CONTRAFUEGO || México-Argentina, a restañar heridas

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Aurelio Ramos Méndez

El argentino es un pueblo maravilloso, prejuiciosa e injustamente estigmatizado a escala internacional como petulante, altanero y soberbio, al cual, sin embargo, ni remotamente lo representa el mentiroso periodista Eduardo Feinmann, quien por estos días pasó de la fama al ridículo al haber confesado, a modo de pueril desquite, que detesta con el alma a los mexicanos.

Imposible saber qué motivó la animadversión del comunicador de Radio Mitre, conocido desde hace tres lustros –en sus tiempos de Radio 10– como el facho cool, si bien cabe aventurar un comprensible e ingrato recuerdo –todo hay que decirlo– del estadio Azteca repleto y desclasado, apoyando no a la Argentina sino a Inglaterra en la final del México 86.

Era sólo futbol, es cierto, pero hemerotecas, videotecas y fonotecas pueden corroborar, cuatro décadas después, la absurda, vergonzosa y prejuiciosa empatía de la afición y los medios mexicanos no con el país latinoamericano con el cual nos hermanan el idioma, la historia, la cultura, la geografía y la similitud de intereses políticos y económicos, sino con la pérfida Albión.

Acicateados por los estentóreos comentaristas deportivos de la Televisa de entonces y de todavía –incluido Enrique El Perro Bermúdez, el narrador de la voz impostada modelo 1950–, más prácticamente la totalidad de los medios radiofónicos e impresos, los aficionados exacerbaron su predisposición frente al estereotipo de los compatriotas de Gardel.

Deglutieron sin masticar el cliché de que, en el asentamiento fundado por indígenas y esclavos africanos a orillas del Río de la Plata, tierra de promisión después para inmigrantes procedentes de Europa en busca de mejor suerte, hoy habita una comunidad de fanfarrones y jactanciosos.

Como de seguro ingieren sin sentido crítico el cuento de que los franceses son cultos, los ingleses flemáticos, los jarochos alegres, los pastusos de Colombia torpes, los alemanes trabajadores, los gringos incultos y los oaxaqueños nobles… ¡Como si no hubiera de todo en la viña del Señor!

En el rugiente Azteca del 86 de nada valió el espíritu latinoamericanista, la comunidad identitaria de argentinos y mexicanos, la admiración y el respeto que allá se tenía por Amado Nervo, cuya inspiración también nutrió la música más emblemática, el tango; o por el primer embajador de nuestro país (1927), Alfonso Reyes; el asilado en Buenos Aires (1933-35) José Vasconcelos, o el también asilado (1933) David Alfaro Siqueiros.

Establecida la sacrosanta libertad de elegir equipo, la antipatía de los mexicanos ochenteros no fue muy distinta de la estulticia de Feinmann y coterráneos suyos que ahora apoyaron no a México sino ¡a la potencia que busca despojarlos de las Malvinas!

Soslayaron esos pampeanos el aprecio y aun la fascinación que – ideologías políticas aparte– en nuestros lares se ha tenido siempre por una legión de artistas, escritores, políticos, periodistas, actores, músicos y diplomáticos de país austral.

Del autor de Don Segundo Sobra, Ricardo Güiraldes, que visitó México en 1912 y una de cuyas obras, El Cencerro de Cristal, guarda –según los críticos—notable similitud con el ensayo Visión de Anáhuac, de Alfonso Reyes, al expresidente Héctor J. Cámpora, asilado casi dos años en la embajada mexicana en Buenos Aires.

O la admiración que aún hoy se tiene por el Martín Fierro, de José Hernández, materia de estudio entre la literatura hispanoamericana en las escuelas, y por Borges.

Para no hablar del alud de exiliados de las dictaduras de los 70, que encontraron hospitalidad en México y no pocos decidieron permanecer en estos lares, ni de los incontables folkloristas, baladistas, tangueros y rockeros que han actuado o residido en México. 

De Libertad Lamarque, que en nuestros pagos estreno El Choclo, al lado de Jorge Negrete, en la película mexicana de Luis Buñuel Gran Casino –sobre los abusos de las empresas inglesas y gringas en la industria petrolera anterior a la nacionalización–, a Hugo del Carril, la incomparable Susana Rinaldi, Astor Piazzola o Sandro…

O Enrique Santos Discépolo, el autor de Cambalache, que pisó la capital mexicana en 1944, halló un amor fuera de la cancha en la periodista de Excélsior Raquel Díaz de León, con quien en un segundo viaje (1947) procreó un hijo y así extendió su sangre en tierra azteca.

Carece de justificación la actitud de los futboleros mexicanos ante la selección de Bilardo, Maradona y Valdano. Valga, sin embargo, como atenuante, el que se trató de una rivalidad deportiva. Rivalidad que, por lo visto, le dejó a Feinmann –para entonces un varón de 28 años con psique de infante– un trauma insuperable.

Esto explica por qué ahora, tras quedar exhibido como un periodista descaradamente mentiroso –no pudo probar su falacia según la cual cinco futbolistas ecuatorianos habían sido amenazados por un cartel para dejarse ganar por la selección mexicana–, en su mente se incubó el desquite y desde ahí lanzó su declaración de antipatía. 

Inspirado por la estupidez, el turiferario de los corruptísimos gobernantes hermanos Milei esparció su odio:

“¡La envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos!… No solamente en el fútbol…, en todo, en todo. Nos envidian. Quieren ser como nosotros y no les da el piné”. No dan la talla, pues.

Este mendaz personaje, que intentó luego borrar con el codo lo que escribió con la mano –“no solamente en el fútbol…, en todo, en todo”– diciendo que no habló en general del pueblo de México sino sólo del futbol, es el mismo que, en el empeño de pasar por modélico no ha tenido empacho en agraviar a sus colegas.

En abril de 2025, tras el deceso del Papa Francisco, criticó con acritud, ante el periodista Pedro Rosemblat, al diario Perfil y su director Jorge Fontevecchia, a propósito de un titular según el cual “El próximo Papa estuvo en el funeral de Francisco, pero nadie sabe quién es”.

–¿Eso es periodismo?, ¿eso es periodismo? –se preguntó, escandalizado, el Facho cool

Y embistió a quien es uno de los periodistas más respetados de aquellos rumbos: “¡Eso es una pelotudez! ¡Basura! ¡Una porquería! Como todo lo que hace Perfil y todo lo que hace Fontevecchia”. 

Más allá de la mendacidad de este convencido de que difundir bulos eso sí es buen periodismo, se impone de lado y lado trabajar para restañar heridas, superar malentendidos, respetar la idiosincrasia de cada pueblo y reforzar la cohesión geopolítica.

Tiene que ser así pues hoy, más que nunca, cobran valor las palabras del gaucho matrero Martín Fierro, quien habló en tiempos del arribo masivo a su patria de capitales ingleses, y los últimos coletazos de la esclavitud:

“Los hermanos sean unidos/Porque esa es la ley primera/Tengan unión verdadera/En cualquier tiempo que sea/Porque si entre ellos pelean/Los devoran los de afuera”.

En cuanto a Feinmann, bien podríamos cantarle el futbolero tango Patadura, con énfasis en los versos que recomiendan dedicarse a otra cosa por estar siempre fuera de lugar: “Piantate de la cancha/dejale el puesto a otro/De puro patadura/estás siempre en orsay”.

BRASAS

Del nado sincronizado al sainete de payasos transitaron los más furibundos periodistas anti 4T, a quienes ahora se les puede ver en el escenario dándose empellones, propinándose porrazos, chocando entre sí y escenificando caídas y persecuciones.

Dos de ellos, Carlos Loret y Raymundo Riva Palacio, les ofrecieron a sus audiencias, el mismo día y con respecto al mismo asunto, dos informaciones distintas, ambas entregadas por confidentes de altísimo rango. Se vale reir.

Loret, a quien si la imaginación pone su parte uno puede verlo con nariz sarmentosa y colorete en las mejillas, escribió en El Universal:

“Según me revelan fuentes de primer nivel, de manera intempestiva fuerzas federales acudieron al sitio donde se refugia el morenista gobernador con licencia de Sinaloa (Rubén Rocha Moya) y lo cambiaron de ubicación. Recibieron la información de que el gobierno de Estados Unidos podría estar implementando un operativo para llevárselo”.

Riva Palacio, a quien uno puede figurárselo con saco de retazos y zapatotes multicolores, aseguró en El Financiero que tras solicitar licencia de su cargo Rocha se escondió “en un rancho en Guamúchil, a una hora y media al norte de Culiacán, bajo vigilancia especial del Ejército”.

Luego, ¡faltaba más!, soltó la primicia:

“Nueva información que ha trascendido en la Secretaría de la Defensa revela que el exgobernador está siendo protegido por el Ejército en una de sus dos instalaciones militares: la 9ª Zona Militar en Culiacán, o la III Región Militar, que se encuentra en Mazatlán, al sur del estado. Ahí está resguardado, en secreto”.

Al comunicador famoso por sus montajes televisivos y al autor de Estrictamente Personal los desmintieron el propio Rocha, el Gabinete de Seguridad y la presidenta Sheinbaum.

El mandatario con licencia refirió que desde el 1 de mayo “he permanecido, sin moverme, en mi domicilio en la ciudad Culiacán. No me protegen ni resguardan elementos de corporación federal alguna”, y tildó de “absolutamente falso” lo que escribe Loret.

La Presidenta, tras de reiterar que en su administración no se protegerá a ningún culpable, expresó:

“Que el Gobierno de México tiene escondido al gobernador con licencia de Sinaloa es absolutamente falso. El señor está en su casa y ni siquiera tiene protección federal”.

Y el Gabinete de Seguridad, refiriéndose a la supuesta movilización para que el Ejército oculte y proteja al sinaloense, asentó en un comunicado: “Ninguna institución que integra el Gabinete de Seguridad realizó un operativo con ese propósito”.

Además, “es falso que Rubén Rocha Moya se encuentre o haya permanecido bajo resguardo del Ejército en la 9ª Zona Militar, en la III Región Militar o en cualquier otra instalación militar del país”.

Inútil. Cada clown defendió su versión, expresó total credibilidad a sus fuentes e hizo aprestos para seguir el sainete.

Los cánones del periodismo aconsejan que si una fuente ha intentado engañar, si se corrobora que la información proporcionada fue intencionalmente falsa, el reportero está en la obligación de revelar la identidad de tal fuente, sin incurrir por ello en capitulación ética.

Los bufones, claro, tienen otra ética.

RESCOLDOS

Empachado de sapos debe estar el exembajador gringo Ken Salazar, de quien ya sabíamos que es chismoso y ahora sabemos además que es mentiroso y cobarde. Le mintió a nuestro gobierno al asegurar que ninguna agencia de EU intervino en el secuestro de El MayoZambada. Y muestra pavor de desmentir a la administración Trump, que le adjudicó al FBI el mérito de aquella operación y hasta exhibe como trofeo la avioneta del plagio. La intromisión gringa desencadenó una confrontación entre Los chapitos –“narcoterroristas” conchabados con EU– y La mayiza, que ha dejado unos tres mil muertos. ¿Quién responde por esas vidas? 

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

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