Campañas: Civilidad se pierde; hostilidad, real y fabricada

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+ El enrarecimiento destruye; nadie ganará a través de pugnas

Hasta hace no mucho tiempo, era común que en las elecciones internas de los partidos políticos, y en los procesos electorales formales, los participantes firmaran acuerdos llamados “pactos de civilidad” en los que se comprometían a no recurrir a estrategias y declaraciones indebidas, ofensivas o que alimentaran la confrontación o el encono frente sus adversarios y las fuerzas políticas participantes. Como bien se debe recordar, dichos acuerdos nunca se cumplían, y seguramente por eso dejaron de proponerse y firmarse. Así, hoy en la entidad, y según los hechos, podemos esperar cualquier cosa, menos civilidad en el proceso electoral.

En Oaxaca, particularmente, este problema tiene diversos frentes. Porque si inicialmente pudiera suponerse que los ataques, la polarización y el enrarecimiento dentro del proceso electoral, tendrían que ser necesariamente obra del gobierno, o del partido gobernante que desea golpear a sus adversarios para no perder el poder, aquí en la entidad parece claro que el ánimo de enturbiar el proceso electoral pudiera venir de cualquiera de los frentes.

Así, en un primer momento, la civilidad parece estarse perdiendo en la batalla frente a frente de los candidatos, y sus equipos de campaña. Aunque hace apenas unas semanas, en todos los frentes hubieron promesas de emprender trabajo proselitista de propuestas, y sin voltear a mirar a los adversarios, hoy los hechos apuntan a que no pasará mucho tiempo antes de que se desborden las pasiones y comiencen las ofensas, los cuestionamientos sobre el pasado, los antecedentes o las relaciones personales de cada uno de los adversarios, y las acusaciones directas entre ellos.

En este sentido, no parece extraño que sea por ese ánimo de confrontación —que los mismos candidatos propician para darle “sabor”, y para “prender” los tiempos electorales— se haya inaugurado desde el mismo día en que arrancaron las labores proselitistas. En uno de los frentes, se atizó al lanzar propuestas de debates e invitaciones a someterse al detector de mentiras, cuando de antemano se entiende que ese tipo de cuestiones son políticamente irrealizables para sus adversarios. En el otro frente, sin embargo, respondieron con poca diplomacia, argumentando que sí debaten pero no con incongruentes.

Paulatinamente, los choques han ido subiendo de tono. En todos los frentes, unos y otros designaron a sus respectivos voceros para realizar las tareas de confrontación directa. Pero lo cierto, en todo eso, es que ninguno de los argumentos hasta ahora vertidos, ha sido verdaderamente útil a la sociedad, para reflexionar de modo distinto el sentido de su voto, para abundar en la información disponible sobre las campañas, o para reforzar las razones por las que los abanderados o sus fuerzas políticas, hacen ese tipo de proselitismo electoral.

¿De qué sirve al ciudadano, más allá de las fobias entre grupos políticos, que el candidato a gobernador de la Coalición Unidos por la Paz y el Progreso de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo, aclare hoy su relación con el ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano? ¿O, en esa misma lógica, de qué sirve que hoy se abone por “terminar por el continuismo”, cuando las fuerzas de oposición han sido tolerantes, durante años, de todos los rezagos, corrupción y prácticas antidemocráticas que ahora denuncian?

HOSTILIDAD FABRICADA

Sin embargo, más allá de los choques comunes entre candidatos y fuerzas políticas, hay aspectos que deberían ser preocupantes. En las últimas semanas ha ocurrido una escalada feroz de hechos, que ha intentado enturbiar el ambiente político y atemorizar a todos los que participan. Si esta es una estrategia emprendida desde el oficialismo para horrorizar a sus adversarios, es una pésima estrategia. Y si es un intento de autoflagelación por parte de las fuerzas de oposición, el asunto es todavía peor.

¿De qué hablamos? De que casi a diario desde que inició el proceso electoral, se han denunciado docenas de agresiones en contra de grupos de personas que de algún modo se encuentran ligadas a las fuerzas de oposición, amenazas o acciones concretas. Si, la violencia o los intentos de intimidación son condenables por sí mismos, éstos se vuelven mucho peores cuando lastiman a cambio de conseguir objetivos y consecuencias de muy poca claridad.

En este sentido, debía ponerse mucha más atención a lo que está ocurriendo del lado de las fuerzas opositoras. En nada se beneficia al electorado de Oaxaca —no al Revolucionario Institucional o cualquiera de las fuerzas de oposición— cuando se emprenden o se maquinan acciones de atemorización, o cuando se infunde miedo para tratar de influir en la contienda o en el resultado de un proceso electoral.

Veamos el caso de Copala. Independientemente de lo ocurrido, desde el oficialismo se acusó que la caravana se había organizado como un intento de provocación por parte de las fuerzas de oposición, para lograr el resultado habido y utilizarlo como una bandera de orden político. Frente a ellos, en la oposición, se acusó responsabilidad total del gobierno estatal y se dijo que esa era una muestra del terror sembrado por el PRI.

En este sentido, uno podría preguntarse si en medio de esa feroz disputa entre fuerzas políticas, y entre intereses políticos que habrán de dirimirse en las urnas, alguien reparó en que los muertos y los heridos son personas, y en que esa emboscada rebasa por muro el ámbito de lo estrictamente electoral. Hoy, para el prisma electoral, ese hecho tuvo claras implicaciones electorales de las que, finalmente, nadie puede hoy determinar quién salió ganancioso y quién no. Evidentemente, la respuesta es nadie.

Nadie podrá ganar, a través de la violencia o la intimidación, lo que no pueda hacer a través del trabajo electoral de convencimiento y movilización de los electores. Es, por lo menos, riesgoso, bajo, y poco inteligente, que cualquiera de las fuerzas políticas pueda suponer que, ante la imposibilidad de alcanzar a sus adversarios, a través del enrarecimiento del proceso electoral, pueda ganar algo.

CIUDAD JUDICIAL

Esta tarde ocurrirá la inauguración de Ciudad Judicial. Es un segundo complejo administrativo, construido bajo los mismos esquemas técnicos y de financiamiento que Ciudad Administrativa. Tendríamos que preguntarnos no cuánto costó al erario, sino cuánto y cómo se pagará en los 15 ó 20 años siguientes.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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