Entrega-recepci贸n: premura por afrentas pol铆ticas, no por cuentas

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+ Transmisi贸n in茅dita: el origen del desacuerdo y la disputa

Ayer, el gobernador electo, Gabino Cu茅 Monteagudo, present贸 y dio posesi贸n a un grupo de personas que conforman sendos Consejos, ciudadano, asesor y t茅cnico, que se encargar谩n de conducir y vigilar los trabajos de entrega-recepci贸n entre el actual y el nuevo gobierno. Junto con ello, anunci贸 que enviar铆a una carta al gobernador Ulises Ruiz Ortiz, en la que lo invitar铆a a ajustar ciertos aspectos del decreto que, para esos efectos, ya fue publicado en el Peri贸dico Oficial del Estado. Ante la insistencia sobre el tema de la transmisi贸n del Poder Ejecutivo, vale la pena analizar el contexto, los mitos que se han creado alrededor de dicha tarea, y las posibilidades reales de entablar un proceso de entrega-recepci贸n en las condiciones actuales.

Hoy, ante cada insinuaci贸n al respecto, queda m谩s que claro que el nuevo gobierno tiene prisa por comenzar a revisar el estado que guarda la administraci贸n p煤blica de la entidad, y que el gobierno saliente tiene todo el 谩nimo de retrasar dicho proceso.

En sus respectivas posiciones, cada uno de los actores involucrados tiene parcial raz贸n. Los que conforman el gobierno de Cu茅 Monteagudo, aciertan al asegurar que se deb铆a de conformar el proceso de transmisi贸n del Poder Ejecutivo bajo reglas y procedimientos m谩s claros y menos premurosos que los hasta ahora anunciados. Quienes tienen bajo su potestad la administraci贸n gubernamental, afirman con raz贸n que el periodo de gobierno culmina el pr贸ximo 30 de noviembre, que ser谩 hasta fechas cercanas a ese lapso, que iniciar谩 el proceso de entrega-recepci贸n, y que habr谩, posteriormente, otro lapso de tiempo para aclarar los puntos oscuros que quedaren sobre dicho procedimiento.

En la misma proporci贸n, ambos grupos parecer铆an estar en lo correcto鈥 o equivocados. Quienes integran el gobierno entrante, observan con sospecha las dilaciones deliberadas que han asentado sus contrapartes, como una forma de ganar tiempo para sanear cuentas que posiblemente tuvieran problemas; del mismo modo, quienes integran el gobierno saliente, observan aparentemente extra帽ados, c贸mo las personas a quienes les entregar谩n la administraci贸n manifiestan cierta prisa por recibir cuentas, cuando el nuevo Mandatario ni siquiera goza consolidadamente de la calidad de Gobernador Electo.

As铆, frente a todas estas razones, lo que esto resulta ser es un enga帽oso juego de espejos. Es as铆, porque todos est谩n tratando de generar percepciones que ni son del todo correctas, pero tampoco son del todo equivocadas. 驴Por qu茅?

Porque ser铆a ingenuo suponer, para cualquiera de las dos partes, que la responsabilidad de un nuevo gobierno podr铆a iniciar a煤n cuando tienen todav铆a asuntos pendientes que resolver ante los tribunales en materia electoral; y porque ser铆a del mismo modo poco serio suponer, para quienes se encuentran en 鈥渓a cancha鈥 del gobierno saliente, que su responsabilidad administrativa, penal o pol铆tica por su desempe帽o como funcionarios p煤blicos, se extingue al dejar el cargo.

As铆, lo que parece claro es que este proceso de entrega-recepci贸n est谩 sirviendo como un arma pol铆tica para enviarse mensajes rec铆procos sobre sus respectivas actuaciones futuras. No existe otro motivo, adem谩s del golpeteo y los amagues, para que, unos y otros, apuren o dilaten una cuesti贸n que irremediablemente tendr谩 que ocurrir, y sobre la cual de todos modos quedar谩n sembradas dudas, cuestionamientos y posibles persecuciones.

RESPONSABILIDAD REAL

El escenario pol铆tico estatal tras la sucesi贸n resulta ser in茅dito, porque en Oaxaca hubo no una competencia, sino una guerra por el gobierno estatal. El proceso de transmisi贸n del Poder Ejecutivo de la entidad, no podr铆a compararse con ning煤n otro de la Rep煤blica en la 煤ltima d茅cada, porque tanto Oaxaca como Puebla y Sinaloa son escenarios que resultan ser consecuencia del que es el proceso sucesorio m谩s complejo, competido y confrontado que podr铆a haber ocurrido en el pa铆s.

Veamos si no. En 2000, el Partido Acci贸n Nacional le gan贸 la Presidencia de la Rep煤blica a un Revolucionario Institucional que, bajo la batuta del presidente Ernesto Zedillo, hab铆a perdido toda su esencia y, en sentido llano, parec铆a que se hab铆a dejado perder; en diversas entidades de la Rep煤blica, el tricolor y otras fuerzas pol铆ticas han perdido sus respectivas hegemon铆as luego de complicados procesos de agotamiento interno.

En poqu铆simas ocasiones hab铆a ocurrido una elecci贸n en la que se enfrentara el Presidente de la Rep煤blica, como dirigente y operador electoral de su Partido (Felipe Calder贸n en relaci贸n al PAN), contra un priista de pura cepa, y tambi茅n jefe indiscutible y operador electoral probado de su partido, como lo fue el gobernador Ulises Ruiz, en Oaxaca. Adem谩s de ello, aqu铆 se enfrent贸 lo m谩s puro del pragmatismo y la conveniencia de las fuerzas pol铆ticas, y se resolvi贸 del modo m谩s cuestionable 鈥攑ara la democracia鈥 cu谩les ser谩n las nuevas reglas de la participaci贸n de los partidos en los procesos electorales locales y federales.

Esas son, apenas, algunas de las razones que hacen tan compleja esta transmisi贸n de poderes. Aqu铆 s铆 existen rencores y 谩nimos mutuos de revancha. Por eso, el proceso de entrega-recepci贸n es visto lo mismo como algo que debe dilatarse lo m谩s posible, que como algo que deber铆a comenzar a ocurrir para revisar los ejercicios anteriores inmediatos.

Nadie deber铆a irse con la finta. El proceso de entrega-recepci贸n, en realidad, resulta ser un mero tr谩mite, que se complementa con otros ejercicios de fiscalizaci贸n y revisi贸n de mucho mayor calado. La responsabilidad de los servidores p煤blicos salientes no comenzar谩 a extinguirse sino pasado un a帽o luego de haber abandonado sus respectivos cargos. As铆, los funcionarios entrantes tendr谩n mucho tiempo, mucha paciencia, y posibilidad de moverse a sus anchas, para revisar con lupa un ejercicio que, ciertamente, es tan sospechoso que merece ser revisado, por tantos excesos cometidos en los 煤ltimos a帽os.

As铆, tendr铆an, todos, que revisar tanto la Constituci贸n local, la federal, y las respectivas leyes de responsabilidad de los servidores p煤blicos. Ah铆, y no en la entrega-recepci贸n, est谩 la clave de todo.

ACARREO

Si se supone que la Guelaguetza tiene una conformaci贸n actual espec铆fica para que la admiren los visitantes, llam贸 la atenci贸n la presencia mayoritaria de empleados del Gobierno del Estado. Con tanta invitaci贸n forzada, 驴c贸mo no se iba a llenar el estado Benito Ju谩rez?

2 COMMENTS

  1. LO DEL LLENADO DEL ESTADIO BENITO JU脌REZ, COMO DEL AUDITORIO GUELAGUETZA, HA SUCEDIDO EN A脩OS ANTERIORES.
    EN EL 2006, IGUALMENTE OBLIGARON A LOS EMPLEADOS DEL GOBIERNO DEL ESTADO A IR. ME CONSTA PORQUE A MIS TIOS NO LOS DEJARON ENTRAR EN EL PALCO “A”, A PESAR DE QUE CON BOLETO EN MANO EXIG脤AN SU LUGAR. EL ARGUMENTO PARA NO HACERLO FUE QUE EL AUDITORIO YA ESTABA LLENO; LLENO, CLARO, POR EMPLEADOS A QUIENES LES PASARON LISTA. UNA AMIGA MIA QUE TRABAJABA EN EL REGISTRO CIVIL ME CONF脤O QUE, POR SER ELLA EMPLEADA DE CONFIANZA ESTABA OBLIGADA A LEVAR POR LO MENOS DIEZ PERSONAS.

  2. Definitivamente es un proceso en el que todos se cogen la raz贸n, sin embargo, creo ambos est谩n en su derecho, uno de exigir cuentas claras y el otro de esperar los tiempos estipulados.
    Los m谩s desprotegidos sin duda creo, son los usuarios de los servicios de gobierno, ya que los recortes en el presupuesto tiene maniatados a los servidores p煤blicos quienes por instrucciones, deben poner todas sus energ铆as y jornadas laborales a preparar el proceso de entrega recepci贸n.

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