“Rebelión” en el PRI: a nadie debería sorprender los roces

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­+ Cambio de actitud: legitimación no llegará por inmovilismo

Más de uno se sorprendió cuando Javier Villacaña Jiménez exigió hace dos días que la coordinación de la próxima bancada del Partido Revolucionario Institucional, recaiga en alguno de los ahora diputados electos que obtuvieron su curul por el principio de mayoría relativa, y rechazara con ello que el edil citadino con licencia, José Antonio Hernández Fraguas, encabece la bancada. Independientemente de cualquier conflicto personal que exista entre ambos personajes, es evidente que ahora, ante las circunstancias, el tricolor sí debe modificar sustancialmente las formas en que toma sus decisiones importantes.

Una de las bases en que se sustenta el principio de la representación proporcional, dice que los candidatos a diputados por ese principio constituyen los intereses que la cúpula del Partido desea involucrar en el trabajo legislativo. Es decir, que si los candidatos propuestos por el principio de mayoría relativa —que son los que ganan los comicios a través del trabajo territorial en el distrito respectivo que representan— llevan consigo la voluntad y la aceptación directa de la población votante, los llamados “plurinominales” son quienes materializan la posibilidad de que las bases ideológicas del instituto político sean plasmadas en el trabajo legislativo que se realice.

Se entiende, teóricamente, que si los diputados de mayoría no necesariamente deben tener un alto grado de preparación y sustento académico, político y de la ideología del partido que representan, los de representación proporcional sí están obligados a ello. Los primeros, pues, tienen la legitimidad directa de los electores; y los segundos serían quienes complementarían la labor, con las propuestas y el “trabajo legislativo fino” que los primeros naturalmente no tendrían capacidad de hacer, pero que el partido espera de sus diputados para hacer válidos sus postulados.

De este planteamiento —que no es el todo, pero que sí representa una parte de los argumentos en que se basa la existencia de la representación proporcional—, parecería que ya nadie se acuerda. Según lo que hemos visto desde hace décadas en el sistema político no de Oaxaca, sino del país, es que la representación proporcional asegura las cuotas para las cúpulas, y los grupos y factores de poder y decisión dentro de cada partido, pero que muy pocas veces esas curules de representación proporcional son entregadas a personajes verdaderamente preparados o de amplia trayectoria dentro del partido, y que por esa razón serían garantía de un trabajo legislativo y de un debate de altura dentro de la Cámara en la que participaran.

Esa es una práctica que, en buena medida, el priismo no ha podido desterrar de sus tradiciones políticas: no sólo la de entregar las curules de representación proporcional en base a criterios de grupo y de reparto de cuotas, sino también la de definir los liderazgos en base a las conveniencias del grupo, pero no de la trayectoria y el verdadero consenso interno entre quienes integran el grupo a representar.

Es decir, que lo predominante es una práctica abierta de verticalismos y decisiones no consensadas. Eso se entiende y se explica, sin embargo, en medio de un sistema en el que una sola persona tiene todas las riendas del grupo; pero no en un escenario en el que el poder y el grupo quedaron maltrechos y cuestionados, y en el que existen voces que llaman no a mejorar o empeorar las prácticas prevalecientes, sino simplemente a cambiarlas.

Todos los que en algún momento se quejaron, por ejemplo, del verticalismo en el que se eligió a Francisco Rojas como coordinador de la bancada priista en la Cámara baja del Congreso de la Unión, ahora tampoco deberían sorprenderse de que, en un escenario totalmente distinto, surja una voz que llama a tomar en consideración no sólo las decisiones impuestas, sino los liderazgos reales que podrían existir dentro de ese partido.

ESCENARIO INÉDITO

Ciertamente, José Antonio Hernández Fraguas representa un liderazgo importante dentro del priismo; pero para efectos del escenario que tiene ante sí el tricolor y la próxima bancada priista del Congreso del Estado, ese liderazgo es simplemente inexistente y carente de cualquier grado de legitimidad. Recuérdese que la posibilidad de que él encabezara no sólo a la bancada, sino que fungiera como Presidente de la Gran Comisión, surgió a raíz de un acuerdo cupular, y particularmente en la negociación para el otorgamiento de la candidatura a gobernador.

¿Qué significa esto? Que independientemente de cuáles hayan sido los acuerdos previos, el resultado de la elección deslegitimó a todos los que ocuparon sitios de relevancia en la coordinación de la campaña, y que por tanto se debe hacer una nueva evaluación de la correlación de fuerzas, y una nueva redistribución de los espacios de decisión. En ese contexto, los liderazgos hechizos o consensados cupularmente, pero no legitimados por la fuerza de los votos, tendrán poca cabida y poca utilidad para el PRI de los próximos tres años.

Nadie duda, en ese sentido, que Hernández Fraguas pueda hacer un trabajo excepcional al frente de la bancada, y más cuando lo que habrá de definir el funcionamiento y el éxito de la próxima Legislatura, son precisamente los consensos y la posibilidad de generar acuerdos. Sin embargo, independientemente de que recaiga o no en él la posibilidad de la coordinación de la bancada, lo que es necesario es que esa decisión sea consensada y no reproduciendo los vicios y los verticalismos que los llevaron a la derrota.

Villacaña Jiménez propuso que la coordinación de los priistas recayera en Martín Vásquez Villanueva o en David Mayrén Carrasco. Los tres, al igual que Hernández Fraguas, han demostrado ser sólidos cuadros del priismo con capacidad para emprender esa misión. Pero sea cual sea la decisión y el método, lo que deben demostrar es que tienen la capacidad de ponerse de acuerdo más allá de las decisiones de un jefe político. Como en todos los demás casos, si logran convertir la crisis en una oportunidad, pero no en oportunismo, entonces habrán de tener un escenario más equilibrado y claro para el futuro.

COORDINACIÓN FEDERAL

Si Eviel Pérez Magaña está dispuesto a retornar a su curul, sería ideal que lo hiciera y que demostrara que la derrota no lo demuele. En las dos ocasiones que ha sido diputado, ha tenido intermitencias que no hacen más que poner en duda su trabajo y representación. Este sería el momento de demostrar lo contrario.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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