Loret de Mola: ¿Sólo su privacidad nos importa?

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+ Límites: el periodismo ¿no acepta la autocrítica?

 

Esta semana, la revista Tv Notas publicó en su portada un par de fotos: eran, respectivamente, una imagen del periodista Carlos Loret de Mola, y otra de una ex conductora del noticiero matutino —que él conduce en el canal 2 de Televisa— conocida como Laura G. Ambos fueron captados saliendo, no juntos, de una misma cabaña presuntamente ubicada en la zona de La Marquesa, en el Estado de México. La nota sugería un posible encuentro amoroso entre ambos, y de inmediato provocó un escándalo morboso, muy poco digno de unos medios y una sociedad que, como la mexicana, se dicen “maduros” y “democráticos”.

Quienes vieron el asunto desde el lado del morbo, tuvieron pensamientos más o menos como los siguientes: pensaron que el escándalo radicaba en el hecho de que un hombre casado tuviera relaciones sentimentales (o sólo sexuales) con una chica, ciertamente guapa y de menor edad que él, contraviniendo con ello la figura tradicional de familia que, según subsiste en México. Otros habrán pensado que este escándalo es sólo una extensión de aquel otro por el que, hace apenas unas semanas, esa y otra presentadora fueron despedidas del noticiero matutino. Algunos más lo habrán visto como una revelación que en cierto sentido podría abonar al “periodismo del corazón” que malamente dicen hacer algunas publicaciones en nuestro país.

Había, sin embargo, mucho de fondo en esto: dicho escándalo nuevamente demostró que algunos medios siguen dispuestos a sacar lo peor de sí, y torcer los principios éticos que los rigen, con tal de vender revistas o periódicos, o simplemente por llamar la atención. Ni Tv Notas, ni el periódico Reforma (que al día siguiente refrió el tema en su portada) asumió el principio básico de que hasta las personas públicas tienen vida privada, y que mientras ésta no trascienda el estricto interés público, nadie tiene derecho a meterse en ese ámbito que sólo se queda en sus acciones o pensamientos privados.

Quedó claro que ambos medios estuvieron dispuestos a llevar el estado de cosas al límite. Tv Notas, en primer término, porque ello corresponde a una de sus recurrentes prácticas “periodísticas” para tratar de ganar la nota y continuar en el ánimo del público que la compra. Pero Reforma, no declaradamente, sí trató de justificarse deslizando en las redes sociales el argumento de que de qué se quejaba Carlos Loret de Mola, si él ha destrozado la privacidad de muchas personas a través de las pantallas de la televisión en su noticiario.

Queda claro que así como no es justificante para ventilar cualquier cosa de la vida privada de una persona, el solo hecho de que éste sea considerado como un personaje público porque sale en la televisión, como tampoco lo es, mucho menos, el hecho de que se trate de justificar una intromisión de esa naturaleza a partir de que el personaje aludido en otras ocasiones ha hecho también lo mismo. Es inadmisible justificar una mentira con otra, como también lo es tratar de hacer pasar por válida una acción indebida que trata de vengar otra de la misma naturaleza.

Eso fue, sin embargo, justo lo que ocurrió. Y como bien puede preverse, las reacciones críticas de la misma prensa no se hicieron esperar.

 

MAL RECIBIMIENTO

En relación a esto, en su columna “Metamorfosis” del periódico Excelsior, José Cárdenas señalaba lo siguiente: “Que una revista de escándalos, vendedora de morbo disfrazado de noticia, saque ventaja, al develar la vida privada de dos personas adultas y famosas, es una vergüenza para el oficio. Que uno de los principales diarios del país haga, de tal violación a la intimidad, un refrito, obliga a repensar a dónde va el periodismo y dónde estamos parados los periodistas.

“Entre el chisme y la cosa pública reina la confusión. Se borraron las fronteras. La vida pública se empobrece. El deterioro se puede medir por días, y hasta por horas (…) Es momento de pensar en límites. De ubicar el espacio que pisamos. Es eso o fingir que en este oficio nada importa en aras de ganar “la nota”, y toda la “lana”.

“En nombre de la transparencia y el derecho a saber, algunos periodistas y editores parecen convencidos de rendirle culto a los excusados, por aquello de que ‘es importante lo que  transportan’. Es su decisión. Pero entonces que no venga Reforma a dar clases de ética periodística. Y menos cuando rellena sus espacios con refritos apestosos.”

Un día antes, en un sentido igualmente crítico, y luego de dar cuenta del contenido (nulo) informativo del “reportaje” de Tv Notas, el periodista Ciro Gómez Leyva decía lo siguiente: “La nota de Reforma es un refrito de lo publicado por la revista, combinado con el testimonio de un mesero y la recuperación de tweets, como éste: “Cabaña acogedora en La Marquesa, 800 pesos, condones Trojan 40 pesos, Viagra, 90 pesos, que Loret y Laura G sean trending topic… priceless”. Y éste: “¿Qué hiciste Loret? Te la cog…?” (Reforma es un diario ajeno a las vulgaridades, por eso cambia “te la cogiste” por tres puntos suspensivos)…”

“No hay más información. Con el pretexto de que la nota “inundó las redes sociales”, Reforma va al bote de la basura, saca carne podrida y vende la vida privada de un periodista de Televisa como platillo gourmet. No parece haber más objetivo. Y está bien, cada quien sus criterios editoriales. Pero que no vengan después a dar lecciones de ética periodística, ética pública. Está bien, pero que quede registro de cómo cubrieron esta historia. Periodismo carroñero. Ganas de lastimar.”

Otro que, en palabras mucho más resumidas, pareció decirlo todo, fue el periodista Marco Levario, director de la revista etcétera, quien en su cuenta de Facebook simplemente escribió: “Sobre Carlos Loret: a mí me vale madre si un periodista o quien sea se queda con alguien en la Marquesa para hacer lo que sea.”

 

AUTOCRÍTICA, URGENTE

A los mismos medios nos hace falta no sólo discutir, sino también poder llevar a los hechos, ese tipo de discusiones. A pesar de que siempre anhelamos cambiar, ese tipo de discusiones y hechos nos marcan para seguir justamente donde estamos. Pareciera que no podemos entender que los límites periodísticos se marcan a partir de la responsabilidad, y que debemos rescatar el verdadero sentido público, y no confundirlo, nunca, con lo que corresponde a la estricta esfera de lo privado. Ojalá ésta no sea una más de las discusiones de dos días, que luego se olvidan, hasta que todo vuelva a pasar.

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