2011: a buscar un Oaxaca más justo y seguro

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+ Responsabilidad: Todos debemos hacer algo

Podría parecer una frase política, o un eslogan de gobierno, el ir en busca de un Oaxaca más seguro y justo. Sin embargo, es evidente que más allá de los lugares comunes, ese tendría que ser un imperativo no sólo para quienes ahora mismo están desempeñando las tareas de gobierno —los municipales y el estatal— y prometieron cumplir esos fines, sino también para la sociedad —todos nosotros— que debemos dejar las actitudes pasivas y de auto compadecimiento, y también asumir las responsabilidades del mejor Oaxaca que según todos queremos.

¿Por qué hablar de la necesidad de buscar un entorno más seguro y más justo? Porque tal pareciera que dentro de esos dos grandes bloques, se engloban algunos de los problemas más apremiantes que enfrentamos, que todos los días nos provocan amarguras y que, sobre todo, no están resueltos.

Se supone que todos anhelamos una ciudad, y un estado, con menos conflictos, con mayores garantías para los ciudadanos, con una mejor impartición de justicia, con menos pobreza y marginación, y también con mayores oportunidades, empleo, remuneración y posibilidad de hacer negocios. Es decir, todos buscamos que la licitud y el orden, de uno u otro modo, nos lleven a consolidar la idea de bienestar y progreso que tenemos cada uno de nosotros.

Sin embargo, deberíamos preguntarnos con seriedad, qué se hace desde cada una de las trincheras políticas o ciudadanas, por lograr esos objetivos. Vayamos por partes, pues tanto el gobierno como la sociedad tenemos responsabilidad en ello. En el primero de los casos, tanto el gobierno estatal, como el de algunos de los municipios más importantes de la entidad (la capital oaxaqueña y la mayoría de las demarcaciones con mayor población e importancia económica y social del Estado) se encuentran hoy en manos de fuerzas políticas que históricamente fueron opositoras y que hoy tienen la responsabilidad de gobernar atendiendo las promesas de cambio que hicieron a los ciudadanos.

Esa tarea parece nada sencilla. A pesar de que se prometió una actitud distinta, así como un mayor grado de eficiencia, orden y sensibilidad en el desempeño público, tal parece que todos se encontraron con enormes problemas. Por sólo citar un ejemplo, para la nueva administración estatal ha sido un escollo constante, el lidiar con organizaciones sociales que exigen espacios para actividades como el comercio ambulante y la piratería, o con grupos políticos que ahora asumen su papel de oposición y se dedican a obstaculizar los procesos que tendrían que ocurrir con civilidad. Todo eso, además de las ineficiencias iniciales que ha tenido el gobierno estatal en sus primeros días de gestión.

En el caso del gobierno municipal de la capital oaxaqueña que apenas inició funciones el pasado sábado, llega con una serie importante de desafíos, que van desde la contención del comercio ambulante, la basura, la inseguridad, los cuestionamientos sobre las arcas municipales, e incluso los baches y hoyancos que existen en prácticamente todas las calles de Oaxaca de Juárez y las agencias municipales. Cuestiones que tienen que ver sólo indirectamente con los ciudadanos (porque son los afectados) pero que fueron ocasionados o por organizaciones sociales, o por algún manejo administrativo incorrecto, e incluso por la desidia o la corrupción o la complicidad del gobierno, que se negó a atender esos asuntos.

CIUDADANOS DESENTENDIDOS

En esas condiciones —que aplican para los dos ámbitos de gobierno—, muchos nos hemos preguntado en algún momento; ¿cómo poder responder las peticiones del ciudadano común, cuando se tienen tantos problemas previos que resolver? La respuesta, sin duda, se encuentra en ellos pero también en nosotros.

Tapar un bache, negociar con alguna organización de comerciantes ambulantes, de vendedores de artículos de piratería, garantizar la seguridad pública, o la recolección de los desechos en la ciudad, evidentemente son tareas que corresponden exclusivamente al gobierno, y por tanto es su obligación, de principio a fin, atender esos rubros. No obstante, también los ciudadanos tenemos cierto grado de responsabilidad respecto a esos temas, y no continuar asumiendo un papel eminentemente pasivo, que no nos ha llevado a absolutamente ningún resultado positivo.

Dicho de otro modo: los oaxaqueños de a pie —la gran mayoría de nosotros— deberíamos dejar esa idea de que cumplimos con nuestro deber cívico, y que ejercimos nuestros derechos políticos, única y exclusivamente el día señalado para la realización de la jornada electoral, cuando acudimos a una casilla y emitimos nuestro voto. Ese es, como lo hemos dicho en otra ocasión y ahora lo remarcamos, únicamente el principio de nuestra responsabilidad como ciudadanos, y no el fin de nuestras prerrogativas constitucionales.

Por esa razón, nosotros mismos debíamos hacer más por esa entidad más justa y segura que siempre exigimos, pero de la que siempre nos desentendemos. ¿Qué hacemos cotidianamente como ciudadanos, en contra de la corrupción? ¿Hemos dejado de dar “mordidas” a los funcionarios que las exigen? Nos enojamos por la explosión del ambulantaje, ¿pero hemos dejado de comprar piratería, o artículos en zonas en las que está prohibido el comercio?

Evidentemente, el gobierno tiene tareas titánicas para cumplir con funciones tan básicas como procurar e impartir de mejor modo la justicia, e incluso de ir en contra de todos aquellos que infringen la ley. Pero los ciudadanos debíamos también hacer más para convertirnos en parte de la solución, y no de los problemas que enfrenta nuestro estado.

Cuando se habla de seguridad no sólo es respecto a la delincuencia, sino también a la idea de seguridad que nace de la legalidad, del combate a la corrupción, del respeto a la ley y a los derechos de terceros. Parece algo utópico o fantasioso; pero tal parece que todos debemos asumir nuestra responsabilidad y, sin restarle exigencias, tampoco creer que todo es culpa del gobierno y que los particulares estamos libres de todo deber. Ojalá que por lo menos en este arranque de año, podamos considerarnos como parte de las necesidades apremiantes de nuestra entidad.

¿PROMESA CUMPLIDA?

Hoy se verá si realmente se cumplió una de las primeras promesas del gobernador Gabino Cué: anunció que no habría despido masivo de trabajadores del gobierno estatal. ¿Será? ¿Todos siguen conservando su trabajo? Es una pregunta, que debía responder el secretario de Administración, Alberto Vargas Varela.

1 COMMENT

  1. efectivamente tomar responsabilidades,compromisos y cumplir tanto el gobierno como los ciudadanos, sera esto posible? cambiar de mentalidad como ( Mientras yo este bien los demas me valen, Politico sin dinero es un pobre politico, Lo que pase en mi estado de oaxaca no me importa, para que votar, ect) se podra?yo pienso que la respuesta esta en cada oaxaqueno en general ala profecion que se dedique.

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