Gobierno, débil en proyección de sus figuras políticas

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+ Legisladores afines a GCM, “flotadores” de su gestión

 

Las relaciones entre el gobierno de Gabino Cué Monteagudo y los legisladores federales son, por las diferencias eminentemente electorales, poco tersas. Sin embargo, para el Gobierno del Estado esa es una de sus pocas necesidades ineludibles: le guste o no, debe consensar ciertos temas, como el presupuestal, con los representantes legislativos del Estado. ¿Ahora que se acercan los tiempos electorales, ha pensado el grupo gobernante cómo abordará la posibilidad de tener a sus propios legisladores?

Al iniciar la semana, el gobernador Cué Monteagudo dio, tácitamente, el banderazo de salida a los integrantes de su gobierno, y de su grupo, que desean buscar candidaturas a cargos de elección popular en el proceso electoral federal que se avecina. En su cuenta de Twitter, aclaró que éstos se encuentran en libertad de hacerlo, pero con el requisito previo de renunciar a los cargos que ostentan en la administración estatal.

El problema de fondo, sin embargo, no radica en que el Gobernador del Estado “autorice” o no a sus funcionarios a que busquen posiciones legislativas, o que les exija que renuncien a sus cargos. En realidad, esas dos son condiciones naturales de todo proceso electoral. ¿Qué es lo realmente importante, y preocupante, entonces?

Al gobierno estatal debía preocuparle la falta de liderazgo entre los integrantes del gobierno, la falta de sensibilidad política en muchos de ellos, y la casi total ausencia de posicionamientos frente a los electores. Es decir, que qué bueno que el gobierno estatal esté abriéndose institucionalmente a la posibilidad de que sus integrantes pasen de forma legítima al Poder Legislativo. Pero qué mal que las figuras que potencialmente podrían dar ese salto tengan tantas dificultades no sólo para trascender a la esfera pública, sino para cumplir con las expectativas de su posicionamiento relacionado con el trabajo que actualmente realizan.

La situación no es menor: el Gobierno del Estado, hasta hoy, no tiene los liderazgos fuertes y bien construidos, para ir a una campaña en la que, por si no se ha dado cuenta, tendrá un camino cuesta arriba. A pesar de que el Estado es gobernado por ellos, la campaña es federal —y presidencial—. Y sus opositores, buscarán subirse al carro de la campaña de los aspirantes al Gobierno de la República para posicionarse. Y, en esa tónica, el escenario para el grupo que ahora gobierna no es la más favorable. Veamos por qué.

Oaxaca será fuertemente “atacado” por el priismo que apoya al ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. A partir de su figura, y su arrastre electoral, tratarán de hacer campaña montados en su popularidad e imagen, para ganar tanto las Senadurías de mayoría, como las diputaciones federales. El panismo, para respaldar a su Abanderado Presidencial desplegará el eficaz trabajo —demostrado— de sus operadores electorales y de sus programas sociales.

Y en medio de ese emparedado quedará el lopezobradorismo (o ebrardismo) con el que seguramente caminarán los enviados del Gobierno del Estado para tratar de ganar

posiciones en las cámaras federales. ¿De verdad están preparándose los representantes del gobernador Cué que buscarán escaños en el Congreso, para una campaña de esas características de competencia y roce entre abanderados?

 

PRESENCIA NECESARIA

Si algo hay que reconocer a ambos grupos —a la representación de Oaxaca en las cámaras federales, y al Gobierno del Estado—, es que han logrado construir ciertos consensos mínimos para sacar temas fundamentales para la entidad. Sin embargo, es también evidente que si no hubiera tantos escollos, resentimientos y hasta rencores en medio de esa relación, la sinergia entre unos y otros podría traer mucho mejores resultados para la entidad.

En ese sentido, queda claro que el mejor escenario para cualquier gobernante es aquel en el que tiene el control de su propio Congreso local, y también tiene cierta influencia —o dominio total, como ocurría en los regímenes priistas— en los representantes populares de la entidad ante el Congreso de la Unión. Por esa razón, parece ineludible que el gobierno estatal busque construir sus propios escenarios, para tener mejores expectativas de su propio gobierno.

En ese sentido, queda claro que, lo acepten o no, las afinidades entre representantes del Poder Legislativo, con el Ejecutivo del Estado, son algo así como los “flotadores” que dan estabilidad a cualquier gobierno. En el caso de la entidad, esos flotadores no sólo no existen, sino que en todos los momentos posibles los supuestos estabilizadores (diputados federales y senador priistas), y el mismo barco (el Gobierno del Estado) han propiciado tensiones e inestabilidad que, a la luz de los hechos, son producto de sus diferencias partidistas y políticas, pero no motivadas por algún asunto relacionado estrictamente con el interés del Estado.

Sin embargo, la duda de fondo está en la imposibilidad —al menos hasta ahora no se ve— de construir esos liderazgos internos en el gobierno estatal, para que luego vayan a hacer una representación digna no sólo de la población, sino también del gobierno y del grupo gobernante del que emanaron.

Hoy, el único que se arroga un supuesto “crecimiento político” es el coordinador de Módulos de Desarrollo Sustentable, Benjamín Robles Montoya. Sin embargo, no le termina de quedar claro que las intrigas y la aplicación de la “política dura” tiene los efectos contrarios a las aspiraciones que él dice tener no sólo como servidor público, sino también como posible candidato al Senado y después, según sus ambiciones, sucesor del gobernador Cué.

¿Habrá figuras competitivas más allá del liderazgo hechizo de Robles Montoya, y la presencia fantasmal de Alberto Esteva? Seguramente sí. El problema es que no ha habido la visión suficiente para estimular el crecimiento de esos personajes que, ahora sí de la nada, saldrán a buscar las posiciones legislativas que tanto necesita el gobierno para el que ahora trabajan.

 

FUTURO COMPLEJO

La primera gran misión será consensar las candidaturas entre los partidos aliancistas, que irán separados a la contienda federal. ¿Habrá modo de que cada uno haga campaña por su lado, pero sin descalificarse y sin utilizar las bajezas frente al contrario, como herramienta de crecimiento? Es posible que sí haya ese modo. El problema es que nunca lo hemos visto operando en Oaxaca. Ese sí sería un acuerdo de avanzada. ¿Lo veremos?

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