CBTIS 123: un feudo más que ignoran IEEPO y S-22

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+ Vicios tolerados y coronados por indolencia oficial

 

No son pocos, ni son recientes los casos de corrupción habidos en las escuelas públicas oaxaqueñas, a todos los niveles. Particularmente, luego del conflicto magisterial ocurrido en 2006, en docenas de instituciones educativas públicas de nivel básico, se destaparon auténticos hoyos de vicios y excesos fomentados por los mismos directores y líderes sindicales de varias escuelas.

En algunas, incluso, hubo hasta auténticos conflictos internos que llegaron a afectar —aún más de lo “normal”— la educación de los alumnos. De ello fueron ejemplo, negro, escuelas secundarias como las Técnicas 1 y 6 de la capital oaxaqueña. No obstante, y como era de esperarse, esos son casos meramente enunciativos de actos de corrupción que, toleradamente, ocurren hasta en las escuelas de nivel medio superior de mayor prestigio en nuestra sociedad.

Un caso lamentable es el del Centro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios número 123. En esa institución, se han fomentado diversos vicios de corrupción desde la dirección general, que pronto podrían hacer crisis, ante la mirada complaciente tanto de la “democrática” Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, e incluso la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial de la SEP.

¿Qué ocurre en esa popular escuela de nivel medio superior, ubicada en el municipio de Santa Lucía del Camino? Que su director, Mario Mariano del Carpio Laflor, ha tomado a esa institución como una más de sus propiedades, y a partir de ello ha ocupado su prestigio, sus recursos económicos y hasta su infraestructura, para beneficio no de los alumnos ni de la calidad académica, sino de él y su familia. No obstante, tanto sus omisiones como autoridad máxima de esa escuela, como sus excesos en la disposición de los recursos, hoy se encuentran plenamente documentados.

Para muestra, tres botones. Primero. Mario del Carpio llegó a la dirección de ese plantel hace más de una década, en mayo de 2001. Desde su arribo, contrató los servicios de mantenimiento y reparación de todos los equipos de cómputo del plantel, a un individuo de nombre José Luis Mota Ojeda, a través de una empresa denominada Capacitación y Servicios de Cómputo. Cinco meses después, en octubre de 2001, lo contrató a través de una plaza administrativa, y al año lo nombró como jefe del Departamento de Servicios Escolares del turno vespertino.

Mientras todo ello ocurría, y según documentación de la que obra copia en poder de esta columna, la dirección del CBTIS 123 compraba equipos de cómputo a costos mucho más elevados que los precios del mercado; de acuerdo con el detalle de las facturas, asimismo se deduce que al mes de adquiridos los equipos era necesario darles servicio de mantenimiento, a cargo de la misma empresa, que también eran pagados a costos mucho mayores que los de cualquier otro centro de servicios de esa naturaleza.

Lo más grave del asunto, es que el proveedor tanto de equipos como de servicio de mantenimiento, es nada menos que el yerno del director Del Carpio Laflor. De acuerdo con documentos públicos, José Luis Mota Ojeda es esposo de Claudia Eugenia del Carpio Hernández, hija del referido funcionario educativo.

 

DUPLICIDAD DE FUNCIONES

Pero además, y como segundo botón de muestra, Mario del Carpio es socio mayoritario de una preparatoria privada denominada Centro de Estudios Tecnológicos Antonio de León (CETAL). Curiosamente, varios trabajadores del CBTIS 123 aparecen también en la plantilla de de esa escuela particular. Una de ellas es Aracely Fajardo Núñez, quien es socia activa y trabajadora de ambas instituciones.

Aunque originalmente en el CBTIS ella tenía una plaza administrativa, el director del Carpio le otorgó una plaza de 30 horas “Titular A”, en la que es requisito indispensable el trabajo frente a grupo. Sin embargo, sin cubrir ese tiempo de verdadero trabajo docente, y continuando hasta la fecha su labor en cuestiones administrativas, hoy ostenta una plaza de “Titular B”. En ese sentido, nadie se explica cómo la DGETI autorizó una y otra plaza, cuando no existe un horario docente que respalde el movimiento de dichas plazas.

No obstante, eso no es lo peor. Otro más de los fundadores del CETAL que continúan como trabajadores activos del CBTIS 123 es Ubaldo Cruz Vargas. Sorprendentemente, aún cuando éste ostenta una plaza docente de tiempo completo (40 horas/clase a la semana) en el CBTIS, también funge como director general del Centro de Estudios Tecnológicos Antonio de León. Nadie se explica cómo realiza ambas funciones, si se supone que tanto dirigir una institución, como el tener una plaza de tiempo completo, implica la dedicación de todo el tiempo laboral disponible para un solo día.

Y tercer botón de muestra. Desde hace años, el director Del Carpio Laflor tiene conocimiento de la existencia de una empleada de esa Institución, de nombre Blanca Iriarte Aragón, que ostenta un título profesional apócrifo. En ese sentido, aseguran que en un documento expedido en el mes de febrero de 2001, por el entonces director de la Preparatoria Número 2 de la UABJO, Noé Octavio Salinas Carrasco, éste certificó que en el archivo de la institución no existe registro o documentos de la supuesta alumna, con lo cual se corrobora la falsedad de su certificado de nivel medio superior; existe también un documento de la Dirección General de Profesiones, en el que se constata que su título y cédula profesional (número 1613579) corresponden a otra persona.

Todo esto ocurre, además de que al menos en los últimos ocho años no ha habido registro ni rendición de cuentas respecto a los recursos económicos que ingresan a la institución, de los cobros que hace la dirección a las empresas que surten de alimentos y bebidas, a la cafetería, e incluso a las casetas que se encuentran a las afueras de la institución —las cuales, recientemente, fueron colocadas en la cinta asfáltica aún a costa de la seguridad de los estudiantes.

 

¿Y LA AUTORIDAD EDUCATIVA?

A pesar de las promesas de honestidad, pulcritud y cambio, hasta la fecha, ninguna autoridad se ha preocupado por tomar cartas en el asunto. Mientras, esa institución —que fue una de las más competitivas y de mayor prestigio en la capital oaxaqueña— continúa sumiéndose en el abandono, el desinterés y la apatía por parte de quienes algo positivo debían estar haciendo por ella.

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