Otra huelga en UABJO


Carlos R. Aguilar Jiménez.

La UABJO que a mediado del siglo pasado todavía ostentaba la categoría de Máxima Casa de Estudios y que hoy es una institución que ha caído en extrema corrupción derivada de su autonomía en asuntos de dinero, porque no rinde cuentas a nadie, desde hace décadas perdió el prestigio como institución académica al convertirse en refugio de porros, fósiles, sindicatos y líderes que manipulan a sus agremiados para arruinar a la universidad en su beneficio, porque en este siglo ningún estudiante o padre de familia con posibilidades económicas, se anima a estudiar o inscribir a sus hijos en escuelas que cada mes realizan paros de labores, declaran huelgas, bloquean calles y se dedican a perjudicar a gente que no tiene que ver con sus mezquinos intereses políticos y sociales emanados de su resentimiento y frustración.

A mediados del siglo pasado únicamente existían en Oaxaca como instituciones de nivel superior la UABJO y el TEC y, cualquier estudiante que no  podía ir a otra ciudad a estudiar, no tenía opción más que estudiar en la UABJO, desde preparatoria hasta la licenciatura, pero egresando dignamente como profesional sin mancha de revoltoso, grillo o porro capaz de cometer cualquier agresión impunemente como sucede hoy, no obstante y afortunadamente hoy existen escuelas privadas de excelencia como la Universidad Anáhuac, La Salle, URSE, Vasconcelos  y otras de menor prestigio pero eficientes y responsables, donde sus estudiantes se dedican a estudiar, aprender y formarse profesionalmente sin perder un solo día de clases, inmersos en entornos académicos, culturales, científicos o artísticos, sintiéndose satisfechos y felices de su ambiente, profesores, instalaciones y excelencia académica, ajenos a ese resentimiento social que caracteriza a estudiantes de la UABJO, con excepción de la Facultad de Medicina y otras escuelas que para titular alumnos requieren aceptación en residencias para después obtener plazas, como sucede con los médicos quienes en consecuencia no pueden dedicarse a la política sino a estudiar porque de otra forma jamás superarán el examen para especialidad, mientras que, por ejemplo, en Derecho, “el único requisito es inscribirse y no morirse para recibirse”, porque es un hecho que ningún industrial, empresario o franquiciatario contrata a estudiantes de la UABJO, sabiendo como son y podrían declarar huelga, resistencia o paro para conseguir lo que quieran sin trabajar. La excepción son las escuelas del SUNEO, Tecnológica de Valles Centrales y las relacionadas con este sistema educativo en el que muy bien cualquiera de estas dignas escuelas podría tener el título de Máxima Casa de Estudios, titulo que propongo lo tenga la Universidad de la Mixteca o las Tecnológicas, no la UABJO por su extrema corrupción, aunque bien podría ser la: “Máxima Casa de Huelgas y Corrupción”, cambiando también “Ciencia, Arte y Libertad”, por el que les queda mejor: “Huelgas, Bloqueos y Sindicatos”.    

Incompetentes en UABJO

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Incompetentes, mediocres u ordinarios jovenzuelos pretenden ingresar como alumnos de la UABJO y según ellos, de acuerdo con la Constitución Política, ser admitidos como estudiantes de sus preparatorias, escuelas y facultades, sin haber alcanzado la calificación mínima de los exámenes de admisión para poder después, en caso de aprobarlos satisfactoriamente, inscribirse; lo que no obsta para algunos que incluso  ni ficha habían obtenido, pero no importa, para ellos y sus líderes, la UABJO debe admitirlos sin requisito alguno, no obstante muchos de estos dizque estudiantes tengan algún tipo de retraso mental, cierta patología, atención dispersa o problemas psicológicos que no los hacen aptos para estudiar, sino para otras cosas, quizás puedan ser excelentes cargadores de tanques de gas, abusivos taxistas, empresarios, comerciantes, plomeros, albañiles o maestros en los muchos de los nobles y dignos oficios que existen y a los que pudieran dedicarse como aprendices y después como expertos, ganando lo suficiente para vivir bien

No todos tenemos el mismo coeficiente intelectual ni el mismo tipo de inteligencia; existen quienes son buenos para las matemáticas, el arte, los deportes, los oficios o la ciencia, porque en la gran diversidad de la especie humana, dependiente siempre de la supervivencia diferencial de los más aptos, unos, quizá los menos, tienen aptitud y talento suficiente para la abstracción de conceptos, la racionalización de ideas, integración de significados diversos, intuición, deducción y lógica, de tal forma que desde los primeros años en la escuela primaria se destacan por su inteligencia, algunos en exceso y son conocidos como “nerds” o “ñoños”, otros son buenos para los deportes y así cada quien según su genética, estimulación temprana, motivaciones e intereses personales, circunstancias y contexto que no aplica para los miles de estudiantes que no logran acreditar y superar la secundaria, el bachillerato y menos una licenciatura, como los mediocres estudiantes que mejor debieran dedicarse a la política o cualquier otra actividad y no pretender ingresar a la UABJO por presión política, excepto que quieran ser alumnos en la escuela de Derecho, donde se sabe que el requisito único es inscribirse y no morirse para recibirse, o quizá ser alumnos de otras licenciaturas donde se dediquen a la grilla, se conviertan en porros, fósiles o líderes y así, sin saber lo indispensable para titularse, puedan medrar y usufructuar todo lo posible el dinero de la UABJO, como sucede con los miles de alumnos que jamás terminan una carrera profesional, tal y como pretenden los rechazados o reprobados, quienes carecen del intelecto suficiente para ser profesionales, aunque les sobre para escandalizar, gimotear y exigir el derecho a ser alumnos de la UABJO, condición que no aplican en el ITO o la Universidad de la Mixteca, donde saben muy bien que su pobre inteligencia no les hace capaces de entender ni el binomio de Newton y menos toda la matemática que se requiere para titularse como ingenieros.   

Urgen más espacios

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Urgen más espacio en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), más de 10 mil aspirantes quedan fuera, por la falta de recursos para ampliar la matrícula, por lo que integrantes del Frente de Estudiantes, Catedráticos y Administrativos de la UABJO, demandaron que se apliquen mecanismos para la apertura de espacios en esta institución educativa ante los miles de aspirantes que han sido rechazados de las diversas carreras de la institución.

Siendo jóvenes relativamente inteligentes y con perspectiva de futuro, todos quisiéramos ser estudiantes, después profesionistas, quizá con maestría o doctorados, pero no siempre se puede, primero porque no todos nacemos con el IQ o aptitudes adecuadas para el estudio y la búsqueda de conocimiento académico superior; hay quienes nacen y son muy buenos paras los negocios, el arte, deportes y ciertos oficios que no requieren de muchos estudios y le va muy bien en la vida. Otros si tienen el IQ y las aptitudes adecuadas para estudiar, pero no alcanzan el nivel mínimo para superar un examen de admisión; algunos más sí podrían pasar exámenes de admisión pero no hay cupo, carecen de espacio las escuelas y, si se trata de la UABJO, vale más tener un conocido con influencias que puede inscribir a aspirantes sin examen o tener dinero para comprar un lugar con los porros y líderes sindicales, porque más allá de la extrema corrupción que se vive en la UABJO desde que se hizo autónoma, lo cierto es que, ni la UABJO, UNAM, POLI y demás escuelas públicas de nivel superior podrán nunca dar cabida a los miles de jóvenes de este país donde la gente se reproduce como conejos, cumpliendo la sentencia que dice: “Los ricos cada vez más ricos y, los pobres tienen hijos”, porque la realidad es que quienes tienen recursos no tienen problema para inscribirse en la ANÁHUAC, URSE, LA SALLE y las otras escuelas de educación media y superior que existen en Oaxaca, Puebla, Queretaro o CdMx, así que por más que se amplíe la matrícula en la UABJO, lo que en verdad se requiere es que disminuya la población, que los padres piensen antes de la concupiscencia y eviten tener hijos que después no van a poder mantener con calidad de vida y los van a ver mendigando toda su vida protección del estado, educación gratuita, leche que no es leche de a peso y todo lo que implica nacer sin haber sido planificado ni deseado. La UABJO, como dice AMLO igual que las demás escuelas públicas podrían ampliar su matrícula para que ningún estudiante mexicano se quede sin continuar sus estudios, pero ¿y el IQ qué?, porque en las escuelas su filosofía educativa es de exámenes, de selección de alumnos, de estudios y, únicamente triunfan quienes se disciplinan, cumplen y tienen el intelecto suficiente para titularse, porque no es cuestión nada más de ponerle más asiento a la tlayuda, sino de trascender conceptos, entender principios, descifrar fórmulas, despejar ecuaciones y crear nuevo conocimiento en todas las disciplinas del conocimiento académico  e intelectual, aunque todos tengan el mismo derecho, no todos son lo suficientemente aptos.

Fracasó Martínez Helmes con el espejismo, en Morena, de que la UABJO era su “capital electoral”

Eduardo Martínez Helmes estaba apurado por dejar la rectoría de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, porque decía que se estaba preparando para brincar de la política universitaria, a la política estatal a través de un partido. Siendo aún rector, insinuaba la posibilidad de buscar un cargo legislativo local o federal, pero cuando finalmente se dejó ver en la búsqueda de espacios políticos dentro de un partido, anunció que lo que buscaría sería una candidatura al Senado a través de Morena. De todo ese espejismo, que intentó vender con cierta capacidad, hoy no queda nada.

En efecto, la familia Martínez Helmes, encabezada por el viejo cacique Abraham Martínez Alavés, hizo de la Universidad un modelo eficaz de control político que creyeron inagotable, hasta que la misma inercia que ellos le provocaron terminó fracturando sus estructuras. ¿De qué hablamos? De que desde hace casi dos décadas, los Martínez —el viejo Abraham, y sus hijos Eduardo y Abraham Martínez Helmes— generaron un contrapeso político al interior de la Universidad frente a los sindicatos y grupos tradicionales, a través de una posición de defensa y rescate de la vida académica universitaria, que en otro momento aglutinó a varias de las corrientes universitarias más importantes para ganar la rectoría por varias ocasiones consecutivas.

El punto clímax, aunque también de quiebre de ese grupo político, ocurrió con la decisión de ascender a la rectoría a Eduardo Martínez Helmes. Esa parecía no sólo la culminación de todo un proyecto político familiar, sino también una demostración de fuerza y poder al interior de la Universidad, sobre cómo un solo grupo era capaz de controlar la política universitaria y convertir en rector a alguien que nunca antes había competido para un cargo de elección directa en la UABJO, y que tampoco había ocupado ninguna responsabilidad importante como para tener ascendencia natural entre la comunidad universitaria.

Ese fue el punto clímax por la demostración de poder, pero también fue el punto de quiebre porque con esa decisión los mismos Martínez rompieron los puntos de equilibrio que les habían permitido incluso remontar la oposición de los Rectores a los que ellos mismos habían impulsado. En todos los demás casos, los Martínez tomaban el control de ciertas áreas universitarias que les permitiera la manutención de sus clientelas electorales —algunas posiciones en Finanzas, en Redes y Telecomunicaciones, en las direcciones de algunas escuelas y Facultades, y en la Secretaría Particular de la Rectoría—, y después tomaban distancia del Rector en turno, para asumir una posición aparentemente independiente, y hasta crítica.

Así, por ejemplo, lograron hacer rector a Rafael Torres Valdez, a pesar de que Francisco Martínez Neri no lo aprobaba y no era su candidato a sucederlo. Lo mismo hicieron con Torres respecto a Martínez Helmes. En cada uno de esos movimientos, los Martínez criticaban al Rector en turno acusándolo de romper los acuerdos relacionados con la defensa de la vida académica, y con esa bandera, iban a la oposición para volver a ondear sus postulados.
¿Por qué las cosas se rompieron en el rectorado de Martínez Helmes? Porque entonces, al ser familia, y ejercer como dueños de la Universidad, ya no hubo forma de mantener ese juego de los buenos y los malos, que tan bien les había funcionado en el pasado para mantener la apariencia y el control universitario.

Esa posición, finalmente debieron cambiarla por una franca y abierta: la alianza que trabaron con el porrismo durante la gestión de Martínez Helmes, para mantener el poder. Por eso, inicialmente su proyecto sucesorio estaba en Reynel Vásquez Zárate, a quien bajaron de último minuto para tratar de controlar su apariencia, a través de un académico como Eduardo Bautista Martínez. Lograron ganar, pero ya no con el poder de antes, y casi de inmediato se les descompuso el panorama en sus bastiones universitarios como las facultades de Derecho y Contaduría.

Así, lo que fue un poder boyante de los Martínez en otros tiempos, en realidad ha demostrado estar más menguado de lo que ellos mismos reconocen.

ADIÓS EN MORENA

Los Martínez intentaron en Morena vender la idea de que la Universidad era su bastión político y un semillero de votos. Al interior de la Máxima Casa de Estudios lograron ganar elecciones sucesivas gracias a la forma en la que controlaban a sus clientelas. No obstante, ese liderazgo que presumieron en realidad era sólo una apariencia con la que intentaron brincar de su feudo a la política real.

Eduardo Martínez Helmes apareció, por ejemplo, dentro de los personajes que recibieron el año pasado, el 21 de marzo, a Andrés Manuel López Obrador en un multitudinario mitin en Oaxaca. Aquel mensaje político consistía en que esas personas serían los prospectos para algunas de las candidaturas más importantes en Morena. Martínez quería ser senador, o cuando menos candidato a diputado federal por cualquiera de los dos principios electorales.

¿Por qué no pudo conseguirlo? Primero, porque pronto quedaron en evidencia sus ligas y relaciones con el grupo de Gabino Cué Monteagudo; segundo, porque en Morena nadie le compró la idea de que en realidad tenía un semillero de votos, y un liderazgo real en la entidad, o cuando menos en la capital oaxaqueña, como para poder competir por una curul local o federal. Y finalmente, han ido apareciendo los indicios que los relacionan de fondo con los problemas financieros que actualmente vive la Universidad.

Por eso, paulatinamente Martínez Helmes fue moderando sus pretensiones yendo del Senado a una diputación federal; y de ahí quedar relegado en las posiciones locales porque, además, en Oaxaca ya no existe el fuero o inmunidad constitucional, que era una de las razones por las que aspiraba a un cargo legislativo federal y no estatal. Finalmente, al aparecer las listas de candidatos por ambos los principios en la entidad, Martínez Helmes quedó totalmente excluido incluso de las candidaturas que son de relleno, como son las de representación proporcional en posiciones que sería imposible que resultaran electos.

INCERTIDUMBRE

Hasta hace poco tiempo los Martínez pensaban que con la apariencia les sería suficiente. No fue así y ahora tendrán que esperar, desde sus conocidas posiciones de fuerza dentro de la Universidad, a ver si alguien les permite negociar su incierto futuro como grupo político en la Máxima Casa de Estudios.

En Oaxaca, los gremios y las organizaciones ven una realidad de egoísmo frente a los ciudadanos

Al parecer, en Oaxaca estamos arañando los límites del egoísmo y el desdén por la realidad que ven y padecen miles de personas. Esos linderos son diariamente confrontados y traspasados por organizaciones sociales y sindicatos que, sin miramientos y sin piedad ante la realidad, exigen y presionan como si sus necesidades fueran las únicas válidas en una realidad donde cada vez más son despojados para que ellos reciban algo. Es una práctica perniciosa pero común, frente a la cual los ciudadanos no sólo debemos ser sensibles sino proactivos.

En efecto, desde el inicio del año hemos visto un cúmulo de acciones que tienen un común denominador: organizaciones y sindicatos exigiendo vorazmente, a pesar de las señales de agotamiento —en todos los sentidos— de las instituciones a las que les exigen. Un ejemplo pueden ser los sindicatos de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca; otro, la Sección 22 del SNTE; uno más, los grupos, organizaciones y sindicatos que existen al interior de los servicios de salud en la entidad; y detrás de ellos, una cauda de grupos que a lo largo del año exigirán cuotas políticas, prebendas, recursos económicos y canonjías, a instituciones colapsadas por los excesos continuados.

¿De qué hablamos? De que, en el caso de algunos sindicatos, éstos actúan con un egoísmo infame frente a patrones que institucionalmente se encuentran en el límite de lo que pueden hacer. Un ejemplo perfecto es la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, que vive momentos que no sólo son parte de sus ciclos anuales de exigencias y negociaciones salariales con sus sindicatos, sino que hoy se enmarcan en el colapso financiero de la Universidad, que se encuentra incluso en vías de declararse en insolvencia ante la incapacidad de mantener el régimen de privilegios que ha pervivido durante décadas, y por el que existe un riesgo fundado de quiebra.

Eso lo sabemos perfectamente, igual que como se conoce a los responsables históricos y actuales de esta enorme crisis financiera de la Máxima Casa de Estudios. En esa lógica, de lo que poco se habla es de la necesidad no sólo del rescate financiero y del replanteamiento de la relación entre la Universidad y sus trabajadores, sino también el castigo a los responsables inmediatos —y mediatos— de esa crisis. Si de por sí se habla poco de la necesidad de ese acto de justicia, resulta que lo menos importante en todo esto sigue siendo el enorme boquete académico que la crisis y la irresponsabilidad institucional que las sucesivas administraciones universitarias, le han heredado a Oaxaca.

En el fondo, los conflictos políticos, los excesos administrativos, el saqueo al que ha sido sometida la Universidad, y la voracidad permanente que ejercen sus sindicatos, organizaciones, grupos políticos y porriles, ha impactado en que la vida y el aprovechamiento de los universitarios oaxaqueños sea de los más rezagados del país, y que la UABJO sea una opción excluyente y aislada sólo para aquellos que no se encuentran en posibilidad de costear estudios universitarios en un centro educativo cuando menos ordenado, y ajeno a las prácticas indebidas e inestabilidad propias de nuestra lastimada Máxima Casa de Estudios.

Al final, pareciera que en la vorágine perniciosa de exigencias y chantajes de los sindicatos a la administración, nadie ve que la herencia que esto le deja a Oaxaca estará marcada en los universitarios, que gracias a eso tienen un presente académico lleno de carencias y posibilidades negadas, y que muchos de ellos —la gran mayoría— tendrán un futuro sombrío, a partir de que los recursos que debían ser destinados a una mejor educación superior, son invertidos en chantajes y exigencias de quienes, además, ya no están dispuestos a aportarle nada distinto o mejor a la formación de los universitarios.

MÁS EGOÍSMO

Algo similar ha ocurrido con la Sección 22 del SNTE, que marcó una ruta oprobiosa que han seguido muchos de los sindicatos en Oaxaca. El magisterio inauguró y marcó una ruta en la que el gobierno atendía todo tipo de peticiones y exigencias, cuando éstas se volvían amenazas; y en la que el gobierno accedía a privilegios incosteables siempre que éstos le reportaran una ganancia extraordinaria —política, económica, o ambas— al régimen en turno.

Por esa razón, hoy vemos que muchos sindicatos actúan como pequeños émulos del magisterio, y que cuando se revelan sus condiciones de trabajo, salarios y privilegios, se pone también en evidencia que durante mucho tiempo los propios servidores públicos fueron cómplices de quienes ahora aparecen como verdugos de las instituciones por sus exigencias insaciables y reiteradas.

¿A poco, por ejemplo, la enorme crisis que viven hoy los Servicios de Salud de Oaxaca fue sólo propiciada por un puñado de funcionarios corruptos, o solamente estimulada por dirigentes sindicales voraces e irresponsables? Lo que queda claro es que lo que ocurre hoy es resultado de la connivencia entre ambos sectores, y de la irresponsabilidad con la que fueron históricamente manejadas esas instituciones, mientras los fines para los que éstas fueron creadas mermaron hasta límites inadmisibles.

¿Con qué cara exigir privilegios, por ejemplo, cuando esos mismos privilegios dejaron a miles de oaxaqueños sin la atención médica que merecían; a niños enfermos de cáncer sin los tratamientos adecuados a los que sí tenían derecho; y a las clínicas y hospitales sin los insumos médicos más básicos para atender a la gente? El problema en realidad no es que a pesar de todo eso los sindicatos puedan exigir, sino que lo hacen de manera indiscriminada igual que como los sindicatos universitarios amagan con radicalidad a pesar de ser trabajadores privilegiados, frente a estudiantes vilmente precarizados.

RECHAZO CIUDADANO

Por eso mismo es que los oaxaqueños debemos ser empáticos para rechazar el egoísmo de quienes exigen vorazmente, sin considerar que por cada privilegio obtenido se le niega un derecho fundamental —educación, salud, bienestar, etcétera— a alguien que sí lo merece. La actitud de egoísmo e insensibilidad de quienes no parecen ver y considerar otra realidad más que la de sus conveniencias, le hace tanto daño a Oaxaca como quienes han tolerado la corrupción. Eso va más allá de las campañas y de los discursos fáciles que escucharemos durante estos días.

UABJO: sin respaldo institucional a fondo, va enfilada al incendio

Agradezco al Diario Marca, y a su Director General, José Manuel Ángel Villarreal, por la oportunidad de ser parte, a partir de hoy, de esa importante publicación.


Nuevos episodios de violencia se avecinan en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. La feroz disputa por el control de la Facultad de Derecho, es un reflejo claro del descontrol que priva en la política universitaria como consecuencia de la lucha sin honor entre poderes fácticos, pero también por la indolencia gubernamental frente a un problema que sigue enfilado a una crisis mayúscula. Los episodios de violencia vividos al final de la semana pasada en el Edificio Central Universitario, deben ser un llamado urgente para no seguir postergando la solución de fondo a ese problema.

En efecto, durante las festividades de Muertos ocurrió una nueva escaramuza entre los grupos que se disputan la dirección de la Facultad de Derecho en la UABJO. Los partidarios del director Miguel Ángel Vásquez Ramírez, conocido en el mundo porril como El Águila, ingresaron de forma violenta al Edificio Central Universitario para tratar de consumar un madruguete al grupo que encabeza Miguel Ángel Ramírez Hernández. Ambos se disputaron el año pasado la dirección de esa Facultad, en medio de un escandaloso —por fraudulento— proceso electoral, que fue confeccionado al modo y conveniencia de Vásquez Ramírez, que era el candidato del viejo cacique universitario, Abraham Martínez Alavés.

Como era la primera ocasión en más de dos décadas en que la llamada ‘familia real’ de los Martínez Alavés estaría en riesgo de perder la Dirección de dicha Facultad —y el control de la plantilla de alumnos más numerosa de toda la Universidad—, el mismo día de la elección, la Comisión Electoral de esa Facultad —controlada también por los Martínez, gracias a sus maniobras en el Consejo Universitario— decidió descalificar a Miguel Ángel Ramírez Hernández, que representaba la más importante oposición a la familia real de los Martínez Alavés. Sólo así pudieron llevar a la Dirección de la Facultad de Derecho al ex porro conocido como El Águila. Pero el grupo contrario se hizo desde entonces del control del Edificio Central Universitario, desde donde organizaron la resistencia no a la Universidad, sino a los Martínez.

En ese contexto ocurrió un enfrentamiento, que derivó en el incendio de la puerta lateral del Edificio Central el 17 de noviembre del año pasado. Esa fue la primera ocasión en la que El Águila —respaldado por la ‘familia real’ de los Martínez— intentó recuperar las instalaciones del Edificio Central, y desmantelar al grupo que se mantenía en resistencia. No lo lograron. Pero en el enfrentamiento, y para evitar fallidamente que la resistencia reingresara a ese emblemático edificio, provocaron la quema del acceso lateral a dicho inmueble.

Desde entonces, el grupo del ex candidato Miguel Ángel Ramírez Hernández se ha mantenido en control del Edificio Central, y desde ahí han impulsado varias iniciativas como la del reconocimiento de una segunda Facultad de Derecho al interior de la Máxima Casa de Estudios. No han recibido el eco institucional que en otro momento habrían esperado y, de hecho, han sido los Martínez Alavés quienes han bloqueado tal posibilidad, a pesar de que ellos mismos han provocado que varias escuelas y facultades universitarias terminen literalmente partidas, en aras de salvaguardar sus intereses.

COLETAZOS DE LOS MARTÍNEZ

El poder de la llamada ‘familia real’ está tan menguado, que este descontrol es evidencia, y estos parecen ser sus últimos coletazos. En otros tiempos, habría sido imposible que bajo un poder tan vertical como el ejercido durante varios lustros por los ex rectores Martínez Alavés y Eduardo Martínez Helmes, hubiera ocurrido un conflicto de tales dimensiones. En los tiempos de bonanza política de los Martínez, habrían sofocado la insurrección de una forma definitiva y rápida. Por eso, de entrada la prolongación de este conflicto es un reflejo claro de la pérdida de control de los Martínez, así como del crecimiento casi espontáneo de otros grupos que intentan llenar los vacíos que están dejando en su caída.

El problema es que, particularmente, este conflicto en la Facultad de Derecho, puede derivar recurrentemente en episodios de violencia. Así ocurrió en el último proceso electivo de su director, y esa ha sido la constante en los enfrentamientos entre ambos bandos. En esto, la Rectoría de la Universidad no ha recibido el apoyo institucional que debiera ser necesario desde el Gobierno del Estado, para poder abordar el problema para darle una solución de fondo a favor de la academia y la civilidad, como lo ha planteado el rector Eduardo Bautista Martínez.

Lejos de eso, desde varias trincheras políticas han intentado tomar este conflicto como uno más de sus botines, para tratar de reforzar los viejos cacicazgos que tanto daño le hacen a la Universidad. Por eso, a pesar de que los Martínez ya no pueden controlar su principal feudo al interior de la UABJO, nadie se ha atrevido a establecer coordenadas más de fondo en el establecimiento de una nueva institucionalidad, así como nuevos equilibrios dentro de la Máxima Casa de Estudios.

El problema que queda en medio, es la amenaza velada —desde ambos grupos que se disputan el control del Edificio Central Universitario— de ejercer violencia para tratar de dirimir este conflicto que desde hace mucho tiempo ya debió haberse resuelto, a partir de coordenadas muy básicas.

Sin embargo, el Estado no ha querido asumir su responsabilidad para establecer las condiciones para una nueva elección en la Dirección de la Facultad, a cambio del repliegue total del grupo que aún presenta resistencia. Todo eso debía ocurrir a partir del fomento de un clima de equidad bajo el cual pudiera elegirse un nuevo director mayormente respaldado por la comunidad universitaria, y menos subordinado a grupos políticos como el de la familia real de los Martínez, que agoniza pero se resiste a perder el que considera su mayor feudo político en la Facultad de Derecho.

La no atención a este conflicto, finalmente derivará en la explosión de otras disputas que están esperando su momento. En la Facultad de Contaduría hay una crisis que también dará de qué hablar dentro de no mucho tiempo, y que tiene el mismo origen en la insistencia de los Martínez por mantener los controles inopinados que su liderazgo ya no les permite. Por eso es urgente que existan manifestaciones concretas y consistentes de respaldo institucional, al más alto nivel, para resolver estos conflictos y cumplir con el compromiso de regresar a la UABJO a la ruta académica que nunca debió perder.

OPOSITORES CUESTIONADOS

Es una lástima que de la resistencia en la Facultad de Derecho haya perdido el control Miguel Ángel Ramírez Hernández y lo haya tomado Jesús Villavicencio. Éste último es, a lo mucho, una mala copia de los Martínez. Por eso, al menos en la Facultad de Derecho pareciera que ya no queda una ruta posible a favor de los verdaderos universitarios.