Industria turística: nos alegramos de poco, y no buscamos más

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+ Priistas: ante panorama, no deberían sentirse tan suficientes

Una vez pasada la euforia anual —e incluso lo que podría considerarse como una “borrachera”, en sentido figurado— del arribo masivo del turismo y las fiestas de la Guelaguetza, tanto la sociedad como el gobierno debería plantearse una interrogante que, a pesar del tiempo, continúa siendo actual, y está alejada de cualquier grilla o desorden político: ¿Vale la pena que la economía estatal dependa prácticamente al cien por ciento de la industria turística?

La pregunta no es menor. Porque el auge y desgracia de nuestra economía local, ha estado ligada a las circunstancias políticas que ha enfrentado la entidad en los últimos años. Podemos, en ese sentido, corroborar cómo los acontecimientos últimos han determinado la estabilidad y volatilidad de la industria turística, y cómo esto ha provocado daños que van más allá de las cifras, y que más bien se reflejan en el bienestar de decenas de miles de personas que, directa o indirectamente, dependen del turismo.

2006, en ese sentido, es paradigmático. A pesar de que aquel año era el de la celebración del bicentenario del natalicio de don Benito Juárez, que el Gobierno del Estado tenía importantes expectativas sobre el fomento y la estimulación a la actividad turística, y la comunidad entera esperaba el momento de las fiestas de julio para equilibrar, como cada año, sus finanzas propias, todo esto se vio exterminado por una ola de violencia e inestabilidad, que evidenció que la economía local está sustentada fundamentalmente en una industria, y que ante una eventualidad no existe un “plan B”.

Volteemos al pasado reciente, para recordar qué ocurrió en 2006 en relación a este asunto. En pocas palabras, puede apuntarse que el incorrecto manejo de las protestas magisteriales, y el efervescente momento político que se vivía por el desarrollo de las campañas presidenciales, derivaron en un conflicto que primero fue encabezado por los profesores de la Sección 22 del SNTE, pero que luego se estimuló y extendió hacia la población civil, que también tomó parte en las inconformidades.

Dichas inconformidades pronto derivaron en acciones importantes de presión social, que siempre estuvieron acompañadas de violencia y hostigamiento hacia los particulares. De junio a diciembre de aquel año, para los habitantes de Oaxaca no hubo un momento de tranquilidad. Más bien, se vivió un estado de sitio instaurado pero no declarado, y reiteradas jornadas de violencia y agresiones entre grupos contrarios.

Ante esos hechos, fue evidente que la paz —antes, incluso, que la verdad— fue la primera víctima de la revuelta magisterial y popular. El Gobierno del Estado fue absolutamente incapaz de contener tanto la violencia, como la agitación social. Los ánimos se encontraban completamente desbordados, ante la mirada del gobierno federal, que tampoco se veía dispuesto a intervenir en lo más mínimo. La violencia tuvo que escalar pisando los cadáveres de varias personas muertas durante el conflicto, para que el Estado asumiera su deber de intervenir en el asunto.

Mientras todo esto ocurría, hubo también varias víctimas colaterales. Una de ellas, derivada de la derrota de la paz, fue el turismo. Todo aquello que tenía que ver, directa o indirectamente, con ese rubro, se vio totalmente detenido, ante el “destierro” —o el “no recibimiento”— de miles de turistas que dejaron de acudir a los destinos de descanso locales.

Miles de empleos relacionados con esa actividad se esfumaron; la industria turística vio atónita cómo todos sus pilares se derrumbaron. El gobierno estatal brindó parcialmente la mano para sobrellevar la crisis. Y una vez que ésta fue superada, todos parecieron olvidar aquel episodio que tantas lecciones debió haberles dejado no a ellos, sino a todos los oaxaqueños respecto a nuestra economía local.

DIVERSIFICACIÓN CANCELADA

Este año, como todos, existe “satisfacción” tanto en el sector oficial, como en la industria turística, por las cifras de derrama económica y ocupación hotelera y de servicios alcanzada. Los empresarios del ramo están en su derecho de sentirse satisfechos por ello. Pero el gobierno debería tener una visión más amplia, no para abandonar el fomento al turismo, sino más bien para establecer rutas alternas para nuestra economía.

El problema común ha sido que todas las apuestas se han hecho a un solo rubro. 2006 demostró que la inexistencia de un “plan B” tiene costos no sólo para quienes invierten y conducen la industria turística, sino que la mayor parte de esas consecuencias las enfrentan quienes se emplean en esas actividades que directamente atienden al turista, o que indirectamente dependen de éste.

Tal discusión debía ser no un tema de aburrimiento. Particularmente, si el nuevo gobierno ha manifestado su voluntad por escuchar todos los planteamientos y tomar como suyos los que revistan mayor trascendencia, bien deberían replantear ciertos factores de la economía para que Oaxaca deje de depender fundamentalmente del empleo gubernamental, y del turismo. No se trata, reiterando, de que se abandone a esta industria. Al contrario. Se debe estimular cada vez con mayor ahínco y recursos. Pero deberíamos no resignarnos a explotar, y a sentirnos orgullosos de una sola actividad, cuando está claro que una entidad como la nuestra puede tener varios y diversos polos para el desarrollo.

Seguir fomentando una sola actividad, parece hoy tanto como negar que Oaxaca tiene otros potenciales además del turístico, para sostener su economía. Habría que tomar con seriedad estos planteamientos, y comenzar también a transformar esa visión localista y reduccionista que dice que la nuestra puede ser únicamente una tierra de visitantes. No deberíamos darnos el lujo de que otra eventualidad, como la de 2006, nos lleve a colapsar de nuevo.

SUFICIENCIA, ¿POR QUÉ?

A pesar de su derrota y la complicada circunstancia que les espera, a prácticamente toda la cúpula priista se le ve despreocupada y, hasta confiada y suficiente. Es, dicen, una actitud que secundan de su Jefe Político. No entienden una circunstancia: él está tranquilo porque está a punto de terminar con la más importante de sus responsabilidades. Y al ocurrir eso, estará más allá de la circunstancia local. Pero ellos, su cúpula, se quedarán. Y absorberán la derrota. Y, confrontados, tendrán que actuar como oposición, sin recursos, sin poder, y sin reflectores. ¿No lo ven?

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