Poder Legislativo: sus excesos son incontenibles

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+ Diputados “soberanos”: no hay frenos ni control

Ofenden, pero no sorprenden, los excesos en que incurren los diputados de la LXI Legislatura en Oaxaca. Hasta hoy, los señores legisladores han tratado de hacer todo por controlar y evaluar a los demás, pero ellos se han resistido a cualquier intento de poner orden en su misma casa. Por eso todos ganan mucho, todos producen proporcionalmente menos de lo que ganan. Y por eso mismo, nadie quiere dar paso a un verdadero esquema de evaluación de su trabajo. Ven siempre, pues, la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga en el propio.
Los datos dados a conocer por TIEMPO en su edición de ayer, son elocuentes: un diputado gana alrededor de doscientos mil pesos al mes, al sumar su dieta con las ayudas diversas que recibe para el desempeño de sus funciones. Eso es lo que, en términos llanos, percibe un legislador local, en el estado más pobre y marginado del país. Ante tal desproporción de cara a la realidad social de Oaxaca, debemos preguntarnos de dónde surgen esos excesos. Y sin duda, la respuesta no gusta a muchos.
Pareciera, en un primer momento, que ese es el costo de la “soberanía” y la “democracia” del Poder Legislativo. Soberanía porque los diputados están más allá de cualquier evaluación. Y democracia, porque independientemente de que sea mucho o poco el dinero que perciben y que gastan en el desempeño de sus funciones, los montos, las asignaciones y la comprobación de esos recursos, es consecuencia de una serie de consensos, arreglos y contraprestaciones, que no siempre están apegadas ni a la ley, y mucho menos a la responsabilidad que, se supone, debía ser un valor fundamental entre ellos.
Esos doscientos mil pesos que mensualmente percibe un legislador, es consecuencia, además de una “democrática pluralidad” en la que existen repartos consensados de los recursos económicos, y en los que cada fracción parlamentaria recibe lo acordó para gastarlo libremente como mejor le parezca. El acuerdo tácito, en ese sentido, parece radicar en el hecho de que todas las fracciones disponen libremente, y a cambio de esa disposición libre nadie le pide ni le rinde cuentas a nadie. Por lo que todas pueden hacer lo que les venga en gana con sus recursos.
Todo esto entraña dos problemas fundamentales. El primero de ellos, es que proporcionalmente los diputados nos cuestan muchísimo dinero, tanto en relación a su desempeño como a sus resultados; y el segundo, radica en el hecho de que no existe mecanismo alguno para que nosotros, los ciudadanos, podamos hacer una evaluación más o menos clara de esos personajes que, justamente, tienen como su mejor pasatiempo el de cuestionar y remarcar los errores y las deficiencias de todos los integrantes de los poderes públicos.
Si vemos ese asunto en perspectiva, podremos darnos cuenta no sólo que, en ámbito estrictamente material, los diputados no tienen freno ni contrapeso en su relación con la ciudadanía; y que tampoco existe forma de que sus excesos sean contenidos a través de mecanismos democráticos. Se aprovechan del desinterés ciudadano para hacer lo que les venga en gana. Y lo hacen, además, porque no existe forma alguna de que alguien pueda exigirles conductas distintas o apego a los principios políticos que debieran guardar todos los representantes de una fuerza política.

SOBERANÍA TORCIDA
Los legisladores tienen entera libertad para determinar su salario y prestaciones, así como el gasto público en general que tenga disponible el Poder Legislativo. Además, una vez electos, sobre los diputados no pesa mecanismo alguno para premiarlos o castigarlos por su desempeño. Y durante éste, los mismos legisladores se han resistido a establecer indicadores claros para medir su actuación, sus resultados y su eficacia en el cumplimiento de las metas que propusieron a la sociedad. Es decir, que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, como quieran y, además, si quieren. Y si no, no pasa nada.
En ese sentido, es lamentable que en Oaxaca no haya permeado aún la inconformidad ciudadana por los excesos del Poder Legislativo. Es lamentable que, en ese sentido, los diputados sigan ganando mucho y teniendo infinidad de privilegios, y que al ciudadano eso no le importe. Y es justamente ese desdén el que alimenta la acumulación de privilegios excesivos, y la resistencia a revisar y eliminar algunos de ellos no sólo en aras de ahorrar, sino también de no ofender a los cientos de miles de oaxaqueños que sobreviven en condiciones excepcionales de marginación y pobreza.
Pero además, ese tipo de excesos por parte de los diputados, prueba otra cosa: que no le tienen miedo al castigo ciudadano. Y no le temen a eso, simplemente porque nosotros los ciudadanos no tenemos forma de reprocharle a nuestro legislador por sus conductas o desempeño. Porque una vez que fue electo y asume su cargo, lo que recibe es una suerte de cheque en blanco, en el que queda bajo su responsabilidad si desea ser un diputado productivo, o ser un vegetal que sólo asista a las sesiones pero que nunca proponga ni incida en nada. A partir de entonces, el ciudadano se vuelve un actor pasivo que sólo puede observar, pero sin hacer algo más para exigir resultados a quien eligió como su representante popular.
Quizá por eso mismo, los diputados se resisten a establecer mecanismos claros y actuales de evaluación. Hoy, lo que acostumbran ofrecernos es una serie de cifras sobre reuniones, puntos de acuerdo e iniciativas presentadas, pero nunca nos permiten saber si esa actividad tiene alguna incidencia real sobre las condiciones de vida de sus representados, si alguna de sus propuestas mejoró de forma efectiva alguna situación en específico; o si realmente sus intereses como legislador son concordantes con las necesidades que la ciudadanía pretende que sean discutidas y resueltas por los legisladores.

VOCACIÓN LEGISLATIVA
Por todo ello, sería ideal que los diputados trabajaran más y tuvieran menos privilegios. No se trata de que los poderes legislativos se reduzcan, sino que su actividad sea más proporcional con sus ingresos, y sus ingresos más proporcionales con su efectividad y desempeño. Los excesos actuales son consecuencia de la falta de mecanismos de contención, y de la forma en cómo ellos mismos han confundido y desnaturalizado las facultades soberanas que tiene el Poder Legislativo. Por eso, aunque ofende, no sorprende que los diputados ganen tanto y retribuyan tan poco a la democracia en Oaxaca.

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