La maldición de Hill House: ¿en verdad es todo lo que se dice?

Ismael Ortiz Romero Cuevas


No puedo decir que no me dejé llevar por todas las reseñas que había leído a cerca de la nueva serie de Netflix llamada “La maldición de Hill house”. Muchos portales y revistas especializadas escribían de lo grandiosa que es la serie y que le ha arrancado sustos hasta el mismo Stephen King; decían también esas reseñas, que la serie provocaba un miedo sin precedentes y que se habían registrado hasta ataques de ansiedad e insomnio por espectadores. Así que el fin de semana pasado, me di la tarea de disfrutar y revisarla.

Antes de continuar, déjenme decirles que sin afán de parecer fanfarrón o alguien súper experto, resulta que el género del horror es uno de mis favoritos tanto en la literatura como en el cine y la televisión, por tanto, he visto materiales en verdad aterradores y otros que provocan mucha risa. Lo que quiero que sepan es que el género no me espanta tan fácilmente. Incluso, a quienes no les gusta o sufren con este tipo de historias, me gusta bromearles diciéndoles que: “nada me relaja más en la noche, que una buena película o serie de horror”. Y no es mentira.

Así que me dispuse a ver la tan comentada serie “La maldición de Hill house” basada en la novela homónima de Shirley Jackson. Al iniciar supe que al menos estaba frente a un material bastante aceptable cuando leí que la serie fue escrita y dirigida por Mike Flanagan, un director de la nueva generación y que se ha consolidado como uno de los ya respetados cineastas en el género del suspenso y horror, pues nos ha entregado cintas bastante dignas como “Hush”; “Ouija: el origen del mal” y “El juego de Gerald” escrita por Stephen King , producida por Netflix y que ha recibido críticas bastante favorables; asimismo, Warner Bros., le ha encargado a él la dirección de “Doctor sueño”, continuación de “El resplandor” también escrita por Stephen King. Con esa presentación, en serio que tuve bastantes esperanzas. Otra de las sorpresas fue encontrarme con que uno de los personajes principales es interpretado por Henry Thomas, para mayores referencias es quien encarna a Elliot en la película clásica “E. T. El extraterrestre”.



Inquietante y emotiva

Al paso de los episodios la serie me fue conquistando no por el horror, sino por la profundidad del guión, la historia pero sobre todo, el desarrollo tan interesante de los personajes, donde se encuentra la verdadera sazón de la historia. Ese progreso de cada uno de los protagonistas y esas historias paralelas a la de los fantasmas de la casa, resulta que se vuelven tan efectivas y certeras que lo que en realidad atrapa y se goza es el conflicto de los hermanos Craig y su padre con respecto a lo ocurrido en el pasado y el motivo por el que pese a sus deseos, tienen que regresar a la casa que tanto los traumó. La serie, con sus protagonistas niños que se ubican en el pasado y los adultos situados en el presente, nos conquista también por la evolución en el comportamiento de los cinco hermanos de forma paulatina, al grado que son ellos mismos quienes se convierten en héroes y villanos, siendo sus inestables personalidades lo que vuelve a “La maldición de Hill house” en una historia más dramática y psicológica que terrorífica. El mismo Flanagan mencionó en su cuenta de Twitter que cada uno de los hermanos Craig, representan en realidad una de las etapas del duelo, describiéndolos de esta forma: “Steven (Michael Huisman) es la negación; Shirley (Elizabeth Reaser) es la ira; Theodora “Theo” (Kate Siegel) representa a la negociación; Luke (Oliver Jackson-Cohen) es la depresión y Eleanor “Nell” (Victoria Pedretti) representa la aceptación”; es decir, las etapas cronológicas del duelo van siendo del mayor al menor de los hermanos protagonistas. La compleja psicología de cada uno de los cinco personajes principales es en verdad, lo que vale más la pena de la serie. Créanme.

Lo que también les digo es que al menos a mí no me provocó ni pánico, ni ansiedad ni insomnio. Lo que vi fue una serie inquietante y en cierto punto hasta emotiva, excelentemente bien fotografiada y con personajes seductores. Si no son fanáticos del género de horror, quizá esta sea una buena opción para comenzar a seguir este tipo de historias pues hay por lo menos dos sustos que hacen saltar del sillón; si lo son, como un servidor, les adelanto que no se asustarán tanto, pero que encontrarán otros elementos que valen mucho la pena.

Apu: la víctima colateral de un problema insulso

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Para estas fechas, seguro que ya estamos más que enterados de la solución que “Los Simpson” darán a una controversia generada hace unos años con el personaje de Apu, cuando el cómico indio Hari Kondabolu criticó al encargado del Kwik-E-Mart, argumentando que la caracterización del dibujo animado era una visión racista y ofensiva para la comunidad india en los Estados Unidos. Ante años de quejas y pleitos, la producción ha decidido que Apu, dejará de aparecer en el programa para evitar reyertas incómodas.

Si algo nos ha cautivado a muchos seguidores de “Los Simpson” es justamente la sátira que realizan de los problemas políticos y a la sociedad clásica norteamericana, exagerando las actitudes o rasgos de los personajes justamente en aras de que esa crítica sea más ridícula aún. Todos los personajes se han convertido en entrañables a los largo de 30 años que la serie lleva en la televisión. Aunque también es cierto que hace más de 15 temporadas que la familia amarilla perdió su más ácidas situaciones, sigue siendo una serie que es vista por millones de personas todos los días, siendo ya a estas alturas un emblema de la cadena FOX.

La burla a la religión, a la política, a la migración, a la economía, a los medios de comunicación, al racismo, a la segregación y a tantos y tantos temas, han sido la constante en cada episodio, sorprendiendo además a los críticos televisivos y público en general, quienes reconocen que hace unos años, todos los domingos, cuando en Estados Unidos aparece un capítulo estreno, tenían ya la crítica o sátira de los acontecimientos de la semana; eso ha hecho que al paso de los años, cautivaran a más y más público.

A quienes nos tocó crecer viendo “Los Simpson” conocemos de alguna forma las situaciones divertidas que presentaban, quizá sin conocer el trasfondo de las circunstancias presentadas, lo que sí, es que nos fuimos identificando y hasta encariñando con muchos de los personajes; mientras cuando fuimos niños, a Bart lo consideramos una especie de Daniel el travieso en turbo, poco a poco nuestra mentalidad fue cambiando hasta que entendimos que el verdadero héroe y hasta filósofo es Homero, que Marge nos da ternura y los capítulos protagonizados por Lisa nos dieron más pereza que antes. Así, fuimos creando empatía con alguno u otro personaje. Nadie, que yo recuerde en esos 30 años de transmisión del programa, se había sentido ofendido por la aparición o representación de algunas figuras. Y definitivamente, Apu Nahasapeemapetilon se convirtió en uno de los recurrentes más queridos. Lo vimos arruinarle a los vecinos de Springfield el día de San Valentín terminando dándole a su adorada Manjula un concierto privado con Elton John; perdió el Kwik-E-Mart por vender comida podrida y Homero, muy a su estilo lo ayuda a recuperarlo; es padre de octillizos; el ladrón de Springfield llamado “Serpiente” le ha disparado en diversas ocasiones por asaltar el mini súper; es amigo de Paul McCartney, quien dice que él y su esposa, la desaparecida Linda visitan en jardín de Apu cuando van a Springfield ya que al igual que ellos, Apu es vegetariano; le da empleo a Homero cuando le compra el poni a Lisa y nos podemos pasar enumerando los capítulos en los que el tendero cobraba importancia.

Pero ¿qué tan inteligente es retirar a Apu de los capítulos de “Los Simpson?, en mi opinión, creo que nada. Los mexicanos nunca nos hemos quejado (que yo sepa) de la representación del Hombre Abejorro, la feministas de Marge, los “obesos” de Homero o del hombre de la tienda de historietas, los ancianos de Mr. Burns o la comunidad gay de Smithers o de otros tantos personajes creados a partir del estereotipo. Si algo nos ha conquistado de “Los Simpson” es justamente eso, la valentía con que siempre enfrentaban los señalamientos hacia sus críticas, importándoles poco o nada lo que sus adversarios opinaban de cada capítulo como cuando Homero se tira a golpes con George Bush o afirman que Bill Clinton nunca ha tenido una buena idea; esa acidez de la familia amarilla es justamente la que gozábamos, aplaudíamos y nos conquistó.

Y parece que la salida de Apu por los señalamientos de racismo es prácticamente un hecho, también nos pone a pensar que quizá sea ya el principio del fin de “Los Simpson”, que han perdido su astucia y actitud para abordar este tipo de situaciones y que además, era parte sustantiva en sus contenidos. No nos queda más citar a la querida Lisa: “…algo que comenzó hace décadas y fue aplaudido y era inofensivo, ahora es políticamente incorrecto. ¿Qué le vamos a hacer?”.

El Bebé de Rosemary: 50 años de la evolución en el cine de horror

Ismael Ortiz Romero Cuevas

En estas fechas en que se acerca el día de muertos, llevados por la costumbre que la televisión y la comercialización impuso, nos encanta ver películas de horror, de esas que nos arrancan brincos y hasta gritos en la sala de cine, o ya de “perdis” en la de tu casa. Es momento en que buscamos en las plataformas en streaming, o en nuestros Blu-Ray o DVD’s , alguna que sea digna de la ocasión y más si nos va a acompañar alguien a quien podamos abrazar de cucharita. En fin, eso está bien para las películas que en el fondo son en realidad comedias, a veces tan ridículas que sirven más para que riamos que para asustarnos. Así que permítanme proponerles hoy, que el fin de semana ya está cerca, una cinta que de verdad da mucho, pero mucho miedo: “El bebé de Rosemary”, que en junio pasado cumplió 50 años que se estrenó y sigue de celebración.

La película se ha convertido a lo largo de los años, en una de las referencias casi obligatorias del cine de horror y muestra la genialidad de Roman Polansky, director polaco que se estrenaba en Hollywood con esa cinta sin imaginar las consecuencias que ese trabajo traería a su vida; a la de su protagonista, la legendaria Mia Farrow y al cine en general.

La cinta es una adaptación brillante por cierto, de la novela homónima del escritor estadounidense Ira Levin,  que tal y como sucede en la película, nos cuenta la historia de la concepción y nacimiento del anticristo en la época contemporánea. Y nada más aterrador que la creación de ambientes tan cotidianos que poco a poco se convierten en escenarios oscuros y apabullantemente asfixiantes, donde la dulce Rosemary gesta al hijo del diablo sin saberlo. Roman Polansky brinda cátedra de cómo hacer una película de horror sin recurrir al cliché del sobresalto o a los sustos innecesarios y mucho menos a seres sobrenaturales. Y con eso les digo que “El bebé de Rosemary” es una película que espanta. Y mucho.

“El bebé de Rosemary” también es una película que tiene muchas leyendas urbanas y se cree, también un karma un tanto especial. Para la filmación, Polansky quería utilizar el interior del hoy tristemente célebre edificio Dakota, ubicado en la esquina de la calle 72 y Central Park, en Nueva York. Entre 1966 y 67 que se filmaba la película, se decía que en ese edificio a inicios del siglo XX, fue dónde alguna vez vivió el hechicero Alesteir Crowly, quien practicaba magia negra y hacía sus rituales dentro del inmueble y años más tarde, en 1980, fue en sus puertas donde asesinan a John Lennon. Pero los dueños niegan a Polansky el permiso para filmar dentro de la edificación, utilizando sólo la entrada para las tomas de ubicación. Asimismo, se le atribuye a la filmación y estreno de “El bebé de Rosemary”, que la secta llamada “La familia” perpetrara el asesinato de la modelo Sharon Tate, esposa de Roman Polansky y quien contaba con ocho meses de embarazo. Fue también en el set de filmación, que Frank Sinatra envía la demanda de divorcio a Mia Farrow, quienes ya tenían tensión e su matrimonio aunado a que el afamado cantante nunca estuvo de acuerdo en que su esposa filmara la película, y ese fue el pretexto perfecto.

El protagonismo de Mia Farrow

Mia Farrow es sin duda una parte medular para que la cinta se haya convertido en una pieza de culto. Su angelical rostro hace que creemos empatía con el personaje casi de forma inmediata, dando como resultado la transmisión de angustia interminable en los momentos con gran tensión en la película; y miren que los tiene; también porque es imposible concebir el film sin la horrorizada y penetrante mirada de Rosemary en la escena final o comiendo un trozo de hígado crudo; al menos a mí y estoy seguro que a muchos, esa escena nos sigue taladrando la cabeza. Sin embargo y a pesar de la maestría del guión, la cinematografía y la inolvidable actuación de Mia Farrow, “El bebé de Rosemary” fue galardonada sólo con un premio Oscar a Mejor Actriz de Reparto, y fue para Ruth Gordon, quien interpretó de forma soberbia a Minnie Castevet, la excéntrica vecina autora del ritual para engendrar al hijo del maligno.

A pesar de que ha pasado medio siglo de su estreno, el lejano 1968 nos dio una cinta que hizo que el cine de horror fuera concebido de manera más seria y dramática; dejó de manifiesto también que el secreto para hacer una buena película de este cautivador pero desgastado género, es la sencillez pero sin menospreciar la intranquilidad que pueda generar en el espectador lo cotidiano de las situaciones que se llevan al extremo gracias a los grandiosos diálogos, el misterio, la música y las tomas planeadas de manera metódica. “El bebé de Rosemary”, es parsimoniosa pero eso no le quita lo brutal, es más, pareciera que es justo la calma lo que enfatiza el horror; es una cinta que conserva toda su excelencia y potencia al paso de los años. Es la película que demostró que ese género, no necesariamente tenía que ser un chiste. Y para esta época del año ¿por qué no celebrar viéndola? Redescubriéndola o descubriéndola para ser testigos de que el horror, también sirve para hacer arte.  

La segunda oportunidad para un cantante que no quiere serlo

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Hace unas semanas, nuevamente Luis Miguel volvió a ser tendencia en redes y noticia en los programas y portales que se dedican a hablar (no a hacer periodismo, sino solo a hablar y mal de los famosos) del medio del espectáculo, debido a que hizo un coraje tremendo con su staff al parecer por fallas de sonido, aventándoles incluso de manera violenta, una de las rosas blancas que siempre regala a sus seguidoras que ocupan los lugares delanteros. Días antes, había cancelado una presentación en Hermosillo, Sonora, según por las condiciones del clima.

Luis Miguel era un artista que estaba prácticamente en repecho hasta este año, que Netflix y Gato Grande produjeron su bioserie basada en entrevistas y textos periodísticos del cantante; eso sin lugar a dudas le dio una segunda oportunidad de modo glorioso para volver a los escenarios como los más grandes, una circunstancia también de que un público mucho más joven conociera su trabajo y se interesara en éste; hace un año, estoy seguro que ni el mismo Luis Miguel se habría imaginado que chavitos de 13 años estuvieran cautivados por temas como “La incondicional” o “Culpable o no” y las escucharan una y otra vez en sus dispositivos móviles y regresaran a ser de los temas y álbumes más vendidos en plataformas digitales como iTunes o Spotify. Micky se echó a la bolsa a los millennials.

Ante toda la euforia del éxito de su bioserie, LuisMi volvió a tener presentaciones como en sus mejores momentos en la década de los noventas, su álbum más reciente llamado “¡México por siempre!” editado en 2017, fue un éxito en ventas y ni decir de los recopilatorios, que Warner Music se dio vuelo reeditándolos en formato de disco compacto con los nostálgicos como meta. “El Sol” volvió a lo grande después de que unos pocos años atrás, había sido víctima de la crítica más “mala leche” por la suspensión de varios conciertos y su sobre peso; le dijeron de todo. Pero eso quedó en el pasado y en su regreso a lo grande se le veía contento, fervoroso y complaciente con sus fanáticas y con la nueva generación que lo seguía; el frijol en el arroz fue el mismo Micky que parece meterse zancadillas solito y al final de toda la faramalla, su verdadera personalidad aflora y se exhibe delante de su público. La “pataleta” hacia su staff por las fallas de sonido no fue vista con agrado por los usuarios de las redes, quienes inmediatamente reprendieron el comportamiento del cantante, argumentando una falta de respeto a su equipo y a la misma gente que lo iba a ver. Hubo incluso una fan que le escribió una carta y que la publicó el periódico El Universal, donde le exteriorizaba lo decepcionada que se sentía ante lo que llamó “la segunda oportunidad que le había dado la vida para hacer lo que le apasiona: cantar”. La fan, que dice haberlo visto cinco veces en esta gira, lamenta su comportamiento berrinchudo e irrespetuoso hacia su equipo que interpretó como una majadería hacia su público también, y asimismo, dice que espera que pronto el sol salga nuevamente al escenario.

No sé ustedes estimados lectores, pero al menos a este humilde servidor que escribe estas líneas, me da mucho coraje cada que escucho a Luis Miguel. Coraje porque pudo haber sido el más grande intérprete de su generación; porque tenía todo para triunfar en el mundo y lo despreció por no dejar su zona cómoda; porque no quiso hacer un trabajo de relanzamiento de su carrera pero a nivel mundial; inclusive, aún cuando su casa disquera le puso la mesa dos veces, una intencional y la otra circunstancial. La intencional fue conseguir que grabara un dueto con Frank Sinatra para el álbum “Duets II” de 1994; y la circunstancial en 1997, cuando se hizo novio de Mariah Carey, quien era la cantante más popular y exitosa en esos años en todo el planeta. Pudo haber sido el más grande, pero no le interesó y se quiso quedar en el mercado latino, que no le representaba mayor esfuerzo, y donde ese trabajo ya estaba hecho. Es un perezoso con muchísimo talento y suerte.

En la bioserie vimos que Luis Miguel se hizo cantante por diversas situaciones y que a lo mejor es más víctima que héroe; pero también muchas personas que lo conocieron, coinciden en que el personaje presentado en el show en streaming, dista mucho de la verdadera personalidad del cantante, quien para nada tiene actitudes solidarias o de amistad sincera con sus allegados, pues hay quien afirma que su madre, Marcela Basteri se alejó de su familia decepcionada de su esposo, pero sobre todo de su hijo.

Luis Miguel es un gran cantante, eso no se puede negar, sin embargo resta esperar que esta nueva oportunidad de popularidad y ventas no la eche por la borda, pues el público que ahora lo conoce y lo sigue, ya no es tan indulgente como las jovencitas de hace 20 años. Tendremos que esperar la segunda temporada de su serie, para que el público vuelva a sentir benignidad por él y lo reivindique en el escenario. Pero esperemos que sea por su talento y no por la piedad del público. Que recuerde que nunca hay que escupir para arriba.

Las grandiosas chicas de la música en los 90’s

Ismael Ortiz Romero Cuevas

Realmente no me gusta decir que todo tiempo pasado fue mejor sobre todo por no verme nostálgico o quizá demasiado viejo. Pero hace poco, escuchaba un tema en Spotify que me dejó pensando en los grandes artistas que escuchábamos a quienes nos tocó ser adolescentes en la grandiosa década de los noventas. Música con contenido y además, elaborada por verdaderos músicos, compositores y arreglistas, no olvidando que eran interpretadas por grandiosos cantantes. Alguna vez leía una reseña en la revista Rolling Stone donde decía que en esa década para triunfar, los cantantes tenían que tocar ‘grunge’ o ser Mariah Carey para dominar las listas. Es cierto, pero no todo era ellos. Y veamos que en los noventas aparecieron grandiosas cantautoras, cantantes y otras de ellas, se consolidaron:

1.- Toni Braxton – Un-Break My Heart

En 1996, Toni Braxton presentó su segundo disco de estudio titulado “Secrets”, el cual contiene el tema más significativo para la cantante. Se trata de “Un-Break My Heart” escrito por la reconocida compositora Diane Warren y producido por David Foster. El track fue primera posición en Billboard durante 11 semanas entre 1996 y 1997, además de alcanzar el primer lugar también en muchas partes del mundo. Gracias a esta canción, se estima que el álbum “Secrets” ha vendido más de 20 millones de copias.

2.- Whitney Huston – I Have Nothing

¿Habrá habido algo que no lograra Whitney Houston con el soundtrack de “El Guardaespaldas”? Honestamente creo que no. Esa banda sonora la catapultó a sitios que ni ella misma sospechaba, posicionándola como una de las más impresionantes voces de la industria. El primer single del aclamado soundtrack fue “I Will Always Love You”, original de Dolly Parton y que años atrás fue una canción country. Pero sin duda “I Have Nothing” se llevó las palmas por ser un tema especialmente escrito para la cinta.

3.- Sinead O’Connor – Nothing Compares 2 U

Una atmósfera muy nostálgica y dramática enmarcan esta versión del tema de R&B compuesto por Prince y que se hizo la bandera de presentación en el mundo de la cantante originaria de Dublin. El tema se contiene en el álbum titulado “I Do Not Want What I Haven’t Got”, segundo material de estudio de la cantautora editado en 1990. Después de este tema, O’Connor no volvió a tener un éxito similar. De verdad, que este tema nos sigue emocionando demasiado a los nostálgicos.

4.- Madonna – Take A Bow

En los noventas, Madonna reinventó su carrera y lanzó en 1992 un disco llamado “Erótica”, con el cual sobrepasó los límites, según las prensa especializada; sin embargo eso no le quita que sea un gran disco. Pero en 1994, quiso ser más elegante en su música y llamó al reconocido compositor y productor Babyface y así, concibieron uno de los más sorprendentes discos que el pop ha conocido: “Bedtime Stories”. El material tuvo cuatro cortes promocionales, pero el segundo llamado “Take A Bow”, resultó todo un suceso. Ocupó el primer puesto de Billboard por 11 semanas y es hasta este momento, el tema más exitoso de Madonna.

5.- Celine Dion – All By Myself

Es cierto, su canción más exitosa en la década de los noventas fue “My Heart Will Go On” de la película “Titanic”, pero también hay que ser claro con algo, entre el ‘97 y ‘98 la canción llegó a sonar tanto, que ya la escuchábamos hasta con el radio apagado; vamos, hasta la misma Celine se hartó de la canción y como dos años, prefirió ya no cantarla. Así que vayamos a 1996, cuando presentó el disco “Falling Into You” y que fue con el que realmente a todos los chavos noventeros nos conquistó. “All By Myself”, cover de Eric Carmen hizo que el mundo venerara la potente voz de Celine.

6.- Lisa Stansfield – Change

Lisa Stansfield, presentó en 1991 su disco “Real Love”. Muchos críticos pensaban que era difícil que Lisa se superara, pues su producción del ’89, “Affection” y el tema “All Around The World”, la habían posicionado como una gran estrella; sin embargo, dos años más tarde presentaría su segundo disco, que influenciado por el sonido motown y discoteque de los años setentas, hizo que más gente amara a Stansfield y con el single “Change” conquistó a la juventud de aquellos años.

7.- The Cranberries – Zombie

Hubo alguien que hace pocos años, me dijo que este tema lo cantaba Shakira. Quise agarrarlo a puntapiés, pero me contuve. La pérdida de Dolores O’Riordan en enero pasado fue un golpe tremendo para la música, pues su carisma, su fuerza y su privilegiada voz, nos dejaron temas enormes en el rock. Creo que uno de los grandes iconos de los años noventas fue “Zombie”, tema multi premiado y aclamado. Se contiene en el álbum “No Need To Argue” de 1994.

8.- Mariah Carey – Fantasy

En 1995, Mariah Carey presentó su quinto disco de estudio titulado “Daydream”, un álbum que partió los esquemas del pop y se posicionó como uno de los grandes trabajos de todos los tiempos. El primer single llamado “Fantasy” fue el primero de Mariah en debutar en el puesto uno y fue certificado por RIIA como platino a las pocas semanas; fue número uno en Billboard por ocho semanas y también alcanzó el primer puesto en varios países. Este material es emblemático por atribuírsele la introducción del R&B, Hip Hop y soul al pop, fusiones que aún son utilizadas en este tiempo. Por eso, se dice que sin Mariah no existiría el pop como lo conocemos hoy en día.

Ya sé estimados lectores que me he quedado corto con estas propuestas, pero también espero sugerencias de parte de ustedes. Prometo también, continuar con listas similares que alimenten nuestra nostalgia.

Se despide Michael Bublé, el ‘crooner’ de la nueva generación

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Hace catorce años si la memoria no me falla, recuerdo que veía un especial por televisión de la soprano británica Sarah Brightman. En ese programa donde presentaba su álbum “Harem”, la entrevistadora de la BBC, le preguntó a qué artistas jóvenes admiraba y Brightman sin dudarlo demasiado contestó: “Me llama la atención el trabajo de India. Arie, Josh Groban y Michael Bublé”. En ese momento tomé nota de las recomendaciones que la legendaria soprano daba y me dediqué a buscar los álbumes de los cantantes a quienes mencionó. Así llegué a Michael Bublé. En ese entonces, aún en la época de gran popularidad de los discos compactos, conseguí el primer material homónimo de Bublé prácticamente sin conocer qué género cantaba o si me gustaría o no, en esos años, YouTube aún no existía y además, Michael todavía no era tan popular en nuestro país. Así, en una visita de reportero a la ciudad de México donde cubría yo otro evento, me di tiempo para visitar una plaza comercial que estaba cerca del hotel donde me hospedaba y ahí, en el MixUp encontré el disco del canadiense, recordando las palabras que Sarah Brightman había dicho en ese especial; por cierto, también en esa misma visita a la tienda, encontré uno de los discos de Josh Groban.

Fue hasta que regresé a casa que pude escuchar el material de Michael Bublé. Un disco que debo confesar, me cautivó por completo y me encantó de principio a fin. Desde entonces, me volví uno más de sus seguidores. En un principio no podía creer que un joven se dedicara a cantar swing, música que había perpetuado Frank Sinatra y que nadie, hasta Robbie Williams con su disco de 2001, “Swing When You’re Winning” se arriesgaba a apostar por el género que en ese entonces se creía pasado de moda o demasiado solemne. Así, en 2003, llegó y conocí el álbum debut del canadiense con temas clásicos como “Fever”, “Moondance, “For Once In My Life”, “Sway” o una versión estupenda de “Crazy Little Thing Called Love” de Freddie Mercury. Con eso, me había ganado como fanático.

La historia de superación del cantante de origen canadiense se remonta a sus años de infancia. Él mismo comenta que su más grande influencia para amar el swing como género fue Bing Crosby y su álbum navideño. Más tarde, también se interesó por el jazz y el blues, pero fue hasta los trece años de edad que su familia descubrió su talento para el canto, pues en una navidad, Michael se atrevió a interpretarles el tema “White Christmas” justamente en la versión de Crosby. Así supieron de su talento, pero en su familia, donde el oficio era ser pescador, nunca había habido un artista. Su adolescencia y parte de su juventud, la pasó en el bote pesquero de su padre, consiguiendo salmón para vender como su forma de vida. Para cuando Michael tenía 16 años, su abuelo materno, un plomero italiano, conseguía trabajo en empresas y hoteles a cambio de tiempo para que le permitieran a su nieto cantar en sus escenarios. Fue su abuelo quien además le pagaba las clases de canto y música. Así, un día en uno de los hoteles en donde su abuelo había prestado sus servicios y le había conseguido espacio en el escenario, llegó nada menos que David Foster, productor canadiense de artistas como John Lennon, Whitney Houston, Mariah Carey, Celine Dion, Barbra Straisand, Julio Iglesias o Luis Miguel y vio el potencial del chico y decidió presentarlo a varios sellos discográficos. La tarea fue de años de convencimiento y espera, hasta que en 2002, el sello Reprise Records lo contrató y le grabó su primer álbum.

La carrera de Michael Buble ha sido una de las más exitosas de la industria y ha vendido en el mundo más de 80 millones de discos con siete álbumes de estudio grabados; posicionando en el gusto de una nueva generación el swing, blues y jazz, convirtiéndolo en el cantante de ese género más exitoso sólo después de Frank Sinatra. Sin embargo, una noticia devastadora alarmó al cantante a finales de 2016, su hijo Noah, de tan solo tres años padecía cáncer. En su momento no se dieron más detalles, sin embargo, él y su esposa, la modelo y actriz argentina Luisana Lopilato, ponían una pausa a sus carreras para atender la situación. En un comunicado, Michael agradecía a sus fans y a la prensa, permitieran ese momento de privacidad en sus vidas. Sin embargo, unos meses más tarde un portal argentino daba la noticia, afirmando que el hijo de Bublé padecía de cáncer de hígado, pero además, informaban también que una de las hermanas de Luisana, había pedido respeto a la privacidad de la familia asegurando que su hermana (Luisana) no la estaba pasando bien, ya que se encontraba en Buenos Aires recuperándose de un padecimiento psicótico, pues había intentado quitarse la vida. La oficina de Bublé no confirmó pero tampoco desmintió la noticia.

“Quiero una       
vida normal”    

Hace unos días, nos sorprendimos muchos, pues se anunciaba que Michael estaba de vuelta con un nuevo material discográfico que se titularía “Love” y apareció el video del primer single titulado “Love You Anymore”, para la prensa y fanáticos, fue un momento de alivio pues se sabía entonces que el pequeño Noah, había superado con éxito el tratamiento. Pero no contábamos con una declaración que el sábado cimbró a la industria: Michael anuncia su retiro definitivo de la música y menciona que “Love”, será su último álbum. Las razones fueron simples pero de intrínseca importancia, Bublé afirmó que la enfermedad de su hijo que se superó, le dio una perspectiva diferente de la vida, y que también, apreciaba ahora los momentos de familia y que se avergonzaba de su ego o de ocuparse de cosas sin importancia, queriendo ya privacidad e intimidad; dijo también, ya no tener humor para la vida pública. “Llegó un momento en que me quise morir. Hoy, ya no tengo estómago para la fama ni para el narcisismo de las celebridades; quiero una vida sencilla. Quiero una vida normal”, dijo.

Las razones de Michael para su retiro todos las entendemos y quizá, veíamos venir. Pero esto, no deja de ser una noticia triste, pues re direccionar su vida con justísima razón, nos hará perder a uno de los más grandes talentos de la música. Siempre hará falta un cantante con un gran oficio y carisma como el de Bublé. Sin duda, se le va a extrañar.