ACE: la Sección 22 es cómplice de su aplicación

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+ No hay disfraz: su aplicación, a la vista de todos

 

Si alguien pensó en algún tipo de “plan macabro” respecto a la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), el blanco eran los profesores, y la forma de lograrlo era la desiformación. Hoy es evidente que la ACE se aplica libremente por la instancia educativa estatal, en acuerdo —o forzadamente— por la autoridad federal, y con la anuencia de una sección sindical que dice rechazar el plan, pero que en los hechos está haciéndose el desentendido frente a su aplicación.

En efecto, hoy la ACE está lejos de ser un plan abominable, o que su aplicación se haga “en lo oscurito” o a espaldas de la colectividad. De hecho, tal y como lo hemos señalado en al menos tres entregas distintas desde hace varios meses, en los últimos años el Gobierno del Estado ha obtenido recursos económicos para la educación, gracias a la aceptación de lineamientos contenidos en la Alianza por la Calidad de la Educación.

En los casos en los que la Sección 22 se ha resistido a reconocerla (como es el caso de la antigua Carrera Magisterial), los recursos extraordinarios provenientes del gobierno federal para ese fin en Oaxaca, simplemente fueron frenados. Y es evidente que, en otros muchos casos —como los señalados ayer en la nota principal de TIEMPO—, ha habido la aceptación tácita de la 22 para que el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca se adhiera a los programas y obtenga los recursos federales que ellos exigen.

Ante todo esto, en realidad, quienes debieran sorprenderse no son los dirigentes de la Sección 22, sino sus agremiados. Es prácticamente imposible que la dirigencia seccional desconozca esta realidad. Y mucho menos podría asegurar lo anterior, cuando es perfectamente sabido, y está hasta “legalizado”, que más de tres cuartas partes de los funcionarios de primer nivel en el IEEPO fueron nombrados nada menos que a propuesta de la 22. Si aún con todo esto la dirigencia seccional desconoce en qué estado se encuentra la relación del sector educativo oaxaqueño con la ACE, entonces estaríamos ante una traición mayúscula de quienes en realidad son los brazos ejecutores de su capacidad de control, cooptación y represión laboral de las bases magisteriales.

No obstante, los trabajadores de la educación —los que están a ras de suelo, frente a grupo, marchando y obedeciendo fielmente las disposiciones de su dirigencia sindical, cada que ésta les indica que tomen las calles— no pueden decir lo mismo. La implementación de la ACE en realidad ha venido acompañada de una enorme campaña de silencio y desinformación por parte de la misma dirigencia sindical, que hoy sin ningún pudor se niega a dar información verdadera a sus agremiados.

Sólo a partir de eso puede entenderse que la ACE esté caminando lentamente. Y que en ese andar no haya encontrado la oposición de un sector magisterial que, en otros años, ha luchado decididamente en contra de disposiciones de mucho menor alcance que las relativas al acuerdo. Con todo eso, lo que queda claro es que los verdaderos traidores a las bases magisteriales no son ni las autoridades ni los gobernantes ni la sociedad que les exige los resultados que sistemáticamente se niegan a dar.

En realidad, los auténticos traidores son los dirigentes de la Sección 22 frente a sus agremiados. Y no. No se trata de que la traición radique en la implementación de la ACE, sino en el hecho de que ellos fueron quienes los llevaron al rechazo de la Alianza —lo que ha traído aparejado fuertes golpes económicos a muchos trabajadores, pero que traerá muchos más en los años por venir, mientras no se acepten los términos de la ACE— y son quienes ahora están permitiendo, con su silencio y su desinformación, que ésta se aplique selectivamente, pero manteniendo detenidos los aspectos que exigirían mayores resultados, pero que a cambio beneficiarían salarialmente a los educadores oaxaqueños.

 

LA FEDERACIÓN EXIGE

Desde hace algunos años, cuando el gobierno federal firmó la Alianza por la Calidad en la Educación con el Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Sección 22 de Oaxaca rechazó ese plan, esgrimiendo dos argumentos fundamentales:

En el primero de ellos, aseguraba que la ACE intentaba homogenizar la educación en el país, sin tomar en cuenta las condiciones y rezagos particulares de los niños y jóvenes oaxaqueños. Éstos, abundaban, requerían condiciones y planes educativos específicos, en razón de sus particularidades y rasgos indígenas, étnicos, lingüísticos, y también en relación a sus condiciones sociales de marginación, pobreza e inferioridad de oportunidades frente a los niños y jóvenes de otras entidades federativas en mejores condiciones económicas, sociales y políticas que la nuestra.

El segundo de los argumentos, en realidad, es de tipo eminentemente político. Ellos rechazaron también el plan por ser éste una creación de la dirigencia nacional del SNTE, de la que ellos son disidentes. Aseguraron, por eso, que la ACE en realidad era un plan enmascarado de privatización de la educación. Y fundados en la defensa de sus derechos laborales, llamaron a sus bases a rechazar la Alianza y generar un plan alterno que sí respondiera a sus necesidades.

Frente a todo esto, en algún sentido el gobierno federal les dio entrada, pero silenciosamente también les robó sus banderas de lucha. Hoy, quien revise la ACE podrá encontrar incorporados prácticamente todos los lineamientos “alternativos” que planteaba la 22 para rechazarla. La SEP también los “rebasó por la izquierda”, al tomar en cuenta esos criterios de diferenciación positiva para los niños y jóvenes de comunidades indígenas, poco aventajadas social y económicamente hablando.

 

LOS VERDADEROS TRAIDORES

Y además de todo eso, la Federación comenzó a “apretar”, hasta el momento actual, en cuanto al suministro de recursos económicos. Por eso, silenciosamente el gobierno estatal se ha venido adhiriendo a los términos de la ACE. La dirigencia magisterial, sin embargo, no tiene justificación. En público niega lo que en privado reconoce y acepta. Los profesores son los que pagan los platos rotos. A través de la desinformación, por el momento, los tienen conformes. Pero como dice la frase clásica de Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.” Y eso será lo que irremediablemente pase con los agremiados a la Sección 22 en relación a la ACE.

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