La academia en tiempos de â€œyoutubers”

Ismael Ortiz Romero Cuevas.


Debo confesar que no soy muy fanático de la televisión abierta de nuestro país. En los años noventas la euforia de los sistemas de paga crecía y lo mismo el desinterés ya, al menos mío, de ver ese tipo de programación que más bien siempre fue dirigida a un público específico (definidos como “los jodidos” por el mismo tigre Azcárraga), pero debo confesar también que en esos años se esforzaban por atraer a la audiencia a su programación y por alguna u otra razón, terminábamos sintonizando algo de la programación de la televisión abierta, o era el noticiario o la telenovela de Thalía, pero algo terminábamos viendo. Y la competencia se medía en números pero también en el esfuerzo de la gente que trabajaba en las televisoras porqué la audiencia, no se fuera. Así, MTV, Nickelodeon o Warner Chanel tenían buena programación, pero siempre el público regresaba a algún canal de televisión abierta.

A inicios de la década del 2000, comenzó la decadencia de la programación y la euforia por un formato que en el mundo tuvo su auge unos cuatro o cinco años antes que en México: el reality show. Así, vimos a una docena de jóvenes encerrarse en una casa para que observáramos un patético experimento llamado Big Brother, donde se acababa con la dignidad de los participantes tal y como si fuera un zoológico. Fue en 2002 cuando todos conocimos ese formato en México y por morbo o por interés veíamos qué les pasaba a los que estaban encerrados ahí. Sin embargo, fue al término de ese programa cuando conocimos un verdadero fenómeno en la televisión: La academia, un programa que nos daba entretenimiento además de que veíamos como 14 “hijos del vecino” se convertían en estrellas. Personalmente me tocó ver muy de cerca este reality no por fanático, sino porque trabajaba en un periódico local donde, también debo confesar que por méritos míos y no de la empresa donde laboraba, cubría la fuente y viajaba constantemente a las instalaciones de Televisión Azteca además, para ver el desempeño de la participante oaxaqueña que estaba en ese programa. La gente por alguna razón, se rindió ante esta emisión y con los participantes, pasando de ser de mero entretenimiento a una especie de sobrinos y el tío Gamboín, donde el teleauditorio los patrocinaba para que no salieran de la escuela, algo así como comprar votos para la reina de la primavera de la escuela. En esos viajes me enteré de muchas cosas, como por ejemplo, que no todos los participantes son “auténticos” dentro del programa, pues para la exposición continua en la pantalla se debe tener cierto entrenamiento, así supe (y por un descuido de alguien de la producción del programa) que por lo menos cuatro de los 14 participantes no eran tan “hijos del vecino” como pensábamos, pues ya contaban con un manager, entre ellos, Víctor García y José Antonio de la O.

Y eso de los participantes que ya cuentan con cierto entrenamiento y experiencia ha sido la constante en La academia y ha sido más evidente en algunas generaciones que en otras, como la tal Jolette o el pleito de una participante llamada Denisha que porque también había aparecido en el programa “Caso cerrado” antes de ser alumna de La academia; de esta humillación pública pueden ver el video en YouTube. Eso no es exclusivo de La academia, también La Voz México tiene sus “queveres” y no hace mucho, reclutaron a una cantante llamada Alexa, que fue integrante de Fandango y Timbiriche, de hecho, es la intérprete original de Muriendo Lento, (tema que años más tarde volvieran a popularizar Moderato y Belinda), y que además, salió de pleito con la producción del programa al públicamente aceptar que ella fue convocada, no hizo casting y que le habían prometido un pago que nunca recibió. Ahora me entero que nuevamente La academia está al aire y resulta que el expulsado del pasado domingo fue un tal Isbo, que no es que lo conozca demasiado, pero en un breve tiempo fue parte del grupo llamado Cumbia All- Starz de A. B. Quintanilla, nuevamente nada de que son perfectos desconocidos como nos venden la idea.

Lo cierto es que aunque en su momento de lanzamiento, La academia, que ha sido el reality show más exitoso de México en la breve historia de estos programas, algo pasa actualmente que no pueden enganchar con los jóvenes a quienes se supone va dirigido. A los chavos de este tiempo, ya no les interesa salir en la tele, porque ya no es lo que para nosotros fue: el entretenimiento número uno. En estos tiempos de “youtubers” y de gente que se exhibe en ese portal solo por el gusto de hacerlo, es muy complicado generar una empatía con los lozanos y mucho menos, que tengan por lo menos un ideal. No debería ser tan complejo si entendemos que la mayoría de los “youtubers” tienen carisma pero carecen de talento, es decir, si YouTube cerrara hoy, ¿cuántos de esos chavitos exhibicionistas se quedarían sin su principal aparador? ¿qué harían después de YouTube? Quizá regresarían a sus vidas normales de gente ordinaria, simple y sin talento; y eso es justo lo que los realitys de “idoneidad” deberían vender y explotar como su principal fuente de identificación, que ellos preparan para la vida y no para ser famosos en un portal de internet que aunque genere mucho dinero, no sabemos cuánto dure; si el gran negocio que fue Televisa está a punto de quebrar, ¿qué se podría esperar del portal? Lo cierto es que ni La academia, ni ningún reality show en estos tiempos podría ser lo que fue, porque el morbo que de alguna forma generaban, hoy se encuentra mucho más a la mano y sin estar sujeto a un horario al momento de acceder a internet y a cualquier red social desde cualquier gadget. Hoy, vemos morir el género del rality y de varios formatos televisivos gracias a eso. Eso es la tele en tiempo de “youtubers”.

Cuarón y el orgullo nacional

Ismael Ortiz Romero Cuevas


El sábado pasado, se entregó el prestigiado León de Oro del festival de cine de Venecia. Se le premiaba a la mejor película a Roma, dirigida y escrita por el cineasta Alfonso Cuarón, una producción nacional que el director ganador del Oscar llevará de la mano con Netflix. Se dice que Roma, es su película más introspectiva y personal. Es una película con la que nos identificaremos. Es una película que fue ovacionada. Es una película con la que quizá, por fin México gane el Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero.

Por supuesto que desde el 29 de agosto que Roma fue estrenada podríamos decir que de manera oficial en el festival, muchos estuvimos al pendiente de su desempeño y de saber qué opinaría la crítica a la nueva entrega del visionario director después de que hace cinco años, nos dejara literalmente sin aliento con “Gravedad”. Las criticas eran estupendas y el sábado, se llevó el máximo premio del Festival como mejor película. En lo personal, Alfonso Cuarón me parece un director más arriesgado, visionario e inteligente que los otros dos mexicanos que triunfan en el cine mundial (Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro), y no porque ellos no sean extraordinarios, sino que siempre quién ha abierto las puertas y propuesto cinematografía distinta en inovado en cuanto a historias y técicas, ha sido Cuarón. Por algo, fue el primer cineasta mexicano en ganar un Oscar como Mejor Director en 2013 y el pasado fin de semana, le dio a México, su primer León de Oro.

La filmografía de Cuarón a mi gusto, siempre ha estado plasmada de imágenes creativas e historias que nos generan sentimientos, el que sea, desde aquella lejana “Sólo con tu pareja” de 1991, con Tomás Tomás, Silvia Silva, Mateo Mateos y los jalapeños caseros Gómez, para que soples mientras comes. La ópera prima de Cuarón contó con ese reconocimiento nacional e internacional que hicieron que filmara su segunda película ya en Hollywood en 1995: “La princesita”, un cuento de hadas trágico y mágico que sin duda, y en una apreciación muy personal, sirvió de preámbulo para que años mas tarde hiciera “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” y Del Toro se inspirara para hacer “El laberinto del fauno”, véanla y díganme si no.

Y podemos ir recorriendo cada película de su filmografía y encontrarnos con elementos no solo grandiosos, sino de un valor artístico notable, puesto que su forma de dirigir ha creado escuela en otros cineastas que lo toman como referencia. Fue Cuarón, el primer director que experimentó con la toma de plano secuencia, es decir, cuando se filma de tal forma que pareciera que la película no tiene cortes, como si fuera una sola toma. Cuarón experimenta el plano secuencia en casi todas sus películas, pero lo vemos hacerlo ya de una manera más recurrente en “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, perfeccionarlo en “Niños del hombre” y entregarnos 16 minutos de una toma espectacular y bellísima al inicio de “Gravedad”. Justamente el uso de un solo plano secuencia, sirvió de inspiración a Alejandro González Iñárritu en “Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia”, donde prácticamente toda la película se filma con esta técnica perfeccionada y embellecida por Cuarón. También, la forma de filmar escenas ubicadas en el espacio exterior y que nos entregara en “Gravedad”, influenciaron a Christopher Nolan en “Interstellar”, no me digan que no notaron la escuela de Cuarón en esa película que me dejó con una depresión post filme como de tres días.

Alfonso Cuarón es sin duda, uno de los artistas mexicanos más reconocidos a nivel mundial por la forma tan innovadora y vanguardista de hacer cine. Tengan por seguro que siempre van a ver una cinta de dimensiones épicas cuando la dirija él. No nos queda más que aplaudirle a este cineasta y seguirlo teniendo de orgullo, para que nos siga sorprendiendo cada vez que filma. Gracias a Cuarón, el universo cinematográfico de Harry Potter se convirtió en lo que fue. Gracias a la escuela de Cuarón, se hace buen cine en todo el mundo.

La nostalgia, la generación X y los enojados millenials

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Hace unos días, leía una nota en algún portal español que le habían puesto la película American Pie a un grupo de adolescentes, de esos a los que todos los hoy “señores” les llamamos millenials. A ninguno le gustó la película. Sin excepción, escribían en sus cuentas de Twitter lo sexista, homofóbica, irrespetuosa, asquerosa, básica y estúpida que resulta, y en efecto lo es; sin embargo, muchos aquellos que andamos más allá de los 35 años, vemos hasta con cierta nostalgia esta comedia estrenada en las salas de cine en el lejano 1999. El valor de esta cinta no está en el guión, ni en las actuaciones o en la cinematografía, sino en la nostalgia que representa en todos aquellos quienes nos consideramos generación X; cierto es también, que American Pie está muy lejos de representar al adolescente común latinoamericano o mexicano, al contrario, es tan gringa como McDonalds pero ¡qué demonios!, nos divirtió en su momento, la pasamos bien en el cine y se hizo una saga casi de culto para todos quienes de alguna manera fuimos testigos de la historia de Jim Levenstein (Jason Biggs) y sus amigos. Estamos de acuerdo que en el tiempo actual, American Pie no podría ser estrenada.

Y es que en algo radica que la nostalgia sea tan buen negocio en estos días. La generación X, hoy tenemos un poder adquisitivo y cierta estabilidad económica que quien sabe si lleguen a tener algún día los millenials (cabe destacar que son los hijos de la generación X). Nosotros, como parte de esa generación que también protestó a su manera y que gozamos de ciertas libertades, fuimos educados también en la disciplina, el orden, la responsabilidad, el respeto al trabajo y demás cosas que nos hicieron adultos responsables y que por algo, quizá por nuestra misma rebeldía, no estamos inculcando a la generación millenial. Les hemos acostumbrado a que les resolvemos todo, a que se la pasen enojados, criticando e inconformes, únicamente con el celular o la tableta como único contacto con el exterior. Y mientras nosotros gozamos de una comedia (aclaro, no buena comedia, simplemente comedia) como American Pie porque no nos tomábamos las cosas tan personales, ellos, se sienten vulnerados, pero vamos, es muy raro que un millenial en verdad disfrute de algo como nosotros lo hicimos. YouTube y las redes sociales le quitaron esa emoción de sintonizar todas las tardes MTV y tener listo el VHS para grabar el video de nuestro artista favorito por si acaso lo pasaban.

Ellos nunca sabrán lo que fue escuchar el histórico disco Nevermind de Nirvana el año en que salió al mercado y después, verlo llegar a la cumbre. No sabrán lo que fue tener en nuestras manos el que es considerado el último gran álbum de Michael Jackson: Dangerous. No vieron ser a los New Kids On The Block el fenómeno que fueron y tampoco vieron nacer a súper estrellas que están vigentes hasta hoy como Madonna, Celine Dion o Mariah Carey. No esperaron con ansias el capítulo de Friends, La Niñera, El Príncipe del Rap, Dinosaurios, Le Temes a la Oscuridad, Los Años Maravillosos, Escalofríos o Los Expedientes Secretos X. No saben por qué Los Simpson, son Los Simpson. No vieron tener éxito a Timbiriche, llorar su separación y emocionarse cuando se reencontraron la primera vez. A la generación X nos tocó también ver nacer a Soda Estéreo, Caifanes y luego convertirse en Jauguares, Café Tacuba, Fobia, Héroes del Silencio, Maldita Vecindad y encumbramos a Luis Miguel. Fuimos testigos de la llegada a México de Mecano, Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Olé Olé y Alaska y Dinarama. Hicimos filas por horas para entrar al cine y ver la trilogía de Volver al Futuro, Jurassic Park o Titanic. Y todo eso, se ha convertido en un gran negocio. La aparición de nueva cuenta de los discos en formato de vinilo, habla de que un buen recuerdo, siempre será muy bien pagado. Por cierto, de todos los grupos, artistas o películas que acabo de mencionar, hay versiones de sus materiales en vinil, hay remasterizaciones en CD y en formatos digitales y cintas que han pasado del VHS al Blu Ray y hasta al 4K, porque increíblemente, se siguen vendiendo. Las distribuidoras y disqueras han encontrado en la nostalgia un nicho de mercado interesante y van por nosotros, la generación X que hoy, tiene cierta firmeza económica y que se puede dar el gusto de comprarse su más culposo u orgulloso deseo.

A los millenials, los chicos veinteañeros que no desean ser independientes porque se les ha resuelto todo en casa, no tienen el más mínimo interés en salir a trabajar y ganarse su dinero, por lo que la nostalgia para ellos, quizá sea Maluma y consideren a Shawn Méndez, algo así como el más sobresaliente de los poetas. Pero quizá ellos, no conozcan ese grado de agitación que nos provoca todavía ver la escena de alguna película que vimos en nuestra juventud, o escuchar la primera nota de alguna canción y que nos hace emocionarnos. Al tiempo.

Las pretensiones de Pantera Negra

A principios del mes pasado, se anunció una nueva categoría en el Oscar: Mejor Película Popular, que honestamente a muchos quienes todavía vemos con cierto respeto esa entrega de premios, se nos hizo una especie de payasada y ganas de quedar bien con alguien y para premiar cintas expresamente dirigidas a las masas; también para que los llamados blockbusters de verano, no quedaran fuera de alguna de las nominaciones importantes, pues se limitaban a premios tecnológicos y de efectos especiales. Para ser más precisos, se me hizo que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, quiso quedar bien con el emporio Disney, quien es dueño de Marvel y que desde hace una década, pone en pantalla por lo menos una historia de superhéroes con guiones mediocres y efectos a la orden del día, en esa época del año.

A diferencia de 2001, cuando se otorgó por primera vez el premio a Mejor Película Animada y que fue Shrek de DreamWorks quien se llevó esa estatuilla, también teníamos claro que era una especie de categoría para beneficiar a las cintas animadas también hechas por Disney. Y como fue, la gran ganadora hasta la fecha en esa terna ha sido la compañía del ratón Mickey, ya sea con Pixar o sola, pero es quien más preseas se ha llevado a lo largo de la relativamente poca historia en lo que a esta condición se refiere. En ese momento, a nadie le pareció extraño, vamos, era hasta justo pues La Bella y la Bestia había competido en la terna a Mejor Película en 1992, perdiendo ante El Silencio de los Inocentes.

Y precisamente de eso se trata. Ninguna de las películas de las llamadas bluckbuster ha competido nunca por la estatuilla a Mejor Película aún cuando en la historia reciente, ha habido cintas que lo merecen y como ejemplo podríamos citar a El Caballero de la Noche (Warner Bros.), Logan (20th Century Fox), Mujer Maravilla (Warner Bros.), El Hombre Araña 2 (Columbia Pictures) o Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (Warner Bros.), que además de ser películas que reventaron la taquilla, tenían grandiosos elementos cinematográficos que las hacían dignas de competir en la máxima categoría del Oscar, pero ojo, ninguna de estas, es de Disney / Marvel.

Sin embargo, me queda claro que quienes integran el comité de entrega de los Óscares, ha abierto esta categoría con el afán de que Pantera Negra se vaya con uno de las distingas grandes y no se limite a tener premios por efectos especiales, maquillaje, vestuario, edición de sonido o cualquiera de los llamados galardones técnicos. No cabe duda que Pantera Negra es una de las mejores películas que ha entregado Marvel pese a lo limitado y elemental de las historias que acostumbran exhibir. Y mientras la crítica y mucha gente del público quedamos contrariados por lo risible del guión de Thor Ragnarok, Pantera Negra nos dio un grato giro a las historias demasiado descafeinadas de estos súper héroes. Pero de eso, a celebrar que le hayan creado una categoría para que se lleve un premio, al menos a mí, me hace dudar ya de la credibilidad del Oscar, cuando ha habido películas blockbusters, que lo han merecido mucho más que la del oriundo de Wakanda.

A todo esto, Chadwik Boseman, quien interpreta al súper héroe afro, ya desdeñó el premio a Mejor Película Popular al afirmar que nadie de quienes trabajaron en la película, ni los ejecutivos se conformarían con un galardón que según él, solo reconoce la popularidad de una película y no sus elementos fílmicos, por lo que el pasado domingo aseveró que todos desean competir en todas las entregas de premios pero en la terna a la Mejor Película (se vale soñar). Pero vamos, si El Caballero de la Noche no lo hizo y que además lo merecía, no creo que T’Challa vaya a ser considerado un héroe de ese tamaño y compita por el más grande de los premios.

Y aunque físicamente, Pantera Negra se parece a Batman, pues no lo es. Así que entre la polémica, gustos y disgustos, ya veremos qué nos ofrecen las entregas de premios 2019. Por lo pronto y para que no digan que las películas elementales se quedan fuera de los premios, ya les crearon uno.

 

Los súper héroes que salvaron a M. Night Shyamalan

+Ismael Ortiz Romero Cuevas


Esta semana en serio que quedé gratamente sorprendido por la presentación del póster oficial de Glass (que se traduce como Vidrio); la secuela de Fragmentado, película que contaba la historia de Kevin Wendell Crumb, interpretado de manera magistral por James McAvoy y que nos presentaba un complejo personaje con 23 personalidades distintas, derivado del trastorno de identidad disociativo que padecía por ser víctima de abusos infantiles.

Todo transcurría como un thriller que nos mantenía al borde del asiento y con ganas de ver qué es lo que el personaje hacía con las personalidades de las que era víctima. Hasta la escena final, cuando vimos a Bruce Willis observar la noticia que hace referencia a la captura del enmarañado psicópata. Mucha gente se sorprendió en el cine hace más de un año cuando Fragmentado estaba en la sala; otros más no supimos qué era lo que pasaba con esa extraña aparición (yo estaba en ese grupo). Supuse que se trataba de una especie de cameo importante para la historia, pensando que esto se debía a la continuación de la cinta; y sí y no. Sí, porque jamás asocié con Fragmentado una película de Shyamalan que vi en mi época de universitario llamada El Protegido, que en inglés se llamó Unbreakable, es decir, irrompible que honestamente tiene mucho más que ver con la historia ese nombre que el que decidió ponerle la distribuidora en español; entonces, el personaje que aparecía al final de Fragmentado era David Dunn, interpretado por Willis y estelar de El Protegido. Lo que Fragmentado hacía referencia es que David Dunn, un personaje a quien no se le rompen los huesos se enfrentará al alter ego más poderoso de Kevin (McAvoy), es decir, La Bestia y no, porque la referencia era entendida solamente para quienes tenían muy buena memoria para recordar con precisión al personaje de Willis o más difícil aún, recordar El Protegido, que en su estreno hace 18 años, pasó prácticamente desapercibida.

Para ser más precisos, yo tenía como mayor referente a Shyamalan por películas grandiosamente malas. Grandiosas por todo el derroche de tecnología y efectos especiales que utilizaban y malas porque simplemente eran un desastre. “La Dama en el Agua”, “El fin de los tiempos”, “El último maestro del aire” o “Después de la Tierra” dejan constancia de que Shyamalan era un director que podía hundir la carrera de un gran actor por haber aparecido en una de sus malísimas películas, vean a Will Smith y a su hijo Jaden o a Paul Giamatti. Lejos quedaban sus años de gloria de cuando dirigió “El sexto sentido” o “Señales”. Pero nadie, en serio nadie, se acordaba de El Protegido, quizá su obra con más posibilidades y la más querida para el cineasta.

Pronto, supe que tanto Kevin como David Dunn y Elijah Price /Mr. Glass, formaban parte del mismo universo y que al fin, después de casi 20 años, el cineasta podría terminar su tan ansiada trilogía de súper héroes poco convencionales. Para que esto pudiera ser posible, evidentemente tuvo que ver la gran recepción que Fragmentado tuvo en las salas de cine, pues de inmediato, conquistó a un sinnúmero de fanáticos fieles a la historia y a otros que nos tuvo buscando El Protegido hasta que la encontramos y yo, pude revivirla (¡bendito seas Netflix!), además de que fue recibida bastante bien por la crítica especializada, siendo su película mejor calificada desde “El Sexto Sentido”.

La cinta Glass, reunirá a los tres súper humanos presentados por Shyamalan en El Protegido y Fragmentado, es decir a David Dunn, Elijah Price / Mr. Glass y a La Bestia, ahora supongo centrándose en la grandiosa y manipuladora mente de Mr. Glass a quien además, Samuel L. Jackson vuelve a interpretarlo.
Sin duda, estamos a punto de ver la reivindicación de un director que muchos pensábamos, se dedicaba únicamente a hacer ridículas películas para Hollywood. Yo, tengo muchas ansias de ver ya Glass, esperando también las extraordinarias tomas que asemejan una viñeta de comic y esos movimientos de cámara tan vertiginosos, que hicieron de El Protegido y Fragmentado, películas aclamadas y hoy, queridas.

“Abrázame que Dios perdona, pero el tiempo a ninguno”: Juan Gabriel.

Ismael Ortiz Romero Cuevas

Parece mentira que justo hoy, se estén cumpliendo dos años del fallecimiento de Juan Gabriel. Estoy seguro que casi todo México recuerda con exactitud lo que estaba haciendo justo el 28 de agosto de 2016, cuando se enteró de la noticia. En la radio, pese a que fue domingo y en prácticamente todas las estaciones casi siempre en ese día no hay conductores sino solo la programación de música y publicidad, se interrumpieron transmisiones para anunciarnos el acontecimiento, fatídico para la gran mayoría de los mexicanos. El internet y los portales de noticias se llenaron de recuerdos, fotos, videos, semblanzas y demás del conocido divo de Juárez. Decía Facundo Cabral que cuando su abuela se enteró de la muerte de Gardel dijo: “¡Vaya! Ahora sí somos pobres”, refiriéndose a Argentina. Supongo que algo así nos pasó en México.

Es que no hace falta rememorar toda la carrera de Juan Gabriel para saber que fue uno de los artistas más respetados de México y a quien lo mismo admiraba el taxista, la vendedora de fruta, la empleada doméstica que la señora ricachona, el empresario exitoso, algún ejecutivo o un político. Todos en muchas partes de México y en América Latina, nos sabemos por lo menos una canción de Juan Gabriel, miente quien me diga que no. Apuesto que hasta se sabe alguna canción aquél intelectual que se quiso ver demasiado docto y sofisticado días después de que murió el divo de Juárez y que escribía que: “me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su histeria no por melodramática sino por elemental, su sintaxis no por poco literaria sino por iletrada”; y entonces, el autor de aquella columna llamada Fuera de Registro, es decir, Nicolás Alvarado, se despedía diciéndonos que escucharía una canción de Boris Vian. Las redes se le fueron encima y hasta fue despedido de TV UNAM. Criticar a JuanGa le costó demasiado caro y hundió su carrera, lo bueno que le venía guango. Ojalá al menos haya aprendido que a la gente le caen mal los fanfarrones.

Elegir la mejor canción de Juan Gabriel es una tarea titánica. Vamos, es imposible. Todas son especiales por algo; por su letra, por el ritmo, por el contexto o por quien las hizo éxito. Así, vimos a Pandora tener el disco más vendido de su carrera hasta la fecha, cuando grabaron el ya legendario “…Con Amor Eterno” a principios de los años noventas, vimos también a Rocío Dúrcal convertirse en su intérprete de cabecera durante dos décadas o a Isabel Pantoja triunfar en México y América Latina cantando esa especie de novela llamada “Así Fue”, a Daniela Romo llegar al primer sitio de las listas con “De mí enamórate”, a Thalía grabar el tema “Gracias a Dios” en el disco que le produjeron Emilio Estefan y Óscar López o a José José pedir un aplauso para el amor en “Lo pasado, pasado”. Juan Gabriel fue también el responsable de uno de los discos en español más grandiosos que se han grabado, titulado El Circo y que puso a La Maldita Vecindad y los hijos del quinto patio en un plano enteramente internacional. Para ese material Juan Gabriel contrató a Gustavo Santaolalla como productor, muchos años antes de que ganara dos Óscares.

Por mucho más tiempo, pienso que Alberto Aguilera Valadez, conocido como Juan Gabriel seguirá siendo un icono de la cultura nacional. Más allá de gustos musicales o convencionalismos, Juan Gabriel llegó a tocar las fibras mas hondas de la gente en muchos aspectos, pues tenía el talento de hacer canciones sencillas, entendibles, sumamente comerciales (por eso se hicieron muy exitosas), además de poner cada palabra o frase en el sitio justo en la canción para hacernos sentir emociones y reír, bailar o de plano romper en llanto. Se convirtió en una especie de poeta del pueblo y vocero del sentimiento de masas, porque hasta quien se sentía el “hombre fuerte” o “macho alfa” muchas veces terminaba llorando a moco tendido con “La Diferencia”, “Abrázame muy fuerte”, “Costumbres” o “Inocente pobre amigo”; o bien bailando y hasta imitándolo con “El noa noa”, “Debo hacerlo” o “Hasta que te conocí”.

Juan Gabriel pudo gustarnos o no, pero lo que sí es seguro, que así como José Alfredo Jiménez o Agustín Lara, tiene ya un lugar privilegiado en la historia de la música en México. Gracias JuanGa por tanto y tanto amor. Gracias por los sentimientos y la música; gracias por “Amor Eterno”, “Se me olvido otra vez” o “La muerte del palomo”. Gracias por enseñarnos que lo que se ve, no se pregunta.