Apu: la víctima colateral de un problema insulso

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Para estas fechas, seguro que ya estamos más que enterados de la solución que “Los Simpson” darán a una controversia generada hace unos años con el personaje de Apu, cuando el cómico indio Hari Kondabolu criticó al encargado del Kwik-E-Mart, argumentando que la caracterización del dibujo animado era una visión racista y ofensiva para la comunidad india en los Estados Unidos. Ante años de quejas y pleitos, la producción ha decidido que Apu, dejará de aparecer en el programa para evitar reyertas incómodas.

Si algo nos ha cautivado a muchos seguidores de “Los Simpson” es justamente la sátira que realizan de los problemas políticos y a la sociedad clásica norteamericana, exagerando las actitudes o rasgos de los personajes justamente en aras de que esa crítica sea más ridícula aún. Todos los personajes se han convertido en entrañables a los largo de 30 años que la serie lleva en la televisión. Aunque también es cierto que hace más de 15 temporadas que la familia amarilla perdió su más ácidas situaciones, sigue siendo una serie que es vista por millones de personas todos los días, siendo ya a estas alturas un emblema de la cadena FOX.

La burla a la religión, a la política, a la migración, a la economía, a los medios de comunicación, al racismo, a la segregación y a tantos y tantos temas, han sido la constante en cada episodio, sorprendiendo además a los críticos televisivos y público en general, quienes reconocen que hace unos años, todos los domingos, cuando en Estados Unidos aparece un capítulo estreno, tenían ya la crítica o sátira de los acontecimientos de la semana; eso ha hecho que al paso de los años, cautivaran a más y más público.

A quienes nos tocó crecer viendo “Los Simpson” conocemos de alguna forma las situaciones divertidas que presentaban, quizá sin conocer el trasfondo de las circunstancias presentadas, lo que sí, es que nos fuimos identificando y hasta encariñando con muchos de los personajes; mientras cuando fuimos niños, a Bart lo consideramos una especie de Daniel el travieso en turbo, poco a poco nuestra mentalidad fue cambiando hasta que entendimos que el verdadero héroe y hasta filósofo es Homero, que Marge nos da ternura y los capítulos protagonizados por Lisa nos dieron más pereza que antes. Así, fuimos creando empatía con alguno u otro personaje. Nadie, que yo recuerde en esos 30 años de transmisión del programa, se había sentido ofendido por la aparición o representación de algunas figuras. Y definitivamente, Apu Nahasapeemapetilon se convirtió en uno de los recurrentes más queridos. Lo vimos arruinarle a los vecinos de Springfield el día de San Valentín terminando dándole a su adorada Manjula un concierto privado con Elton John; perdió el Kwik-E-Mart por vender comida podrida y Homero, muy a su estilo lo ayuda a recuperarlo; es padre de octillizos; el ladrón de Springfield llamado “Serpiente” le ha disparado en diversas ocasiones por asaltar el mini súper; es amigo de Paul McCartney, quien dice que él y su esposa, la desaparecida Linda visitan en jardín de Apu cuando van a Springfield ya que al igual que ellos, Apu es vegetariano; le da empleo a Homero cuando le compra el poni a Lisa y nos podemos pasar enumerando los capítulos en los que el tendero cobraba importancia.

Pero ¿qué tan inteligente es retirar a Apu de los capítulos de “Los Simpson?, en mi opinión, creo que nada. Los mexicanos nunca nos hemos quejado (que yo sepa) de la representación del Hombre Abejorro, la feministas de Marge, los “obesos” de Homero o del hombre de la tienda de historietas, los ancianos de Mr. Burns o la comunidad gay de Smithers o de otros tantos personajes creados a partir del estereotipo. Si algo nos ha conquistado de “Los Simpson” es justamente eso, la valentía con que siempre enfrentaban los señalamientos hacia sus críticas, importándoles poco o nada lo que sus adversarios opinaban de cada capítulo como cuando Homero se tira a golpes con George Bush o afirman que Bill Clinton nunca ha tenido una buena idea; esa acidez de la familia amarilla es justamente la que gozábamos, aplaudíamos y nos conquistó.

Y parece que la salida de Apu por los señalamientos de racismo es prácticamente un hecho, también nos pone a pensar que quizá sea ya el principio del fin de “Los Simpson”, que han perdido su astucia y actitud para abordar este tipo de situaciones y que además, era parte sustantiva en sus contenidos. No nos queda más citar a la querida Lisa: “…algo que comenzó hace décadas y fue aplaudido y era inofensivo, ahora es políticamente incorrecto. ¿Qué le vamos a hacer?”.

Banksy… ¡Maldito genio!


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Creo que hablar de Banksy siempre es sumamente complejo. Y no por la representatividad de su arte, sino por lo misterioso de su personalidad y lo poco convencional que resulta incluso para el complicado círculo del arte ‘underground’; y miren que eso ya es decir.  Y es que desde su aparición en Bristol hace más o menos (y digo “más o menos” porque en realidad una fecha exacta que conste, nadie la tiene) quince años, la secrecía de su imagen ha sido algo de lo que se ha hablado mucho; es algo así como la pregunta de los 64 millones. Reiteradamente se ha mencionado que en realidad es Robert del Naja, conocido como 3D, líder del colectivo musical Massive Attack y que tuvo sus inicios en el arte en esa ciudad de Reino Unido como grafitero; rumor que cobró fuerza gracias a una investigación del periodista Craig Williams quien documentó que el ‘street art’ de Banksy coincidentemente aparecía en los lugares que visitaba Massive Attack como parte de sus giras, sucediendo esto en ciudades como Melbourne en Australia; Toronto en Canadá o Boston y Nueva Orleans en los Estados Unidos. También se ha dicho que su nombre podría ser Robert Banks o Robbin Banks, sin embargo esta hipótesis es descartada por muchos por la similitud en pronunciación con la frase “robbing banks” que en español sería “robando bancos”. Se insinúa también que su nombre podría ser Robin Gunninghan. Nada se ha probado.

Lo cierto es que pese a todo el misterio que lo rodea, Banksy es un activista del arte que es venerado en todo el planeta. Su obra va más allá de lo que estamos acostumbrados a percibir como arte, ha sido una crítica al sistema y a los gobiernos, a las apariencias y a lo políticamente correcto. Siempre ha tenido la capacidad también de que nadie se percate del momento en que realiza su obra en las calles de las ciudades en donde se encuentra su grafiti, simplemente aparecen de la noche a la mañana. El tópico recurrente de Banksy siempre ha sido la burla hacia lo que se le podría conocer como arte en los círculos intelectuales y los versados.

El artista en prácticamente toda su obra, ha tenido la temática de detracción hacia temas como el capitalismo, la monarquía, el ‘merchandising’  y la guerra. Esto lo dejó claro en 2005, cuando realizó su arte urbano en el muro de Cisjordania en el lado palestino. Se sabe que el artista planeaba convertir ese muro en la más grande galería del arte underground en el mundo. Ante ese acontecimiento, Banksy envío un comunicado al diario español El País, donde decía: “Me pareció excitante transformar la estructura más degradante del planeta en la galería más grande del mundo, para fomentar el libre discurso y el mal arte”.  Sin embargo, al paso de los años, muchos de quienes fueron sus seguidores más fieles, han destruido algunas de sus obras callejeras rociándolas con spray negro al considerar que se ha convertido en lo que más odió, un artista comercial valuado en millones de euros y víctima (o no tanto) de la comercialización y los negocios; y señalan por ejemplo como Banksy inspiró a Thierry Getta para transformarse en Mr. Brainwash y diseñara la portada del álbum recopilatorio “Celebration” de Madonna, editado por Warner Bros. Records en 2009; “¿habrá algo más ‘pop’ que eso?”, se preguntaban sus prosélitos que también señalaban su intromisión para que el markenting se infiltrara en el arte. Incluso en el mismo Cisjordania, Banksy relata en el comunicado a El País que en Ramalá tuvo problemas con el ejército israelí quienes dispararon al aire para intimidarlo; asimismo, un anciano se le acercó para decirle que su arte embellecía el muro, a lo que el artista le agradeció, pero el anciano le contestó que nadie quería que ese muro que representaba no otra cosa más que vergüenza y horror fuera bonito; así que le dijo que se largara a casa.

El pasado lunes, Banksy nuevamente fue noticia y tendencia en todo el mundo, pues la prestigiosa casa de subastas Sotheby’s vendía el cuadro de su obra llamada “Girl with balloon” (Niña con globo) en 1.2 millones de euros a un comprador desconocido. Así, justo al momento en que el mallete golpeó para anunciar la venta, una alarma se activó y un triturador de papel que se encontraba oculto en el marco, destruyó la mitad de la obra. Ante la mirada atónita de todos, el personal de la casa subastadora decidió retirar el cuadro. Sin embargo y conociendo la lógica de Banksy, nuevamente se ha hecho notar y ha protestado con los ojos del mundo puestos en su reconocida y famosa creación. Su filosofía es que siempre el arte, aunque sea feo, en sus mismas palabras, no debe tener un valor específico ni debe ser propiedad de nadie, sino debe estar a los ojos de las masas para que pueda ser apreciado por quienes realmente lo valore o a quienes les provoque algo. Por eso, el mismo Banksy ha compartido en su cuenta de Instagram un video donde explica la forma en cómo planeó esa destrucción para evitar la comercialización y menciona: “Hace unos años construí en secreto una trituradora por si acaso salía alguna vez a subasta”. Es decir, todo fue premeditado. Ese Banksy es un loquillo.

Ya después del escándalo, la auto destrucción de su cuadro ha sido catalogada como una obra de arte reinventada dentro de su mismo arte. Al esa peripecia tener el interés y cobertura mediática de la que gozó, el cuadro seguramente ha aumentado de valor por lo menos al doble; pues él mismo sabe que destruir es también una especie de creación y en su misma cuenta de Instragram, acompañando también al video, escribe una frase que le endilga a Picasso: “El impulso de destruir también es un impulso creativo”. No es por nada, pero después de todos estos años de conocerlo, nos sigue sorprendiendo.

Percibir a Banksy siempre será tan misterioso como su identidad, pero tampoco podemos negar su genialidad y activismo a las causas que considera justas. Aún con eso, para muchos se ha convertido en lo que nunca deseó, un grafitero transformado en artista que es aclamado en los más selectos círculos de la cultura y el arte, pero también apreciado y ambicionado por los más ricos y poderosos; pero citemos al mismo Banksy cuando dice que: “El arte debería confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”. Así es Banksy.

A propósito del â€œBatmanday”

Ismael Ortiz Romero Cuevas


El pasado sábado, cuando estábamos en vísperas de celebrar el grito de independencia en nuestro país, las redes sociales y portales de entretenimiento se inundaban con mensajes por el llamado Batmanday o Día de Batman. Resulta que desde el 2014, por el 75 aniversario del súper héroe, cada 15 de septiembre se le dedica este día al vigilante de Ciudad Gótica organizado por la editorial, los fanáticos y por lo que Batman significa para la vida de muchos, con motivo de que la revista del encapotado apareció en el mercado por primera vez el 15 de septiembre de 1939. “Bats” es un súper héroe medio amargado, sombrío y triste, pero que con astucia, grandes dotes físicas, armamento de primer nivel y sobre todo, mucha, pero mucha inteligencia combate el crimen en su ficticia ciudad de origen. Nos inspira que alguien haya podido sobreponerse de tal forma al que seguramente es el mayor evento traumático para un niño: quedarse sin sus padres y sobre todo, ser testigo de su asesinato. La tragedia es el gran motor para que Bruce Wayne se vista de murciélago y combata el crimen.

A través de los años, Batman ha sido plectro para mucha gente. Es el ideal de firmeza, es un justiciero que no teme enfrentarse a juicios morales, miedos o compasión para cumplir su tarea, es un héroe que no mata; es el ser humano más peligroso en la Tierra según el mismo Superman; y aunque su principal motivo como vigilante es que Batman podría ser cualquier persona, creo que no podría ser “alguien demasiado común”.

Así, a través del cómic el personaje se hizo muy popular a grado tal que no creo que haya alguien en el mundo que no sepa quién es Batman. Y del cómic pasó al cine en los seriales de los años 40, después a la televisión en 1966 y posteriormente al cine en 1989, bajo la dirección de Tim Burton y con Michael Keaton elegido como el primer Batman del celuloide, elección que fue demasiado polémica pues los fanáticos no concebían que un tipo de mediana estatura y conocido por hacer comedias, se enfundara en el traje del murciélago; les tapó la boca y volvió a encarnar al héroe oscuro en Batman Returns de 1992. Luego vinieron dos películas no tan afortunadas que dirigió Joel Schumacher y que mejor la dejamos ahí. En 2005, Christopher Nolan retomó a Batman y lo encumbró con las tres más grandiosas películas de súper héroes que se hayan realizado. A partir de ahí Warner y DC quisieron extender ese universo y llevar a todos estos personajes a la gran pantalla y así estrenaron El Hombre de Acero en 2013, cinta con la que iniciaría todo este ambicioso proyecto que coordinaría Zack Snyder, el mismo que llevó a Watchmen a la pantalla e hizo una obra de arte con la adaptación de esa novela gráfica. Y con los proverbiales personajes de DC, pues nada más no resultó.

En 2016 llegó Batman vs. Superman: El origen de la justicia, donde al fin, Batman y Superman se enfrentaron en una batalla y eso, fue el acabose. A la película no le fue nada bien con la crítica que argumentaban tenía un guión poco lógico y personajes sin estructura, se rieron del villano y Ben Affleck fue la burla por romper con el estereotipo del súper héroe delgado. Sin embargo, en taquilla fue un gran éxito y muchos fanáticos defendieron la cinta que, según ellos, contenía muchos elementos del cómic original y que solo los más puristas seguidores conocían. La película en realidad aporta buenos abecés cinematográficos así como valores de producción y está destinada, pienso yo, a convertirse en una película de culto al paso de los años, tal y como pasó con historias como “Sexto sentido” o “La guerra de las galaxias IV: Una nueva esperanza”, que la crítica laceró al momento de su estreno y el tiempo se encargó de ponerlas en su sitio.

Es cierto, BvS es risible sobre todo por lo idiota que resulta la resolución del conflicto entre los encapotados, tanto que salí cantando del cine esa canción de José María Napoleón que reza: “ella se llamaba Martha, ella se llamaba así…”, sin embargo, es la atmósfera que logra inspirada en el cine negro de los años cincuentas y el interesante desarrollo de los personajes lo que hace que poco a poco vaya conquistando más fanáticos y críticos que ahora entienden la naturaleza de esa película, reconociendo que no es en absoluto mala, tal y como la prensa especializada conquistada por las inocentes cintas de Marvel habían afirmado que lo era; muchos dijimos lo mismo quizá por dar razón a las masas, pero resulta que no, BvS es una película que vale la pena disfrutar y que seguramente, será reconocida al paso de los años. Seamos conscientes también de algo, Chris Nolan dejó un estándar demasiado alto para las cintas de Batman y eso, fue quizá el lastre más pesado que la obra de Snyder tuvo que cargar, pues esperábamos un Batman más humano y no un personaje de fantasía, como en su naturaleza debe ser.

Batman representa astucia, inteligencia, aprendizaje y los altibajos de la naturaleza humana. Es detective antes que héroe. Siempre gana, pero lo hace de una manera justificada, enalteciendo las necesidades de las personas antes que cualquier otra cosa y eso es lo que simboliza y lo que quizá, lo hace más poderoso y fuerte que todos los demás súper héroes: su condición humana. Por eso inspira superación, decisión y justicia. Por eso Batman, es Batman.

La academia en tiempos de â€œyoutubers”

Ismael Ortiz Romero Cuevas.


Debo confesar que no soy muy fanático de la televisión abierta de nuestro país. En los años noventas la euforia de los sistemas de paga crecía y lo mismo el desinterés ya, al menos mío, de ver ese tipo de programación que más bien siempre fue dirigida a un público específico (definidos como “los jodidos” por el mismo tigre Azcárraga), pero debo confesar también que en esos años se esforzaban por atraer a la audiencia a su programación y por alguna u otra razón, terminábamos sintonizando algo de la programación de la televisión abierta, o era el noticiario o la telenovela de Thalía, pero algo terminábamos viendo. Y la competencia se medía en números pero también en el esfuerzo de la gente que trabajaba en las televisoras porqué la audiencia, no se fuera. Así, MTV, Nickelodeon o Warner Chanel tenían buena programación, pero siempre el público regresaba a algún canal de televisión abierta.

A inicios de la década del 2000, comenzó la decadencia de la programación y la euforia por un formato que en el mundo tuvo su auge unos cuatro o cinco años antes que en México: el reality show. Así, vimos a una docena de jóvenes encerrarse en una casa para que observáramos un patético experimento llamado Big Brother, donde se acababa con la dignidad de los participantes tal y como si fuera un zoológico. Fue en 2002 cuando todos conocimos ese formato en México y por morbo o por interés veíamos qué les pasaba a los que estaban encerrados ahí. Sin embargo, fue al término de ese programa cuando conocimos un verdadero fenómeno en la televisión: La academia, un programa que nos daba entretenimiento además de que veíamos como 14 “hijos del vecino” se convertían en estrellas. Personalmente me tocó ver muy de cerca este reality no por fanático, sino porque trabajaba en un periódico local donde, también debo confesar que por méritos míos y no de la empresa donde laboraba, cubría la fuente y viajaba constantemente a las instalaciones de Televisión Azteca además, para ver el desempeño de la participante oaxaqueña que estaba en ese programa. La gente por alguna razón, se rindió ante esta emisión y con los participantes, pasando de ser de mero entretenimiento a una especie de sobrinos y el tío Gamboín, donde el teleauditorio los patrocinaba para que no salieran de la escuela, algo así como comprar votos para la reina de la primavera de la escuela. En esos viajes me enteré de muchas cosas, como por ejemplo, que no todos los participantes son “auténticos” dentro del programa, pues para la exposición continua en la pantalla se debe tener cierto entrenamiento, así supe (y por un descuido de alguien de la producción del programa) que por lo menos cuatro de los 14 participantes no eran tan “hijos del vecino” como pensábamos, pues ya contaban con un manager, entre ellos, Víctor García y José Antonio de la O.

Y eso de los participantes que ya cuentan con cierto entrenamiento y experiencia ha sido la constante en La academia y ha sido más evidente en algunas generaciones que en otras, como la tal Jolette o el pleito de una participante llamada Denisha que porque también había aparecido en el programa “Caso cerrado” antes de ser alumna de La academia; de esta humillación pública pueden ver el video en YouTube. Eso no es exclusivo de La academia, también La Voz México tiene sus “queveres” y no hace mucho, reclutaron a una cantante llamada Alexa, que fue integrante de Fandango y Timbiriche, de hecho, es la intérprete original de Muriendo Lento, (tema que años más tarde volvieran a popularizar Moderato y Belinda), y que además, salió de pleito con la producción del programa al públicamente aceptar que ella fue convocada, no hizo casting y que le habían prometido un pago que nunca recibió. Ahora me entero que nuevamente La academia está al aire y resulta que el expulsado del pasado domingo fue un tal Isbo, que no es que lo conozca demasiado, pero en un breve tiempo fue parte del grupo llamado Cumbia All- Starz de A. B. Quintanilla, nuevamente nada de que son perfectos desconocidos como nos venden la idea.

Lo cierto es que aunque en su momento de lanzamiento, La academia, que ha sido el reality show más exitoso de México en la breve historia de estos programas, algo pasa actualmente que no pueden enganchar con los jóvenes a quienes se supone va dirigido. A los chavos de este tiempo, ya no les interesa salir en la tele, porque ya no es lo que para nosotros fue: el entretenimiento número uno. En estos tiempos de “youtubers” y de gente que se exhibe en ese portal solo por el gusto de hacerlo, es muy complicado generar una empatía con los lozanos y mucho menos, que tengan por lo menos un ideal. No debería ser tan complejo si entendemos que la mayoría de los “youtubers” tienen carisma pero carecen de talento, es decir, si YouTube cerrara hoy, ¿cuántos de esos chavitos exhibicionistas se quedarían sin su principal aparador? ¿qué harían después de YouTube? Quizá regresarían a sus vidas normales de gente ordinaria, simple y sin talento; y eso es justo lo que los realitys de “idoneidad” deberían vender y explotar como su principal fuente de identificación, que ellos preparan para la vida y no para ser famosos en un portal de internet que aunque genere mucho dinero, no sabemos cuánto dure; si el gran negocio que fue Televisa está a punto de quebrar, ¿qué se podría esperar del portal? Lo cierto es que ni La academia, ni ningún reality show en estos tiempos podría ser lo que fue, porque el morbo que de alguna forma generaban, hoy se encuentra mucho más a la mano y sin estar sujeto a un horario al momento de acceder a internet y a cualquier red social desde cualquier gadget. Hoy, vemos morir el género del rality y de varios formatos televisivos gracias a eso. Eso es la tele en tiempo de “youtubers”.