Imposiciones: ¿qué los ciudadanos no contamos?

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+ Participación: todo inicia por no menospreciarnos

 

El triunfo obtenido el año pasado por Gabino Cué, en su búsqueda de la gubernatura del Estado, fue una de esas lecciones en las que quedó constatado que hay ocasiones en las que la ciudadanía sí puede derrotar a los factores de poder, cuando éstos, manipulados hasta la saciedad y descompuestos por sus vicios, carecen ya de cualquier posibilidad de sostenimiento moral y político. En gran medida, eso fue lo que pasó en Oaxaca. Sin embargo, esos destellos aparentes de empoderamiento ciudadano no parecen haber sido entendidos ni valorados por quienes monopolizan el acceso al poder, desde las dirigencias partidistas en Oaxaca.

En efecto, tal parece que las lecciones del 2010 no fueron aprendidas. Porque si algo dejó claro aquella elección, es que frente a la ciudadanía no hay error ni exceso que no se pague, y que por esa razón, los nuevos tiempos imponían la necesidad de tomar en cuenta a la ciudadanía en la toma de las decisiones que, por ser políticas, nos incumben a todos. Se supone que eso quedó claro en el resultado adverso que tuvo el PRI con su abanderado. Y se supone también que eso fue lo que entendió la oposición ante el triunfo inusitado de su Abanderado a la Gubernatura.

En este sentido, quedó claro que independientemente a las cualidades o defectos que pudieran tener Gabino Cué Monteagudo y Eviel Pérez Magaña como abanderados, como políticos, como servidores públicos, como administradores, e incluso como personas, el resultado de los comicios lo que reveló fueron las consecuencias de la forma en cómo cada uno de ellos transitó al interior de su partido hasta llegar a la candidatura; de cómo trabajó; y de cómo se presentó ante la ciudadanía. Para entender esto, es necesario ir por partes.

Primero, la derrota del PRI fue en gran medida la consecuencia de la ruptura de sus procesos tradicionales internos. El entonces gobernador Ulises Ruiz asumió a plenitud el poder que detentaba, y en pocos meses inventó, enfiló, “posicionó” e impuso a Pérez Magaña como su abanderado.

Por eso, además de enfrentar siempre a sus oponentes formales (los aspirantes a la gubernatura de otros partidos), Pérez siempre se enfrentó la otra oposición de sus adversarios materiales, que no eran sino todos los agraviados de su propio partido, que había dejado en la carrera interna por la postulación. Y por si algo más faltara, todavía tenía que pasar por el matiz ciudadano, que es el que finalmente vota y decide, pero que hasta entonces había sido entendido únicamente como el medio legitimador de la decisión que previamente ya había tomado el Jefe Político.

Segundo. Gabino Cué, por su parte, aun no siendo ni popular ni un gran líder social, sí fue aceptado por la ciudadanía en esos comicios, derivado no de sus grandes aptitudes personales o como político (de hecho, como Munícipe citadino tuvo una gestión promedio, y como senador nunca fue de los grandes protagonistas del debate nacional, y tampoco generó grandes expectativas o iniciativas legislativas), sino por la forma en cómo se presentó ante la ciudadanía, y de cómo tejió y estructuró los elementos a su alcance para convertirlos en activos en pos de una candidatura por la gubernatura del Estado.

Y es que, aunque en gran medida Gabino Cué también fue una imposición como Candidato a Gobernador (porque ninguno de los partidos coaligados llevó a cabo un proceso interno, ni consulta a las bases, ni nada por el estilo), en realidad él lo que hizo fue presentarse previamente ante la ciudadanía para pedirles que lo aceptaran, en aras de que él lucharía en contra de los vicios que anidaba el priismo. Y luego continuó con ese argumento ya como abanderado no sólo ante la ciudadanía, sino también frente a la opinión pública nacional e internacional, que aún antes de competir y ganar, ya le había puesto la casaca de demócrata y de promotor de la transición democrática en Oaxaca.

 

LOS VOTOS JUZGAN

En efecto, los votos no sólo eligieron, sino que también juzgaron. No sabemos qué hubiera pasado si el proceso interno del priismo en aquellos tiempos para elegir candidato a gobernador, hubiera sido limpio y parejo. Y lo mismo ocurre en relación a los partidos que en ese entonces eran opositores, si se hubieran peleado antes que abonar a la unificación alrededor de Gabino Cué.

Lo que sí queda claro es que en ese resultado, la apreciación y el juicio ciudadano fue fundamental. Y que por esa sola razón, los oaxaqueños que votamos (cualquiera de nosotros, ciudadanos de a pie) no debíamos permitir que de nueva cuenta se nos menosprecie al considerarnos sólo como un medio de legitimación, y no como el factor determinante para la elección de nuestras autoridades y representantes populares.

Hoy, tanto el oficialismo como la oposición están abonando a ese escenario de regresión. En el priismo, por ejemplo, se pretende reiterar la imposición de personajes que ya fueron reprobados duramente por la ciudadanía en procesos anteriores. No se permiten el relevo generacional ni la búsqueda de cuadros nuevos, sino que pretenden seguir acaparando los medios de acceso al poder, como una mera forma de supervivencia. No entienden, pues, a la política como un ejercicio de todos, en el que las decisiones se deben tomar en función de la ciudadanía, y no en base a los intereses de la cúpula dominante.

No obstante, los partidos de izquierda coaligados y afines al gobierno actual, están haciendo exactamente lo mismo. ¿Ya hicieron un ejercicio de verdad honesto y preciso, en el que se sepa con certeza que lo que la ciudadanía quiere y espera del grupo gobernante, es a Benjamín Robles Montoya y/o Alberto Esteva Salinas? ¿Están seguros que eso es lo que buscan los oaxaqueños? ¿O será que están ocupando su supuesta “popularidad” como un medio de legalización de las decisiones que ya tomó el Gobernador en turno?

 

LECCIÓN NO APRENDIDA

En esas condiciones no hay posibilidad de que surja un nuevo líder. Si ninguno de los priistas actuales consiguió antes un liderazgo real, no lo hará ahora, cuando a todas luces se tome la decisión de impulsar al que más convenga al ex gobernador Ruiz y a dos o tres personajes más de la dirigencia nacional. Pero lo mismo pasa en la oposición con Robles y sus intentos de convertirse en una especie de Gabino Cué II. En esas condiciones, de cara a la ciudadanía no tienen buen augurio ni los priistas, ni quien se siente demócrata por sólo ser incondicional del Gobernador en turno.

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