¿Objeción de conciencia?

Carlos R. Aguilar Jiménez

Cuando, no obstante, se adquiere la profesión de médico general o especialista luego de superar intelectualmente los requisitos exclusivamente científicos que exige esa noble profesión, algunos médicos que se supondría, conocen conceptos básicos de evolución darwiniana, fisiológicos, bioquímicos e incluso el concepto que explica: la ontogenia refleja la filogenia, por lo que se entiende la vida es el resultado máximo de la expresión de las leyes de la naturaleza, que nos relaciona con animales y todas las especies que han existido en este planeta y que viven por el ADN del que compartimos más del 98 por ciento con chimpancés, por ejemplo, y no somos un capricho divino que insufló a un muñeco de arcilla  o un antojo sobrenatural como indican algunos libros supuestos sagrados, es difícil entender porque algunos médicos siguen creyendo en la existencia del alma o espíritu como entes sobrenaturales responsables de la vida humana exclusivamente, y no de las demás especies, objetando en consecuencia, para no practicar abortos antes de las doce semanas (la ontogenia refleja la filogenia) la objeción de conciencia.

Los seres humanos y todos los animales reproducimos en la gestación todos los procesos evolutivos que vivieron nuestros ancestros, pasando por las distintas etapas de formación que nos llevaron por selección diferencial de los más aptos a lo que somos ahora: humanos, caballos, perros, simios, águilas o el ser vivo que sea, de tal forma que un feto que aun no llega a las doce semanas no ha adquirido aún la categoría biológica de ser humano, obviamente, si se entiende y acepta la evolución darwiniana, porque si se cree en almas, fantasmas o hálitos divinos, entonces sí, para los devotos cristianos opositores al aborto, desde la concepción, esas células son un ser humano, sin embargo, desde la publicación del Origen de las Especies en 1859 y la posterior en 1871 del Origen del Hombre y la Selección en Relación con el Sexo, más de un siglo después, hoy sabemos que no somos ángeles caídos ni descendientes de una figura de arcilla condenados por el pecado capital, sino que somos antropoides erguidos; monos desnudos que evolucionamos de mamíferos y primates, por lo que la decisión de la Suprema Corte y el pleno de 64 legislatura en Oaxaca que por ley establece: “Hospitales y médicos están obligados a practicar abortos gratuitos”, en función de la reforma a la Ley Estatal de Salud con el fin de garantizar a las mujeres la atención médica gratuita para la interrupción del embarazo hasta las doce semanas de gestación, es un avance importante y trascendente que tendrá significativas implicaciones sociales, económicas y educativas para las mujeres que voluntariamente decidan interrumpir su embarazo, no obstante la Iglesia Católica y los creyentes en hálitos divinos, almas, espíritus, duendes, ángeles, querubines o elfos, se indignen y los integrantes de la Cofradía de la Vela Perpetua se ofendan desgarrando sus sotanas y la Congregación de los Santos Clavos de la Cruz, excomulgue a los médicos científicos y maldiga a las madres que aborten.  

Ojalá solo lloviera en el campo de Oaxaca

Carlos Villalobos

Llegó la etapa de huracanes y con ello el que Oaxaca esté inundada, principalmente el Istmo y la Costa. Como si no fuera ya una tradición propia de estas fechas, casas, negocios y el patrimonio de toda una vida, familias enteras ven como el agua se las lleva.

Tomar nota y aprender de las derrotas es algo que los tres órdenes de gobierno no han entendido que tienen que llevar a cabo para mejorar las condiciones de nuestras comunidades, o al menos contar con planes de protección civil lo suficientemente robustos para evitar tragedias como las que años con año, sufren municipios como Juchitán o Unión Hidalgo.

Comunidades incomunicadas, sin medios de comunicación, pero sobre todo sin sustento diario, en plena pandemia, es algo importante a considerar en la proyección de planes anuales o al menos trimestrales.

¡Vamos! Que, si ya sabemos que en septiembre, o un poco antes, las lluvias en el estado aprietan, desazolves, desfogues escalonados de presas y monitoreos de ríos y lagos, tendría que ser prioridad. Los huracanes a diferencia de los sismos, que también son desastres naturales, se pueden prevenir de una manera más efectiva.

Algo a considerar también, es que lo que se propone desde este texto, no es solo el otorgamiento de presupuesto para la reconstrucción de las comunidades (lo cual es necesario), también se debe de partir de campañas de concientización enfocadas a los posibles desastres naturales que azotan las regiones en las que se focalicen los trabajos.

Realizar el ejercicio de gobierno, no solo se finca en realizar magnas obras o negociar con grupos de poder, el fin ultimo de gobernar es que se priorice la vida y de ahí todas las posibles acciones y actividades tendrán un correcto cause.

Hemos normalizado a tal punto la desolación y el sufrimiento de nuestras comunidades, que hoy en día la nota no es que los municipios estén bajo el agua, la nota son los memes de aquel señor necio en Juchitán que trato de ganarle al flujo de agua, causando que su camioneta se quedara varada y tuvieran que rescatarlo.

A manera de apología, es justo mencionar que el problema actual no se le puede cargar a las presentes administraciones, sin embargo, la gestión de la crisis y es ahí donde se tiene que hacer especial énfasis. 

Ya no es tiempo de discursos, hoy necesitamos de funcionarios que den la cara y que pongan sobre la mesa soluciones que sean concretas y realizables en el corto plazo, que tiendan la mano cuando todas las cámaras y micrófonos se hayan ido, que se hagan presentes con acciones.

De cara al proceso electoral, es tiempo de identificar que no todos los políticos son iguales, pero tampoco todos deben de ser santos de nuestra devoción. Las acciones se deben ver en la elaboración de reglamentos y leyes, así como en campañas de concientización; con el fin de minimizar los daños; y llegado el momento la suficiente sensibilidad para atender a todas y todos aquellos que lo necesiten.

Ojalá que solo lloviera en el campo para que el maíz creciera y así nuestras ciudades no se inundaran. Ojalá algún día se priorice la protección civil y la concientización ciudadana, sin banalizar ejercicios como los simulacros o la puesta en marcha de albergues durante emergencias.

Ojalá.

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Thalía, la del barrio

Mariano Estrada Martínez

En 1992 me fui de provincia a vivir al entonces Distrito Federal. Era la primera noche que pasaría en un pequeño cuarto del sexto y último piso de un viejo edificio en Santa María la Ribera. Venía saliendo de la Normal, cerca del metro San Cosme. Traía hambre, cansancio y un par de monedas. La avenida atiborrada de comercios antiguos, cafés de chinos, muchas estéticas donde atendían chicos que parecían chicas, viejos tendejones, locales vacíos de cortinas grafiteadas y edificios añejos con perritos de piedra en las fachadas. Entrada la tarde, a medida que me acerco a mi edificio observo un pequeño grupo de gente en la puerta y justo a sus pies yace un joven boca abajo, se retuerce, no grita solo gime. Mueve un poco una de sus piernas mientras que el resto de su cuerpo no le responde. Tal vez se encuentra desmayado, pienso. Vuelvo a sentir cansancio y hambre y ahora también fastidio y preocupación. Llega un policía, sabe lo que pasó, con su bota lo mueve: – ¡Eh tú como te llamas!, -le grita, el joven no responde, solo gimotea.  Le sigue moviendo sin tocarlo con las manos, sólo lo mueve con la bota. Hace una palanca entre la puerta y el joven y lo voltea: ¡Horror!, un charco de sangre le baña todo su pecho y la banqueta. Tenía delante de mi no un vivo, sino un muerto. Nunca había visto uno.  

Resulta que un vulgar ejecutor de una joyería le dio alcance, había intentado asaltarlo y éste le disparó en el mero pecho, todavía pudo caminar unos diez pasos y se desplomó frente a mi edificio. La gente le miraba en silencio mientras él dejaba de existir, sin una sábana, sin una veladora, sin santos óleos, como si la justicia humana no se avergonzase ante esa sentencia condenatoria. 

Una calle adelante se escuchan muchos gritos, la gente corre hacia un Grand Marquis negro. ¡Es Thalía!, gritan. El Grand Marquis se detiene frente al 153. Una veintena de admiradores y curiosos rodean el carro. Yo avanzo una cuadra mas, lo único singular que pude observar era eso: La gente en un extraño paroxismo, en un clima de excitación y euforia gritaba y se arremolinaba en torno al Grand Marquis. Un muchacho con ombliguera y maquillaje rudimentario era el que mas gritaba mientras brincaba y movía sus manos: ¡Thalía te amo!, lloriqueaba, se mordía los labios. Traía sandalias y sus uñas pintadas de colores, una panza lombricienta asomaba por su ombliguera. Volvía a gritar: ¡Thalía mírame!  Yo no vi a Thalía, parece ser que bajó muy rápido y ya la esperaban porque la maniobra duró un segundo y medio. Pero la gente no se quitó, esperó como se espera algo grande y ahí se esperó porque sabía que iba a volver a salir y aparecer otro segundo y medio.  Yo tenía hambre, cansancio, aborrecimiento y ahora curiosidad. 

Volví a pasar por mi edificio. Había una patrulla y una camioneta blanca. Entre dos judiciales subieron al joven en la batea, como cualquier costal, como para causar espanto a los demás delincuentes. No lo depositaron con cuidado, lo aventaron balanceándolo, contando hasta tres.  Mis tripas crujían mas que mi corazón agujereado por la escena. Me moría de hambre. En la esquina vi que vendían unos pambazos de esos bañados en salsa roja y sancochados en aceite, creo que tenía dos pesos de papa adentro, quizás menos porque no me sabían a nada de eso. Comí de tres bocados el pambazo sin nada para pasármelo, no tenía mas dinero. Pensaba en el condenado, pensaba en mi cuarto, pensaba en Thalía y en el joven estilista de uñas pintadas y sandalias que gritaba gárrulamente. 

La puerta del 153 se abrió y una gran exclamación me sacó de mis pensamientos. El Grand Marquis inició su camino y advertí como iban detrás del carro gritando y agitando las manos. El joven de la ombliguera quedó en la banqueta de rodillas, lloraba y pareciera que se enterraba sus uñas en sus propias manos. 

Con un sinfín de sensaciones regresé a mi edificio, la portera lavaba con agua y jabón el charco de sangre. No había ministeriales, ni cintas amarillas de “escena del crimen”. Ahí no pasó nada.  La camioneta blanca seguía ahí, con el joven boca abajo, ellos fumaban y tomaban una coca cola, terminándola se fueron dejando tras de si la materia prima de la vida en Santa María la Ribera, una cantidad enorme de sustancias pletóricas de ciudad: humedad, sangre, agobio, agua y jabón, perfiles de delincuentes y de divas, admiración e indiferencia, exceso de morbos extraños, la vida de los famosos y la de los desgraciados. 

Esa tarde no conocí a Thalía, pero sí al “Thalía, el del barrio” y un poco del corazón o más bien, del hígado y del páncreas de la Ciudad de México. 

SEPTIEMBRE DE 1993

SANTA MARÍA LA RIBERA. 

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¿Qué me puede malir sal?

Mariano Estrada Martínez

Esa mañana, el rector de la principal universidad de la ciudad se levantó temprano y de buen humor. Se preparaba para sus últimos eventos como decano, precedido de una fama de no aferrarse a controversias ytener rumbos claros. Había hecho de su carrera una suma de no fáciles conquistas, pero ya daba avisos de cansancio,  que si bien no le quitaban méritos, lo dejaban ver más como un tecito  de manzanilla: sin tantas fuerzas ni bondades, pero les caía bien a todos.

  • Hoy será un gran día.
  • Siempre dices lo mismo corazón. 
  • Es la inauguración de la cafetería escolar ¿Qué podría salir mal? 
  • ¿Llevas tu discurso?
  • ¿Un speech? No, para nada, los chavos de la facultad de letras ya no los toleran, algo improvisaré. 

Había conocido a su esposa treinta y siete años atrás en la facultad de filosofía y letras, él era catedrático de literatura latinoamericana y ella era la encargada de etimologías y creación literaria. 

La nueva cafetería lucía reluciente, ceñida con un gran listón rojo y flanqueada por unos perfectos pendones con el nombre de la cafetería universitaria: 

“LOS AMOROSOS, CAFÉ, SABINES Y MAS”

Acompañado de su esposa, algunos directores, maestros y un ciento de estudiantes de facultades como Filosofía, Psicología y Antropología entre otras. Se dio paso al evento protocolario:

  • Buenas tardes a todos, todas y (haciendo una pequeña pausa, levantando un poco los hombros y mirando por arriba de sus anteojos terminó saludando: Y a todes. 

Risas de algunos, caras de admiración de otros. Sin quererlo se empezó a mover en arenas movedizas y agitadas. 

  • Lo cierto es que hoy me congratulo en inaugurar esta bella cafetería universitaria que alberga una gran área de comedores y otra área provista de revisteros, libros, conexiones y área de wifi y ojalá que libre de tabaco. 

Mas risas y aplausos. 

Su esposa entonces le extendió las tijeras para cortar el listón sin embargo el prosiguió con su pequeño discurso:

  • ¿Saben? Me gusta el nombre de la cafetería, que da título a uno de los poemas mas conocidos del poeta chiapaneco Jaime Sabines, los amorosos, o amorosas si gustan, no lo sabemos, finalmente el amor va vagabundeando sin una orientación personalizada, ni pendiente de una moda, pero el amor es un compromiso engrandecido y lleno de…
  • O amoroses, un chico entre el gentío interrumpió y explotaron las risas. 

Levantando la mano de entre los jóvenes alguien se acercó hasta el estrado y con voz enfadada pidió la palabra.

  • Rector, no creo que sea de risa lo que aquí se está estableciendo con comentarios vulgares y soeces de fáciles dividendos para hacer reír, creo que el principio básico de la universidad es la diversidad, así que pido respeto para todes. (Levantando un puño en alto otras personas la secundaron).

Un chavo de lentes redondos y cabello encrespado alzó la voz sin pedir la palabra: 

  • Compañera, o compañere o como sea, yo pienso que… 
  • ¡Por supuesto que como sea no! Aquí hay trans, neithers, neutrois, gays, no binarios y la gran comunidad de lgtbyg y mas, así que tu “como sea” nunca más y ¡a ningunearnos a otra parte!

Un maestro de la facultad de filosofía trató de tranquilizar la situación:

  • Está bien, creo que es motor de la facultad el libre pensamiento y la libertad de expresión, eso es lo que más deseamos y por lo que se nos reconoce, no veo en las palabras del rector ofensa alguna mas que la manifestación del amor en cualquiera de sus maneras. 
  • Eso cree usted – increpó alguien en segunda fila– Para nosotros los no conformes con los géneros convencionales deseamos más, mucho más que palabras irónicas del patriarcado mentiroso y añoso manifestado en las ideas arcaicas del rector y de todos ustedes como autoridades…
  • ¿Patriarcado mentiroso? – Riñó rápidamente la esposa del rector. – Jovencito, déjeme decirle que…
  • ¡Jovenciti por favor! Interrumpió otro joven mas muerto de risa que sin ánimo de argumentar nada. 
  • Ríete imbécil, ríete perro, órale, ríete desde tu racismo disfrazado de chiste. ¡Échenle brillantina compañeras!
  • Atrévete, órale atrévanse, siempre con su lógica de que sólo a ustedes se les debe escuchar y los demás no decir nada porque sino se ofenden. ¿Qué van a hacerme, pintarrajearme?

Y estalló la batalla. 

Detrás de las sutiles palabras inclusivas del rector se escudaron de lo que no quisieron entender y se lincharon con lo que cada quien pretendió escuchar. 

La reyerta se posicionó en todos los frentes: maestros contra alumnos, alumnos contra la esposa del rector, los de atrás contra los de adelante.  Se soltaron algunos golpes, alguien arrojó un irritante gas morado que inundó la contienda. Arriba en el corredor de los salones dos estudiantes fumaban marihuana mientas veían los jaloneos:

  • Sabes Bro, creo que yo pertenezco no a otro genero, mas bien a otra raza, a otra galaxia de dónde que ni con un poco de humo logro evadirme.
  • Somos humanos Bro, cada idea, cada palabra es un eco de alguien mas, un plagio, una mezcla. – (Y seguían fumando ajenos a las batallas en el campus)

De entre el caos alguien jaló uno de los grandes pendones soltando una pequeña viga que lo sostenía cayendo accidentalmente sobre la humanidad del rector quien cayó sin remedio al piso, provocando un repentino silencio que dejó de pronto que cada uno dejase de aferrarse a sus victorias.

El corazón les dio un vuelco a ver al veterano rector desmayado en el piso. La esposa armándose de coraje, sin dejar de avergonzarse y manifestar la intimidad de su corazón adolorido lloraba con ese dolor que aprisionaba en el pecho de cualquiera que la mirase. 

El silencio se prolongó hasta que el rector se empezó a incorporar con la ayuda del director de psicología. El Rector le pidió un pequeño favor al oído.

  • Ruego a todo un momento de silencio, –Dijo el director de Psicología a la concurrencia – el Rector quiere terminar su discurso, sólo pide unos minutos de atención, una disculpa anticipada a cada uno, pero les ruego y les suplico que dejen un segundo las llamadas mas intimas que le vienen de su mundo mas hondo y dejen de responder un instante a esos llamados a fin de que seamos parte de este reino infinitamente rico y fascinante que somos los seres humanos y que conformamos la gran universidad. Le dejo la palabra al rector:

Con un pequeño hilo de sangre de la frente, el moño de su traje fuera de lugar, sin anteojos, tomado del lado derecho de su esposa, y del lado izquierdo apoyado del hombro del director de psicología continuó:

  • Bernard Shaw dijo, hace mucho, que todos somos reyes, con la desgracia de que vivimos fuera de nuestro reino, y sea quizás por eso que nos cuesta entendernos. En estos apasionados  minutos llegué a contar mas de veinte formas de ser,  mas de los que en la vida había escuchado. 
  • ¿Y los veganos Rector? – Interrumpió un maestro ya con el afán de distensionar el ambiente, el rector comprendió el chascarrillo y estalló en prolongada,  adolorida pero contagiosa hilaridad. 
  • Los veganos estimado profesor, y las y los maestros y nosotros los viejos todos somos importantes. Acepto la moción de los veganos, nada que ver y al mismo tiempo todo que ver, porque nosotros somos mucho mas de las etiquetas y lentejuelas que esta sociedad nos reviste. Sin duda hay muchas batallas por pelear y muchas mas voces escondidas que descubrir. 

Terminó su discurso que intentó erróneamente iniciar en terrenos escabrosos: 

  • Decía Sabines: Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.”

Una última pausa, poniendo en orden sus ultimas palabras, escogiéndolas con filigrana. La audiencia callaba. El humo morado se disipaba a la par que contemplaban las lágrimas rimelosas de la esposa del rector cubierta de diamantina. 

  • Sabines lo sabía muy bien, fuimos hechos y existimos, no para aprisionar ni para dictar sobre otros corazones, sino para liberar el nuestro, la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias es  no amar. No importa del color que seas: Tú no puedes exigir a nadie que te quiera eso no depende de ti,  pero en cuanto no seas grosero y ruidoso podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, y comenzarás a tatuar el humo a coger el agua…. Amar aunque estés en la orilla opuesta de lo que dicta la razón, amar, no arrancar. Vencer el miedo, se que no es fácil, se que quizás habrá que hacer violencias necesarias a fin de ser los amorosos que se pongan  a cantar entre labios una canción no aprendida, y se vayan llorando, llorando, la hermosa vida.

Después del discurso, que desmontado palabra a palabra no tenía un ápice de etiquetar  nadie. Su esposa le vuelve a pasar las tijeras, el rector sin anteojos logra cortar el listón, camina muy lentamente un par de pasos y muere. 

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Ciudad dorada y su pérdida de color

 Carlos Villalobos

Aunque la Ciudad Dorada, como llama Rodrigo Islas a Oaxaca de Juárez, vive de lo bonita que se vea, ni así se dignan en ponerle atención y un día se les va a acabar el nombre y no va a dar lo suficiente para enamorar a turistas y locales.

Entre baches, vendedores ambulantes, recorridos un par de cuadras del corazón del centro histórico, vendedores ambulantes “legales”, en donde se supondría que no debería haber, y caos urbano en general la ciudad de Oaxaca tiene que lidiar con una pandemia, falta de alternativas de transporte y poca implementación de políticas en favor del peatón.

Hoy abro este espacio en mi columna porque, de lo mucho que fue y había sido hasta hace poco, Oaxaca era una ciudad que deslumbraba por su belleza, pero también por el buen trato de capitalinas y capitalinos oaxaqueños, hoy, solo queda esto último.

Como residente, es impresionante ver como con 15 minutos de lluvia constante, las calles están desbordadas, demostrando que el peatón y el usuario de medios de transporte alternativos (como la bicicleta, la patineta o el scooter) tenemos que literalmente correr por nuestra vida, eso si la banqueta está decente, si no, nos queda bajar al flujo vehicular y encomendarnos a todo santo al que creamos para que no nos atropellen.

Del cuidado de áreas públicas ni hablamos, basureros desbordados, mobiliario descuidado, si no los han robado, y poca vigilancia. Y en este último punto me detengo un poco, solo en el último año he tenido tres intentos de robos en pleno centro histórico oaxaqueño, lo que refleja el estado tan incierto de la seguridad de esta parte de la ciudad. Esto solo es una experiencia personal de un cúmulo que solo tenemos voltear a ver otras historias similares.

Sería importante solicitar vía ventanilla de transparencia ¿Cuánto dinero se ha invertido en el mejoramiento de nuestra ciudad? para poder evidenciar, pero sobre todo dimensionar lo poco efectiva que ha sido la administración municipal actual.

¿Hay agenda detrás de tanta omisión?¿En serio el estado actual del municipio da para que el actual titular del ejecutivo local sea premiado a nivel nacional?¿Les va a alcanzar la decencia a quienes van a repetir en la administración con Francisco Martínez Neri para ponerse a trabajar ahora sí o seguirán claramente evadiendo cumplir con sus responsabilidades mínimas como hasta hoy?¿En serio fue necesario que un influencer denunciara su inacción para que se pusieran a trabajar (y hasta eso lo hicieron mal). El italiano “Lord Banquetas” a través de sus redes sociales expuso el estado de las calles y pavimentado de las inmediaciones del Parque del Amor.

En fin, con regreso a clases, lluvias interminables, drenajes colapsados, banquetas rotas, baches como si estuviésemos en zona de guerra afgana y demás son los peligros a los que nos enfrentamos las y los residentes capitalinos, ahora que ni siquiera el centro histórico es seguro ni tranquilo.

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Un regreso a clases

Mariano Estrada Martínez

6:45 AM del primer día de clase. 

Un año y cinco meses después de iniciada la cuarentena María se dispone a llevar a su hijo a que inicie el primer grado de primaria. Echa un último vistazo a las dos bolsas enormes de artículos de limpieza que le han pedido propios para desinfectar más un hospital que para ir al colegio. En la pequeña mochila lleva dos cuadernos, uno de cuadros grandes, uno doble raya, un tóper que huele a cloro, un sándwich dentro de una bolsa de zipzap y media manzana partida en cuadritos  perfectos.

– Paco, apúrate mi vida, ponte tu cubrebocas y tu careta y ya ándale que se hace tarde.

– ¿Ya?  ¿Cubrebocas? ¿Para qué?

María recarga ambos brazos desnudos y pálidos de meses de falta de sol, los recarga entre la pared y su pequeño hijo, lo mira de hacia abajo,  se pone tensa, siente que la cabeza se le dilata, la quijada se le atora y clava su barbilla entre sus clavículas.

–  Ponte el cubrebocas y la careta hijo. 

– Estaaaá bien. Paquito arrastra los pies y la vida hacia el auto. 

Después que a María le devuelve la sangre a la cabeza, proporciona las últimas recomendaciones a su hijo: 

– No saludes a nadie, no la choques con nadie, no juegues a las atrapadas con nadie, no compartas comida con nadie, no saludes de beso a Miss Juanita ni a nadie, no tomes de la botella de nadie, no te sientes en la silla de nadie, no toques las cosas de nadie. 

Su hijo distraído y en silencio escucha todas las prohibiciones, tiene los ojos abiertos como platos. – Y entonces… ¿para qué voy la escuela? El compás de espera entre la pregunta y el gran suspiro que María exhala dura las últimas dos cuadras antes de llegar al colegio.

A diferencia de otros años no hubo abuelitas lacrimosas despidiendo a sus nietos mientras les dan bendiciones y cinco pesos para la media torta con queso de la cafetería. La orden de la directora era tajante: – Sólo una persona por alumno. 

El hijo de María traía sueño, llevaba cinco meses levantándose a las 11:00 de la mañana, además no respiraba bien por el cubrebocas  y la careta se le empañaba a cada resoplido. Era hijo único y sin preescolar previo no sabía ni que era “hacer fila por tamaños”. La falta de socialización con otros niños no le produjo la ansiedad anhelada por la madre y por el contrario lo primero que hizo fue correr con los demás hacia los jueguitos.

– Niños vamos a hacer un juego: Un candadito nos vamos a poner el que se lo quite va a perder, 1,2……¡tres!!!!

– Quiero hacer pipí

– Quiero a mi mamá.

– Ya me puedo quitar mi careta.

– La mía se me perdió

– Yo la dejé en los jueguitos.

Lo más higiénico, educativo, completo, heroico y cansado posible se acabó el primer día de clases para niños y misses. Hay que entender que las máscaras ya perdieron su uso desde la época de los juglares y bufones del Medioevo y hoy están en decadencia, más para un niño de seis años.  Y digo higiénicamente posible porque a la Miss Juanita se le ocurrió la terrible idea de uniformar todo, hasta el color del cubrebocas. 

María, igual o quizás más colérica que en la mañana, después de salir del tranquilo universo de sus cuatro paredes sin tiempos y sin amiguitos de carne y hueso, llega al colegio. 

– Vengo por Francisco. 

Desde la puerta la maestra de guardia grita en el altavoz: 

– ¡FRANCISCO! Ya llegaron por ti-i. 

El calor, el tono agudo de la miss y la cantidad de personas le alteran más los nervios a María. Pasa unos segundos, la mamá de Francisco impaciente vuelve a decirle a la Miss de guardia que no ha salido Francisco Badillo. 

– ¡Franciiiiiiisco!  Francisco ya llegaron por ti-iiii mi cielo. 

Dentro del colegio en el patio donde están concentrados los niños pequeños, una acomedida Miss le dice a uno: 

– ¿Qué no eres tú Francisco?

– No maestra, yo soy Paco. 

– ¿Y tú eres Francisco? Le pregunta a otro niño, este le dice que si y la acomedida miss lo lleva hasta la entrada en donde ya pasaron los cinco minutos más largos de María. 

– Aquí está Francisco. La mamá visiblemente alterada y taquicárdica lo toma de la mano jalándolo para afuera del colegio hasta dónde está el coche en doble fila. 

– Paco, llevo media hora llamándote carambas.  

– Pe….pero…

– Nada de peros Paco, el coche está en doble fila y el papanatas de tu padre no pudo venir a traerte, yo tengo que regresar al trabajo, te voy a llevar con la abuela. 

– Pe, Pero…

– ¿Pero qué Paco queeé???? Córrele, ahorita vemos, capaz que ya perdiste tus cosas. 

Se suben al carro, Francisco se sienta atrás y comienza a llorar.  Entre mentadas e insultos de varios automovilistas, María arranca su coche a sabiendas del tráfico que provocó. Su perturbación es tal que se le botan las venitas de la sien. Transformada en un manojo de nervios le marca a su esposo para contarle y desahogarse. Avanza unas cuadras, el niño llora.   

-Hola, ¿Qué pasó, como fue el primer día de clases?, contesta el esposo de María. Lo que sigue es un irritante chisporroteo de quejas que dura tres cuadras. Por fin llegan a casa de la abuela. María no se encuentra bien, sufre de un temor pandémico concentrado. Suspira dos o tres veces. Le desabrocha el cinturón de seguridad de Francisco. 

– Ay Paco, en la mañana no te querías poner el cubrebocas y ahora no te lo quitas ni para llorar. ¿Y esa gorra?

– Pe…Pero…

– ¿Pero qué Paco pues? ¡¡¡Pero… pero …pero!!! ¿Es lo único que sabes decir?

Y mientras se quita el cubrebocas azul del uniforme le dice:

– Pero Yo no soy Paco, soy Francisco.  

Mientras que en la escuela hay una mamá desmayada y muy feliz Paquito, sigue esperando en los jueguitos a que lleguen por él.

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