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Los guardianes

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Ernesto Ruiz

  • “El manglar no cuenta las heridas del viento, cuenta las raíces que brotan después de la tormenta.” 

En la Costa de Oaxaca existe un rincón mágico, un lugar al que desde que llegas provoca que te desconectes del mundo humano y hagas conexión con la naturaleza, te conviertes en testigo de la relación especial que la comunidad guarda con su territorio.

Hace 28 años, los hombres y mujeres que a finales de los 70 se asentaron en esta comunidad, decidieron que era hora de buscar una nueva forma de subsistir, hasta entonces era una comunidad de pescadores que habían vivido durante muchos años de la pesca, de la matanza de la tortuga marina y de la depredación de sus recursos. La veda de la tortuga les cambió la jugada, ya no podían seguir por ese rumbo porque la presión del gobierno era mucha. La evolución surgió de varias ideas y ejemplos: “si no podemos vender productos, vendamos servicios”. Así nace lo que se convertiría en unos de los proyectos comunitarios más exitosos  de conservación: La Ventanilla.

Hablar de La Ventanilla es presenciar un pequeño milagro de resiliencia, en donde la perturbación hacia su entorno se convierte en apropiación territorial y esa conexión que se establece se convierte en el eje cultural y la concepción de entorno. Un proyecto insigne no solo por su trabajo comunitario de conservación, sino por su trabajo enfocado en el cocodrilo de río (Crocodylus acutus) especie en peligro de extinción que convirtieron en su estandarte.

La Ventanilla se convirtió así en punta de lanza en la conservación de esta especie. Aquí, la comunidad aprendió a monitorear sus poblaciones, a proteger sus sitios de anidación y a entender su comportamiento. Pero también descubrieron que al cuidar al gran reptil, cuidaban también la red vital del manglar: la circulación de nutrientes, el equilibrio de los peces y la salud integral del humedal, así no solo se convirtieron en los guardianes de nuestra última frontera, sino también de las especies vinculadas a los humedales, dunas y playas como las tortugas marinas, iguanas, tortugas dulce acuícolas, una diversidad de aves, tejones, mapaches, venados, etc.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, cuando la naturaleza ha apretado los dientes —con huracanes devastadores que llegaron a dejar el paisaje en ruinas—, la gente de Ventanilla no abandonó a su Laguna. Volvió al agua en sus pangas, limpió las entradas de la laguna, reforestó mangle y reconstruyó el hábitat. Ese es el verdadero valor de la conservación comunitaria: no se hace por un contrato ni por una moda pasajera; se hace porque la vida de la gente y la vida del ecosistema se volvieron una sola.

En un mundo que nos insiste en que el progreso requiere desarrollo voraz y grandes infraestructuras que alteran el paisaje, La Ventanilla responde con una provocación serena y hermosa. Su modelo de economía social y solidaria demuestra que se puede vivir con dignidad protegiendo a la fauna nativa.

Aquí la cooperativa es el motor donde el sustento se distribuye con justicia. El ingreso que genera la llegada de visitantes para observar su pedazo de paraíso  y especialmente al cocodrilo en libertad no nutre a un corporativo lejano: se queda en las cocinas comunitarias, en los guías que conocen cada animal por su nombre, en los viveros de mangle y en el resguardo del territorio. Es una economía con rostro humano y sentido ambiental, donde la tierra no se debe vender porque se entiende sagrada.

En la escala regional, La Ventanilla es la encarnación viva de la comunalidad oaxaqueña: esa capacidad de tomar decisiones colectivas, de organizarse en asamblea y de entender que el bienestar del vecino —y de la fauna que comparte el humedal— es el bienestar de todos.

Para México, de cara al 23 de agosto, Día Nacional del Cocodrilo, este proyecto representa el recordatorio de que la coexistencia entre comunidades humanas y depredadores no solo es posible, sino próspera. Y para un planeta enfrentado a la crisis climática y a la pérdida masiva de biodiversidad, La Ventanilla es la prueba de que la restauración ambiental guiada por las manos locales realmente funciona.

Mirar las aguas tranquilas de La Ventanilla después de tantos años, ver la silueta antigua de un cocodrilo deslizándose en silencio entre las raíces del mangle, llena el pecho de esperanza. En la mirada amable de los guías y en el pulso firme de su gente, se lee una lección que trasciende fronteras: la tierra y sus criaturas solo sanarán cuando aprendamos a cuidarlas. La Ventanilla es tierra de magia y amigos.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Crisis democrática: El Salvador y Nicaragua

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Alberto Benítez Tiburcio

La democracia pierde legitimidad cuando no produce empleos, seguridad, movilidad social ni expectativas razonables de futuro. Se deteriora cuando el origen social y el color de piel pesan más que el talento y la promesa meritocrática parece una mala broma. Si a eso se suman corrupción, impunidad y élites incapaces de escuchar, el voto deja de expresar confianza y se convierte en instrumento de castigo.

El populismo no inventa esos agravios: los reconoce, organiza y transforma en energía política. Puede hacerlo desde la izquierda o la derecha, en nombre de la revolución, de los pobres o de la seguridad. Su operación es semejante: divide a la sociedad entre un pueblo virtuoso y unos enemigos culpables y presenta a un dirigente como encarnación de la voluntad popular.

Primero pide votos para derrotar al régimen anterior; después exige obediencia para vencer a los enemigos y finalmente elimina los límites que estorban a su gobierno. Así comienza también la destrucción de la República: los poderes dejan de contenerse entre sí y los tribunales, el Congreso, la prensa y los organismos de control pasan de ser garantías democráticas a ser descritos como obstáculos. Ese es el tránsito del populismo al autoritarismo.

Nicaragua ofrece el ejemplo más acabado desde la izquierda. Daniel Ortega, dirigente de la revolución que derrocó a la dictadura de los Somoza, regresó al poder en 2007 mediante elecciones. Años antes había pactado con el presidente Arnoldo Alemán una reforma que redujo el porcentaje necesario para ganar la Presidencia y repartió entre sus partidos los nombramientos de la Corte Suprema y la autoridad electoral. 

Ortega ganó en 2006 con cerca de 38 por ciento de los votos. Para 2009, una Sala Constitucional dominada por sus aliados declaró inaplicable la prohibición de reelección. Se reeligió en 2011 y, en 2014, una reforma eliminó los límites a la reelección y amplió sus facultades. Primero se burló la norma mediante una sentencia; después se modificó para legalizar lo hecho.

En 2016, una resolución judicial despojó a la principal fuerza opositora de su representación y Ortega volvió a competir acompañado por su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta. La captura institucional adquiría una forma nepotista.

El punto de no retorno llegó en 2018. Unas protestas contra una reforma a la seguridad social se transformaron en un movimiento nacional contra el gobierno. La Policía y grupos armados aliados respondieron con violencia y asesinó centenares de nicaragüenses. Al mismo tiempo, el régimen destruyó los espacios desde los cuales podía ser cuestionado: allanó redacciones, confiscó instalaciones, encarceló periodistas y forzó al exilio a centenares de comunicadores.

El ataque a la prensa no fue accesorio. Una sociedad necesita medios independientes para conocer lo que el gobierno oculta, contrastar versiones y formar una opinión propia. Sin ellos, el poder deja de enfrentar una esfera pública y comienza a administrar la realidad.

Antes de las elecciones de 2021, el gobierno encarceló a siete posibles candidatos presidenciales y a numerosos dirigentes, empresarios, activistas y periodistas. Ortega ganó con sus principales adversarios presos o exiliados. Hubo urnas, pero no eleciones libres.

La reforma constitucional de 2025 culminó el proceso. Ortega y Murillo fueron convertidos en “copresidentes” y la Presidencia recibió la facultad de “coordinar” al Congreso, los tribunales y la autoridad electoral. La Constitución dejó de organizar contrapesos y comenzó a organizar la concentración del poder.

El Salvador representa otra ruta, desde la derecha y con una fuente de legitimidad poderosa: la seguridad. Nayib Bukele ganó la Presidencia en 2019 como adversario de los partidos tradicionales, prometiendo eficiencia, modernidad y ruptura con una clase política desacreditada. El agravio era real. Durante años, las pandillas extorsionaron negocios, reclutaron jóvenes y controlaron territorios. Bajo su gobierno, los homicidios cayeron drásticamente y millones de salvadoreños recuperaron espacios dominados por el crimen. Negarlo sería deshonesto.

Pero la eficacia no cancela los derechos ni vuelve innecesarios los límites. En 2020, Bukele ingresó al Congreso acompañado de militares armados para presionar a los legisladores; al año siguiente, cuando su partido obtuvo la mayoría, destituyó sumariamente a los magistrados de la Sala Constitucional y al fiscal general. Los jueces nombrados en su lugar autorizaron la reelección presidencial inmediata, pese a que la Constitución la prohibía.

En marzo de 2022, tras una ola de homicidios, se decretó un régimen de excepción que suspendió garantías procesales y facilitó detenciones masivas. Lo temporal se convirtió en una forma permanente de gobierno; organizaciones internacionales han documentado arrestos sin pruebas individualizadas, incomunicación, tortura, falta de atención médica y muertes bajo custodia.

Bukele fue reelegido en 2024. En 2025, el Congreso dominado por su partido eliminó los límites a la reelección, amplió el periodo presidencial y suprimió la segunda vuelta. El camino quedó abierto para su permanencia indefinida en el poder.

Ortega y Bukele no son idénticos. Nicaragua es una dictadura familiar que eliminó casi toda competencia política. El Salvador conserva oposición, elecciones y respaldo social asociado a resultados en seguridad. Pero ambos procesos comparten una lógica: convertir la legitimidad electoral en autorización para destruir contrapesos, controlar tribunales y congresos, debilitar a la prensa y modificar las reglas que limitan al gobernante.

Aquí resulta indispensable distinguir democracia y constitución. La democracia responde quién debe gobernar: aquel que obtiene el respaldo ciudadano en elecciones libres, periódicas y competitivas. El constitucionalismo determina hasta dónde puede hacerlo, mediante qué procedimientos, durante cuánto tiempo y qué libertades no puede vulnerar.

La finalidad de la constitución no es impedir que el Estado actúe, sino hacer compatible el poder con la libertad. Una mayoría puede elegir a un presidente, pero no autorizarlo a torturar. Puede exigir seguridad, pero no declarar culpable a todo detenido sin juicio. Puede respaldar un programa político, pero no entregarle al gobernante los tribunales, la prensa y la posibilidad de perpetuarse.

Las constituciones no son obstáculos inventados por abogados. Son diques construidos a partir de una experiencia elemental: todo poder, incluso el que llegó con buenas intenciones y millones de votos, tiende a expandirse si nadie lo limita.

Los ciudadanos tampoco podemos renunciar a nuestra responsabilidad. La deliberación que da contenido a la democracia nos corresponde. El problema comienza cuando justificamos en nuestro gobernante lo que condenaríamos en el adversario; cuando toleramos abusos porque el responsable pertenece a nuestro partido; cuando reconocemos derechos para los nuestros, pero no para quienes llamamos traidores o enemigos; cuando confundimos eficacia con impunidad y popularidad con derecho a destruir la República. La alternativa es un Estado fuerte para hacer cumplir la Constitución pero suficientemente limitado para no colocarse por encima de ella.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Entrega Infonavit viviendas del bienestar a derechohabientes de Oaxaca

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• A nivel nacional ya se tienen contratadas para su construcción casi 516 mil viviendas, lo que representa el 43 por ciento de la meta del sexenio.
• La meta de construcción en la entidad es de 15 mil hogares, la cual podría incrementarse a 30 mil en 13 municipios.

El director general del INFONAVIT, el ingeniero Octavio Romero Oropeza, acompañó a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la entrega de viviendas en el fraccionamiento “Infonavit Pueblos Hermanos”, en Huajuapan de León, Oaxaca, como parte del Programa de Vivienda para el Bienestar. Este desarrollo cuenta con 412 viviendas.

Detalló que, a nivel nacional, ya se tienen aprobados 446 conjuntos habitacionales para su construcción en 31 estados del país, lo que significan casi 516 mil viviendas contratadas, es decir, el 43 por ciento de la meta del sexenio. Agregó que hay 74 desarrollos donde se está colocando vivienda, 38 que están completamente vendidos y 14 más se abrirán en agosto. En total, se han colocado más de 32 mil hogares.

Señaló que para Oaxaca la meta de construcción es de 15 mil viviendas, pero puede incrementarse a 30 mil hogares por parte del Instituto durante el sexenio, en Huajuapan de León, San Jacinto Amilpas, Salina Cruz, San Juan Bautista Tuxtepec, Santa María Atzompa, Santo Domingo Tehuantepec, Ciudad Ixtepec, San Pablo Etla, San Agustín Etla, San Lorenzo Cacaotepec, Santa Cruz Xoxocotlán, Tlacolula de Matamoros y Villa Zaachila.

Informó que al inicio de la administración se detectaron 4 millones 856 mil créditos y por instrucción de la Presidenta, a partir del 31 de diciembre de 2025, todos fueron reestructurados, de los cuales 19 mil 700 corresponden a familias oaxaqueñas. Además, anunció que más de 22 mil 600 personas serán beneficiadas con la liberación gratuita de su hipoteca.

En su intervención, la titular de la SEDATU, Edna Vega Rangel, destacó que este programa es histórico por la calidad de las viviendas que se están construyendo, además de que se entregarán 1 millón 800 mil créditos y apoyos para mejoramiento de vivienda y 1 millón de escrituras para garantizar la certeza jurídica de las familias.

Por su parte, el gobernador Salomón Jara Cruz indicó que la vivienda digna dejó de ser un privilegio neoliberal para convertirse, bajo el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en una realidad y un derecho humano. Además, reiteró el apoyo del gobierno del estado para continuar brindando acceso a un hogar seguro, saldando una deuda histórica de justicia social en esta región del país.

Esta es la segunda entrega de viviendas que se lleva a cabo en la entidad por parte del INFONAVIT y la número 37 a nivel nacional, en el marco del programa que contempla la edificación de 1 millón 200 mil viviendas en el país por parte del Instituto para los derechohabientes que menos ganan.


CONTRAFUEGO || Medios, autorregulación o ley

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Aurelio Ramos Méndez

Los periodistas propensos a incurrir en conductas antiéticas pervertidoras de su oficio, tales como mentir, calumniar, manipular y sesgar datos, enjuiciar de manera sumaria y poner su pluma a disposición del mejor postor, dejarán de hacerlo el día que se topen de frente con la ley, no con cándidas recomendaciones de un defensor de las audiencias o un código de ética tan coercitivo e inhibitorio como un llamado a misa.

Viene a colación este aserto a propósito de la emisión por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias –ya en proceso de consulta pública–, los cuales implican un retroceso de más de tres décadas en la regulación de las relaciones de los medios con sus audiencias.

Estas directrices, en efecto, requieren ser modificadas no en el sentido que reclama el coro de sus impugnadores mediáticos, sino para elevar su drasticidad y obligar al gobierno asumir su rol de garante de una genuina libertad de expresión y del derecho a la información, y hacerlos realmente útiles para la sociedad.

Como era previsible en un ámbito de periodismo alebrestado, las orientaciones han levantado polvo debido entre otras cosas a que establecen la mínima obligación de las empresas de radio y televisión de instituir un defensor de las audiencias y un código de ética, en un esquema de autorregulación equivalente a poner a Julián Quiñones cantar sus propios goles.

Desde el trámite legislativo de la nueva Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, hace un año, un sector considerable de la opinión pública esperaba que esta norma pudiese propiciar un avance hacia la asunción de mayores responsabilidades profesionales, rigor ético y, en general, profesionalización de los periodistas. Sueño guajiro.

El contenido de dicha ley y el inicio de su operación por la CRT han disipado toda esperanza de depuración gremial, saneamiento mediático y despeje de la turbia atmósfera periodística. 

Lo que viene es el reforzamiento de la normatividad y la autorregulación que propugnaban los comunicadores –la UPD entre otras organizaciones– a finales de los 80, algunas de cuyas expresiones fueron la creación, en consonancia con la tendencia internacional, de códigos de ética y defensorías del lector, de conmovedora ingenuidad y total inocuidad, en varios medios, el primero El Economista en 1993. 

¡Premio a quien recuerde un caso, uno solo en las últimas tres décadas, en que las disposiciones del código o las observaciones del ombudsman hayan sido determinantes para la corrección de una cobertura, el resarcimiento de un daño reputacional, algún “usted disculpe” o una denuncia de connivencia entre medio y fuente, en especial el gobierno de turno, o del disfraz como noticia de la publicidad!

Mal podría haber semejante muestra ilustrativa, si como defensores de los lectores en la mayoría de los casos fueron habilitados directivos milusos, que sin pudor hacían un refrito del código del pionero en esta materia en nuestro idioma, el español El País, y conjuntaban todas las funciones regulatorias.

Es decir, que ellos “redactaban” el código, fungían como “defensores”, y como directivos autorizaban los materiales para su publicación, vía por la cual terminaban como “corresponsables” de los yerros y anomalías. Desopilante ficción.

La Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión –1200 afiliados– ya dijo que, si bien hay “temas que preocupan”, la propuesta de lineamientos no entraña censura alguna, mas ni siquiera esta postura de los presuntos afectados ha ayudado a morigerar las exigencias del coro fácil que, vociferante, advierte de coerciones a la libertad de expresión y límites al derecho a la información.

Sobre este último punto, la presidenta Sheinbaum adelantó que en breve el gobierno federal emitirá un “decreto para la transparencia”, en la administración pública, tendiente a evitar que las dependencias reserven información de manera discrecional. Pero los objetores de los lineamientos, como Gabino Barreda andando en la borrachera, nomás no entienden razones.

A los concesionarios les preocupa en especial que las sanciones en caso de incumplimiento pueden alcanzar uno por ciento de los ingresos anuales de cada concesionario o programador; las tildan de “en exceso elevadas”. ¡Caramba! 

Cualquiera que haya visto la fastuosidad –las camionetas de alta gama, los trajes, las viandas, el enjambre de escoltas—en la tradicional comida anual de la radio y televisión convendría en que el monto de la multa es apenas justo… Mal no les va a los barones de esta industria.

También consideran que los lineamientos son ambiguos y propician discrecionalidad, pues permite al gobierno definir qué es información falsa o descontextualizada, lo cual –afirman—desvirtúa los mecanismos de autorregulación y anula al defensor de las audiencias, porque queda subordinado a la autoridad.

Sin verbalizarlo de modo explícito, apenas de manera tácita pero inequívoca, los concesionarios buscan despojar al Estado de su facultad reguladora. 

Impugnan la introducción de un recurso de inconformidad –“¡amenaza a la libertad de expresión!”– que permite al gobierno revisar las decisiones de los defensores, porque aspiran a ser ellos quienes –vía su defensor de bolsillo y su código a modo—definan qué es información falsa o descontextualizada.

O sea, quienes dispersan la información falsa o fuera de contexto, o carente de éste, buscan mantener bajo su férula la capacidad de determinar la calidad de la información. ¡Que viva la autorregulación!

Del lado del gobierno, la presidenta Sheinbaum demandó pluralidad. “Es importante que se den los distintos puntos de vista”, dijo. Pero ya vimos lo que pasó en tiempos en que, por su iniciativa, los medios abrieron sus puertas a las distintas visiones de la vida política.

Valga para ponderar la patraña de ser juez y parte en el proceso de la comunicación, recordar esos tiempos en que los periódicos –al margen de la actual polémica sobre las audiencias, competente sólo a medios electrónicos– acogieron la pluralidad con una noción harto pobre del concepto. 

Incorporaron a sus páginas editoriales a representes de los partidos políticos, de quienes incluso exhibían sus cargos partidistas, asterisco de por medio, al pie de sus escritos. “Fulano de tal, secretario de Acción Deportiva, o diputado o senador del PRI, el PAN, o del PFCRN, del partido del ferrocarril”, por ejemplo. 

Se trataba de personajes que nada aportaban al debate público en el campo del periodismo, pues en sus trabajos obviamente sostenían las mismas posiciones que en los espacios naturales de su actividad política, la plaza pública o las tribunas legislativas.

Y medio hubo –El Periódico de México—que inauguró la moda de tomar por bobos a los lectores, anotando incluso los géneros periodísticos en cada publicación, como signo de calidad: Noticia, Crónica, Reportaje, etcétera… Algo de lo cual todavía quedan resabios en el mercado de diarios y revistas. 

Para no ahondar en la necedad que ha hecho carrera, la supuesta imposibilidad de separar información y opinión.

“Hay que reconocer que el periodismo moderno rara vez presenta una frontera absoluta entre hechos y opiniones. Un conductor puede contextualizar una noticia, un analista puede interpretar un dato y un entrevistador puede cuestionar una declaración pública”, escribió el presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, Jorge Bravo.

¡Pues seamos menos modernos, pero más respetuosos con las audiencias, porque de que se puede hacer tal separación, se puede!

RESCOLDOS

La existencia en México de cárteles que controlan territorios y que tienen la capacidad de matar, extorsionar y secuestrar a cualquier persona, es la razón por la que ni el sistema judicial ni el sistema político de nuestro país funcionan. Esto dijo Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump. Alguien debería decirle a este deslenguado que, asimismo, los cárteles existen debido al descomunal volumen de gringos adictos a drogas que son caras porque su gobierno las ha declarado ilícitas. Y que el dinero de esos viciosos les confieren a los cárteles inmenso, incomparable poder económico, capaz de sobornar a quien se les ponga enfrente, en uno y otro lado de la frontera común.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

EL LABERINTO DE LA JUSTICIA || Mardonio Carballo y la justicia vista desde la cosmovisión indígena

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Antonio Gutiérrez

Durante mucho tiempo la cosmovisión indígena fue concebida como un vestigio del pasado; no obstante, en las instituciones del Estado mexicano ya empieza a reconocerse como una expresión del pensamiento universal. 

De ahí que, si en verdad buscamos comprender los significados de la cosmovisión indígena, quizá lo más conveniente sea abandonar las ideas preconcebidas y escuchar de viva voz a quienes cotidianamente la practican: los propios pueblos indígenas.

Un ejemplo de cómo los pueblos indígenas expresan sus dudas, nombran las cosas del mundo, cuestionan la modernidad, reclaman sus derechos y expresan sus pensamientos, lo encontramos en la voz del poeta Mardonio Carballo. 

En una entrevista con el diario El País, el también director de Plural TV, advirtió: 

“No es normal que yo esté dirigiendo este canal. No es normal que Hugo Aguilar Ortiz esté al frente de la Suprema Corte. Hay muchas cosas que no son normales, porque la estructuración del racismo nos lo ha impedido, y esto parece una disrupción que no entiendo: ¿por qué, en un país lleno de indígenas, está ocurriendo apenas?” (Raziel, 2026).

El poeta náhuatl conserva una forma propia de nombrar y comprender la realidad.  Basta leer La canción de las flores, uno de sus poemas.

De modo que la llegada de Mardonio Carballo y de Hugo Aguilar Ortiz al máximo tribunal del país nos lleva a la pregunta obligada: ¿su arribo a la máxima institución de justicia de México representa también la llegada de la cosmovisión indígena a las instituciones del Estado mexicano?

El importante recordar que el cambio que estamos presenciando es el resultado de décadas de diálogo entre el pensamiento indígena, la antropología, la filosofía y el derecho; así como del trabajo intelectual de hombres y mujeres indígenas que han defendido la legitimidad de otras formas de comprender el mundo.

Especiales aportes a este proceso han realizado las sensibilidades de la “gente antigua”, para decirlo en el zapoteco de los Binnigula’sa’, voz que se compone de binni (gente) y gula’sa’ (antigua), según la traducción de Juan Carlos Sánchez Antonio, otra voz indígena, autor de La filosofía de los zapotecas (2026).

En “La canción de las flores”, de Mardonio Carballo, el tiempo, la milpa, la tierra, el agua, la palabra y la vida, constituyen relaciones vivas entre el ser humano y la naturaleza, las palabras no aparecen ahí como simples metáforas poéticas.

Esa manera de comprender el mundo es precisamente una expresión de la cosmovisión indígena.

Desde luego que las noticias sobre la cosmovisión indígena no llegaron a la Corte sólo por quienes ocupan actualmente los cargos de mayor peso simbólico.

Ya son ampliamente reconocidas las obras y las voces de intelectuales como: Víctor Leonel Juan Martínez, Jaime Martínez Luna, Floriberto Díaz Gómez, Luis Enrique Cordero Aguilar, entre tantos otros hombres y mujeres, que no sólo han aportado testimonios e ideas desde su propia tradición oral y escrita, sino que también han aportado conceptos como comunalidad, pluralismo jurídico, filosofía, sistemas normativos, justicia indígena, entre otros.  

Ellos y ellas saben que no basta el reconocimiento formal de las lenguas indígenas, para implementar la justicia intercultural, sino que, resulta imprescindible conocer los pensamientos que expresan esas lenguas.

De modo que es posible imaginar que a las y los ministros de la Corte les urge saber cómo resuelven y cómo han resulto los pueblos indígenas los controvertidos temas de justicia en sus comunidades, a partir de su cosmovisión; amén de que dicho mérito también debe reconocerse.   

Esa necesidad de inclusión de los sistemas de justicia de los pueblos y comunidades en la jurisdicción del Estado, se explica, entre otras razones, porque los operadores de justicia son los primeros en compartir con la sociedad mexicana las preocupaciones sobre las problemáticas actuales de México. 

Entre la vastedad de asuntos que atienden, los ministros de la Corte conocen las controversias generadas por la disputa de recursos minerales, hidrológicos, naturales, y las violencias entre los propios seres humanos; así como los métodos colectivos de resistencia y las prácticas comunitarias para la resolución de grandes conflictos. 

La cosmovisión indígena constituye pues una forma contemporánea de pensamiento desde el cual los pueblos originarios de México nombran las cosas y los fenómenos de nuestro entorno, entienden los derechos y aportan pensamientos que enriquecen el dialogo y el pensamiento universal. 

Una mirada a las obras escritas por autores indígenas nos ayudaría a comprender, aún más, que los pueblos indígenas de México son productores tanto de pensamientos estéticos como filosóficos, y también aportan ideas y pensamientos para el ejercicio de la crítica social. 

No obstante, tal vez el verdadero desafío de las y los operadores de justicia del México actual, consiste en aprender a pensar con las categorías culturales desde las cuales los pueblos indígenas han entendido, durante siglos, la justicia, la comunidad y la dignidad humana.


  • Raziel, Z. (2026) “Mardonio Carballo, director de Plural TV: ‘Piensan que estamos aquí porque somos indios, no porque sepamos hacer las cosas’”, El País, 9 de abril.
  • Sánchez-Antonio, J. C. (2022). Filosofía zapoteca, ciencias sociales y diálogo mundial de saberesDisparidades. Revista de Antropología, 77(2), e024. https://doi.org/10.3989/dra.2022.024

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Convoca Poder Judicial a Diplomado para la formación de facilitadores comunitarios y agentes de paz

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  • Una iniciativa impulsada en coordinación con la Secretaría de Gobierno, con el objetivo de fortalecer la mediación comunitaria y la cultura de paz en municipios

Oaxaca, Oax., 30 de julio de 2026.- El Poder Judicial del Estado de Oaxaca convoca a personas con vocación de servicio a participar en el Diplomado de Formación de Facilitadores Comunitarios y Agentes de Paz, una iniciativa en conjunto con la Secretaría de Gobierno, que busca fortalecer la mediación comunitaria y la resolución pacífica de conflictos. 

El registro permanecerá abierto hasta el 28 de agosto del presente año y las actividades iniciarán el 3 de septiembre, en modalidad híbrida, con una duración de 120 horas.

El diplomado es impulsado por el Centro de Justicia Alternativa, como parte de la estrategia Centros de MASComunidad: Centros de Paz Comunitarios, promovida por la magistrada presidenta Erika María Rodríguez Rodríguez y que suma esfuerzos con el Programa Estatal Paz con Justicia y Bienestar para el Pueblo de Oaxaca, con el propósito de formar personas capaces de promover el diálogo, la conciliación, la mediación y la justicia restaurativa en beneficio de sus comunidades.

La convocatoria está dirigida a los municipios del estado, los cuales deberán postular al menos a dos personas con conocimiento de su entorno social, cultural y lingüístico, así como vocación de servicio y disposición para impulsar acciones de construcción de paz. Además, deberán contar con un espacio para la instalación de un Centro de MASComunidad, desde donde se desarrollarán actividades de atención y mediación comunitaria.

Las y los participantes recibirán formación teórica y práctica en mecanismos alternativos de solución de controversias, habilidades de comunicación, análisis de casos y herramientas para la facilitación comunitaria, con el acompañamiento de especialistas en la materia. Quienes acrediten satisfactoriamente el diplomado recibirán una certificación institucional expedida por el Centro de Justicia Alternativa.

El prerregistro se debe realizar mediante el código QR incluido en la convocatoria. Para dudas o mayor información se encuentran disponibles los teléfonos 951 644 3753 y 800 821 6789.

El periodismo y la libertad de expresión

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Alberto Benítez Tiburcio

Cada vez que asesinan a un periodista en México ocurre, además del crimen, una liturgia. Esta semana fue Francisco Alejandro Leyva Aguilar, periodista oaxaqueño y autor de la columna política El Zumbido del Moscardón. Antes fueron muchos otros. De acuerdo con Artículo 19, desde el año 2000 alrededor de 180 periodistas han sido asesinados en el país. México aparece, año tras año, entre los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo fuera de un contexto formal de guerra. Sin embargo, quizá lo más inquietante no sea la repetición de los asesinatos, sino la normalidad con la que hemos aprendido a recibirlos. El crimen ocurre; llegan los comunicados oficiales; se promete una investigación exhaustiva; se condenan los hechos; se asegura que no habrá impunidad. Después sobreviene el silencio. Hemos perfeccionado el ritual del pésame mientras la indignación se desvanece con una rapidez cada vez mayor.

La muerte de un periodista nunca representa únicamente la pérdida de una vida. También significa la desaparición de una mirada crítica sobre la realidad. El miedo no sólo mata periodistas; también produce autocensura, desalienta la investigación y empobrece el debate público. El silencio, como casi siempre ocurre, termina favoreciendo al poder.

Solemos decir que la libertad de expresión es un derecho fundamental. Lo es, pero esa definición resulta insuficiente. En realidad, constituye el mecanismo que permite que todos los demás derechos dejen de ser simples promesas constitucionales para convertirse en derechos vivos. Un abuso que nadie se atreve a denunciar, un acto de corrupción que nadie puede revelar o una arbitrariedad que permanece oculta terminan convirtiendo los derechos en declaraciones vacías. La diferencia entre una Constitución viva y una meramente simbólica suele depender de que exista algún periodista dispuesto a contar aquello que el poder preferiría mantener en secreto.

Por eso la libertad de expresión no protege únicamente a quien habla. Protege, sobre todo, el derecho de toda la sociedad a saber. La democracia necesita información no por una razón romántica, sino por una necesidad práctica. Los ciudadanos sólo pueden controlar al poder si conocen cómo ejerce ese poder. Para elegir no basta con depositar una boleta en una urna. Hace falta comprender qué decisiones se tomaron, quién se benefició de ellas, cuánto costaron, quién cumplió con su responsabilidad y quién abusó de ella. Sin información independiente, el voto deja de ser una decisión racional para convertirse en un acto de confianza ciega.

La democracia tampoco se agota el día de la elección. Los ciudadanos necesitan información para elegir a sus gobernantes, pero también para evaluarlos mientras ejercen el cargo y decidir, llegado el momento, si merecen continuar o ser sustituidos. El periodismo permite distinguir entre gobiernos eficaces e ineficaces, entre funcionarios íntegros y servidores públicos corruptos, entre quienes honran la confianza ciudadana y quienes la defraudan. Hace posible premiar a los buenos gobiernos y retirar democráticamente del poder a los malos. La denuncia periodística precede, casi siempre, a la evaluación ciudadana del poder.

Con frecuencia se presenta al periodismo como un adversario de los gobiernos. Es exactamente lo contrario. Los buenos gobiernos necesitan una prensa libre. Ningún gobernante es infalible ni dispone de toda la información. El poder tiende al aislamiento y a la autocomplacencia. El periodismo rompe ese círculo: detecta errores, revela abusos y obliga a corregir decisiones antes de que sus costos sean irreparables. La crítica no debilita al poder democrático, por el contrario, mejora la calidad de sus decisiones. Una prensa libre no sólo protege a la sociedad frente al poder; también protege al propio poder de sus errores y de la ilusión de que nunca se equivoca.

Quien decide asumir un cargo público acepta, al mismo tiempo, someterse a un escrutinio más intenso que el resto de los ciudadanos. No se trata de ataques personales, sino de una exigencia inherente a la función pública. Quien administra recursos, toma decisiones y ejerce autoridad debe rendir cuentas. La crítica, la sátira y el cuestionamiento no son excesos de la democracia; constituyen algunos de sus mecanismos de control más eficaces.

Precisamente por eso resultan preocupantes los intentos por inhibir la crítica desde el propio poder. La utilización de figuras jurídicas ambiguas para sancionar expresiones en medios y redes sociales, o el uso de litigios, fiscalías y tribunales para hostigar a periodistas críticos, revelan una preocupante intolerancia al escrutinio público. Aunque estas medidas suelen presentarse como mecanismos para combatir la desinformación o proteger derechos, su efecto consiste en elevar el costo de cuestionar al poder y empobrecer la deliberación democrática. Cuando el poder pretende decidir qué críticas son legítimas y cuáles deben callarse, deja de comportarse como un poder limitado por la Constitución y comienza a actuar como si la Constitución estuviera subordinada a su voluntad.

Las democracias no suelen morir mediante un solo acto espectacular. Se erosionan lentamente. Primero se desacredita a la prensa crítica. Después se multiplican las demandas judiciales. Más tarde aparecen leyes que prometen proteger a la sociedad, pero terminan protegiendo a los gobernantes del escrutinio ciudadano. Poco a poco, el espacio para disentir se reduce, la conversación pública se empobrece y los ciudadanos dejan de contar con la información necesaria para vigilar a quienes gobiernan. Es entonces cuando la democracia comienza a vaciarse desde dentro, aun cuando las elecciones continúen celebrándose con aparente normalidad.

Por eso el asesinato de un periodista, la censura de una caricatura, la intimidación judicial contra un reportero o el intento de castigar a un ciudadano por criticar a un gobierno en redes sociales no son episodios aislados. Forman parte de un mismo fenómeno: la tentación permanente del poder de reducir el espacio de la crítica. Ése ha sido, históricamente, el primer síntoma del deterioro democrático. Porque la democracia no empieza a perderse cuando se dejan de celebrar elecciones. Empieza a perderse mucho antes: el día en que el poder deja de aceptar que alguien pueda decirle, públicamente, que está equivocado.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

CONTRAFUEGO || Al rescate de Ruffo

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Aurelio Ramos Méndez

Más de un año le llevó al acucioso, perspicaz y muy atento escritor, historiador y periodista Héctor Aguilar Camín percatarse de que “el Estado policiaco”, que según él y sus adláteres rige en nuestro país, salió a “buscar en las yerbas marginales de la pradera a un presunto miembro de la tribu huachicola, para presentarlo como el huachicolero mayor”, Ernesto Ruffo Appel.

El emblemático político tricachuchista –del PAN, PRI y Somos México—fue investigado ¡durante más de un año! antes de ser detenido y encarcelado, acusado de haber contrabandeado por lo menos 15 millones de litros de hidrocarburos, con daño al erario por más de cuatro mil millones de pesos, noticia de la cual está claro que no se enteró el director de Nexos, a quien Carlos Salinas le llenaba de oro la faltriquera. 

Ruffo estaba siendo indagado desde antes del 22 de julio de 2025, cuando el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, confirmó tal noticia no mediante filtración o chisme –“trascendido”, lo denominan ciertos medios cultores del “periodismo con carácter”—sino en conferencia de prensa.

En una columna titulada Ruffo y la arbitrariedad legalizada, el historiador criticó la semana pasada cómo es que “estando la pradera llena de huachicoleros impunes, todos de Morena”, el gobierno detuvo a Ruffo, “un adversario político, histórico por el PAN y actual, por la pertenencia al consejo del nuevo partido de oposición, Somos México”.

El texto de ese Día con día fue inspirado por otro columnista –Gil Gamés—también convencido de que el arresto de Ruffo fue inopinado, como si el 16 de julio los jefes de las fuerzas de seguridad se hubiesen reunido por la mañana y uno de ellos hubiera preguntado “¿hoy, a quién detenemos?”, a lo cual otro hubiere respondido de bote pronto: “¡A Ruffo!”.

Gamés motivó a Aguilar Camín y éste a su vez estimuló a Sergio Sarmiento, quien hasta tomó como acápite para su columna un párrafo –“Lo de Ruffo es un exceso, un abuso de la ley y una advertencia. La arbitrariedad es el mensaje”– del escritor chetumaleño, y así, como en bici tándem y acompañados por otros de su jaez pedalearon el tema. Sarmiento de plano le confirió al bajacaliforniano la condición de “preso político”.

Al historiador, confeso nostálgico de los apapachos de Salinas, Gamés lo sedujo con un párrafo del tenor siguiente: 

“Mientras en un operativo de alta gama detuvieron a Ruffo, Rocha Moya (el gobernador de Sinaloa) asoma la cabeza y dice que él está tranquilo en su casa, que como la Martina allí se ha estado sentado, no se ha movido de ahí”.

Mintió Gamés e indujo a la mentira a Aguilar Camín. El sinaloense no asomó la cabeza de manera simultánea con el desarrollo del “operativo de alta gama”, sino una semana antes, cuando despejó la atmósfera saturada de falsedades sobre su paradero e informó que él ha permanecido en su casa de Culiacán. 

Lapso semanal que sería irrelevante, si no fuera porque denota grave, deliberado y muy elocuente enredo de fechas y circunstancias, conveniente para la sucia maniobra de intentar hacer creer que se actúa en contra del prianista porque ahora, además, es integrante del Consejo Ciudadano de Somos.    

A tan afamados escritores, Gamés y Aguilar Camín, les parece trivial que a Ruffo se le haya investigado justo el tiempo que la Martina demoró en pasar del concubinato a la deslealtad, pues –a decir de la ranchera– ella entregó su amor a los 15 y a los 16 cumplidos una traición le jugó al concubino ausente.

Alguien debió al menos haber intentado convencer al fabulador e ideólogo de la derecha de que el primer gobernador dizque no priista –formalmente era del PAN, pero para llegar al gobierno de BC fue “inflado” por el PRI de Salinas–, y que en modo alguno de trata del súbito arresto de un inocente.

Si el peón de la democracia salinista de hace 37 años está libre de culpa, esto es algo que deberán decir los tribunales, no los intelectuales orgánicos del sexenio 1988-94. Por ahora cabe solo presumir que, como investigador, se necesitaría ser harto chambón para fallar en una averiguación que insumió más de doce meses. 

En otras palabras, hay razones fundadas para presumir que a Ruffo lo tienen prendido de su parte más vulnerable.

Los columnistas confabulados para defender a este político buscan sembrar la idea de que fue detenido injustamente por su adhesión al partido encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo. Lo que debieran preguntarse es por qué fue convocado en marzo a integrar dicho Consejo, si hasta las piedras –menos, claro, Aguilar Camín, Gamés y Sarmiento—sabían que sobre él pesaban fundadas sospechas de que contrabandeaba hidrocarburos.

Sarmiento buscó equiparar al icónico panista con Hilario Ramírez, el saltimbanqui exalcalde de San Blas, Nayarit –PAN, “independiente”, Panal–, quien sin ambages confesó que como munícipe del blanquiazul “sí robé, pero poquito”. 

“La procuradora fiscal Grisel Galeano García afirmó en octubre de 2025 que las pérdidas por contrabando de combustible ascendían a 600 mil millones de pesos”, escribió el brazo derecho de Ricardo Salinas Pliego, y minimizó el daño estimado del bajacaliforniano a las arcas públicas:

“4,456 millones de pesos serían así sólo 0.7%, y los 106.8 millones (por evasión del IVA), 0.02%. ¿De verdad es Ruffo el líder de la mayor red de huachicol fiscal?”.

Respuesta: Quizá no. Tal vez también sólo robó poquito.

RESCOLDOS

El que sabe, sabe. José Carreño Carlón, exvocero oficial y ahora oficioso de Carlos Salinas, celebró brincando en una pata el que “quedó nublado por delitos de alto impacto –que ocuparon la agenda informativa—el costoso despliegue propagandístico de la semana para presumir grandes avances en el combate al crimen”.

Despliegue propagandístico –ilustró– consistente en “titulares de diarios, entradas de noticieros, invasión de redes socio-digitales y columnas que celebraron la reducción de homicidios y la captura de miles de delincuentes”.

Frente a tanta sagacidad, se impone preguntarle al exvocero presidencial ¿de dónde tan conocedor de las estrategias de manipulación informativa desde el poder? ¿Sabe por experiencia propia de lo que habla?

Y, además, cual es la razón por la que festejó este fracaso, pues en el colmo de la ruindad, henchido de felicidad, añadió:

“Pero no pudieron contra la carga de noticias que reafirman la percepción extendida de omnipresencia criminal, fuera de control. Quedó viva una sensación de inseguridad insuperable con cifras y gráficas”.

El fundador de diarios por encargo y con dinero público para lavarle la cara a Salinas y su dinastía, dijo, sin sonrojarse, que el actual régimen “ha uniformado la información y los encuadres de buena parte de medios, como no se veía acaso desde Díaz Ordaz”.

Falso. Si época hubo en que se uniformaron la información y los encuadres mediáticos esa fue el salinato, cuando desde la campaña electoral fueron cooptados algunos de los periodistas más destacados, ya fuese por su talento o por el medio que representaban. Joaquín López Dóriga, por mencionar solo uno.

Instalado en la más cínica falacia, Carreño Carlón aseveró que lectores y audiencias tienen ahora “la experiencia de un sistema más libre de comunicación pública en décadas pasadas”.

Y que “aún en las épocas más oscuras de control de los medios” por los gobiernos, “los periodistas desarrollaron habilidades para ejercer sus libertades informativas, como ahora se persevera en varios medios”.

Hay que creerle al comunicólogo del prianato cuando dibuja una estampa propia de las dictaduras sudamericanas de los 70, cuando las juntas militares nombraban interventores en diarios, radios y televisoras, y los periodistas debían ingeniárselas para burlar la censura. 

Hay que creerle porque sólo él sabe a quiénes les confió el triste encargo de representar los intereses del gobierno en los medios durante el sexenio 1988-94.

RESCOLDOS

Flaco favor le hicieron a Ruffo, el expresidente Fox y los exgobernadores panistas Francisco Ramírez Acuña, Alberto Cárdenas, Juan Carlos Romero Hicks y Miguel Márquez. Conformaron un frente dizque en defensa del presunto huachicolero mayor, pero se concretaron a exigir que el proceso judicial en contra de éste se conduzca con plena transparencia y estricto apego al Estado de derecho. O sea, exactamente lo que el gobierno tiene que hacer, no como concesión ni por encono sino porque así lo marca la ley. ¡Ni modo que el proceso sea ilegal y opaco! Lo que debieron haber pedido es que la ley se tuerza a su favor, porque una ayudadita canalla es lo que el bajacaliforniano necesita para salvar su pellejo.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

Fortalece Poder Judicial la capacitación en favor de los derechos de la niñez y adolescencia

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  • Concluyeron 53 participantes el Diplomado en Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, desarrollado en coordinación con UNICEF México

Oaxaca, Oax., 23 de julio de 2026.- El Poder Judicial del Estado de Oaxaca entregó reconocimientos a las y los participantes del “Diplomado en Protección Integral de la Niñez y Adolescencia”, realizado en coordinación con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF México), como parte de las acciones para fortalecer las capacidades institucionales en la protección y garantía de los derechos de este sector de la población.

La ceremonia protocolaria fue encabezada por la presidenta del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura, magistrada Erika María Rodríguez Rodríguez, quien estuvo acompañada de la directora de la Escuela Judicial, Jessica Maribel Arango Bravo.

Con una duración de 120 horas, el diplomado se desarrolló en tres seminarios: Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, Sistemas y Modelos de Protección Internacional y Justicia y Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, impartidos por especialistas en la materia, quienes compartieron herramientas jurídicas y buenas prácticas, a las y los asistentes.

En total, 53 profesionistas, operadores del sistema de justicia, personal de instituciones públicas, integrantes de organizaciones sociales y académicas concluyeron satisfactoriamente esta formación académica.

Arte, conciencia y territorio

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Ernesto Ruiz

“El arte que no jode, solo es diseño”. Inicio con esta frase pronunciada por Federico Kampf, porque nos hemos acostumbrado tanto a contemplar la belleza decorativa que, cuando una obra nos enfrenta a la crudeza de nuestra propia realidad, el impacto es inevitable. Precisamente eso fue lo que viví hace unos días en la Galería de los 100 durante la exposición del maestro Kampf.

De entre todas, hubo una obra en particular que me sacudió hasta los cimientos: “Fortuna”. En ella, Kampf reinterpreta la clásica escena de La Piedad, despojada de toda santidad y saturada de la tragedia contemporánea de México. Una madre desgarrada sostiene el cuerpo inerte de su hijo —con el rostro cubierto por una bolsa de plástico— en medio de un páramo sofocante dominado por hieleras de una tienda de conveniencia llenas de restos humanos, un bebé abandonado en otra de ellas, aves de rapiña al acecho y una cabra demacrada devorando los despojos.

“Fortuna” es una alegoría brutal de nuestro tiempo: el consumo desmedido, la contaminación de plástico que ahoga la vida, la violencia, la cultura del desecho y la deshumanización. Evidentemente Kampf no busca complacer; su pintura es un grito desgarrador que nos pone de frente a las ruinas de un modelo que devora tanto a la naturaleza como a la dignidad humana.

Sin embargo, salir de una exposición conmovido o indignado no basta. La denuncia visual de creadores como Kampf —quien, nos regala un diagnóstico indispensable a través de su arte— debe ser el punto de partida, no el destino final. La sacudida en el estómago no puede quedarse en la contemplación pasiva; debe ser el puente hacia la acción.

Es en ese cruce entre la provocación estética y la transformación real donde cobra sentido la alianza que decidimos emprender. Desde el Centro de Formación Ambiental Pitao Peeche, hemos unido fuerzas con el Arq. Juan Monterrosa y la Galería de los 100. La propuesta es clara: convertir el espacio del arte en un motor tangible para financiar proyectos de conservación, protección territorial y educación ambiental.

Queremos lograr que la sensibilidad que despierta el arte no se disipe al cruzar la puerta de la galería. Si cuadros como “Fortuna” nos muestran con crudeza la degradación del entorno y el costo del consumo voraz, la gestión ambiental debe aportar las herramientas para cambiar esa narrativa en el territorio: sembrar conciencia, restaurar ecosistemas, educar a las nuevas generaciones y proteger la biodiversidad. Buscaremos que teniendo al arte como herramienta poderosa, podamos impulsar proyectos para la restauración de humedales y manglares, la gestión integral de residuos, la conservación de bosques y la implementación de jardines urbanos.  

Agradezco al Arq. Juan Monterrosa por compartir esta visión donde la galería deja de ser un mero espacio de exhibición para convertirse en una trinchera activa. En Oaxaca, el arte siempre ha sido un espejo de nuestra identidad; hoy, necesitamos que también sea un escudo para defender la vida. Les invito a visitar la exposición que estará instalada durante un mes y también a estar atentos al proyecto que pronto daremos a conocer.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista.