Reducir edad penal, una peligrosa regresi贸n jur铆dica futura

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Aunque parezca una discusi贸n meramente te贸rica, nadie deber铆a pasar por alto intenciones tan poco claras, como las que ayer manifest贸 en una entrevista con un diario local, el regidor de Seguridad P煤blica del municipio de Oaxaca de Ju谩rez, Eduardo Castillo Gonz谩lez, respecto a la llamada edad penal, que se requiere para que una persona pueda ser juzgada por los tribunales jurisdiccionales penales, o por la tambi茅n llamada justicia para adolescentes.

En la entrevista que public贸 ayer El Imparcial, Castillo dijo que 鈥渓a edad penal debe reducirse de los 18 a los 16 a帽os, dependiendo de los delitos, ya que un joven que viola y lesiona a una persona ya tiene un intelecto suficiente para saber c贸mo cubrir una necesidad sexual, lo que quiere decir que es responsable de compurgar la sanci贸n鈥, y asegur贸 que 鈥渆n la delincuencia organizada, est谩n integrados j贸venes menores de edad que, si son capaces de ejercer este tipo de actividades, son tambi茅n perfectamente capaces de recibir una sanci贸n del Estado鈥. Esta visi贸n, lejos de revelar sensibilidad y preocupaci贸n por un tema delincuencial tan com煤n de este tiempo, m谩s bien deja ver lo retr贸gradas, poco informadas y aventuradas que pueden llegar a ser esas ideas anticipadamente inquisitorias.

Quiz谩 el regidor Castillo Gonz谩lez, al asegurar lo anterior, ignora el contexto en el que hace apenas dos a帽os ocurri贸 una importante reforma constitucional en materia de justicia para adolescentes, motivada no s贸lo por preocupaciones genuinas respecto al trato judicial que se le daba a los menores infractores que eran procesados como delincuentes con mayor铆a de edad, sino tambi茅n por las disposiciones que, en el 谩mbito internacional, rigen la materia, y que obligaban a M茅xico a adoptar ciertas disposiciones como las que ahora existen sobre justicia para adolescentes.

Lo primero que el regidor Castillo deb铆a preguntarse, es si piensa no s贸lo en el corto plazo de la delincuencia, sino tambi茅n en el futuro. Como 茅l mismo debe saberlo, los centros penitenciarios del pa铆s, no tienen una sola caracter铆stica de centro de readaptaci贸n social. Al contrario: las c谩rceles del pa铆s, son aut茅nticas universidades del crimen, en las que alguien que ingresa por un proceso de delincuencia com煤n, sale postgraduado en otros rubros de la criminalidad, m谩s 鈥渆specializados鈥 y que contemplan mayor violencia. Es decir, en todas o alguna de las vertientes de lo que se denomina delincuencia organizada, y que incluye el secuestro, narcotr谩fico, extorsi贸n y dem谩s.

Pues bien, si el regidor Castillo asume eso como una realidad, entonces deber铆a saber que nada menos que a eso, es a lo que se encontraban expuestos los menores infractores que, teniendo m谩s de 16 a帽os de edad, eran procesados penalmente como adultos e ingresados a centros penitenciarios, y no a tutelares para menores. Cuando esa disposici贸n era vigente, la 煤nica 鈥渧entaja鈥 habida para esos delincuentes juveniles que eran tratados como adultos, era que ten铆an la posibilidad de acceder a menor edad a las denominadas 鈥済randes ligas鈥 de la delincuencia.

Por esas razones, si el Concejal lo desconoce, existen diferencias sustanciales entre una c谩rcel y una 鈥渃orreccional鈥, y por esas mismas razones se busc贸 aumentar, y no seguir disminuyendo, la edad m铆nima para que un menor pudiera ser procesado penalmente como adulto. Las c谩rceles son, en M茅xico, un concentrado de delincuentes que se amasan y se perfeccionan; mientras que las 鈥渃orreccionales鈥 son centros en los que a煤n se intenta que los menores infractores se integren a la vida social, educativa y laboral de la comunidad, a trav茅s de la preparaci贸n acad茅mica, el aprendizaje de un oficio, y la utilizaci贸n de herramientas de tipo psicol贸gica para corregir ciertas conductas que desencadenan la comisi贸n de delitos.

VISI脫N EQUIVOCADA

Existe la idea de que la justicia para adolescentes, hoy, promueve la impunidad. Esto se deduce, err贸neamente, porque mientras hace unos a帽os un adolescente de 16 a帽os era juzgado como adulto, hoy 茅stos deben ser tratados como menores, juzgados por tribunales especializados, y prove铆dos por una ley particular que establece m谩s de una docena de medidas previas, antes de decretar la reclusi贸n de un menor en un centro de readaptaci贸n con caracter铆sticas particulares. Tanto el regidor Castillo, como todos aquellos que tienen esta idea equivocada, deber铆an tener m谩s perspectiva y preguntarse por qu茅 fueron establecidas estas medidas aparentemente tan 鈥渂landas鈥, que promueven la impunidad.

La respuesta est谩, sin duda, en el hecho de que la ley debe contemplar las posibilidades del corto, pero tambi茅n del mediano y largo plazo. Nada se gana con 鈥渆sconder鈥 a todos aquellos a quienes com煤nmente se les considera como escoria social. Nada se gana con encerrarlos y dejarlos que se pudran en prisi贸n. Nada se gana con fomentar que la justicia penal tenga como fin la reclusi贸n de personas en centros en donde no existe la readaptaci贸n, sino m谩s bien, en los que se promueve la especializaci贸n del crimen; nada se gana con pensar que si los menores infractores son tan 鈥渕achitos鈥 para delinquir, tambi茅n lo ser谩n para enfrentar una sanci贸n penal que, de origen, est谩 viciada.

La juventud es el momento m谩s vulnerable para una persona. En el pa铆s, el primer intento que se est谩 haciendo por fomentar un verdadero proceso de readaptaci贸n social de los delincuentes, es precisamente con los adolescentes. Un menor a quien se consiga reinsertar en la sociedad hoy, ser谩 un delincuente menos a quien tendr谩 que perseguir el Estado en el futuro, y ser谩 una amenaza menos para la sociedad.

Qui茅n sabe si el regidor Castillo tiene este tipo de antecedentes que, en este espacio, y a grandes rasgos, enumeramos. Qui茅n sabe si comprenda que la discusi贸n sobre la edad penal entra帽a muchos m谩s aspectos, que las simples ocurrencias y la visi贸n obtusa de algunas personas que, como 茅l, son v铆ctimas de la ignorancia. En fin.

NERVIOSISMO

En el gobierno estatal, comienza a haber nerviosismo entre algunos trabajadores de nivel de mandos medios. A los que participaron en las llamadas 鈥渞edes鈥 que oper贸 Alejandro Figueroa Herrera, con una 鈥渞enuncia鈥 forzada y anticipada, les est谩n queriendo 鈥渃argar el muerto鈥 de la derrota del pasado 4 de julio. Como si ellos, y no los 鈥済enerales鈥 de la campa帽a tricolor, hubieran sido los responsables de la debacle. Un revanchismo torpe, en contra de los m谩s vulnerables.

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