Oaxaca, el “feuderalismo” y los líderes impresentables

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+ Desincorporación del poder, ¿de veras es posible?

Independientemente de la militancia o el color del partido, es evidente que Oaxaca no puede deshacerse de una figura tan llena de claroscuros como la del ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz. ¿Por qué si éste tiene una de las imágenes más repulsivas y rechazadas en la política nacional, aquí sigue siendo uno de los principales iconos de la política partidista (ahora desde la oposición), e incluso podría estarse enfilando hacia una posición legislativa en las cámaras federales?
A Ulises Ruiz le ocurre en Oaxaca más o menos lo mismo que a Humberto Moreira en Coahuila. Aunque en el ámbito nacional fueron descubiertos innumerables actos indebidos, y su imagen quedó desgastada al grado de ser auténticos personajes impresentables en cualquier otra democracia que no fuera la nuestra, hoy ambos siguen siendo personajes fundamentales, fieles de la balanza dentro de los territorios y las representaciones partidarias que controlan, y sus partidos les siguen reconociendo una ascendencia determinante, que hasta podría colocarlos, a ambos, en el Senado de la República o en la Cámara de Diputados, como legisladores electos por la vía de la representación proporcional.
¿De dónde surge esa ascendencia? Porque queda claro que ni uno ni otro han sido grandes patriotas, ni han sido constructores fundamentales de nuestra democracia actual, e incluso tampoco fueron gobernantes esenciales para el bienestar de sus entidades federativas, y mucho menos marcaron rumbos o tendencias dentro del partido que hoy, sin embargo, los sigue considerando tanto como si siguieran siendo parte de sus mejores cuadros.
Les guste o no, lo acepten o no, en el caso de Ruiz, éste tuvo una gestión marcada por la opacidad, la soberbia, los excesos y el autoritarismo; y en el caso de Moreira, en su administración en el gobierno de su entidad hubo una desmedida proclividad hacia el populismo, y una enorme irresponsabilidad en el manejo de las finanzas públicas. Por eso, éste se hizo momentáneamente apreciado por su electorado, pero a un enorme costo que tendrán que enfrentar las generaciones de coahuilenses.
La respuesta a esta aparente contradicción se encuentra en las aportaciones y el financiamiento que éstos, y casi todos los gobernadores priistas, han hecho de sus representantes en el Comité Nacional de su partido y en las cámaras federales. Aunque es un aspecto moral y éticamente reprobable, es claro que políticamente ha sido de gran beneficio para los gobernadores priistas, financiar a quienes se supone que después serán los “flotadores” de su supervivencia política, y hasta les permitirán el regreso al poder. Quien no comprende eso, tampoco puede entender la insólita supervivencia de personajes como Moreira y Ulises Ruiz.
Cuando era gobernador, Ulises Ruiz usaba a plenitud el poder y los recursos públicos a su alcance. Durante su gestión, él se encargó de financiar e impulsar a personajes priistas potencialmente competitivos, en entidades federativas en donde gobernaban partidos de oposición. La intención era tener la mayor cantidad de diputados afines en la Cámara federal, y tratar de ese modo de conseguir las mejores condiciones en el trato con el gobierno federal, y también los más adecuados mecanismos de presión para conseguir lo que se proponía frente a sus oponentes, dentro y fuera del partido, dentro y fuera de la cámara, y frente a cualquier otro poder.
En ese mismo sentido se explica que el ex gobernador Ruiz fuese uno de los mayores impulsores de Humberto Moreira en la búsqueda de la dirigencia nacional priista, y de que, además, éste se encargara de “becar”, financiar, reciclar y respaldar a innumerables personajes de ascendencia dentro del priismo, independientemente de que en ese momento estuvieran o no en cargos partidistas de relevancia. Finalmente, todo lo entendía como una inversión a mediano plazo que, en esta política cíclica de “sube y baja”, podría cobrar ante nuevas aspiraciones, o ante la puesta en peligro de su supervivencia política.

PROBLEMA ESTRUCTURAL
Éste, sin embargo, no es sólo un problema de mañas, sino una falla estructural de nuestro sistema federal. Está a la vista de todos, que los gobernadores hoy pueden hacer y deshacer a su antojo sin que exista poder, institución o factor que se les ponga enfrente, o que al menos les pueda hacer un contrapeso.
Eso es lo que les ha dado la posibilidad a ciertos mandatarios astutos, de abonar desde sus gobiernos al crecimiento o las fallas de su partido. Y es lo que les permite hoy seguir en política, independientemente de que sean o no personajes aceptados popularmente, o con elementos para construir una mejor democracia en los temas que nos incumben a todos.
Hoy, por todo eso, a quien entiende los juegos de la política no sorprende que haya mandatarios y ex mandatarios fuertes al interior de sus partidos, que sin embargo tengan pésimas reputaciones frente a todos los demás ciudadanos y grupos de poder. Ese es, al final, uno más de los efectos del raro “feuderalismo” que existe en nuestro país, que le permite manejar a su antojo los recursos de esos feudos, a quien “democráticamente” tiene el control de ellos, y les permite sobrevivir políticamente a partir del monopolio de la democracia que tienen los partidos políticos, aunque no por sus grandes aportaciones democráticas, ni por ser personajes a quienes la ciudadanía exige y respalda para continuar involucrados en los asuntos que incumben a todos.
Por eso, no nos sorprendamos cuando, dentro de un año, veamos a varios de esos personajes posiblemente figurando entre los candidatos, o cuando menos decidiendo el futuro de su partido dentro de la entidad federativa que, al menos en el ámbito partidista, continúa controlando como un feudo.
Al final, queda claro que lo que importa en estos temas no es ni la democracia ni la voluntad popular: vale el “respeto” que los partidos le tienen a las inversiones hechas en ellos por estos personajes. Todo esto, aunque, claro, ese respeto no necesariamente implique que las decisiones tomadas sean las más atinadas para el partido y el grupo político del dueño póstumo del feudo.

DESTINO PREDECIBLE
Más allá de los intentos de los renovadores, eso es lo que ocurrirá en Oaxaca. Moreira, Coldwel o quien fuese líder nacional del PRI, de todos modos permitiría que el todavía Señor Feudal del priismo local, decida. Aunque esto sea para reiterar errores, y para mal de todos los priistas. ¿Apuestan?

1 COMMENT

  1. A los partidos como el PRI les conviene continuar patrocinando a piltrafas politicas por mera conveniencia politica, y diria que hasta por imagen. Es decir, no pueden denostar a uno de sus militantes, por mas despretigiado que pueda estar, porque hacerlo implica ir en contra de ellos mismos. Algo asi como “chinto tapa a chinto” segun reza la frase coloquial. Saludos para Adrian Ortiz.

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