Chedraui, empleos e inversión: verdades a medias

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+ Fomento no se logra con empleos de bajo ingreso

Uno de los argumentos centrales que utilizó el gobierno municipal de Oaxaca de Juárez para tratar de legitimar la autorización de la construcción de la nueva tienda Chedraui, en el llamado “Predio Sarmiento”, es el relativo a que ésta inversión generará empleos y provocará derrama económica de beneficio para la entidad. Una verdad, pero a medias que, hasta ahora, nadie se ha tomado la molestia en cuestionar e indagar. Al ver el asunto fríamente, puede corroborarse que las supuestas bondades laborales, y la captación de capitales, no son tan atractivas ni tan benéficas como parecen.

En efecto, según las estimaciones dadas a conocer al mismo tiempo que el reinicio del proyecto de construcción, el pasado martes, los responsables de la obra aseguraron que “se generarán 400 empleos temporales durante la construcción de la obra, misma que contará con un año a partir de esta fecha para su conclusión, además de la generación de 250 trabajos indirectos y 300 empleos más de forma indirecta.” También indicaron que la obra tendrá un costo total de unos 220 millones de pesos, y que será ecológicamente vanguardista tanto a nivel local, como nacional, e incluso en América Latina.

Sí. Todo eso suena muy bien. De hecho, esos fueron los mismos argumentos que utilizó la autoridad municipal, para justificar su decisión de dar por inválidos todos los argumentos con los que anteriormente negó los permisos, y ahora sí dar públicamente su anuencia para la edificación de otra sucursal más de Chedraui. Por conveniencia, ellos nunca ponen en tela de juicio la calidad tanto de la obra, como de la derrama económica, e incluso de los empleos que todo eso está generando. Lamentablemente, pareciera que pocos ciudadanos tienen conciencia crítica respecto al peso real que tienen esos argumentos, y la gran manipulación de que todo eso es objeto.

Por principio de cuentas, tanto Chedraui como la empresa inicial encargada de la construcción, son de origen veracruzano. Ello, en sí mismo, no genera ningún cuestionamiento, pues es perfectamente legal y legítimo que una empresa de origen mexicano, invierta donde mejor le acomode dentro del territorio nacional. Es una libertad fundamental. El problema, para el caso que ocupa a los ámbitos de gobierno municipal y estatal de Oaxaca, es que el reporte de impuestos de esas empresas, evidentemente, se encuentra en sus lugares de origen, y no aquí. Así, la generación de impuestos, y de riqueza para las arcas públicas, es en total beneficio de otras entidades federativas que no son la nuestra.

Ahora bien, es evidente que, al no tener la constructora asiento en Oaxaca, la gran mayoría de los materiales e insumos que habrán de utilizarse, no serán adquiridos o encargados a empresas de origen local. Si acaso, son los empleos relacionados directamente con la mano de obra, los que constituirán la derrama más importante de dicha obra, tanto en trabajo como en recursos económicos relacionados con el empleo. En pocas palabras, será el de trabajadores como el de maestros albañiles, ayudantes en general, plomeros y demás técnicos —pero muy pocos profesionistas—, la mayoría de los empleos que se generen durante toda la construcción de esa nueva sucursal.

DESARROLLO ENGAÑOSO

A lo largo de la última década, en más de una ocasión los oaxaqueños nos hemos creído aquel cuento de que la llegada de tiendas departamentales es sinónimo de desarrollo. Habría que ver el asunto con un poco menos de frivolidad, y con más apego y sensibilidad a la realidad y los escollos que eso ha provocado en la economía estatal.

Es cierto que hasta antes de la llegada de grandes tiendas de autoservicio y departamentales, muchas de las empresas oaxaqueñas que se dedicaban a vender esos mismos productos, lo hacían incurriendo en no pocos abusos. Aún hay personas que tienen la idea de que, como era hace veinte años, las tiendas al vender hacen un favor al consumidor, trabajan con horarios reducidos e inflexibles, y tienen precios por momentos inalcanzables para los particulares. Eso, ciertamente, ha cambiado. Sin embargo, eso no necesariamente significa que ahora la economía y el empleo son mejores para las varias miles de personas que, en conjunto, trabajan en Oaxaca para esas cadenas de tiendas departamentales.

La economía no mejoró y, al contrario, empeoró. En gran medida, fueron los propios empresarios oaxaqueños los que no tuvieron ni la visión, ni las estrategias empresariales, que eran necesarias para hacer frente a las grandes inversiones que comenzaban a llegar desde otras entidades. El dinamismo y la actitud innovadora de las sucursales recién llegadas a Oaxaca, rápidamente avasallaron a los empresarios locales, que seguían pensando que ésta era la misma ciudad de los años sesentas, y que por tanto creyeron que el mercado cautivo, los excesos, y el atraso en sus estrategias y organización empresarial, podrían ser eternos. No tuvieron la capacidad de competir. Y así, desaparecieron comercios locales de todo tipo; salas de cine, farmacias, etcétera.

El empleo, en realidad, tampoco mejoró. La llegada de esos nuevos centros de trabajo no significó que la calidad de los puestos y los ingresos mejoraran. La gran mayoría, casi la totalidad, de los trabajadores de las tiendas departamentales, tienen salarios bajos, con prestaciones mínimas o a veces inexistentes, y con pocas posibilidades de verdadero desarrollo laboral. Es decir, que en esos negocios no es sencillo que un empleado común pase a ocupar puestos gerenciales, y tampoco que ambos tipos de empleo sean sinónimo de ingresos aceptables, ya sea para una persona que ha demostrado esfuerzo y lealtad, como para aquellas que sí gozan de preparación académica sólida. Unos y otros, en esos empleos, difícilmente logran ingresos suficientes como para asegurar que tienen garantizado el progreso personal.

ARGUMENTOS ENGAÑOSOS

Poco, o casi nada, es lo que todo eso se toma en cuenta. Las inversiones no son benéficas, en la medida que reportan verdaderos beneficios colectivos, y no sólo ganancias para unos cuantos. Oaxaca parece estar condenada a repetir ese mismo círculo vicioso: el de suponer que con la llegada de esas empresas hay beneficio, pero que mientras éstas hacen creer esto a sus consumidores, hacen negocios millonarios, y a bajo costo. A costa de la economía y el empleo locales. ¿Chedraui, o las demás, dejan sus ganancias en Oaxaca?

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