poder Judicial de Oaxaca se reunieron con habitantes de Santa María del Tule y municipios vecinos para escuchar sus inquietudes y dar seguimiento a diferentes casos.

Encabezada por la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura, Erika María Rodríguez Rodríguez, la jornada formó parte de los recorridos del programa “Justicia Más Cerca de Ti”, que se ha realizado en las regiones de la Costa, la Sierra Juárez, el Istmo de Tehuantepec y la Mixteca, y que busca romper las barreras históricas entre las instituciones y la ciudadanía, fortaleciendo una justicia más cercana, accesible y participativa.

Acompañada por el presidente municipal de Santa María del Tule, Fabián Santiago Bautista, integrantes del Cabildo y servidores públicos judiciales, la magistrada presidenta destacó que el objetivo es transformar la forma en que la ciudadanía se relaciona con el sistema de justicia, mediante un diálogo directo y horizontal que permita conocer de primera mano las necesidades y preocupaciones de la población.

Explicó que el Poder Judicial no puede limitarse a esperar que las personas acudan a juzgados y tribunales, sino que debe acercarse a las comunidades para conocer los obstáculos que enfrentan quienes buscan resolver conflictos o ejercer sus derechos. “Escuchar a la sociedad también es una forma de democratizar la justicia”, afirmó.

En su mensaje, el presidente municipal destacó que la presencia del Poder Judicial en la comunidad representa una muestra de que las instituciones están saliendo de las oficinas para caminar junto a la gente. Señaló que “Justicia Más Cerca de Ti” representa una visión moderna, humana y empática del derecho que genera confianza.

Además de las exposiciones sobre las funciones de juezas, jueces, magistradas y magistrados, durante la jornada se instalaron mesas de atención para brindar información sobre asuntos civiles, familiares, penales, agrarios, entre otros, así como mecanismos alternativos de solución de controversias y medidas de protección para mujeres víctimas de violencia.

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CONTRAFUEGO || Coscorrón a la oposición

Aurelio Ramos Méndez

Una de dos: El gobierno de Estados Unidos ha pretendido hacer de México no una piñata sino una víctima en su infame diversión de jugar al policía bueno y el policía malo –lo habitual en su política exterior–, o más bien le asestó un duro zurriagazo no al gobierno de la presidenta Sheinbaum sino a la obcecada oposición a la 4T.

Es decir, le habría propinado un duro golpe a los núcleos partidistas, asociaciones civiles, organizaciones sociales, medios de comunicación y demás yerbas de la derecha, que son quienes han politizado hasta la necedad y, peor, hasta el obstruccionismo, la eficaz colaboración binacional contra el narcotráfico.

No ha sido gratuito el regreso desde las catacumbas de Vicente Fox y Felipe Calderón, ya sin García Luna, ni de lo más fétido del salinato, con todo y Raúl, Mr. ten per cent o El hermano incómodo.

Durante meses políticos antigobiernistas y la robusta prensa afín a estos, tanto mexicana como gringa, han saturado la atmósfera con información supuestamente deslizada desde las más altas esferas del gobierno de Trump, según la cual militares y policías de EU ya vienen en camino para llevarse a gobernadores, líderes de Morena, secretarios de Estado y al expresidente López Obradaor, el ejemplar cinegético más codiciado.

Los “sustraíbles” a lo Maduro son todos acusados de narcos, sin pruebas, sólo por las pistolas del Tío Sam, algunos ya dizque despojados de su visa y otros sin siquiera un permiso de entrada adelantado (parole) para ir a Disneylandia.

Si semejante persistencia en la mentira no ha sido politizar hasta la náusea y sospechosamente estorbar la lucha contra el narco, cuyos buenos resultados han sido notables aquende el Bravo, ¿qué nombre tiene entonces tal actitud de los adversarios del régimen, más allá de ser acabada muestra de desnacionalización y traición a la Patria?

En la muy probable hipótesis de que estemos ante un tremendo tatequieto a la oposición, el policía bueno –paradójicamente– habría sido el embajador, exagente de la CIA y exboina verde Ronald Johnson, quien por lamentable malentendido ha sido considerado el policía malo, metiche como pocos, obstinado en entrar hasta la cocina donde se sancochan los asuntos internos de nuestro país.

Más que enigmático, Johnson fue maliciosamente vacilante:

“La lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos. Las personas en ambos lados de nuestra frontera desean vivir con seguridad y en paz. Merecen vivir libres de la intimidación, la corrupción y el miedo que generan los cárteles. Cada momento que dedicamos a convertir este desafío compartido de seguridad en una discusión política, es una oportunidad perdida para fortalecer nuestra cooperación y proteger a las personas a las que servimos”. Así dijo.

El mensaje del embajador no fue formulado en una comunicación oficial de gobierno a gobierno como para presumir, sin lugar a dudas, un destinatario específico. Se trató de un tuit por X, para todos y para ninguno en el universo tuitero. 

El saco, sin embargo, parece sobremedida de la oposición. O, ¿quién o quiénes se han dedicado a convertir en discusión política el desafío compartido de seguridad, haciéndolo por añadidura con la actitud y persistencia del que, llegado el caso, aspiraría a ser verosímil y convincente?

¿Será que la furibunda andanada contra los cuatroteístas y el claro afán de estorbar la cooperación con EU, en realidad previenen la posibilidad de, si viniese al caso, buscar zafarse del anzuelo diciéndose víctima de represalias por la pasión empeñada en las denuncias contra el “narcogobierno” de izquierda?

O, ¿no hay traficantes de drogas entre la oposición? ¿Son los adversarios del régimen políticos labrados en una madera distinta del resto de los mexicanos? ¿García Luna es apenas una ensoñación?

El policía bueno en este escenario, sin resquicio alguno para la duda, es el secretario de Seguridad Nacional de EU, Markwayne Mullin, quien reconoció sin regateos y hasta con entusiasmo la colaboración de México con su país, así como los sorprendentes resultados, y llegó al punto de decir que los mexicanos creemos en la soberanía nacional y que esto es algo que su gobierno debe respetar. 

A la luz del tono no se sabe si sincero y respetuoso o sólo condescendiente de Mullin –revolotea la duda– el lance intervencionista de Johnson se difumina y aparece más bien como merecido coscorrón a la oposición, que durante meses duro y dale, ha propalado la politiquera especie de militares, policías y la parafernalia bélica gringa listos para invadir nuestro país.

Se agradecen las flores, obvio, pero desde cuando el canciller John Foster Dulles se pirateó el ideario del inglés Lord Palmerston, los mexicanos y el mundo entero sabemos que “los Estados Unidos no tienen amigos, tienen intereses”.

Así las cosas, que los marines podrían entrar a capturar mexicanos al estilo americano, todos con pistola en mano, ¡claro que podrían!; lo han hecho. El pretexto y la licencia se los da su inmenso poder económico y armamentístico, y su vocación expansionista.

En esa tesitura, no obstante, ni el más influyente y pretendidamente enterado de los periodistas de la oposición, que toman como si fueran el Verbo Divino los cuentos y retazos de expedientes judiciales que les lanzan desde Washington, podría vanagloriarse con un “se los dije”. Lo de ellos es choro destinado a enardecer las galerías.

Y, por lo visto, a irritar también al ocupante de la Casa Blanca, que habría decidido asestarle un manotazo a la oposición. A menos, claro, que Mullin se mande solo.

BRASAS

En medio de las tensiones entre México y EU, en la embajada estadunidense –se afirma en círculos vinculados con ámbitos diplomáticos– se perfilan cambios importantes; una verdadera limpia en el área de Comunicación. 

Se desconoce si ante el conflicto generado con México por Ron Johnson y enmendado por el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, la aspiradora pasará por el despacho principal de la embajada.

Se antoja improbable el cambio de embajador. Johnson fue designado hace apenas un año. 

Y tampoco se sabe si el exboina verde será merecedor al menos de una sanción política, algo que asimismo se descarta, pues implicaría darle la razón en sus reclamos al gobierno mexicano.

Cualquiera que sea el alcance de los cambios, no sobrevendrá ningún desastre para el Tío Sam… Abundan candidatos para sustituir a Johnson.

Con decir que, en son de guasa, corre la especie de que será nombrado embajador de Estados Unidos el periodista Raymundo Riva Palacio, de cuyo servilismo con el imperio no existe ni la menor duda.

Saldrán de la embajada, en principio, tres funcionarios que trabajaron con Ken Salazar; uno de estos, David Arizmendi, quien fue vocero del exembajador.

Tampoco pasará nada. En relevo de Arizmendi podrían llegar otros periodistas de la misma calaña que el columnista de El Financiero, entre quienes es firme candidato Jorge Fernández Menendez.

El colaborador de Excelsior, ya se dijo aquí, pasó de la lista de amenazados de muerte de la ultraderechista Triple AAA argentina, a la lista de colaboradores del ultraderechista Ricardo Salinas Pliego. Y, qué duda cabe, a la de lacayos de Washington.

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Demoró cuatro días para hacerlo, pero así y todo merece reconocimiento el firme rechazo del Comité Ejecutivo Nacional del PAN a la conducta del alcalde de Metepec, Estado de México, Fernando Flores Fernández, y su exigencia de investigación a fondo.

Al frente de media docena de hombres armados –uno del comando con arma larga–, no se sabe si policías, escoltas privados, sicarios o gimnastas pendencieros, ese angelito irrumpió en un club deportivo para golpear a un hombre y –según dijo– resolver así un conflicto entre particulares.

El hecho desnudó la prepotencia, conducta violenta, abuso de autoridad y, en suma, las pulsiones más primitivas que rigen el comportamiento del munícipe, llegado al poder y hasta reelecto merced a una alianza de PAN-PRI-PRD.

Cualquier persona que incurra en conductas contrarias al marco legal o abuse de la responsabilidad conferida en el servicio público debe asumir las consecuencias jurídicas de sus actos, sin importar su cargo, posición o afiliación política, señaló el CEN panista.

Le asiste por completo la razón a la dirigencia panista, por más que hechos recientes prueban que dentro de ese partido no ha sido éste un criterio común sino selectivo. ¿Podría negarlo sin mentir la gobernadora Maru Campos?

Del alcalde y jefe de asaltantes FFF han empezado a conocerse actitudes sencillamente inadmisibles, que requieren inmediata investigación y sanción. Van de un talante violento irrefrenable a un impulso discriminador y clasista decimonónico, amén de la propensión a violar los derechos humanos y meterle mano a las arcas públicas.

Hizo bien el PAN al soltarle la mano. Y sería una lástima si, llevado por su tradicional maniqueísmo y so pretexto de que en Morena no se actúa en contra de supuestos narcos acusados por EU, retomase su inveterada costumbre de defender a pillos de siete suelas.

El asunto avanza hacia el juicio político y la destitución, promovidos entre otros por el diputado morenista Paulo García.

En el congreso local Morena reúne con creces los votos necesarios para mandarlo a casa o a la cárcel. 

De 75 legisladores el partido guinda tiene 38, el PVEM 8 y el PT 7, en total 53 curules, tres veces más que el bloque PRI-PAN-PRD, que tienen 9, 7 y 2, en total 18. Y MC apenas cuenta cuatro.

De modo que ni Dios podría extender la vida política de FFF y mal harían los valedores del todavía alcalde, si intentasen defenderlo. 

En modo alguno puede tolerarse esta muestra palmaria de delincuencia hecha gobierno

RESCOLDOS

No hay plazo que no se cumpla y la cuatrianual fiesta futbolera ya está entre nosotros. Todo indica que, a despecho de la CNTE, este miércoles el balón empezará a rodar sin contratiempos. Son legión quienes quisieran malograrla, con tal de llevar agua a su molino. Es de esperarse que, de ser necesario, el gobierno federal –que tiene un envidiable 72 por ciento de favorabilidad popular– deje de confundir con represión el uso legítimo de la fuerza. Lo importante es llevar la fiesta en paz…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

El Mundial más contaminante de la historia

Alberto Benítez Tiburcio

El fútbol tiene una capacidad única para unir al mundo. Durante un mes, millones de personas comparten emociones, celebran victorias y lloran derrotas. Pocas cosas generan un sentido de comunidad global tan poderoso como una Copa del Mundo.

Pero no todo es positivo. Todo indica que el Mundial FIFA 2026 será el evento deportivo con mayor huella de carbono de la historia. Las estimaciones de diversos centros de investigación calculan que el torneo podría generar alrededor de 9.5 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e). Para dimensionar la magnitud de esa cifra, equivale aproximadamente a las emisiones anuales de casi dos millones de automóviles circulando durante todo un año.

Lo más llamativo es que la diferencia respecto de otros mundiales es abismal. FIFA reportó para Qatar 2022 alrededor de 3.8 millones de toneladas de CO₂e, mientras que los estudios sobre Rusia 2018 estiman emisiones cercanas a 2.1 millones de toneladas. En otras palabras, el Mundial 2026 podría generar más emisiones que los dos últimos mundiales combinados. Nunca antes una Copa del Mundo había estado siquiera cerca de una cifra semejante.

En pleno siglo XXI, cuando la crisis climática dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿puede el evento deportivo más importante del planeta seguir celebrándose como si el cambio climático no existiera?

La razón principal de estas cifras astronómicas de contaminación no está en los estadios ni en la electricidad consumida durante los partidos. El problema está en los traslados. Por primera vez en la historia, una Copa del Mundo se organizará en tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Además, contará con 48 selecciones, 104 partidos y 16 sedes repartidas a lo largo de un continente.

La consecuencia es inevitable: millones de desplazamientos en avión. Se estima que cerca del 85 por ciento de las emisiones del torneo provendrán exclusivamente del transporte aéreo. Equipos, medios de comunicación, patrocinadores y aficionados recorrerán miles de kilómetros entre sedes separadas por distancias equivalentes a cruzar países completos.

Un aficionado podría ver un partido en Vancouver y, pocos días después, viajar a Ciudad de México. Otro podría trasladarse de Los Ángeles a Toronto o de Guadalajara a Nueva York para seguir a su selección.

La paradoja es evidente. Mientras gobiernos, empresas y ciudadanos reciben mensajes constantes sobre reciclar, ahorrar energía o reducir el uso del automóvil, la FIFA organizará uno de los eventos más visibles del planeta, generando una huella climática gigantesca por decisiones frívolas de diseño y logística, como si el cambio climático no existiera.

Durante décadas hemos pensado el desarrollo desde una lógica incompleta. Evaluamos costos financieros, beneficios económicos, derrama turística y rentabilidad comercial, pero rara vez incorporamos el costo ambiental real de nuestras decisiones. La pregunta correcta ya no es únicamente cuánto cuesta un proyecto, sino cuánto le cuesta al planeta.

Porque cuando un evento genera millones de toneladas de emisiones, produce miles de toneladas de residuos y obliga a movilizar personas a través de un continente entero, la variable ambiental debería dejar de ser solo un detalle para convertirse en el centro de la discusión.

Además de las emisiones asociadas al torneo, el impacto ambiental también se refleja en los residuos que produce. Diversas estimaciones señalan que un partido de fútbol de este Mundial generará, en promedio, alrededor de 54 toneladas de basura, entre envases, alimentos, plásticos y otros desechos generados por miles de asistentes; una cantidad comparable a la producida por un Super Bowl. Si extrapolamos esa realidad a las 16 sedes y a los 104 partidos, así como a los Fan Fest, zonas comerciales, conciertos y actividades paralelas, estaremos hablando de cientos de miles de toneladas de residuos producidos en apenas unas semanas.

El Mundial 2026 también enfrentará otro desafío provocado por el cambio climático. Varias de sus sedes registran cada vez más días de calor extremo. Ciudades como Miami, Houston, Dallas, Monterrey y Guadalajara podrían experimentar temperaturas y niveles de humedad que representen riesgos para jugadores y aficionados.

La ironía es difícil de ignorar: un torneo que aportará significativamente a las emisiones globales tendrá que aplicar protocolos especiales para protegerse de un clima cada vez más extremo. Es como si el problema y la consecuencia se dieran cita en el mismo estadio.

Nadie propone dejar de disfrutar del fútbol ni cancelar la pasión deportiva. La solución pasa por reconocer que los grandes eventos del futuro deben diseñarse de otra manera: más compactos, más eficientes, mejor conectados mediante transporte público y ferroviario, y con criterios ambientales tan decisivos como los financieros.

La verdadera sostenibilidad no consiste en plantar algunos árboles para compensar emisiones. Consiste en evitar generarlas desde el principio. Mientras sigamos organizando algunos de los eventos más grandes del mundo sin considerar plenamente su impacto ambiental, la factura climática seguirá creciendo.

La pasión por el fútbol es universal. La responsabilidad con el planeta también debería serlo.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || CNTE, ¡hasta aquí!

Aurelio Ramos Méndez

“No queremos represión, no somos delincuentes, somos maestros y personal administrativo que sale a luchar por sus derechos laborales”. Esto declaró en la antesala de la secretaría de Gobernación la dirigente de la sección XXII de la CNTE, Yenni Aracely Pérez Martínez, y se oyó bien pero resultó inverosímil.

Los profesores agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ciertamente no pueden ser considerados delincuentes –o no todos ni abiertamente–; pero en modo alguno se sostiene la afirmación de que son sólo trabajadores “que salen a luchar por sus derechos laborales”.

Durante casi medio siglo la Coordinadora ha sido una corriente política y sindical en cómoda coexistente y franco y muy rentable entendimiento con los cacicazgos del sindicato magisterial que en sus orígenes dizque se propuso depurar.

En cosa de muy pocos años sus líderes desvirtuaron los fines de esta organización e hicieron de la lucha gremial un jugoso modus vivendi, a costas de los derechos de la población general, víctima del activismo de rasgos punibles.

El charrismo sindical persiste como en los mejores tiempos de Carlos Jongitud Barrios o Elba Esther Gordillo, a despecho de los dirigentes centistas, un puñado de los cuales ha capitalizado regiamente su actividad política. Dinero, diputaciones, senadurías, presidencias municipales, puestos burocráticos y cuanto hueso le resulta apetitoso…

En la actualidad la CNTE –destacadamente el magisterio oaxaqueño—atiende menos los intereses laborales de los docentes que los económicos, políticos y partidistas de sus jefes políticos, y desde hace algunos lustros de los contratantes de sus servicios de agitación y desestabilización.

Vale preguntar qué intereses sirve esta vez el magisterio disidente del SNTE, que emprendió movilizaciones hace meses y las recrudeció en el inicio de la cuenta regresiva para el arranque del Mundial de Futbol, el 11 de junio.

¿Quién mueve los hilos de la CNTE y hasta dónde está dispuesto a llegar en su ánimo de ganar rentabilidad a cambio de hacer polvo la imagen del gobierno federal, al que busca bosquejar autoritario, sin base social, lejano al pueblo, ajeno a reclamos salariales y democráticos, mentirosamente de izquierda?

No cuesta trabajo suponer que, en modo mercenario, al poner de cabeza la capital del país con plantones, estrangulamientos de calles y avenidas y amenazas de bloqueos al aeropuerto, el Metro e infraestructuras y servicios básicos el magisterio “democrático” sirve intereses de la oposición, la derecha pura y dura.

Para nada resulta descabellada tal posibilidad, aunque tampoco es improbable que el intenso activismo y la suma a diario de nuevas exigencias a un pliego de imposible cumplimiento inmediato pueda formar parte de una pantomima maquinada en el seno del gobierno federal. No sería la primera vez que algo así sucediese.

En más de una ocasión, lo mismo en tiempos del PRI o el PAN en el poder, y aun en la 4T, manifestantes a sueldo han sido utilizados para prevenir acciones indeseables de la oposición de turno, mediante la ocupación anticipada de espacios físicos, antes de que puedan ser copados por opositores.

Es llamativo que esta vez la sección XXII desplegó su activismo semanas antes de que empiece a rodar el balón, en prevención quizá de que pudiera ser la oposición la que ocupase lugares emblemáticos como el Zócalo, el Monumento a la Revolución, el Ángel o las inmediaciones del Estadio Ciudad de México con el fin de llevar agua a su molino.

Quienquiera que sea el titiritero de los disidentes, quienes ahora buscan involucrar a la burocracia nacional toda en su modelo de activismo, debe reparar en que empieza a ser patente el fastidio de la sociedad y de ciertas autoridades ante sus desafueros.

Fue elocuente el rapto de enojo del alcalde de Mitla, Esaú López Quero, que salió con su policía a intentar despejar a balazos una carretera.

Mientras el ánimo social frente a los docentes disidentes da señales de hartazgo, los líderes se proponen ampliar su radio de acción vía el fortalecimiento del denominado Frente Nacional en Defensa de la Seguridad Social Solidaria, que aglutinaría al más amplio bloque posible de trabajadores al servicio del Estado.

El señuelo es imposible de ser desdeñado. Se trata de impulsar un nuevo modelo de seguridad social que garantice pensiones dignas. O sea, eliminar el actual sistema de cuentas individuales en las Afores, uno de los cambios más nocivos del periodo neoliberal.

La CNTE, en todo caso, le ha causado un daño enorme a niños y jóvenes de las entidades donde actúa. En el cercenamiento del calendario escolar por el ausentismo de profesores, por sólo mencionar la más obvia consecuencia de medio siglo de perniciosa grilla.

De la calidad educativa mejor ni hablar, y menos del crecimiento de la educación privada, sector en el cual con indecibles esfuerzos económicos se refugian los padres, no porque cualitativamente sea mejor que la pública sino porque al menos el calendario no experimenta recortes.

No nos engañemos. Es mentira, por donde se mire, que “el maestro, luchado, está enseñando”, y que las acciones de la Coordinadora tienden a beneficiar a los sectores populares. 

Medio siglo de intentos por democratizar el SNTE y contribuir a mejorar la educación sólo ha redundado en la conformación de una banda de vividores de un sindicalismo altamente rentable, al cual es menester ponerle un ¡hasta aquí!

Está por verse si los altos niveles de aprobación popular de la 4T sirven para algo en el ámbito del sindicalismo de los maestros.

BRASAS

Miércoles de efemérides aleccionadoras fue el pasado 27 de mayo. Ese día, en 2015, estalló el llamado FIFAgate, el mega escándalo de corrupción –el más sonado en la historia del futbol mundial– por archimillonarios sobornos para la obtención de contratos de televisión y la “elección” de sedes mundialistas. 

Ese día, en Suiza, siete altos directivos de esa Federación Internacional de Futbol Asociación fueron arrestados, a solicitud del Departamento de Justicia gringo, bajo la acusación de crimen organizado, fraude electrónico y lavado de dinero.

Dos días después Joseph Blatter fue reelecto presidente de la FIFA, pero las presiones, dada la magnitud del escándalo, acabaron por tumbarlo del cargo, junto con el titular de la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA), Michel Platini.

Por indagaciones del FBI en total fueron imputadas 14 personas, nueve dirigentes de la FIFA y cinco ejecutivos del negocio futbolero global.

Algunos libraron la cárcel mediante el resarcimiento de centenares de millones de dólares y otros fueron inhabilitados por décadas. 

Dos años después, el 10 de abril de 2017, fue presentada la postulación conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para el Mundial 2026, la cual resultó electa el 13 de junio de 2018.

También el pasado miércoles se cumplieron 50 años de la desaparición en Argentina –1976– del cineasta Raymundo Gleyzer, argentino director de la película México, la revolución congelada, filmada en los inicios del gobierno de Luis Echeverría.

Gleyzer había obtenido permiso para la filmación del mismísimo Echeverría, entonces secretario de Gobernación, luego candidato y Presidente. Fue invitado a grabar la campaña electoral, le fue asignado un lugar en el autobús del candidato; tuvo todas las facilidades, incluido el préstamo de un helicóptero.

Echeverría buscaba recomponer su imagen manchada por la matanza de Tlatelolco, pero ignoraba el perfil ideológico de Gleyzer, aguerrido comunista.

El filme fue estrenado en Buenos Aires el 10 de mayo de 1973. Sólo entonces LEA se percató de que no era la exaltación de la Revolución institucionalizada, sino una dura crítica por los ideales traicionados.

Furioso, vía el general Jaime Jiménez Muñoz, embajador de México en Argentina, el mandatario consiguió que la exhibición fuera suspendida; duró un día en cartelera. En nuestro país fue enlatada más de tres décadas, hasta su proyección en 2007.

Con apenas diez meses en el cargo el general Jiménez Muñoz fue retirado de la embajada cuatro meses después –septiembre del 73– del estreno del filme. Lo relevó Celso Humberto Delgado.

Secuestrado por la Alianza Anticomunista Argentina en 1976, Gleyzer está desde entonces en calidad de desaparecido.

El 27 de mayo, asimismo, fue aniversario del natalicio (1923), en Alemania, de Henry Kissinger, canciller de EU durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford.

En octubre de 1973 le fue otorgado el Nobel de la Paz, pese a su fama de impulsor de la Operación Cóndor, el pacto de militares golpistas sudamericanos para acorralar y reprimir la resistencia de izquierda, y sólo un mes después del derrocamiento en Chile de Salvador Allende.

Fue también el artífice de un proyecto, capitaneado por Pelé, destinado a instalar el futbol soccer de EU entre las principales potencias mundiales.

RESCOLDOS

Nace una estrella. Dirigentes del PAN con Felipe Calderón y Vicente Fox a la cabeza han empezado a reeditar la historia de Xóchitl Gálvez, ahora en la persona de Maru Campos. Apoyados por su influencia en medios de comunicación, la presentan como la revelación política de la temporada. Y van directo a tropezar con la misma piedra…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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La erosión democrática

Alberto Benítez Tiburcio

En los últimos años, América Latina ha empezado a mostrar una paradoja inquietante: las elecciones perduran, pero la confianza democrática se erosiona. No estamos frente al viejo autoritarismo de los golpes militares. La amenaza contemporánea es más silenciosa: democracias que conservan sus formas, pero pierden legitimidad, eficacia y cohesión social.

Ese es el diagnóstico del más reciente informe del PNUD sobre democracia y desarrollo en América Latina. Un documento incómodo porque obliga a reconocer algo que durante años evitamos admitir: la transición democrática logró abrir las urnas, pero no construyó Estados capaces, sociedades menos desiguales ni ciudadanía con confianza en sus instituciones.

Durante décadas asumimos que bastaba con elecciones competitivas y alternancia para consolidar democracias estables. Pero votar no resolvió la desigualdad, la inseguridad ni la captura institucional por intereses económicos, criminales o facciosos.

La democracia electoral avanzó más rápido que la capacidad del Estado para producir bienestar, justicia y cohesión social. Ahí está el núcleo del problema latinoamericano. La frustración social no surge sólo de la pobreza; nace de la percepción de abandono, de la sensación de que las reglas no operan igual para todos (la revancha de las mayorias) y de gobiernos incapaces de garantizar seguridad, movilidad social o igualdad ante la ley.

En ese vacío prosperan el culto al líder, la antipolítica y los discursos que convierten la frustración en combustible emocional. Pero quizá el deterioro más delicado sea otro: la pérdida de una noción compartida de verdad.

Las democracias liberales dependían de consensos mínimos: que los hechos importan, que existe diferencia entre verdad y mentira y que el adversario político no es un enemigo absoluto. Las redes sociales erosionaron precisamente ese terreno común. La conversación pública dejó de organizarse alrededor de argumentos y comenzó a estructurarse en torno a emociones, algoritmos e indignación permanente.

Cuando desaparece la posibilidad de construir hechos compartidos, la deliberación democrática se vuelve casi imposible. El desacuerdo deja de ser político y se convierte en tribal.

Por eso el desafío latinoamericano ya no puede reducirse a elegir entre más mercado o más Estado. La tarea es reconstruir el pacto democrático sobre tres bases: instituciones eficaces, cohesión social y una cultura pública menos intoxicada por el resentimiento y la desinformación.

El informe del PNUD plantea algo esencial: las democracias necesitan capacidad concreta de gobernar. Un ciudadano vuelve a confiar cuando el transporte funciona, cuando la escuela pública sirve, cuando la justicia llega y cuando el crimen deja de controlar territorios enteros.

Por eso una prioridad central es reconstruir la capacidad estatal. América Latina pasó demasiados años debilitando burocracias técnicas e improvisando administraciones. Ninguna democracia puede generar confianza si cada cambio de gobierno implica empezar desde cero. El Estado necesita continuidad, memoria institucional y servidores públicos de carrera.

El segundo desafío es reducir desigualdades extremas, no sólo por razones morales, sino por estabilidad democrática. Cuando la movilidad social desaparece y el origen pesa más que el talento, la democracia comienza a percibirse como una ficción útil para otros.

Por eso el informe insiste en políticas concretas: educación temprana de calidad, sistemas de salud funcionales, transporte accesible, conectividad digital y empleos formales capaces de reconstruir seguridad material. No se trata de igualar resultados, sino de impedir que millones compitan desde la derrota.

El tercer desafío es recuperar el control territorial frente al crimen organizado. En muchas regiones el Estado ha dejado de ejercer plenamente el monopolio legítimo de la fuerza. Allí donde desaparece la autoridad pública aparecen poderes paralelos que sustituyen funciones estatales y condicionan procesos electorales. La solución no puede reducirse a la militarización. Requiere policías locales profesionales, inteligencia financiera, ministerios públicos funcionales y presencia permanente del Estado.

La otra gran discusión pendiente es la dimensión digital. Durante años las democracias asumieron que las plataformas tecnológicas eran espacios neutrales. Hoy los algoritmos moldean emociones políticas, amplifican la polarización y facilitan campañas de desinformación. El informe propone avanzar hacia una regulación democrática de las plataformas: transparencia algorítmica, combate a redes de manipulación y alfabetización digital desde las escuelas.

Pero quizá la propuesta más profunda sea otra: recuperar la cultura democrática. No basta con tener instituciones formales si desaparece la disposición social para convivir en la diferencia. La región necesita menos épica refundacional y más inteligencia institucional. Menos política basada en enemigos absolutos y más ciudadanía capaz de deliberar.

Las democracias rara vez mueren por un solo golpe. Normalmente se desgastan cuando dejan de resolver problemas concretos y cuando la sociedad pierde la confianza en que vale la pena defenderlas. Esa, precisamente, es la batalla que América Latina todavía está a tiempo de ganar.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista