Kalimba: un caso que revela toda la frivolidad televisiva

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+ Justicia mediatizada; ayer, verdugos, hoy, aliados

Cuando hace unos cinco años, un joven en la ciudad de Monterrey trató de asesinar a su novia, y mató a sus dos hermanos pequeños, la televisión hizo una amplísima cobertura —exagerada, sin duda— del caso, e involuntariamente cientos de miles de mexicanos se convirtieron en investigadores, abogados penalistas, criminólogos y hasta mentalistas, para tratar de deducir un asunto que le competía a las autoridades, pero que le convenía a la televisión para mantenerlos cautivos.

Hoy, frente a la acusación —ya desvirtuada— de violación hecha al cantante Kalimba, esta vieja historia del secuestro televisivo, de la manipulación de millones de mentes, e incluso del engaño y la frivolidad demostrada respecto a un asunto judicial tan serio como un abuso sexual, de nuevo se hacen presente. La televisión, y las televisoras, de nueva cuenta nos dejaron ver de qué tamaño es su interés por hacernos presa de la peor parte, la abiertamente morbosa, del trabajo periodístico.

No se exagera cuando se dice que en la última semana, el caso del cantante y la presunta violación de una menor de edad, tuvo más relevancia en los medios informativos que cualquier hecho de trascendencia nacional e internacional. No sólo los programas de espectáculos y de “chismes de la farándula” dieron cobertura al asunto, sino también los principales noticiarios de radio y televisión.

Como si Kalimba y su libertad, fueran de verdad un asunto de relevancia nacional, o éste fuera un actor fundamental de la vida o la estabilidad de la nación. Todos, sin excepción, se volcaron a buscar y difundir cualquier tipo de información al respecto, sin tomar en cuenta que ésta fuera cierta o supuesta; que fuese cuestión de la vida pública de los involucrados o de su intimidad, o incluso que fuera parte de las investigaciones que se realizaban.

En realidad a las televisoras, y a Televisa en particular, lo que menos les interesa es justamente Kalimba. Veamos si no. Hace apenas un par de semanas, cuando se hizo pública la acusación de agresión sexual, fue el conductor del noticiario matutino de televisión, Carlos Loret de Mola, quien encabezó las investigaciones, el juicio, la radicación, la sentencia y la pena que, sumaria y anticipadamente, le impuso la televisión al cantante.

¿Se recuerda la escena? Loret de Mola entrevistando a Kalimba —hecho un auténtico manojo de nervios—, dos días después de que se hizo pública la acusación, tratando por todas las vías de que éste aceptara públicamente, en cadena nacional de televisión, y en horario estelar, que o había abusado sexualmente de la menor, o que cuando menos había sostenido relaciones sexuales con ella.

Kalimba, como era de esperarse, difícilmente se daría, como dice la frase popular, “un balazo en el pie”, aceptando públicamente su responsabilidad aún cuando los hechos que se le imputaban sí fueran su responsabilidad; como negó sostenidamente haber abusado de la menor, y como se negó a aceptar que había sostenido un encuentro sexual con la chica, entonces para la televisión, en un solo acto, se convirtió en responsable.

La inquisición fue franca y abierta. Y a partir de entonces parecía que la defensa legal del cantante tendría no sólo que sortear los cuestionamientos y las pruebas recabadas por el órgano de procuración de justicia de Quintana Roo, y convencer al juez sobre la inocencia del acusado, sino también llevar a cuestas a las televisoras que asimismo habían decidido ya, por una cuestión de rating, que el cantante era responsable por los hechos que se le señalaban.

VIRAJE INFORMATIVO

Hubo un momento, dentro de todo ese maratón informativo, en que las televisoras se dieron cuenta que, contrario a lo que habían vaticinado inicialmente, Kalimba podría no ser responsable de la agresión por la que se le acusaba, y que además, la mayoría de la gente interesada en el asunto tenía la percepción, o esperaba, que el intérprete no fuera realmente culpable de lo que se le imputaba. Y entonces dieron un vuelco sorprendente a su oferta informativa.

A partir de ese momento, las televisoras decidieron convertir a toda la población en peritos, criminólogos, juristas y abogados penalistas… igual que como cuando en 2006, un joven de nombre Diego Santoy Riverol asesinó a dos menores y estuvo a punto de ultimar también a su novia.

Los foros de televisión comenzaron a llenarse de especialistas que daban cuenta de diversos temas relacionados con el proceso legal que enfrentaba el también compositor; en las pantallas de televisión se analizaban los mensajes privados, las comunicaciones e incluso los testimonios que daban a conocer los implicados en el asunto, o quienes conocían a alguno de los participantes en ellos. Así, según quienes hacen la televisión, ofrecieron un panorama completo… de lo que más bien era un asunto de suma conveniencia y escarnio para ellos.

¿Por qué? Porque trataron a Kalimba —y todo lo relacionado al asunto judicial en que se vio involucrado—, como siempre, de acuerdo a sus propios intereses. Éste fue culpable en la medida que Televisa quiso y le convino, y luego lo convirtió en víctima cuando se dio cuenta que eso era más redituable. Mientras todo eso ocurría, ganaba millones de pesos vendiendo publicidad a altos costos, a lo largo de la cobertura informativa que captaba la atención morbosa de millones, y les reportaba los más altos ratings.

Su viraje llegó al punto climax entre anteayer jueves y ayer viernes. Aún cuando dos semanas atrás se le había cuestionado duramente por su presunta responsabilidad, los conductores de los programas matutinos de Televisa reportaron con júbilo la noticia, e incluso dieron “gracias a Dios” por el auto de libertad que el juez de la causa dictó al cantante, al no haber hallado elementos para sustentar su presunta responsabilidad en los hechos que se le imputaban.

Hoy, como así lo quiso el público y las conveniencias, y además el proceso judicial y su defensa legal lo favorecieron, es casi un héroe. Si continuara en prisión, por obra y gracia —y conveniencia— de la televisión, ya sería un auténtico mártir.

QUE RENUNCIE

Momentos después de darse a conocer la noticia de la libertad del cantante, los medios se fueron en contra del nuevo villano de la historia. Igualmente, en horario estelar y en cadena nacional de televisión, el conductor Ernesto Laguardia preguntó al procurador quintanarroense, Francisco Alor Quezada: “¿Y después de esto, va a renunciar?” Mordazmente ridículo.

1 COMMENT

  1. No puedo negar que leí esta columna con el mismo morbo con el que seguí las coberturas por televisión, a final de cuentas el escándalo de los famosos vende de todo…

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