Propuestas de campaña: “lo que electores quieren escuchar”

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+ Populismo: concepto tergiversado pero aprovechado por todos

Hoy, parecen sinónimos los conceptos de populismo y demagogia. En uno y otro, creemos poder englobar todo lo que los líderes políticos, candidatos, gobernantes o legisladores, hacen o prometen para mantener en paz al pueblo, aunque esas acciones sean engañosas, insuficientes o sólo eficaces en el corto plazo. Aunque es común saber y entender que esas son prácticas nocivas para cualquier democracia, nadie parece tener voluntad para desterrarlas de nuestro sistema político y de gobierno, y de cada uno de los procesos electorales —municipales, estatales o federales— que ocurren en nuestro país.

Aunque parezca un asunto meramente teórico, tendríamos que comenzar por comprender qué entrañan los principales conceptos que se engarzan con la democracia y con el ejercicio del poder, y particularmente con su antítesis, que se enmarca en la demagogia. Así, comúnmente entendemos que la democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales, y en la que todos deciden someterse a ciertas reglas bajo las cuales lograrán tener un gobierno estable y legitimado, que decisiones en beneficio de la mayoría.

¿Y qué es la demagogia? Sin entrar en conceptos académicos, se entiende que la demagogia es la práctica opuesta a la democracia. Es decir, que es aquella en la que se apela no a las necesidades reales de los gobernados y ciudadanos, sino simplemente a las emociones o a los elementos discursivos en los que, aún cuando los argumentos sean imposibles de llevar a la realidad, se establece exactamente lo que el pueblo desea escuchar.

Así, ejemplos de demagogia abundan en nuestro país y, por qué no reconocerlo, también en Oaxaca. El problema es que, a sabiendas de que la demagogia existe y se hace presente prácticamente en todos los procesos políticos y electorales, nadie ha podido —ni ha querido— poner fin a su práctica indiscriminada. Hoy, aunque parezca increíble, los oaxaqueños somos nuevamente testigos de ello.

¿No es demagogia cuando, por ejemplo, se asegura desde una de las fuerzas políticas que contienden por la gubernatura, que el hartazgo es un motor de cambio, y que este cambio habrá de ser sinónimo de bienestar? ¿No es demagógico llevar deliberadamente al elector a la confusión, cuando se le asegura que con la sola alternancia de partidos en el gobierno se logrará la transición democrática?

En la contraparte: ¿No es sinónimo de una demagogia perfectamente definida, el asegurar que con la sola construcción de caminos y ciertas obras civiles de relumbrón, cambiará la situación de pobreza y marginación en la que viven cientos de miles de oaxaqueños? ¿No es parte esencial de esa apelación a las emociones, el pretender construir una candidatura y una opción válida de gobierno a través de la sola acción de la publicidad y el impacto mediático?

Más bien, todo eso resulta ser parte de una perversa misión, en la que unos pretenden engañarse solos, pero también en la que ciertos sectores del electorado permiten que se les mienta deliberadamente, y otros —la mayoría— terminan yéndose con la finta de ciertas ideas y discursos que terminan siendo engañosos.

¿TAMBIÉN EL POPULISMO?

Aunque parezca mentira, esencialmente el populismo no es lo que hoy creemos. Formalmente, este es un término que engloba una corriente de pensamiento político, en la cual se pretende que el poder público sea ejercido con más apego a las causas del pueblo y, evidentemente, con menos apego a las corrientes elitistas (ya fueren económicas o políticas) que predominan en las sociedades, en los grupos de adinerados o en los grupos de poder.

Así, un ejemplo perfecto de lo que es fundamentalmente el populismo en su sentido social auténtico —sin las cargas negativas que hoy caracterizan al término—, podemos encontrarlo en las normas de protección a los trabajadores, o en el agrarismo en su sentido original, que contenía la Constitución federal mexicana de 1917. El populismo, en el trance de la historia contemporánea, vino además a colocarse como una de las corrientes alternativas al choque habido entre socialismo y capitalismo, a lo largo de buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Sin embargo, hoy el populismo es no sólo un sinónimo de la demagogia que hemos definido líneas arriba, sino también un riesgo para el gobierno y para nuestra sociedad. ¿Por qué? Porque el sentido actual del populismo, es el que apunta a que un gobernante, o un aspirante a serlo, para ganar legitimidad o simpatías electorales, comience a tomar medidas o a plantear promesas que son bien recibidas por la población, pero que sólo generan beneficios en el corto plazo, o que incluso son contrarias a los requerimientos básicos de cualquier democracia.

Parece evidente que aún cuando pudiéramos sentirnos ajenos a esto, los oaxaqueños estamos más próximos de lo que parece, de caer en las engañosas manos de la demagogia y del populismo en su aspecto negativo. Hoy, los tiempos electorales no deben llevarnos a suponer que, en efecto, el estado de cosas puede cambiar con el solo resultado de una elección; tampoco deben confundirnos con el hecho de que un candidato, o una fuerza política, puede tener todas las soluciones a unos problemas sociales o políticos que son ancestrales. Sólo quien sea de verdad ingenuo, o quien gusta de engañarse solo, puede creer que un solo individuo puede tener todas las respuestas.

Cualquier cambio democrático en Oaxaca habrá de depender no de la victoria de una sola persona, sino de la voluntad política que tengan las fuerzas que lo rodean, para comenzar a modificar el estado de cosas. ¿Cómo logrará la transición quien hoy la promete, si no obtiene una mayoría legislativa en la próxima legislatura local? ¿Cómo habrá transformación si no se logra el llamado “carro completo”? Cualquier prueba de democratización ocurrirá sólo cuando alguien tenga ya el poder en sus manos, y se anime —este sí— a transformarlo. Lo que dicen hasta ahora, son sólo pruebas de demagogia, populismo, y falacias.

INEPTITUD

Ayer, por enésima ocasión la UABJO fue cerrada por uno más de sus sindicatos. ¿Sus demandas? Asignación de terrenos para viviendas, vehículos, un bono y ser integrados al programa de calidad y eficiencia. Es decir, nada que no se resolviera a través del diálogo. Pero a Rafael Torres Valdez, de nuevo le estalló la huelga.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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