Diódoro: critica un arcaico sistema democrático… del que él fue beneficiario

+ Gobernadores no actúan peor: más bien, así han sido siempre

La reciente difusión de grabaciones telefónicas en las que participan gobernadores priistas, ha servido como pretexto para que todos los opositores descalifiquen no sólo a los personajes, sino también al anquilosado —y excesivamente amplio— marco institucional en el que se desenvuelven. En este momento, no sólo han tratado de sacar provecho de la posible injerencia de los Mandatarios en asuntos electorales y de evadir la discusión respecto a la legitimidad de utilizar el espionaje como herramienta política, sino que también se critican fuertemente los excesos y el poder desmedido que tienen los Ejecutivos estatales en cuestión.

Es evidente que, en ese sentido, para gozar de calidad moral y política para señalar, también se debe tener un historial libre de complicaciones. En ese sentido, una de las tantas voces que se ha alzado para criticar no sólo los excesos y la posible injerencia de los gobernadores en asuntos electorales, sino también el uso del aparato y el presupuesto gubernamental de las entidades federativas para asuntos no propios de la función pública, es la del ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco Altamirano. Éste, independientemente de sus posiciones y convicciones político-partidistas actuales, carece de legitimidad para criticar un sistema, unas facultades, y una forma de gobierno que él mismo ejerció y de todo lo que en su momento también él fue beneficiario.

Carrasco Altamirano, como bien lo sabemos, gobernó la entidad oaxaqueña de 1992 a 1998; su paso por la gubernatura, que todavía correspondió en gran medida a los tiempos de la hegemonía total del PRI en México, estuvo marcado por la misma circunstancia de todos los políticos priistas de su tiempo: haber sido beneficiarios de un poder ilimitado durante el tiempo de su gestión, y haber utilizado no sólo los medios —políticos, económicos y de control— del partido tricolor, sino del Estado, para que éste no perdiera el poder que todos los priistas en conjunto ejercían.

Sin embargo, la otra porción de realidad del ex gobernador Carrasco, tiene que ver con su emigración del priismo. Desde que abandonó la gubernatura del Estado, en 1998, se alejó totalmente de los procesos políticos de su partido en Oaxaca. Esto, en razón de los rompimientos recurrentes que existen entre los mandatarios sucesivos, no sólo en nuestra entidad, sino en prácticamente todos los ámbitos de gobierno inclusive cuando ambos emanan del mismo partido.

Así, al transmitir la titularidad del Poder Ejecutivo del Estado a su sucesor, José Murat, Carrasco fue nombrado primero subsecretario, y después secretario de Gobernación, durante el último tramo del gobierno del presidente Ernesto Zedillo. Una vez concluidas sus funciones, en diciembre del año 2000, el ex Mandatario oaxaqueño se alejó por completo del priismo. Nunca fueron públicos los intentos por reintegrarse en alguna posición dentro del priismo. Y en 2006 hizo pública su renuncia a dicho partido, y su adhesión a Acción Nacional, que lo había postulado como candidato a diputado federal por el principio de representación proporcional.

Como es natural, a partir de entonces Carrasco se convirtió en un crítico feroz de muchas de las prácticas de las que él mismo fue parte. No es mala la crítica, cuando se señalan cuestiones que son incorrectas o inadmisibles en un sistema democrático en ciernes. Al contrario. Pero sí resulta ser poco convincente cuando al asumir posiciones, uno mismo se escandaliza de lo que también fue parte. Ese es el caso del ex Gobernador de Oaxaca que ahora nos ocupa.

OLVIDAR EL PASADO

En un artículo publicado ayer en el periódico Milenio, el ex gobernador Carrasco señalaba, a propósito de las grabaciones telefónicas recientemente difundidas, lo siguiente: “A nadie, medianamente informado, sorprende lo que prueba la difusión de las grabaciones: el papel protagónico de algunos gobernadores en el curso, la dirección, la logística, los recursos, los apoyos, las alianzas, la captura del órgano electoral, “la operación política” en suma, como se denomina a este conjunto de actos ilegales, en las campañas políticas en los estados donde tienen el poder.”

En otras partes del texto, dice lo siguiente: “No es tampoco la primera vez que este tipo de grabaciones aparece, y menos la primera que los balconeados se llaman a agravio, tratando de desviar la atención del hecho principal: que se les cogió con las manos en la masa, comportándose como sultanes (Leo Zuckerman) cuyo poder ilimitado decide sobre ‘vidas y haciendas’.

“El comportamiento de estos gobernadores es efectivamente un viaje por el túnel del tiempo, como dice Agustín Basave, una vuelta a un pasado lejano donde nada ni nadie se oponía al dictado de los gobernantes, y donde éstos controlaban, sin contrapesos, poderes e instituciones.

“Este tipo de conductas, uno de los efectos nocivos derivados de la tropezada alternancia en el Ejecutivo federal, amenaza con nulificar el esfuerzo histórico de las luchas y movimientos democráticos por construir instituciones electorales autónomas, imparciales, garantes en efecto de condiciones legales y prácticas equitativas para todos los partidos y candidatos contendientes.

“Las grabaciones difundidas han transparentado lo que ya se sabía, el uso faccioso del poder y muy particularmente de los recursos del poder, para garantizar la perpetuación de los grupos gobernantes. De ahí la reciente discusión sobre la necesidad e importancia de las alianzas opositoras a este PRI: se trata de sacar a las mafias del poder, para que el pueblo y los ciudadanos tengan oportunidad de decidir, en condiciones libres y democráticas, qué es lo que realmente quieren.”

RECORDAR EL PASADO

El cambio de partido, no significa “borrón y cuenta nueva” respecto al pasado. Quienes recuerdan la operación política de Carrasco cuando era gobernador, en lo administrativo y en lo electoral, saben que él fue parte de lo mismo que hoy critica. El problema, en realidad, no radica en que el ejercicio de los Gobernadores se haya deteriorado: más bien, no evolucionó ni se perfeccionaron los frenos y los contrapesos. Pero ahora, como antes, en las entidades federativas se ejerce el poder a plenitud. Igual que como él, en su momento, lo hizo. Y así, no hay mucha calidad moral para señalarlo.

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Candidatura de Sosa, una provocación para fuerzas políticas

+ PRI: injerencia ociosa; La Coalición, rehén de sus fantasmas

La postulación de Flavio Sosa Villavicencio como candidato a diputado local plurinominal por el Partido del Trabajo, enfrentó a todas las fuerzas políticas en Oaxaca, a sus más reprimidos fantasmas. Cada uno de los partidos asumió posturas no propias de una democracia. Ante dicho anuncio, afloraron las intromisiones, los rubores y las falsas vergüenzas, entre todos los que pretenden evadir las responsabilidades de fondo sobre el conflicto magisterial y popular de 2006, y más bien pretenden valerse de él para sacar ventaja a sus adversarios.

Apenas habían pasado unos días, desde que el PT dio a conocer su lista de postulaciones a la diputación local por la vía de la representación proporcional, cuando representantes de la dirigencia estatal del PRI —Adolfo Toledo Infanzón y Héctor Pablo Ramírez— emplazaron a la Coalición opositora a retirar de sus candidaturas a Sosa, por considerar que éste es “un criminal no debe estar, ni en las instituciones ni haciendo leyes”.

Sorprendentemente, en la Coalición opositora también trataron de recular. Ayer mismo, los dirigentes estatales tanto del Partido Acción Nacional, como del PRD, PT y Convergencia —Carlos Moreno, Amador Jara, Daniel Juárez y Mario Mendoza— llamaron a Sosa a “reconsiderar” su postulación, y a anteponer el interés y las posibilidades de triunfo de la Alianza opositora. Así, todos los que se han servido de los actores y los hechos acontecidos durante el conflicto magisterial de 2006, hoy asumen supuestas posiciones “de pureza” no propias de partidos políticos maduros.

En primer término, es claro que la injerencia del Revolucionario Institucional en un asunto estrictamente privado de la Coalición Unidos por la Paz y el Progreso de Oaxaca, era no sólo innecesaria, sino incluso condenable. Les guste o no a los tricolores, todas las determinaciones ocurridas en fuerzas políticas ajenas a ellos —independientemente del contenido de las mismas, por más abominables que éstas pudieran ser— no tienen por qué ocuparles, y tampoco les dan legitimidad para exigir acciones o abstenciones.

Y, del mismo modo, les guste o no a los priistas, Flavio Sosa es un personaje que, independientemente de los calificativos que ellos le endilguen, e incluso de que los ciudadanos podamos o no estar de acuerdo con su postulación, tiene vigentes todos sus derechos políticos; Sosa, por si no lo recuerdan, fue absuelto por los propios tribunales de Oaxaca, ante los cuales enfrentó diversos procesos penales relativos al conflicto de 2006. Y por tanto, tiene enteras posibilidades legales —que podrían no existir si la Procuraduría Estatal hubiese integrado y conducido eficazmente las acusaciones en su contra— no sólo para aceptar una candidatura, sino también para acceder al Congreso local en calidad de diputado.

De este modo, la dirigencia estatal y los estrategas del priismo no sólo revelaron lo confusa y mal intencionada que resulta ser su inconformidad. Sea como sea, entrometerse en la vida y las decisiones de terceros, es un error que revela, además, una intolerancia y un injerencismo que no corresponden lo que debería ser una fuerza democrática madura, que entiende cuál es el límite de sus derechos, dónde comienzan las potestades de los demás. ¿Acaso olvidaron que el respeto al derecho ajeno, es la paz? En su desafortunado intento por ganar adeptos en esta batalla política, ya revelaron que sí.

COALICIÓN ¿PERTURBADA?

Sin embargo, ¿por qué la Coalición opositora se “adhirió” tácitamente a la exigencia priista de retirar la candidatura de Flavio Sosa Villavicencio? Según lo que trataron de aparentar, es que esta solicitud corresponde a un intento de “control de daños” frente a una decisión del Partido del Trabajo que resultó ser impopular, y que podría generar más costos que beneficios a la campaña de Gabino Cué Monteagudo.

Sin embargo, ante esta razón, necesariamente tenemos que preguntarnos: ¿A quién pretenden engañar en la Coalición opositora? Es simplemente impensable que tanto el Candidato a Gobernador, como los dirigentes estatales de las fuerzas coaligadas, y los “cerebros políticos” de la alianza, desconocieran que uno de los partidos aliancistas tenía la intención de postular a ese personaje. Vamos, es simplemente imposible suponer que esa decisión trascendental —la posición de Sosa es la de un seguro diputado— se hubiera tomado al margen de los órganos de dirección locales y nacionales de la Coalición.

Y por si eso fuera poco, la Alianza opositora está también renegando de una de las banderas que le dio origen. El conflicto magisterial y popular de 2006, ocurrió por el choque entre el gobierno estatal y todos los grupos sociales, gremiales y políticos que le eran disidentes. El mismo Gabino Cué fue un declarado partidario de las causas que dieron origen a la Asamblea Popular, y de los argumentos esgrimidos por el magisterio de la Sección 22 del SNTE para encabezar esa lucha.

En esa lógica, puede entenderse que todos aquellos ciudadanos que en su momento apoyaron la revuelta popular, que exigieron la salida del gobernador Ulises Ruiz, y que pugnaron activamente por el cese a la persecución de personajes como Sosa, son muchos de los que ahora apoyarán con su voto a la Coalición, para expulsar al PRI del Gobierno del Estado.

Sin embargo, al renegar de personajes como Sosa, en la Alianza opositora están también renegando de sus propios antecedentes. Si en su momento todos juntos fueron tan valientes como para tomar las calles y contribuir a la violencia para lograr objetivos políticos, ahora también deberían serlo para buscar el respaldo ciudadano y encauzar esas banderas por la vía institucional. Es claro que supeditar su propio origen a razones “de imagen” y de la preservación del triunfo aliancista, es tanto como avergonzarse de los grupos que le dieron sustento y banderas de cambio en Oaxaca, a la Coalición opositora.

ENCUESTAS REPUDIADAS

Hace apenas unas semanas, todos eran partidarios de las encuestas. Como todos los encuestadores han revelado sus querencias y conveniencias, ahora todos reniegan hasta de quienes les dan el triunfo. Innecesariamente, abarataron un ejercicio importante de los procesos electorales, y los llenaron de intereses, cooptaciones y morbo. El problema, para ellos, es que a nadie sirven tanto las encuestas como a los mismos partidos políticos.

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AMLO: a favor y en contra de alianza en Oaxaca

+ Doble discurso: lo más normal para los partidos

Sólo quienes no entienden que la lucha electoral en Oaxaca nada tiene que ver con las ideologías, y que más bien es una abierta guerra por la obtención —o conservación— del poder, veían como una posibilidad que la alianza opositora se rompiera por las resistencias del ex candidato presidencial perredista, Andrés Manuel López Obrador. Esto no ocurrió cuando la coalición opositora era un simple proyecto; no ocurrió cuando formalmente se gestaba. Y no ocurrió ayer, cuando todos los partidos de la izquierda y la derecha mexicana le alzaron la mano, como virtual candidato, a Gabino Cué Monteagudo.

La actitud de López Obrador, según los hechos, no es el destello de oportunismo ni mucho menos de la “incongruencia ideológica” que pudiera tener un líder partidista de su categoría, o un dirigente opositor como él. Éste, en realidad, ha sido congruente con el deseo que tiene su grupo político de obtener el poder político en Oaxaca. Y para eso ha hecho todo lo que hasta ahora.

En primer término, ¿por qué asegurar que este no es un destello de oportunismo? Porque en la oposición, como en el oficialismo del Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca, todos los grupos y los intereses se han alineado a partir de la obtención del poder. Los tricolores, en su trinchera, aseguran que las decisiones que hasta ahora han tomado respecto de la sucesión, tienen como origen la preservación de los intereses que mueven al grupo que gobierna y administra el dinero público en la entidad. Es exactamente lo mismo que ocurre en la oposición.

¿Por qué? Porque tanto el Partido Acción Nacional, como el De la Revolución Democrática, Convergencia y el PT, tienen fijada la meta de obtener el poder a costa de lo que sea. Lo primero, y lo más importante que sacrificaron, fue justamente su legitimidad como fuerzas disímbolas. Aquí comprendieron, en toda la cabalidad, que la ideología y los principios partidistas palidecen totalmente ante el pragmatismo que justifica la lucha por el poder, independientemente de los actores y de las circunstancias.

Por esa razón, no tendría que provocar sorpresa alguna que un personaje como López Obrador diga lo que no hace, o repruebe públicamente lo que en privado avala y recomienda. Sólo quien no conoce la naturaleza misma de los institutos políticos, podría creer que éstos ponderan lo ideológico y los principios políticos, por encima de sus fines materiales. Así, una fuerza electoral que sostiene valores y fundamentos, pero que no compite verdaderamente por alcanzar o preservar el poder, es una fuerza que simplemente no existe.

Por eso aquí la alianza opositora ha sido prácticamente indestructible. El Partido Nueva Alianza se desmarcó de la coalición, como en un intento por desestabilizarla. López Obrador, por su parte, ha sido un crítico sistemático de las decisiones tomadas por los partidos que lo apoyan, y por las fuerzas políticas que lo vencieron en los comicios presidenciales de 2006. Al final de cuentas, ninguno de esos intentos ha sido suficiente para desmantelar dicha organización, porque todos tienen claro que los objetivos van mucho más allá de los idealismos y se inscriben en la urgencia de obtener un poder, que lo mismo puede servir a las mayorías, que convertirse en un botín político y económico para unos cuántos.

EL DECORO Y

LA INCONGRUENCIA

Ayer, los dirigentes nacionales del PAN, PRD, Convergencia y PT, vinieron a Oaxaca a levantarle la mano a Gabino Cué Monteagudo como candidato. Casi al unísono, López Obrador descalificaba la alianza. Parece una incongruencia que unos hagan, y otros deshagan sobre un tema en particular, pero que al final todos coincidan. Eso es lo que ocurre entre los opositores.

¿Por qué AMLO descalifica lo que muchos de sus seguidores avalan? Porque este es un intento mínimo por sostener una congruencia ideológica que, sin embargo, se ve descalificada por un doble discurso galopante, que hoy domina a todas las fuerzas políticas con presencia en Oaxaca.

Así, si López Obrador validara públicamente la alianza opositora que contenderá en Oaxaca, en los comicios de julio próximo, estaría también desmantelando sus propias banderas políticas, por las que recorre el país denunciando el fraude, el mal gobierno y la ilegitimidad del presidente Felipe Calderón. Al avalar una alianza como la que aquí existe, él mismo quedaría atrapado en las banderas a las que por tres años ha dado causa. Por eso, se ha negado —y así lo seguirá haciendo indefinidamente— a avalar de palabra la alianza en Oaxaca.

Sin embargo, ¿Esa palabra se honra en los hechos? Evidentemente no. Y es así porque es él mismo quien ha puesto todos los elementos, y ha dado todas las anuencias, para que la alianza opositora se construya en la entidad. Su aportación ha sido de casi nada: para su conformación, construyó y cedió a un abanderado (Gabino Cué), cedió a todos los operadores electorales de primer nivel que, de todo el país, vendrán a hacer el trabajo electoral para la unión PAN-PRD. E incluso, puede contabilizarse como un gesto importante, el hecho de que sólo descalifique de palabra la unión de partidos ideológicamente contradictorios, pero sin romper un solo tejido de la estructura política de los partidos que comanda.

Esta, por tanto, es una muestra más del doble discurso que hoy inunda a las fuerzas políticas. Los de la casa de enfrente, en el priismo, no pueden hablar ni de congruencia ni de compromiso con el país, cuando por sus manos han pasado, y han avalado, las negociaciones más aberrantes; en el tricolor, también existen contradicciones importantes y acciones fundamentalmente antidemocráticas en las cuales están anclando su estrategia electoral. Pero, al final, todos hablan de democracia y de legitimidad, porque —en esa lógica particular que ellos ocupan— toda lucha por el poder es democrática y legítima, por definición.

SINVERGÜENZAS

¿No les dará pena a quienes, desde el PRI y el PAN, hacen correr versiones sobre la supuesta negociación que ocurrió a finales del año pasado, en la que los tricolores condicionaron la aprobación de nada menos que el Paquete Económico —es decir, uno de los motores esenciales de la nación—, a cambio del compromiso azul de no realizar alianzas partidistas en algunas entidades federativas? por eso está tan devaluada la política en México: porque en su reducida visión, los representantes populares y líderes políticos, intercambian asuntos de Estado, que son fundamentales para la nación, por temas de política que debían dirimirse en las arenas electorales.

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Desprendimientos en el blanquiazul… y lo que falta

+ ¿Qué es lo que importa de las alianzas electorales?

La decisión del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, de anunciar la postulación de Gabino Cué Monteagudo como su candidato a la gubernatura de Oaxaca, tuvo los efectos que ya se habían vaticinado: tanto a nivel local, como en el ámbito nacional, ocurrieron desprendimientos de militantes, que se dijeron en desacuerdo con las decisiones cupulares tomadas por Acción Nacional y las demás fuerzas políticas que integrarán la Coalición opositora en nuestro Estado. ¿Qué implicaciones tiene todo esto?

Es evidente que, en primer término, la inconformidad más trascendental se dio con la renuncia a su militancia panista, del secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont. Pero también, en Oaxaca, se dieron otras recriminaciones y desprendimientos importantes en el trabajo aliancista, no sólo en figuras locales del panismo, sino también de militantes de otros grupos que integrarán la coalición.

Al día siguiente del anuncio panista sobre la candidatura de Cué Monteagudo, se hizo pública la renuncia al blanquiazul de María de los Ángeles Abad Santibáñez, y el deslinde tanto de Irma Piñeiro Arias, como del Partido Nueva Alianza de la Coalición opositora. En medio de todo eso, hubo una declinación casi unánime de todos los aspirantes a la candidatura a Gobernador —del PAN, PRD y demás—, por continuar participando en un proceso interno al que más de uno calificó como “una comparsa”.

Así, lo que parece evidente es que importantes sectores de las fuerzas opositoras se están desligando del trabajo aliancista, y que lo único que parece quedar firme son las determinaciones de las dirigencias nacionales de los partidos —es decir, las representaciones formales— por ir coaligados en una alianza. En esas circunstancias, ¿Con qué fuerzas reales irá Gabino Cué a los comicios estatales de julio próximo?

La pregunta no es ociosa, sino que más bien es parte de las previsiones que desde hace tiempo se habían venido construyendo sobre el destino que tendría una alianza conformada entre fuerzas tan confrontadas y, sobre todo, sin que en todo esto existiera un método democrático efectivo a través del cual pudiera elegirse a sus abanderados. En la perspectiva, se encontraba la posibilidad tangible de rompimientos por el modo en cómo se conduciría tanto el proceso aliancista, como la unción de su abanderado a la gubernatura.

En este sentido, hace ya algunas semanas —específicamente, el 27 de enero pasado—, apuntamos que “más allá del ánimo gubernamental (…) aquí mismo sí existen fuertes sectores del panismo que no terminan de convencerse de lo que están disponiendo tanto su dirigencia estatal, como la nacional, sobre la coalición opositora. Y mucho menos están conformes con el candidato —el senador Gabino Cué Monteagudo— que está prácticamente impuesto para encabezar la alianza.”

Y rematamos diciendo que “esas fracturas ponen en entredicho la posibilidad de ganar. No basta con que se hagan declaraciones de unidad. Y si PAN y PRD no cuidan todos los detalles para subsanar cuanto antes las fracturas, su alianza sólo será de membretes pero sin un potencial claro para dar la batalla electoral en los comicios de julio.”

Eso es lo que, a nivel partidista, está justamente ocurriendo: ante los desprendimientos y los cuestionamientos, lo que parece claro es que esta es una alianza de membretes, en las que las fuerzas reales se están minando y confrontando por el doble discurso, el pragmatismo desbordante y las imposiciones, en las que sus respectivos partidos han basado la construcción de la coalición y la designación de su principal candidato.

ALIANZA, ¿PARA QUÉ?

Sin embargo, esas fracturas no parecen preocuparle demasiado a los que están en la ruta de consolidar la coalición opositora en Oaxaca. En realidad, lo que pareciera es que Acción Nacional trató de adelantarse a todas las demás fuerzas políticas en la unción formal de Cué Monteagudo como su candidato, y que todos parecen estar apostando toda la confianza a la operación política y económica de los programas sociales y las estructuras electorales que, cada uno por su lado, maneja el PAN desde el gobierno federal, y las llamadas fuerzas de izquierda a través de las redes ciudadanas de Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué efecto buscó el PAN al ser el primero en reconocer a Cué como su abanderado? Evidentemente, uno de sus objetivos habría de ser el de “adjudicarse” al ex Senador como su Candidato, y tratar con ello de convertirse no en parte de toda la negociación sobre los espacios en disputa, sino en el factor de decisión sobre el destino que siga la Coalición. En esa lógica, todas las demás fuerzas tendrían que abrazar a un personaje que ya es Candidato del PAN a la gubernatura, y no tendría que ser éste quien se adhiriera a abanderados de otras fuerzas.

Por otro lado, habría también que ver en qué se basa la confianza de Acción Nacional sobre sus posibilidades de triunfo en Oaxaca. En ese sentido, una sola es la certeza que se tiene al respecto: el blanquiazul carece de estructuras y operadores electorales importantes en la entidad, pero cuenta con el cobijo de una amplia red de cobertura social, que ha sabido utilizar en los momentos más trascendentales.

Esto es justamente lo que pretenden combinar al unir esfuerzos con las fuerzas lopezobradoristas. Éstos últimos, carecen por completo de acceso a grandes fuentes de dinero, pero tienen como capital político el haber recorrido el Estado y construido una red relativamente importante de contactos y estructuras electorales, a través de las cuales buscarán incrementar sus potenciales de triunfo.

Ambas fuerzas, además, confían en que Cué Monteagudo es un elemento sólido que por sí mismo puede capitalizar buena parte de los votos y simpatías que necesitan para ganar. El resto, según consideran, lo obtendrán de la combinación de las “fortalezas” panistas y perredistas, y del modo en cómo capitalicen el voto de los no militantes. Una apuesta por demás arriesgada, pero que nadie puede decir que es del todo equivocada.

 

¿ESCANDALIZADOS?

Propios y extraños se sintieron desconcertados —y hasta contrariados— por la renuncia del secretario Gómez Mont a su partido. A nadie debería sorprender un acto de congruencia y una medida de extrema prudencia a través de la cual, el gobierno federal busca mantener el diálogo con las fuerzas políticas. ¿Qué no siempre se exigen políticos congruentes? Ahí está una muestra. Aunque, como todo en política, esa dimisión no puede ser explicada en una sola vertiente. Hay más de fondo. Abundaremos.

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Gabino, candidato de AN: el choque con la realidad

+ PRI: ¿no que oposición no le marcaría los tiempos?

 

La noche del pasado martes se hizo público lo que aquí adelantamos hace casi 24 meses: el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, oficializó su adhesión a la coalición opositora de Oaxaca y declaró a Gabino Cué Monteagudo como su candidato a Gobernador. Parecía que propios y extraños se negaban a esa realidad. Y el choque de los idealismos contra los hechos, tanto en el oficialismo como en la oposición, parece ser de consecuencias anímicas brutales.

Hace casi dos años, el 27 de febrero de 2008, apuntamos en este espacio que dos delegados políticos del CEN panista se habían apersonado en Oaxaca para sostener una reunión de trabajo con la militancia local y los titulares de las delegaciones del gobierno federal en Oaxaca, y que traían un mensaje en particular:

Anunciarles que en Los Pinos se había ya determinado que el candidato sería el entonces senador Cué Monteagudo, con todas las implicaciones que ello traería aparejadas. Los mensajeros, en aquel encuentro, fueron el abogado Julio Esponda y el hoy diputado federal, Roberto Gil Zuarth.

Aquella determinación tenía implicaciones importantes: la decisión de impulsar al entonces senador Cué implicaba no sólo la necesidad de dejar atrás los agravios que se habían generado entre éste y el panismo oaxaqueño a raíz de los comicios locales de 2004, sino que además dejaba ver que la dirección nacional del PAN estaría dispuesto a construir una alianza con el PRD y las demás fuerzas de izquierda.

Y si aquella fue la primera señal de una coalición y del abanderamiento de Cué que ya se vislumbraban, la pauta definitiva la dio el resultado de los comicios federales del año pasado, en los que tanto Acción Nacional como el PRD fueron relegados por un PRI que remontó sus más dolorosas derrotas del pasado, y estuvo a casi nada de ganar la mayoría simple (250+1) de los escaños en la Cámara de Diputados federal.

En una lectura política correcta y sin apasionamientos, todos esos antecedentes apuntaban a que, en efecto, en Oaxaca habría de construirse una alianza de partidos de oposición, que el abanderado sería el ex senador Cué Monteagudo, y que sólo tendrían que consolidarse los tiempos formales para que todo eso ocurriera. Así, la noche del pasado martes se oficializó una previsión que infundadamente había sido negada tanto por sectores reacios de la oposición, como —sobre todo— por el propio oficialismo.

¿Por qué diversos sectores de la oposición se negaban —y lo siguen haciendo— a una alianza que abanderara al Convergente? Porque al menos en el panismo local, muchas de las ofensas generadas por la secuela de los comicios de 2004, no han sido superadas; en sectores conservadores del albiazul (como la corriente que encabeza el ex dirigente nacional, Manuel Espino Barrientos) cuestionan la falta de congruencia ideológica en la alianza de la derecha con la izquierda.

E incluso, algunos panistas —y militantes de otras fuerzas políticas—, porque se resistían a creer que ahora sí existiría un proceso verdaderamente democrático para elegir al abanderado de la Coalición, y que no se repetiría el acto de imposición por el que hace seis años fue ungido Cué como candidato.

Hoy, los hechos han dado la razón a las dudas de personajes como Irma Piñeiro Arias, Carlos Altamirano Toledo y demás, que en un principio se resistían a participar en esta unión opositora, y a los que finalmente utilizaron para legitimar un “proceso interno” que nunca existió. Ahora, los respectivos partidos de los personajes agraviados, tratarán de mantenerlos cohesionados a través de ofrecimientos de candidaturas menores (diputaciones locales o alcaldías), pero no la postulación a la gubernatura del Estado.

 

PRI: CHOQUE

CON LA REALIDAD

Sin embargo, los idealismos no sólo fueron privativos de la oposición. En realidad, diversos sectores del Partido Revolucionario Institucional también anhelaban la no consolidación de la alianza opositora, para tener ellos la libertad de elegir a su candidato y hacerlo ganar a través de una estructura electoral que, ciertamente, ha dado muestras de efectividad, pero que para un proceso comicial como el que se avecina, sin duda será insuficiente.

¿En base a qué, desde el priismo, se decía que la alianza opositora no se conformaría? Había algunas razones. Una de ellas era la cooptación de dirigentes y líderes opositores; otra era la confianza en que las contradicciones ideológicas y políticas de las fuerzas partidistas que pretendían unirse, finalmente les impidieran la consolidación de la alianza. Le apostaron, incluso, a dinamitar la unión opositora a través de pactos (como el que, dicen, ocurrió entre el priismo y el Secretario de Gobernación para aprobar el paquete fiscal del presente año) y amagues (como el de la difusión de videos sobre cuyo contenido aquí se ha reseñado ampliamente) que rompieran lo que ya se había construido.

En realidad, los argumentos del priismo para negar la coalición, fueron más emocionales que respaldados por la razón. Era, en otras palabras, lo que ellos querían y no lo que fundadamente podía ocurrir. En ese camino, los tricolores ya entraron en una ruta riesgosa en la construcción de su candidatura: hoy, ellos tampoco pueden presumir de un verdadero proceso democrático para la elección de su candidato a Gobernador, y son más los ataques y acusaciones de inequidad, que las señales claras de un “cierre de filas” y competencia equitativa que todos argumentan, pero que nadie logra fundamentar.

Ahora, cualquier ruta que tome el priismo tendrá costos: con su decisión, el PAN ya dio el primer paso y, ahora sí, está demostrado que el tricolor define sus tiempos en función de la oposición, y no al revés como inicialmente lo decían. Cué les rompió el esquema del viejo PRI sobre el “tapado”. Y, sobre todo, si a estas alturas rectifican el camino sobre su candidato a Gobernador, habrá muchos agravios. Pero si no lo hacen, quedarán como discípulos de una democracia simulada, de la que ya dieron un ejemplo clarísimo los partidos de oposición.

IFE: MAL SERVICIO

La mañana de ayer, más de 200 personas esperaban realizar trámites en un módulo de atención del IFE, ubicado en Belisario Domínguez y Fray Toribio, en la colonia Reforma; sin el menor recato, los funcionarios de esa oficina les negaron el servicio y, ante las protestas, solicitaron la presencia de docenas de elementos policiacos que disuadieron la inconformidad tratando a los ciudadanos como delincuentes. Qué lamentable.

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Alianza opositora: van partidos… ¿pero y las facciones?

Adrián Ortiz Romero Cuevas

+ Sumas y deslindes: el verdadero “quid” de su efectividad

A menos que algo realmente extraordinario ocurra en los próximos días, es previsible que próximamente las dirigencias estatales y nacionales de los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, PT y Convergencia, confirmen su participación en la coalición opositora para los comicios de Oaxaca. Ante este escenario, habría que plantearse si la sola decisión de las direcciones partidistas es suficiente para arrastrar a toda su militancia y simpatizantes, o si dicha unión sólo representa un efecto mediático que no corresponde del todo a la realidad.

Hasta ahora, este asunto se ha analizado pero sin tomar en cuenta prácticamente ningún matiz. Es decir, que en los análisis rigoristas, la sola conformación de la alianza opositora se convierte en un riesgo para el priismo; o que, en el caso contrario, la imposibilidad de erigir esa unión de partidos, equivaldría a otorgar un pase casi automático al priismo para que continuara gobernando la entidad durante los próximos seis años. En realidad, la exploración de este asunto va más allá de esos dos razonamientos correctos, pero incompletos.

Mucho se ha dicho hasta ahora, sobre el proceso interno del priismo, que uno de sus factores fundamentales para conducirse a la victoria se llama “unidad”. Esto se ha reiterado hasta el cansancio, no sólo porque prácticamente en todos los procesos electorales existen descontentos, sino también porque la mayoría de las ocasiones ello deriva en rupturas y debilitamiento de las estructuras electorales.

En el caso particular del proceso interno del priismo en Oaxaca, se ha exigido equidad y prudencia, porque lo contrario equivale a quebrantar la unidad y poner en riesgo la victoria, que sólo se consigue en las urnas. Es evidente que el solo hecho de que cualquiera de los seis aspirantes priistas rompa la unidad y emigre del partido, significará un obstáculo importante para que el tricolor pueda cumplir con sus objetivos.

No hay mentira sobre ello, aunque tampoco se descubre el hilo negro.

Sólo que si en el priismo una cohesión real entre todos los actores y sectores políticos, es factor indispensable para que quien resulte candidato pueda obtener el triunfo, esa misma condición se da entre los partidos de oposición que hasta ahora están tratando de erigirse en coalición. Sólo que en ese campo, hoy, hay existen muchas más restas que sumas entre los factores de decisión de esas fuerzas opositoras.

¿Por qué? Porque aún cuando las dirigencias nacionales y estatales del PAN y PRD están determinadas a que pase lo que pase, se integre la coalición y peleen con todo por la gubernatura, las alcaldías y el Congreso del Estado, al interior de esas fuerzas políticas ha habido todo tipo de rebeliones que, lo que están dejando en claro, es que buena parte de los militantes y líderes de la oposición irán al proceso electoral enmarcados por la simulación, el desgano y las confrontaciones.

Hasta ahora, muchas han sido las voces que, alrededor de la alianza, y entre los mismos partidos que lo integran, han manifestado las contradicciones políticas e ideológicas que todo esto conlleva, y que han desautorizado cualquier posibilidad de que tanto la coalición como sus candidatos, tengan viabilidad en el momento de gobernar y de plantear sus respectivos proyectos de gobierno.

Al final, la mayoría de las voces que se han escuchado, han sido alineadas y/o doblegadas por la disciplina de sus partidos o jefes políticos. Pero eso, en realidad, no significa que los apoyos están garantizados y mucho menos que los sectores inconformes participarán de la alianza.

JUNTOS, ¿DE VERDAD?

Hasta ahora, por el lado de Acción Nacional, no sólo ha sido Manuel Espino Barrientos quien mostró su desacuerdo a las alianzas electorales con las fuerzas de izquierda. También lo hizo el propio ex presidente Vicente Fox, e incluso el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont.

En la trinchera perredista las voces de inconformidad han sido mucho mayores. Esto porque si desde el principio al dirigente nacional Jesús Ortega Martínez, se le calificó de “orgánico” y “vendido al calderonismo”, esta inusitada disposición a emprender las alianzas con el panismo en varias entidades federativas, no ha hecho más que acendrar las descalificaciones en su contra.

¿Qué ocurre en el caso de Oaxaca? Que más allá del ánimo gubernamental —y la cizaña y compra de líderes opositores que desde el oficialismo se ha venido operando para minar la coalición—, aquí mismo sí existen fuertes sectores del panismo que no terminan de convencerse de lo que están disponiendo tanto su dirigencia estatal, como la nacional, sobre la coalición opositora. Y mucho menos están conformes con el candidato —el senador Gabino Cué Monteagudo— que está prácticamente impuesto para encabezar la alianza.

Evidentemente, para manifestar esa inconformidad tienen razones de sobra. Son razones seguramente no iguales, pero sí legítimas, las que se anidan entre los sectores panistas de otras entidades del país —una parte del llamado “panismo yunquista” que encarnan el ex presidente Fox y el ex dirigente Espino Barrientos— para inconformarse con esas mismas decisiones que se toman desde la dirigencia nacional.

Si este asunto lo observamos desde el lopezobradorismo, es evidente que él y su amplia facción tampoco parecen muy conformes. Sólo que ellos, a diferencia de los panistas, sí parecen estar dispuestos a ir en uniones que tengan como único objetivo la toma del poder. Quizá en Oaxaca, donde el cuasi candidato Cué es un connotado seguidor del lopezobradorismo, esas corrientes del Gobierno Legítimo y las incondicionales del ex Candidato Presidencial del PRD sí colaboren con el trabajo político. Pero ello, seguro, no ocurrirá en otras entidades donde el candidato de la coalición es panista.

El fondo de este asunto, es que esas fracturas ponen en entredicho la posibilidad de ganar. No basta con que se hagan declaraciones de unidad. Y si PAN y PRD no cuidan todos los detalles para subsanar cuanto antes las fracturas, su alianza sólo será de membretes pero sin un potencial claro para dar la batalla electoral en los comicios de julio.

SUMAR Y RESTAR

Humberto Lópezlena declinó a participar en los comicios municipales. En el priismo y en la oposición, esto clarifica el camino para quienes sí están metidos de fondo en el tema. Entre los tricolores, el único que hasta ahora ha mostrado sustento claro para aspirar a la Alcaldía citadina, es Martín Mathus Alonso. En la oposición, no deja de insistirse en Raúl Bolaños Cacho.

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