Velaria: una obra onerosa, desde donde se le vea

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+ ¿Qué hacer con la obra? Sensibilidad y demagogia

La velaria inconclusamente colocada en el Auditorio Guelaguetza es, en sí misma, una peligrosa disyuntiva para el Gobierno del Estado: en los dos extremos, la decisión entre permitir la conclusión de la obra o retirarla, representa una enorme pérdida para Oaxaca. Lejos de los manotazos o las apuestas por el olvido, la administración estatal debería comenzar a tomar decisiones más cercanas a la sensibilidad, y por tanto más alejadas de la demagogia.

Hoy, es claro que si algo se convirtió en icono de los excesos, de la suntuosidad y de la insensibilidad del gobierno que encabezó Ulises Ruiz, eso bien pudo ser la velaria del Auditorio Guelaguetza. Desde sus inicios, esa fue una obra controvertida, repudiada, cuestionada, señalada, e incluso tachada de inservible y faraónica, a la que, además, nunca se le pudo dar una explicación o justificación verdaderamente sustentada.

Si vemos el asunto en una perspectiva más clara, nos daremos cuenta que en realidad la velaria no fue sino una demostración más del tipo de gobierno que se ejerció en los pasados seis años. ¿Alguien recuerda cómo, y en qué condiciones, se realizó la remodelación del zócalo y la Alameda Central, en pleno corazón de la capital oaxaqueña? ¿Alguien recuerda cómo se decidió la remodelación de calles, parques, banquetas y demás que se hizo en el sexenio anterior?

En efecto, todo se hizo a través de la imposición, de los manotazos y de no tomar en cuenta la opinión de los ciudadanos. El gobierno de Ruiz, un día decidió que el zócalo citadino necesitaba remozamiento. Y sin proyecto, ni perspectiva, ni aprobación ciudadana y mucho menos con el respaldo de expertos, se lanzó a la empresa de levantar todas las lozas, pisos, canteras, jardineras, fuentes y demás de la Plaza de Armas. Y el costo que pagó —no sólo por eso, sino por los árboles caídos, por las protestas y por el repudio ciudadano—, fue alto: ahí se comenzó a gestar, en su contra, el conflicto magisterial y popular que en 2006 haría de Oaxaca un caos.

Sin embargo, pareciera que el gobierno de Ulises Ruiz no aprendió la lección. Contra viento y marea concluyeron una obra de remodelación del zócalo citadino, que hoy en día de nuevo ha sido absorbida por el maltrato y los excesos propios de una ciudad convulsionada permanentemente, como la nuestra.

Lo peor del asunto, es que todo lo relativo a esas decisiones controversiales, fue visto por el sector oficial como un asunto de medición de fuerzas, y no de la sensibilidad que se supone que debe tener todo gobierno para escuchar a sus ciudadanos. Cuando la ciudadanía manifestaba su genuina oposición, el gobierno lo tomaba como un asunto de afrentas políticas y entonces lejo­s ­de atender el ­llamado, endurecía las posiciones.

Protegían no sólo el posible negocio que pudiera estarse desarrollando a partir de la autorización de abundante obra pública, sino que también trataban de proteger con ello aquella engañosa imagen de “firmeza” e inamovilidad que, según su lógica, hacía al gobierno fuerte y respetable.

En realidad, la reiteración de esa caótica imagen de “fuerza” del Gobierno del Estado, no fue sino una implacable demostración de cuán insensible, autoritario e impositivo puede llegar a ser un gobierno, que sistemáticamente se niega a escuchar a todos los que se encuentran a su alrededor.

 

VELARIA COSTOSA

La obra del Auditorio Guelaguetza no sólo lleva implícito un altísimo costo económico, sino también político. De quedarse para la posteridad, esa velaria será como una verruga en el rostro de la capital oaxaqueña, que siempre nos recordará quién fue, y qué nos legó, el gobierno de Ulises Ruiz. Empero, de retirarla, también quedará la huella indeleble de cuánto dinero, por un negocio o por un capricho, finalmente fue tirado a la basura por no contar con el respaldo de la ciudadanía.

Hoy la velaria del Auditorio constituye un brete para el gobierno de Gabino Cué. Éste, al anunciar que la obra será concluida, se ganó la animadversión y el rechazo de importantes sectores de la sociedad oaxaqueña que no ven bien ni la obra, ni la complacencia oficial, ni las largas que se le están dando a la realización de una investigación seria para deslindar responsabilidades, y corroborar que en realidad la obra tiene el costo económico que sus constructores cobraron a las arcas estatales.

Sin embargo, viendo el asunto más fríamente podremos darnos cuenta de algo: ¿si se supone que la administración de Ulises Ruiz pagó la obra para que ésta fuera realizada hasta su total conclusión, entonces cuál debería ser el argumento del gobierno actual para impedir su culminación?

Es claro que al permitir que la obra se concluya, e incluso exigiendo su terminación, el gobierno estaría cumpliendo con su deber de corroborar que la empresa constructora no estuviera disfrutando recursos por una obra no realizada. De lo contrario, libremente le estaría regalando recursos que de uno u otro modo hacen falta en Oaxaca.

Así, es evidente que el problema no es que el gobernador Cué haya dicho que la obra se concluirá: el problema es cómo y en qué contexto lo dijo. Al haber primero asegurado que ésta se sometería a consulta, para luego decir que no y que la obra primero se terminará, es tanto como retractarse o aliarse a los intereses que primero había señalado negativamente. Y eso, aunque sea en apariencia, en política tiene un costo muy elevado.

Finalmente, el gobierno estatal no podrá, porque no tendrá los márgenes suficientes, para darse el lujo de que el olvido ciudadano convalide la obra. Necesariamente tendrá que someter a una consulta ciudadana el destino de esa velaria, y deberá actuar en consecuencia. No hacerlo, lo colocará fácilmente en la posición de estar refrendando todo aquello que primero repudió.

No lo puede hacer ahora, es cierto. Pero el reto desde ahora será no sólo someter la velaria a consulta, sino que desde ahora envíe los mensajes correctos a la ciudadanía, para que ésta no siga creyendo que ya se alió, por intereses, con sus adversarios.

 

UNA BURLA

¿Cómo se atreven a asegurar, las autoridades policiacas estatales, que la inseguridad ha disminuido? ¿No tendrán conocimiento, o minimizan, los secuestros, asaltos y extorsiones que se han recrudecido en las últimas semanas en Oaxaca? Son sinvergüenzas, o se engañan solos con cifras alegres. Lamentable.

 

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