Un año de gobierno: sin triunfalismos, los ajustes son necesarios

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+ Sin triunfalismos, los ajustes son urgentes

Hoy que cumple su primer año de gestión, al gobierno de Gabino Cué Monteagudo debe tener claridad en muchas cuestiones. Igual que a la ciudadanía, a ellos también les debe quedar claro que, ni ahora ni nunca, puede existir un gobernante infalible, un gabinete perfecto, o condiciones sociales óptimas para la tarea de gobierno. Éste es constantemente un camino cuesta arriba. Y por tanto, la administración estatal debe asumir con humildad lo bueno y lo malo que hasta ahora han hecho, para tratar de encauzar lo que no se ha hecho, y de reforzar y corregir los aspectos en los que se han desviado.
En efecto, la llegada del primer año de gobierno efectivo debe servir no para triunfalismos y mucho menos para lamentaciones. En el mejor de los casos, debiera ser momento y oportunidad de un ejercicio serio y sereno de autoevaluación y autocrítica, en la que el gobernante y su equipo pudieran evaluar objetivamente lo que hasta ahora han hecho, para tratar de seguir adelante en las mejores condiciones. Suponiendo que el gobierno de Gabino Cué lleve a cabo una autoevaluación de ese tipo, ¿qué aspectos tendría que tomar en cuenta?
En primer término, debía asumir hoy con humildad, que hasta ahora el mayor error cometido fue el de la generación de expectativas inalcanzables. El hecho de haber derrotado al partido histórico gobernante, significó para los actuales hombres y mujeres del poder la oportunidad de incrementar su bono democrático a partir de la generación de expectativas en la ciudadanía.
Se equivocaron al prometer que a partir del 1 de diciembre de 2010 Oaxaca iba a cambiar. Y la mejor muestra de ello está en que hoy la mayor parte del cuestionamiento del que ya son blanco, parte justamente de la desilusión que ha provocado el hecho natural de que ellos no podrían hacer, en ese lapso, todo lo que prometieron a la ciudadanía.
El gobierno actual se equivocó también al hablar de alternancia y transición. Cometieron el error clásico de confundir un término con otro, y hoy pagan las consecuencias de ello. ¿Por qué? Porque, independientemente de lo que pase en los cinco años siguientes, siempre el primer gran logro del gobernador Cué habrá sido el de haber derrotado al clientelismo hegemónico priista.
No obstante eso, en gran medida la administración actual sigue gobernando bajo la estructura y método de sus antecesores. La reforma constitucional realizada en abril, en ningún sentido llena los parámetros de democracia que los oaxaqueños esperan. Y es evidente que hasta hoy no existen muestras claras de querer pasar de las reformas declarativas, al cambio institucional efectivo que impacte en la evolución de la práctica y la estructuración del ejercicio del poder.
Queda claro que, en un primer momento, en esos dos puntos se centran la gran mayoría de las críticas y cuestionamientos de los que hoy son objeto. El problema es que, en el caso particular de las expectativas, éstas también fueron generadas irresponsablemente no sólo en el ámbito democrático, sino también en el de la respuesta eficaz a los problemas sociales de la gente.
Además de honestidad y trabajo, el gobierno prometió a los oaxaqueños obras, resultados, avances tangibles, y eficacia y eficiencia en la atención de los problemas que aquejan y preocupan a la mayoría. Y aunque en muchos casos sí ha habido la atención y el cambio de actitud, también es evidente, e innegable, que la alternancia no traía consigo bolsas de dinero ni varitas mágicas para que se pudieran resolver cuestiones que en años, o décadas, han sido imposibles de atender en su totalidad por los gobiernos anteriores.

HACER CAMBIOS
Un cambio de actitud y una transición democrática suponen cambios trascendentales en la forma de hacer gobierno. Porque es claro que la transición no implica ni infalibilidad y mucho menos la posibilidad de cambiar para mejorar. El requisito previo de todo esto, radica en que el gobernante decida por construir, y no lo haga por capricho o por simplemente imponer su decisión. Eso es lo que debe ocurrir en Oaxaca luego del primer año de gobierno.
Es innegable que el gobierno actual necesita ajustes por todos lados. Contrario a lo que se dijo, la administración estatal inició con la satisfacción de los compromisos contraídos en campaña con las fuerzas y grupos políticos hasta entonces opositores, y no con los hombres y mujeres de la entidad. La heterogeneidad y la ineficiencia marcaron el rumbo de no pocas dependencias estatales que hasta hoy no han podido tomar el rumbo y la fuerza que requería este momento político en específico.
En este sentido, para un gobierno como el actual es fundamental comenzar a dar resultados y refrendar las promesas hechas a la ciudadanía. Si la expectativa no se ha podido cumplir en este primer periodo, lo que debe haber no es una actitud de desánimo, sino de replanteamientos para tratar de hacer un mejor papel en esta empresa pública, que es de esfuerzos continuados y de largo aliento.
Los criterios para la renovación del gabinete, como ya apuntábamos hace dos semanas, deben ser más claros y, urgentemente, deben estar encaminados a la funcionalidad y no a la continuación del pago de cuotas. No se puede seguir pensando en esa lógica, pero al mismo tiempo exigir resultados y disgustarse cuando se les cuestiona por no satisfacer la expectativa ciudadana. La buena aceptación del resultado depende de la capacidad de acción. Y ésta sólo se logra cuando los esfuerzos son coordinados, y todos los participantes trabajan con los mismos objetivos y rumbos.
Por todo eso, el primer año debe ser motivo del primer gran ajuste. Finalmente los tropiezos son consecuencia, más que de las circunstancias, de las decisiones equivocadas. La ineficiencia no debe ser coronada, pero tampoco debe temblar la mano cuando de lo que se trata es de dar mejores resultados. No se puede pensar en seguir cooptado siempre, como tampoco puede creerse que hasta hoy todas las cuentas entregadas a la ciudadanía son cuando menos aceptables.

TRANSPORTE
¿De verdad es de avanzada el proyecto que se tiene para el replanteamiento de la instancia estatal encargada de regular el transporte público? No se necesita de descubrir el agua tibia, aunque la tarea tampoco es fácil: se necesita honestidad de quien tenga en las manos la función; transparencia total en los procesos; y colaboración del sector regulado. Sin eso, cualquier instancia que creen será pan con lo mismo. Y eso será.

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